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©Miguel Ángel Ruiz Orbegoso
Por convicción personal no promuevo competencias, porque opino que el espíritu de competencia, que aparentemente contribuye al progreso y desarrollo, en muchos casos también ha sido la causa de muchas terribles desgracias a lo largo de la historia, tanto a nivel personal como colectivo. Las guerras y revoluciones, a nivel mundial, y la discriminación racial y social, a nivel regional, son solo unos cuantos botones de muestra.
Competir, si no se lleva a cabo en un marco de tolerancia y empatía (y aún así), siempre produce perdedores; y muchos de los mal llamados perdedores son tan eficientes como los ganadores, o quizá mejores. Además, ¿acaso hay mérito en coronar a alguien por llegar en primer lugar solamente por la diferencia de un pelo, un dedo, un punto, una cabeza o lo que sea, sobre todo si cualquier un imprevisto pudo causar la diferencia?
"El modo más sencillo de comprender por qué la competencia no promueve por lo general la excelencia", afirma el autor y catedrático Alfie Kohn en su obra No Contest: The Case Against Competition, "es darse cuenta de que tratar de actuar bien y tratar de vencer a los demás son dos cosas diferentes". Y comentando sobre dicha frase, los coautores de las Siete Lecciones Para Liderar El Viaje Hacia El Futuro, James M. Kouzes (Presidente y Director General de TPG/ Learning Systems) y Barry Z. Posner (profesor de comportamiento organizacional), nos ayudan a entender que lo primero consiste en esforzarse por mejorar, es decir, un asunto de logro, mientras que lo segundo solo se concentra en procurar la inferioridad de los demás, un asunto de subordinación.
Los líderes crecen en sabiduría y cultivan un sentido
de que existen oportunidades para todos
- Stephen R. Covey
En un ambiente emocionalmente saludable, ganar o perder una contienda no debería producir sentimientos de fracaso en las personas. En mi opinión, es mejor que, para progresar, cada ser humano individualmente sea contrastado consigo mismo respecto a sus anteriores marcas, y no con los demás. Solo así todos seremos ganadores, y el producto de nuestros logros nos permitirán exclamar: "¡¡Lo hicimos!!" o "¡¡Ganamos!!", en vez de "¡¡Gané!!". ¿Qué juegos son más excitantes y tienen una mayor cantidad de fanáticos? ¿Aquellos en que se da una copa a todo un equipo, o aquellos en que gana una sola persona? ¡Los equipos siempre apasionan más!
Por eso, el presente artículo no tiene el propósito de promover competencias, sino de responder a la inquietud que muchos tienen respecto a qué factores tener en cuenta cuando las personas participan en un concurso de oratoria. Todo lo que recomiendo a continuación, emana del concepto arriba mencionado.
Las bases para un concurso de oratoria han de contemplar el nivel hasta el cual se han desempeñado los participantes, de modo que se cree una escala de valores según el adelantamiento del grupo o de los individuos, o según su edad, el estilo del discurso u otros aspectos particulares. El incentivo ofrecido como premio ha de estar a la altura de los deseos de los participantes. Lo siguiente es solo una pauta o ejemplo. Contiene más información de la que se aconseja incluir. Usa solo los aspectos que vayan de acuerdo con las circunstancias, descarta los demás.

Edad

Idioma

Grado de instrucción

Nivel de adelanto en oratoria

Promedio mínimo de 85% en oratoria

Agrupar a los participantes según promedios alcanzados durante su entrenamiento

Poesía en verso

Poesía en prosa

Prosa (Libre)

Poema

Anécdota

Experiencia de la vida real

Biografía

Materia científica

Investigación estadística o de mercadeo

Contenido

Forma

Contenido y forma


Velocidad y uso de pausas


Pronunciación y uso del idioma

Una beca completa

Una biblioteca personal

Un nombramiento o promoción

Prendas de vestir hechas a medida

Visitar o entrevistar a un personaje público

Un almuerzo o cena para cuatro personas

Un fin de semana de vacaciones pagadas para tres personas

Duración máxima 1, 2 ó 3 minutos (es suficiente para evaluar cualidades básicas)

Duración: Introducción, 10 segundos; Desarrollo 40 segundos; Conclusión 10 segundos.

Duración: Introducción, 15 segundos; Desarrollo 150 segundos; Conclusión 15 segundos.

Material redactado en 1 hoja tamaño A4 a uno o dos espacio como máximo.

Se evaluará la ortografía de la redacción

La redacción del discurso no será considerada en la calificación

Presentar la redacción del discurso a más tardar una semana antes del concurso

No se requiere la presentación de la redacción del discurso

Ha de improvisarse en 1 minuto sobre un tema que se asignará en el momento

El discurso se asignará sobre un tema con 15 días de anticipación para 1, 2 ó 3 minutos

El discurso ha de leerse completamente

El discurso no ha de leerse

Han de leerse porciones selectas de la redacción del discurso

Lectura de una porción selecta de un discurso, libro o revista pertinente

El saludo o tratamiento es opcional

Se exige un saludo o tratamiento

El orador dirigirá su discurso al jurado

El orador dirigirá su discurso al auditorio, no al jurado

El orador puede dirigir su discurso tanto al auditorio como al jurado, o a ambos

Damas, con falda a la rodilla o pantalones de corte formal; varones, con saco y corbata

Deberá utilizar como mínimo un apoyo visual

No se requiere utilizar un apoyo visual

Puede usar un ayudante para desplegar el apoyo visual

No ha de usarse un ayudante para desplegar el apoyo visual
Para ver algunos requisitos mínimos que el organizador, el local y el auditorio han de reunir, puedes examinar el artículo "Logística para una conferencia" del archivo “Casilla de Respuestas”, del Archivo de Oratorianet.
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Un juez es un perito que tiene autoridad y potestad para juzgar, criticar y sentenciar un asunto acerca del cual tiene experiencia. Para los casos relacionados con la violación de las leyes de un país, juzgan jueces nombrados para tal efecto. Por otro lado, se dice que uno es un juez de palo cuando demuestra torpeza o ignorancia respecto al asunto que critica. De modo que, dependiendo del asunto juzgado, para juzgar, el juez ha de entender bien la materia de que se trata.
Solo por ilustrarlo, en un país latinoamericano se llevó a cabo una evaluación para ratificar a jueces del Poder Judicial, y de entre 55 postulantes, ninguno aprobó en el examen escrito. Finalmente, solo uno aprobó con poco más de 66 puntos (pero no por el examen escrito, sino por currículum, porque en el escrito solo había obtenido unos 43 puntos sobre 100). ¡Increíble! Solo aprobó el 1% de postulantes. Un concurso de oratoria no requiere una selección tan minuciosa ni de un nivel tan elevado, pero por lo menos un juez de concurso debería entender qué es la oratoria, cuáles son las bases del concurso, cuál es el nivel de los participantes y, sobre todo, cuál es la finalidad del concurso en particular.
Por eso, hay varios factores, entre otras cosas, que han de considerarse antes de nombrar un juez o servir como tal en un concurso de oratoria: ¿Quién propone el concurso? ¿Por qué lo propone? ¿Entiende esa persona o grupo de personas lo que significa la oratoria y lo que envuelve un concurso? ¿Entiende lo que se requiere para juzgar, de modo que le sirva de base para nombrar a los miembros del jurado? Si un ciego guía a un ciego, ambos, salvo excepciones, caerán en un hoyo. Para nombrar un juez, los que lo nombran tienen que entender claramente lo que significa nombrarlo. Finalmente, tengamos en cuenta que es mejor que jueces nombren a otros jueces.
En oratoria, como en cualquier otra rama de las artes, la crítica es tan variada como las personas que conforman un auditorio. No se trata de juzgar y sentenciar a delincuentes, sino de criticar el desempeño de un ser humano en lo que a exponer sus ideas se refiere. De modo que si bien es cierto que solo se trata de un arte, puede tener efectos en la personalidad de los concursantes, en cuanto a su destreza, eficacia y conocimiento de las relaciones humanas, y en la de los observadores, en cuanto al concepto que se forman de lo que es correcto o incorrecto, aceptado o rechazado.
Por ejemplo, el Dr. Wayne D. Dyer, famoso internacionalmente por su trayectoria y sus obras de autoayuda y superación, tiene una oratoria extraordinaria. Escucharle hablar es sencillamente nada menos que impresionante. Sin embargo, rara vez alza la voz, nunca hace alharaca, y es tierno al comunicar el mensaje. Si concursara, ¿seríamos tan exigentes de decir que 'le faltó volumen', 'fuerza' o 'entusiasmo'? Cada persona tiene un estilo y una personalidad. La oratoria es como una huella digital. Preguntémonos: "¿Quién tiene la mejor huella digital del mundo?". Nadie se atrevería a responder, porque una huella digital simplemente contiene rasgos distintivos únicos y exclusivos. De modo que para evaluar la oratoria de una persona no basta con decir: "Me gustó" o "no me gustó". Eso sería simplemente una crítica personalista basada en gustos y colores.
Por ejemplo, cuando cierto artista abrió una galería de arte, muchos neófitos y curiosos que ingresaron y juzgaron su obra simplemente reaccionaron con escepticismo. Uno de ellos murmuró: "No es para tanto", otro decía "cualquiera lo hubiera hecho", y aún otro, "no sé por qué lo alaban tanto". Pero cuando vieron al artista, abrieron los ojos de par en par, cambiaron de opinión y se dieron cuenta de que las pinturas eran extraordinarias. ¿Por qué un cambio tan radical en su opinión? ¡El pintor no tenía brazos! Había pintado todo con los pies. ¿Dirías que perdería en un concurso por haber pintado con los pies? Por lo tanto, ¿puede un manco, cojo, sordo o mudo presentar sus ideas ante un auditorio y causar un impacto positivo? ¡Por supuesto! Solo tiene una diferente manera de expresarse. Si todavía ningún sordo o mudo ha ganado un concurso de oratoria, ha sido porque ningún sordo ni mudo se ha atrevido a aceptar el reto, o porque nadie le ha dado la oportunidad.
Cuando en Oratorianet decimos que la oratoria es el arte de hablar en público, no lo decimos discriminatoriamente. En realidad, la expresión debería leerse, entre líneas, que oratoria es el arte de exponer o expresarse en público. ¿Oratoria para mudos? ¿Por qué no!
En cierta ocasión alguien criticó duramente mi redacción señalando cierto rasgo de mi gramática y ortografía. Pero se disculpó y me alabó cuando se enteró de que yo jamás había tomado un curso de gramática, ortografía o redacción. Por lo contrario, me dijo: "Para no haber estudiado nunca un curso de redacción, lo hace bastante bien". De modo que criticar la oratoria o cualquier clase de arte es, desde mi punto de vista, una de las cosas más relativas que existen. Se trata meramente de una opinión.
Proponer un concurso significa más que tomar la decisión de hacerlo. Implica sentar las bases del concurso y asegurarse de que sean de tal índole que permita absoluta libertad para expresar las ideas, además de la aplicación de los principios fundamentales de la oratoria, no simplemente unas reglas caprichosas. De modo que para proponer un concurso es muy importante saber lo que uno está haciendo, en el sentido de conocer a fondo los principios que implica. Sería poco recomendable que lo propusiera alguien que ni siquiera entiende la diferencia entre los principios y las reglas. Antes de proponer un concurso, es adecuado informarse cabalmente respecto a sus implicancias más importantes.
La motivación es esencial. ¿Cuál es la razón para proponer el concurso? ¿Estimular a las personas a interesarse en la oratoria? Hay otras formas. Un concurso es semejante a una prueba de fuego. ¿Estamos promoviendo pruebas de fuego que ni siquiera nosotros mismos estaríamos dispuestos a pasar? Desde mi punto de vista, fomentar el interés por la oratoria mediante concursos es tal vez una de las maneras más inadecuadas, porque en vez de estimular, tienden a asustar y poner tensos a los neófitos. Los concursos de oratoria solamente han de reservarse para personas previamente formadas en oratoria. La razón es simple: Juzgar un discurso implica criticar los rasgos de la personalidad relacionados con la habilidad para hablar del orador. Tal como los padres podrían crear tartamudos presionando a sus hijos para que hablen correctamente, los concursos de oratoria podrían ahuyentar a las personas de esforzarse por practicar la oratoria ("¡Qué? ¿Yo? ¡No gracias! ¡Ni loco!").
John Nash, cuya impresionante vida y obra inspiró la película ganadora del Oscar "Una Mente Brillante", dijo en una entrevista que 'la competencia siempre produce perdedores". Y es que toda competencia solo genera satisfacción en el ganador. Es mejor estimular la participación y elevar la motivación mediante un estímulo grupal que impregne la mentalidad de los estudiantes con la idea de que 'todos podemos llegar a hacerlo bien". Cuando estén a la altura de competir, tal vez puedan hacerlo voluntariamente en un ámbito neutral escogido por ellos mismos, donde nadie sienta que habrá lugar para juicios parcializados, basados en 'me gustó' o 'no me gustó'.
Para juzgar en un concurso de oratoria se requiere un criterio basado en una escala de valores o conjunto de principios. El que uno sea el alcalde de la ciudad, jefe de la policía, director de la escuela, ganador de una carrera de autos o de un concurso de belleza de ninguna manera capacita a uno automáticamente como juez de un concurso de oratoria. Lo que capacita a uno como juez de un concurso de oratoria es el haberse formado en oratoria con base en principios de oratoria. De otro modo, el juicio solo resultaría de 'me gustó' o 'no me gustó'.
Por otro lado, si lo que se busca es la opinión de personas que ignoran completamente las normas, sí sería apropiado poner como jueces a personas que ignoran las reglas, para que basen su juicio en 'me gustó' o 'no me gustó', lo cual puede ser muy útil para sondear la capacidad de los oradores para llegar a toda clase de personas. Sin embargo, esta clase de concurso de ninguna manera debería aplicarse a jóvenes que están en la fase de estudio, sino solo a personas que ya tienen formación en oratoria.
A nuestro modo de ver, la mejor manera de estimular la practica de la oratoria es la presentación y evaluación de los discursos de la totalidad de los participantes del curso de oratoria, sin discriminación. Entonces, los variados temas y estilos resultarán en un ramillete de opciones que impedirá que unos se sientan menospreciados o perdedores con respecto a los demás. Si todos tienen un estilo propio, y se aceptará su personalidad y manera de expresar las ideas, se sentirán más abiertos a tomar parte.
En lo que respecta a la práctica de la oratoria, la nueva educación implica un estímulo constructivo. Esto de ninguna manera se consigue generando perdedores, sino ganadores. La idea es que todos piensen que son ganadores en su estilo particular.
Aunque resulta poco grato para nosotros pensar en someter la oratoria a un concurso, porque sería tan absurdo como someter a un concurso de pintura a Picasso con Rembrandt y Van Gohg, o a un concurso de música a Chopin con Bach y Strauss, diríamos que la participación en un concurso solo ha de reservarse para personas curtidas en oratoria, nunca para noveles o aprendices. Lo que los noveles y aprendices necesitan más que nada en el mundo es encomio, alabanza, felicitaciones, sugerencias para mejorar, pero no que se les compare ni se les haga sentir perdedores (aunque haya segundo y tercer puesto, todos los que no lograron el primer lugar siempre recordarán que resultaron perdedores). Los concursos solo satisfacen al ganador.
Por eso, sugerimos que primero se implante un curso para el entrenamiento de la oratoria, basado en una escala de valores, o principios, que los estudiantes puedan aplicar progresivamente según un cronograma de estudios. Segundo, se ha de esperar al término de dicho programa, de modo que todos expongan sus trabajos, pero sin la presión de un concurso (aunque todos los discursos se evalúen de modo que cada resultado sea independiente del resto). Y tercero, se puede invitar a un concurso a aquellos que hayan obtenido una calificación mínima de 90% en la evaluación general del curso. Entonces, el concurso tendrá más sentido para todos. Aún así, en Oratorianet no somos partidarios ni promotores de concursos y competencias.
Para juzgar los resultados de un entrenamiento en oratoria se requiere el dominio o conocimiento de una escala de valores, o principios, lo cual significa que la(s) persona(s) que ha(n) de juzgar tienen que basar sus opiniones en dicha escala. Si carecen del conocimiento o dominio de los valores, se les puede proveer planchas que contengan los diferentes aspectos de la oratoria que servirán de base para el juicio.
Por ejemplo, un juez se concentrará en el volumen y la pronunciación o uso del idioma, otro en la velocidad y uso de pausas, otro en los gestos y ademanes y la postura, otro en el contenido o información y el impacto general de la información, otro en el contacto visual y emocional, y así sucesivamente. De esta manera, aunque los jueces carecen de formación, por lo menos deben concentrar sus esfuerzos en aspectos particulares de la escala de valores que se usarán para juzgar. Eso es más objetivo que simplemente basarse en 'me gustó' o 'no me gustó'. Una evaluación meramente emocional pudiera parecer justa, pero no lo es desde un punto de vista objetivo.
A nuestro modo de ver, son 14 los aspectos que han de observarse en un concurso:
Contenido informativo
Fuerza del impacto general
Habilidad para el contacto visual y emocional
Habilidad para impedir que el auditorio se aburra
Intensidad de la voz
Corrección de la pronunciación
Equilibrio en la velocidad
Habilidad para la modulación y la entonación
Arreglo personal y acicalamiento
Gestos y ademanes
Postura
Primeras palabras
Ordenamiento lógico de ideas
Palabras finales
Puntualidad y duración
El programa anual para las sesiones de práctica sugerido por Oratorianet incluye una cartilla de evaluación que también puede ser utilizada para la evaluación en un concurso, puesto que la evaluación en un entrenamiento y en un concurso son similares. Para una visión más objetiva pueden asignarse diferentes grupos de cualidades a diferentes miembros del jurado.
Utilizando una cartilla de evaluación, hay diferentes maneras de asignar el trabajo del jurado, según la cantidad y habilidad de sus miembros:

Evalúa todo:


El impacto de la idea principal


El contacto visual y emocional


La habilidad para entretener


Las cualidades de la voz, el cuerpo y sus movimientos

Un juez evalúa


El impacto de la idea principal


El contacto visual y emocional


La habilidad para entretener

Otro juez evalúa


Las cualidades de la voz y del cuerpo y sus movimientos

Un juez evalúa el contenido informativo y el impacto de la idea principal

Otro evalúa el contacto visual y emocional y la habilidad para entretener

Otro evalúa las cualidades de la voz y del cuerpo y sus movimientos

Otro evalúa el uso del bosquejo y la duración del discurso

Un miembro del jurado evalúa el contenido informativo

Otro evalúa el impacto de la idea principal

Otro evalúa el contacto visual y emocional

Otro evalúa la habilidad para entretener

Otro evalúa las cualidades de la voz

Otro evalúa el cuerpo y sus movimientos

Otro evalúa el uso del bosquejo

Otro evalúa a duración del discurso
Subdividir la cualidad que ha de evaluarse permite una observación más cuidadosa, lo cual ayuda mucho al juez a formarse un concepto general que facilite su evaluación

¿Parece la persona muy interesada en el tema de su presentación?

¿Puedo percibir que dedicó tiempo a investigar el asunto?

¿Es interesante el enfoque que dio a su exposición?

¿Percibo que vive lo que predica?

¿Me permite visualizar o imaginar sus ideas?

¿Ha ilustrado el asunto o presentado por lo menos un ejemplo?

¿Me impactó intelectualmente?

¿Ha repetido o inculcado la idea principal?

¿Ha hecho asociación de ideas con ejemplos o ilustraciones?

¿Mira a sus oyentes a los ojos, intercambiando la mirada?

¿Establece un contacto emocional diciendo "usted", "tú" o "ustedes"?

¿Expresa aprecio, comprensión, interés altruista, generosidad y/o respeto por el oyente?

¿Habla usando imágenes mentales o ilustraciones?

¿Usó un apoyo visual?

¿Hizo participar a sus oyentes mediante preguntas y respuestas?

¿Suena intensa su voz?

¿Es suficientemente clara su pronunciación? ¿Se entienden sus palabras?

¿Modula la voz agradablemente, armonizando su tono con el material y la ocasión?

¿Habla a una velocidad equilibrada, haciendo pausas apropiadas?

¿Comunica seguridad y aplomo su postura, se le ve estable y en equilibrio?

¿Refleja modestia su arreglo personal, comunicando limpieza y orden?

¿Convencen sus gestos y ademanes, es decir, parecen naturales y efectivos?

¿Usa el bosquejo de manera eficaz, mirándolo solo de vez en cuando?

¿Se nota que todas sus ideas están conectadas lógicamente entre sí?

¿Sonaron eficaces sus primeras palabras?


(Si las bases no especifican un saludo o tratamiento, no se exigirá)

¿Sonaron eficaces sus últimas palabras?


(Si las bases no especifican un resumen general, no se exigirá)

¿Se presentó a tiempo?

¿Se atuvo al tiempo que se le concedió, sin propasarse del límite establecido?

¿El comienzo y el final tuvieron un largo adecuado?
Como vemos, un concurso de oratoria no es un juego ni debería usarse como parte de un entrenamiento básico. Es un asunto serio que requiere que tanto participantes como jueces sepan por lo menos algunas nociones mínimas sobre oratoria y entiendan todo lo que implica un concurso.
Teniendo en cuenta todo lo anterior y a fin de que la crítica resulte objetiva y no puramente emocional, al organizador le compete imprimir cartillas de evaluación u hojas de opinión para el uso de los jueces según se haya definido la política de evaluación.
Aunque el contenido informativo es, a nuestro modo de ver, lo más importante en oratoria, generalmente el peso del incentivo que mueve a un auditorio a hacer lo que se le recomienda recae sobre los gestos y la forma. Por eso los jueces han de equilibrar su opinión entre ambos aspectos. Si solo se fijan en la forma ('¡Me gustó"'') podrían descuidar el mensaje (“¿Se benefició el auditorio?”), lo cual es lo que verdaderamente cuenta.
Un discurso o declamación puede ser precioso o dramático solo en forma y hasta conseguir una ovación; u otro, sin tanta carga emocional, podría lograr efectos más profundos y significativos en el auditorio; pero un juez equilibrado observará más allá del impacto emocional. Porque entiende que un orador eficaz equilibra el aspecto emotivo con el intelectual con el fin de beneficiar a sus oyentes. Si todo el peso del discurso recayera sobre el impacto emocional, el orador probablemente procure un beneficio para sí mismo (el premio) en vez de beneficiar al auditorio (el objetivo real).
Oratorianet contiene una cartilla en evaluación el la Separata de Las 4 Leyes, que está disponible en nuestra tienda. Pero esta solo se da a modo de pauta. Los aspectos específicos a evaluarse, que deben figurar en la cartilla del concurso, ha de ser diseñada enteramente por el organizador siguiendo la política de evaluación.
Por eso, cuando te inviten a servir como juez en un concurso de oratoria, pregúntate:
¿Entiendo razonablemente bien cómo funcionan los principios de la oratoria?
¿Entiendo bien las bases del concurso?
¿Se evaluará la forma? ¿El contenido? ¿Ambas cosas?
¿Hasta qué grado se exigirá el cumplimiento estricto de los principios?
¿Son los participantes estudiantes de oratoria experimentados, o principiantes?
¿Cuál es el propósito principal del concurso?
Para organizar u concurso de éxito en oratoria, tanto los jueces como los participantes y sus asesores deben entender las bases del concurso y saber qué aspectos se tendrán en cuenta en la evaluación. Solo así se minimizará el desaliento que suele embargar a algunos concursantes por pensar que hubo injusticia en la evaluación.
En vez de basarte en 'me gustó' o 'no me gustó', lo apropiado es analizar qué tan bien desplegó el orador la aplicación de los principios.