![]() ÍNDICE ![]() DE TÉCNICAS DINÁMICAS PARA HABLAR EN PÚBLICO Haz clic en los botones de arriba para cambiar a diferentes secciones del libro. Haz clic en los links, títulos y subtítulos de abajo para ir y volver por los artículos de esta sección del libro. Estás en la explicación extensa 1 | 2 | 3 | 4 | 5 ABREVIADA | COMPLETA Primera
Ley
SI
NO SABES, CÁLLATE
SI LO SABES, DILO FUERTEMENTE PRONUNCIA CORRECTAMENTE PLÁNTATE SOBRE TUS PIES Y DIVIDE TUS IDEAS EN TRES Objetivo : INFORMAR El conocimiento es la
clave en
todo orden de cosas.
Por tanto, el objetivo de la Primera Ley es
llegar a la mente del oyente, que entienda claramente lo que le dices,
es decir, la información que le propones; y que
tú
entiendas sus
respuestas a las preguntas que le haces, o los comentarios y preguntas
que él te hace. Ten presente que
una gran ventaja
de tu mente es que
no hay manera de que tus oyentes sepan lo que piensas sino hasta que
abres la boca o lo demuestras con palabras, gestos, ademanes o
actitudes.En todas las disciplinas los maestros explican que la información es lo más importante porque de ella depende lo que creemos y decidimos. Por ejemplo, en un artículo escrito por el Presidente del Instituto del Liderazgo de la Universidad de California del Sur, Warren Bennis, titulado El Futuro No Descansa, expresó su convicción de que 'hoy el factor crítico es la información'. De ahí que en Oratorianet la información y el conocimiento sea el inicio y fundamento de todas nuestras consideraciones relacionadas con la comunicación. De hecho, no exageramos cuando afirmamos que la base de una oratoria de éxito radica en el uso que se da al conocimiento. "Para que el oyente abra
su mente, a veces hay que abrir primero su
corazón
con un sentimiento conmovedor; otras, para que abra su corazón, hay que abrir primero su mente con una explicación interesante." Por qué lo dices. El público necesita saber por qué le dices lo que le dices. Si tus oyentes no entienden la razón principal por la que estás ahí de pie hablando minuto tras minuto, sencillamente cambiarán mentalmente de canal y se concentrarán en otra cosa, perdiendo el hilo del discurso. Y si eso ocurre, ¿cómo esperas que te apoyen y hagan lo que les recomendarás al terminar de hablar? Tu pedido no tendrá suficiente empuje. El por qué suele centrarse en el pasado y envolver una razón, una causa, y el razonamiento es la raíz de los pensamientos más interesantes. Para qué lo dices. El público necesita entender adónde apuntan las flechas de tu explicación, es decir, cuál es la finalidad de tu esfuerzo. No basta con que le digas por qué estás ahí, sino para qué, es decir, con qué objetivo se las dices. Por ejemplo, tal vez le digas que conduzca su automóvil con cuidado porque está lloviendo, y entenderá por qué debe manejar con cuidado (conducir con lluvia puede provocar un accidente, conducir con cuidado le permite controlar mejor el vehículo). Esas son razones. Pero si añades: "Para que pueda llegar con bien a su casa y reunirse con sus seres queridos", le añades algo más que una razón. Le estás dando un motivo, algo que envuelve el corazón, sus deseos ("Quiero ver crecer a mis hijos", "No quiero que mis hijos pierdan a su padre", "Mis hijos están pequeños y me necesitan", "Acabo de casarme y mi esposa me espera con la cena", "Si no llego a casa con la medicina que necesita mi madre, podría morir"). El para qué suele centrarse en el futuro, en una esperanza, y usualmente envuelve un sentimiento. Y no solo es importante para el auditorio saber por qué o para qué le diriges un discurso. También tienen curiosidad por saber quien, quienes, cual, cuanto, cuando, donde y como. Por eso, pocas cosas son tan irritantes como oír a un sabio diciendo estupideces, o tener que soportar la renuencia de un ignorante respecto de un tema de suma importancia. Por otro lado, ciertos oradores matizan sus discursos vociferando frases muy interesantes, o se pavonean usando palabras rebuscadas o rimbombantes ("El paradigma dicta que un licnobio que sestea o resulta ser un noctívago, sin duda acabará de zaborrero, ya sea que pretenda epatar o no con su verborrea porque en el corpus diacrónico de su cerebro solo existe una paronomasia del epítome mencionado, el cual ha sido evidentemente obtenido con subrepción de su parte...".) y hacen ademanes bruscos para impresionar a los oyentes y conmoverlos profundamente de manera que supongan que todo lo que están diciendo es cierto, pero ¿realmente lo es? Eso no es oratoria, es una burda manipulación. La oratoria correcta, es decir, el arte de hablar en público, se apoya firmemente en conocimientos e informes veraces, útiles y de valor práctico, no en simples gestos, tonos, palabras, frases, definiciones y/o posturas impactantes. La demagogia es una obra de teatro. Tanto
engañar como informar de modo confuso
o difícilmente entendible viola la Primera Ley. El estudio y la aplicación de la Primera Ley te ayuda a enfocar tu mente en la importancia de abrir bien los ojos, abrir bien los oídos y abrir de par en par el entendimiento antes de discutir o enseñar a otros. Un sabio se expresa con sabiduría, y el que domina un tema, como alguien que realmente lo entiende. Imagínate un robot que se apresura por una cancha de futbol y patea una pelota directamente hacia el arco. Ahora imagina que alguien te dice que tanto la cancha, como el arco, la pelota y el robot se hicieron solos, que se fabricaron a sí mismos, que surgieron de la causalidad. ¿Lo creerías? ¡De ninguna manera! Tanto el arco, como la cancha, la pelota y el robot requirieron un extraordinario diseño y muchísimas horas de planificación y ensayo. Hubo alguien muy inteligente tras ello. Y definitivamente no hubiera hecho nada de eso sin una razón ni un motivo. Precipitarte y hablar sin saber es un acto que expone a uno al ridículo, y discutir sin tener todos los detalles, equiparable a un crimen. Las consecuencias pueden ir desde pasar vergüenza hasta manchar la honra de otras personas, por no decir algo peor. Adquirir conocimiento e información es la base de cualquier discurso eficaz, y organizar el conocimiento con disciplina es adquirir fuerza. Además, el mantener un buen respaldo de conocimientos te permite añadir valor a tus discursos. ¿Cómo añades valor a un discurso? Bueno, los vendedores saben que en similitud de condiciones, un producto o servicio no se distingue por las mismas cosas que ofrecen todos los demás vendedores, sino por el valor añadido, especialmente en el servicio. Si bien es cierto, el principio de la calidad total exige que se dé al cliente lo que necesita y no abrumarlo con excesos que jamás usará, o en otras palabras, que se fabrique el producto o servicio a su medida, el principio más importante del valor añadido es que se le provea aquello que le gustaría recibir y lo haría feliz pero que otros no le dan (por ejemplo, puntualidad en la entrega, pulcritud en el manejo del producto, trato sumamente cortés y amigable, instrucciones muy claras, proacción en la gestión de ventas y cualquier cosa que los competidores no estén dándole). Aplicado a la oratoria diríamos que el orador añade valor a un discurso cuando dice las cosas de una manera especial. En otras palabras, no lo dirá de cualquier manera, es decir, como cualquiera lo hubiera dicho, sino de una manera que realmente destaque el valor de la información y permita a sus oyentes recordar los puntos principales a fin de usarlos después, en su vida cotidiana. Porque jamás debes olvidar que así como existe un concepto de valor añadido, también existe lo opuesto: el valor restado. El valor restado es todo aquello que te ubica en inferioridad de condiciones respecto a la oratoria que se considera aceptable. En ventas, si el vendedor no es puntual en la entrega, no es limpio ni trata el producto con pulcritud, si su trato es descortés y poco amigable, no provee instrucciones claras ni es proactivo en su gestión, diríamos que resta valor a su servicio. Igualmente, si un discurso no tiene nada de especial y el orador habla de cualquier manera, es decir, como cualquiera lo hubiera dicho, sin destacar el valor práctico de la información; o si, por otro lado, grita a sus oyentes o los trata sin respeto, resta valor al discurso. En pocas palabras, está haciendo lo contrario de añadir valor. Es cierto que cuando hablas ante un auditorio tienes el derecho de aventurarte por los bosques de la especulación como cualquier persona que usaría su inteligencia cuando discierne algún asunto, pero debes mostrar respeto por la inteligencia de tus oyentes, primero reconociendo abiertamente que en tal caso el contexto es solo una especulación, y segundo, que las especulaciones no benefician a nadie si no contribuyen al entendimiento. En el mejor de los casos, solo son una ficción y un ejercicio para la mente, y en el peor, la raíz de un prejuicio cuyas malas consecuencias pudieran ser desagradablemente incontrolables. Aunque todos somos imperfectos y tendemos a cometer errores, un orador experimentado demuestra sentido de responsabilidad siendo cuidadoso al prestar atención a los detalles a fin de tener siempre un buen fundamento para sus declaraciones. Por ejemplo, cuando veas un programa de televisión acerca de ciencia verdadera o ciencia ficción, procura anotar en un papel todas las veces que se dice algo así como: "Se dice que...", "Suponemos que...", "Pensamos que...", "Se cree que...", "Pudo suceder que...", "Quizás...", "Tal vez", "Probablemente sucedió...", "Es posible que...", "Muchos concuerdan en que...", "Podría suceder que dentro de cientos de millones de años...", "Pudo ocurrir hace cientos de millones de años...", "Se ha dicho que...". Ninguna de esas afirmaciones respalda ningún hecho comprobado, sino exactamente lo contrario, aunque las digan científicos prominentes. Propósito de esta ley El propósito de la Primera Ley es exhortarte a informar siempre con substancia, pertinencia y claridad para que tus oyentes no solo entiendan lo que dices, sino que tengan suficiente confianza y elementos de juicio para convencerse a sí mismos de las sólidas razones y evidencias que hay tras tus palabras. Es cierto que todos somos imperfectos y que es imposible hablar sin cometer errores de dicción o de entendimiento. Pero siempre debes esforzarte por mantenerte al día. Errores pequeños son comprensibles, pero errores garrafales pueden atraer problemas como un imán. Hay auditorios que no tienen misericordia criticando la menor equivocación. Nivel El nivel que debes conceder a la Primera Ley es principal o de primer orden. La Primera Ley domina o controla a la Segunda Ley, y de hecho, a todas las otras tres leyes, porque la memoria debe subordinarse al conocimiento y al poder que este puede proveerte cuando lo organizas debidamente. Recuerda siempre que la Primera Ley domina y controla toda tu oratoria. Estructura La Primera Ley está compuesta por 5 elementos: - 1
principio (Un orador solo debe hablar de lo que sabe por estudio y/o
experiencia)
- 3 cualidades físicas (volumen, pronunciación y postura) - 1 sugerencia relacionada con la organización de las ideas (ordenar el tema siguiendo un orden lógico) ARRIBA "¡SI NO SABES, CÁLLATE!"
SIGNIFICADO Calla
o pregunta, en vez de hablar sin saber.
Informa con material confiable,
substancioso, claro y entendible. Te
conviene preguntar e investigar bien los asuntos para dominar el tema
antes de hablar. Porque si alguien te corrigiera delante de todos,
¿no hubieras preferido callar que quedar en
ridículo?"Si no sabes, cállate" es una frase que suelen decir los niños en son de queja cuando perciben una injusticia cuando alguno de sus compañeros de juego se atreve a decir algo que está lejos de ser cierto. Los adultos la usan para decir que nadie se necesita ser muy estudioso ni inteligente para darse cuenta de que solo tiene derecho de hablar de aquello que ha llegado a dominar por estudio o experiencia. Es una frase que resume todo el sentido que conlleva la responsabilidad de transmitir un mensaje, por simple que sea. Pero no se trata de una frase suelta que solo engloba un sentido general, sino un principio compuesto de elementos o factores que, si reflexionamos en ellos, podremos extraerle un enorme beneficio no solo para la oratoria, sino para todas nuestras comunicaciones. INFormación Por ejemplo, si sabes que en tu localidad la policía se ha labrado la fama de no prestar ayuda eficaz a las personas que la necesitan; o que cierto vecino es una persona demasiado torpe para entender cosas simples (porque tiene una educación insuficiente, porque abusa de los derechos de los demás, porque es moralmente inmundo u otro motivo), ¿te atreverías a enfrentar una situación que podría salirse de control y terminar en que tuvieras que recurrir a la policía? No, porque sabes que llevarías las de perder. El conocimiento te sirve para tomar una mejor decisión y evitarte problemas. Saber algo que los demás no saben siempre te pone en ventaja. Por ejemplo, tu vecino hace una fiesta de cumpleaños tan escandalosa que te irritas y le exiges moderación, pero unas copas de más le dan un falso sentido de seguridad y lo impulsan a responderte con atrevimiento. Entonces llamas a la policía y todo se sale de control: Los invitados a la fiesta intervienen y comienzan a gritar palabras soeces a todos los vecinos y/o a agredirlos físicamente. Cuando la policía viene, se lava las manos y se limita a citar a todos los implicados a la comisaría. La fiesta se disuelve y todos se retiran del lugar reventando de cólera. ¿Es así como tu vecino quería terminar su fiesta? ¿Es así como querías pasar la noche? ¿Qué lección sacarías? 1)averiguaste que tu vecino es demasiado torpe para entender cómo vivir en comunidad; 2) sabes que la policía de la localidad rara vez te ayuda cuando más la necesitas; y que todos salen perdiendo. La próxima vez aplicarás ese conocimiento para tomar una mejor decisión para no salir perdiendo. La información y el conocimiento es lo más importante en todas las cosas. En la oratoria también. El que más sabe, más puede. En las escuelas muchos se mofan de los estudiosos, especialmente los que manejan bien los números. Sin embargo, cuando crecen y se dedican al trabajo, ¿quiénes están en las oficinas de impuestos del mundo? ¿No son ellos? ¿Quiénes hacen los edificios y autopistas más impresionantes? ¿No son ellos? ¿Quiénes son los que descubren nuevas vacunas y medicamentos para curar a las personas? ¿No son ellos? ¿Quiénes son los que dictan las leyes económicas de los pueblos? ¿No son ellos? ¿Y quienes terminan abajo? Nada menos que todos aquellos que se burlaban de ellos en la escuela. El primer paso que da una persona inteligente para actuar eficazmente en cualquier asunto es informarse, ya sea para tomar una decisión sencilla, juzgar un caso complicado o criticar cualquier asunto, llegar a una conclusión, resolver un problema, responder una pregunta importante, orientar a otras personas o presentar un discurso. Y aunque es cierto que algunas cosas pueden hacerse bien a partir de la simple intuición, dicha intuición nunca suele basarse en la nada, sino en alguna clase de conocimiento tácito o explícito previamente adquirido. Por lo tanto, un orador experimentado se capacita por medio de derribar o atravesar las fronteras que lo separan del entendimiento de las cosas. Debe ser un estudioso diligente en todo sentido. Un verdadero trabajador del conocimiento. Un ávido lector y escritor. No debe ser un improvisado que simplemente palabrea a los demás para salirse con la suya. Un orador capacitado sabe distinguir la diferencia entre "aún" y "aun", entre "deber" y "deber de", entre "tener que hacerlo" y "deber hacerlo", entre "lo cual" y "la cual", entre "balear" y "abalear", entre "latente" y "patente", entre "dónde" y "adónde", porque es un estudioso infatigable del idioma y de las definiciones y sabe que estas cosas no significan lo mismo. Por ejemplo, "deber" es una obligación ("debo pagar mi deuda"), mientras que "deber de" es una suposición" ("Debes de estar muy preocupado por lo sucedido"). Su comunicación es culta y lo refleja en su pronunciación y escritura; sus trazos en la pizarra son claros, breves, firmes y entretenidos. Un orador capacitado es un instrumento del conocimiento. Aprende palabras nuevas y las utiliza correctamente, porque sabe que cuanto mejor las conozca, más libre se siente respecto a los demás. Además, porque reconoce por experiencia que una palabra bien usada puede abrir y cerrar puertas de oportunidades. El orador experto recopila información útil para incrementar constantemente su fondo de conocimientos y poder diseminar posteriormente la información con sentido de responsabilidad teniendo en mira la integración de los que le escuchan. Una palabra mal empleada o mal pronunciada basta para enredar las cosas y producir un efecto completamente diferente. "Dile que no compre" no es lo mismo que "dile que lo compre", pero suena muy parecido. Una pequeña diferencia que podría tener serias consecuencias si estamos hablando por teléfono y se trata de tomar una decisión urgente. Impartir información a un auditorio es una responsabilidad de peso, porque afecta la vida y el futuro de las personas, sus decisiones, el uso de su tiempo, sus esfuerzos y la manera como invierte su capital humano. Por lo tanto, una buena preparación en oratoria comienza por entender la importancia que tiene la información precisa, específica, exacta, interesante, substanciosa, significativa, provechosa y de utilidad práctica. Por ejemplo, si das un discurso extraordinario sobre los riesgos de consumir azúcar y te retiras sin darles alternativas para endulzar sus alimentos, los dejarás en la Luna y tu tema les parecería incompleto. Tendrías que decirles que podrían usar miel de abejas u otra cosa, dándoles una satisfacción. Lo más difícil es hablar acerca de algo que tus oyentes ya saben o acerca de un asunto trillado que no tiene nada de nuevo. Pero se vuelve fácil si presentas los asuntos con un toque de frescura, ya sea en contenido o en forma, para que la novedad les despierte el deseo de prestar atención, se sienten movidos a prestarte atención. Porque si dices cosas que siempre escuchan, o cosas que a ellos ya se les ha ocurrido, saldrán a comprar a la tienda, a dar una vuelta, o simplemente se adormecerán en sus asientos pensando: "Eso ya lo sé", o "¡Vaya! Más de lo mismo". Por eso, si un mago saca un conejo de su sombrero no despertará mucha expectativa, porque casi todos creen saber lo que va a hacer. Pero ¿qué hay si saca un camello? ¡De aseguro le prestarán atención! Lo mismo sucede con un discurso. Hay que darle un enfoque novedoso, que no se les haya ocurrido ni en sueños, presentar la línea de razonamiento y los ejemplos de una manera fresca e impactante. No decir las cosas que ellos exactamente esperan oír, sino algo mucho mejor. Si te sientas a escuchar un solo de piano del argentino Daniel Barenboim, no podrías menos que permanecer en un estado de trance minuto tras minuto debido a la extraordinaria destreza que tiene para llevarte desde las partes más bajas de la quietud hasta las cumbres más impresionantes del clímax musical. Su habilidad para sorprenderte con la siguiente línea melódica te deja en un éxtasis constante. Le encanta presentar sus interpretaciones de modo que tu oído no adivine lo que viene después. Siempre hay una nueva variación, una tesitura diferente, un ritmo que rompe los esquemas. Lo mismo ocurre con la pintura, la oratoria y otras artes. Cada intérprete puede dar a su obra un matiz que la distinga largamente de las demás. En contraste, los que hablan de manera monótona, insulsa y sin impacto generalmente no se han detenido a pensar. Es todo. No se han detenido a pensar en ello. Simplemente hablan. Todos sus discursos tienen el mismo tono, leen todas las noticias con la misma tonalidad, leen sus documentales sin ninguna pasión. No hay cumbres, no hay profundidad, no hay color ni calor, no hay gestos ni ademanes que comuniquen siquiera el mínimo sentimiento. Nunca progresan, siempre hablan igual. Aburren hasta la muerte. ¿Quién les presta atención? El orador experimentado reconoce la importancia de la información, pero no descuida el aspecto emocional que hay tras el contenido. Siempre busca la relación que existe entre una fría definición y el candor de la intención, a fin de que el viento no se lleve sus palabras, sino que arraiguen profundamente en el corazón de sus oyentes, a fin de que aprendan, a fin de que se despierte en ellos el deseo de poner por obra lo que recomienda. Proacción y la calidad y cantidad de información Hoy se valora mucho a la persona proactiva, es decir, aquella que tiene la habilidad para anticiparse a los problemas por medio de detectar de antemano las probables dificultades que podrían surgir y que busca soluciones antes de que ocurran. Es algo así como un profeta. Antes el éxito en los negocios se evaluaba exclusivamente a partir de los indicadores financieros, pero posteriormente se descubrió que había aspectos intangibles que afectaban los resultados y no estaban siendo tomados en cuenta. Por lo tanto, se les dio el nombre de inductores de la acción o indicadores del futuro, que permitieron anticiparse al resultado con cierto grado de certeza con la finalidad de realizar a tiempo las modificaciones necesarias y lograr o retener una posición de éxito. El
conocimiento del problema es la clave de la solución.
Thomas Cleary La persona proactiva es aquella que se mantiene sensible o alerta a cualquier detalle que le ayude a anticiparse a los problemas. En otras palabras, valora mucho la clase de información que le ayuda a mejorar su perspectiva de un asunto. Los indicadores del futuro o inductores de la acción se convierten para ella en un exquisito banquete de información. Por eso estas personas también suelen ser buenos elementos cuando se trata de comunicar ideas o hablar en público. No es que sean paranoicas, sino que simplemente saben prestar atención a los "indicadores del futuro". Dicen que "una persona verdaderamente sabia es la que tiene la respuesta antes de que le hagan la pregunta". Eso no sería posible si no prestara atención a los detalles. Recuerda: Cuanto más y mejor información manejes valiéndote de una forma de pensar sistemática, estarás en mejor posición para analizar las cosas desde más puntos de vista y serás más competente al ofrecer soluciones a los problemas que se presenten. Y hasta tus relaciones humanas mejorarán, porque contarás con recursos novedosos para entender a las personas e interactuar con ellas de maneras más creativas y entretenidas. Por eso, aunque te conviene saber mucho, más te conviene saber lo que tu auditorio necesita escuchar. Porque en oratoria, la calidad de la información, no la cantidad, es lo más importante. ¡Es el cimiento de todos tus discursos! INTerés Interés.
Todo en la vida comienza con un interés, con un esfuerzo
personal.
Interésate en la información que quieres
presentar y
esfuérzate por hacer un buen trabajo.
Cultiva un profundo deseo de compartir tus conocimientos con tus
oyentes. Dale vueltas
y vueltas en tu mente y corazón hasta que madure tu
entendimiento del asunto que quieres comunicar. Eso te
dará energía más que suficiente para
echar a andar
el motor de la sabiduría y afinará tus
intenciones
de quedar
bien y proyectar una excelente imagen, porque entonces tu deseo
será altruista: Presentar un tema bien preparado
y satisfacer la necesidad
del auditorio. Sin
esfuerzo de tu parte no lograrás nada significativo; pero si le pones un
interés
profundo, pones
el corazón y cultivas un deseo ardiente de hacerlo bien, el
éxito caerá por su propio peso. La cantidad de tiempo y esfuerzo que dediques al estudio e investigación de la información relacionada con tu discurso demuestra el grado de tu interés. Si no dedicas tiempo a la lectura e investigación, no solo manifiestas desinterés, sino que no acumulas la energía necesaria para llevar a cabo los demás pasos del proceso o secuencia de preparación. Si quieres tener éxito en oratoria, prepárate bien comenzando por mostrar interés. Por eso se dice que no hay cultura sin esfuerzo. ¿Qué estimulará el crecimiento de tu interés por ahondar tus estudios de oratoria y preparar bien tus discursos? ¡Pensar en la satisfacción que sentirás al ver que te conviertes en una persona más competente y efectiva! Al estudiar tus temas a conciencia adquieres más conocimientos y destrezas colocándote en una mejor posición para tomar decisiones más responsables y satisfacer una mayor cantidad de necesidades personales, así como para presentar discursos más profundos, motivadores y persuasivos, lo cual satisface cada vez más a tus oyentes. Refuerzas tu carrera, incrementas tu capital humano y te vuelves una persona más útil en tu centro de trabajo, alguien con quien tus jefes querrán contar siempre. Lo más interesante de la motivación por la satisfacción que produce la investigación y el aprendizaje es que cuanto más sabes, más quieres saber, de modo que cada vez te resulta más fácil y divertido adquirir información, organizarla y utilizarla. Pero recuerda: Todo comienza con el tiempo y el esfuerzo que le dedicas al tema, es decir, depende de tu interés. Por eso, el interés está en la base del estudio de Las 4 Leyes. ¿No estamos considerando la Primera Ley? No me malinterpretes. "Si no sabes, cállate" no significa guardar silencio en toda ocasión, sino solo cuando sientes la tentación de hablar acerca de algo que no entiendes o no has tenido ocasión de investigar. A veces, cuando te quedas en silencio alguien pudiera tender a creer que te falta interés. Pero en tal caso, en vez de atreverte a decir una sandez, probablemente te convenga hacer una pregunta o añadir un comentario breve anteponiendo la frase "En mi opinión...". De todos modos, serán menores tus problemas por guardar silencio que por fanfarronear explayándote acerca de asuntos que no entiendes bien. INVestigación Investigación.
Una manera de recopilar información para tus
discursos es
averiguando todo cuanto sea pertinente para enriquecer tu
fondo de
conocimientos. No es suficiente con saber algo superficialmente si se
trata de un conocimiento que puede edificarte y beneficiar a los que te
escuchen. Comienza sondeando tu interior (tu banco de memoria) y después, la mente de otras personas (leyendo libros, asistiendo a conferencias, cursos y seminarios, navegando por Internet, analizando documentales, escuchando las noticias locales e internacionales, y entrevistándote con especialistas y gente entendida en la materia). Empápate con más material pertinente del que necesitas, porque el contenido informativo y educacional es la base de todos tus discursos y el fundamento sobre el cual podrás pararte con confianza delante de cualquier auditorio y enfrentar cualquier sesión de preguntas y respuestas. Un orador capacitado siempre posee más información de la que necesita, aunque solo use un pequeño porcentaje en su discurso. Un ejercicio mental para ver un ejemplo de esto es observar cómo responde el portavoz de los Estados Unidos al interrogatorio de los medios de comunicación. Parece tener una respuesta para todo; y lo que no sabe, lo pasa por alto con dignidad. Dale Carnegie solía decir que una persona mal preparada no merecía sentirse segura ante un gran auditorio. De modo que investiga, para experimentar e inspirar más firmeza y aplomo. Un orador experimentado averigua de todo un poco. Por ejemplo, cuando está con un neurólogo, aprovecha para preguntarle si la norepinefrina es una hormona o un neurotransmisor, o ambas cosas. Y escucha atentamente la explicación. Si es necesario, después anota todo en un papel. Si está con un arquitecto, tal vez le pregunte cuántas toneladas por centímetro cuadrado debe soportar cada columna de un edificio de 10 pisos. O si está con un veterinario, le pregunta cuál ha sido el caso más difícil que tuvo al atender una emergencia. En realidad quiere saber de todo para usarlo en sus discursos cuando la situación lo amerite. Cuando la gente exige un debate, no suele deberse tanto a que quiera escuchar la exposición de ideas que pudo leer cómodamente en un documento publicado, sino a que muchos quieren ver un espectáculo y analizar los sentimientos que reflejan los contendores. Tal vez la mayoría piense que eso le ayudará a decidirse por uno u otro sin tener que dedicar tanto tiempo a una tediosa lectura de términos que no se entienden. Quieren leer el mensaje no verbal de los gestos y ademanes. La mirada, los gestos y los ademanes son tan comunicativos que las personas los usan instintivamente para evaluar lo que se dice con palabras, en cuanto a si el que habla parece realmente convencido o no. Si el vigor de los ademanes no corresponden al vigor de las palabras, el oyente no piensa: "Pasaré por alto eso, porque es tímido, pobrecito", sino "Este tipo no me convence en absoluto". Sería presuntuoso el que un orador diera por sentado que el auditorio pasará por alto las deficiencias del lenguaje corporal y tendrá la perspicacia de concentrarse más en la información. Esa no es la realidad. La verdad es que señalará con el pulgar hacia abajo. Por eso, jamás creas que por ser lo más importante la información será suficiente. Al final de un debate, aunque muchos suelen quedar más confundidos que antes, emocionalmente se sienten más inclinados por quien más les agradó. Y gran parte de ese efecto es causado por la sensación de que uno de los dos domina mejor el tema, lo cual es a su vez un resultado de estar empapado de información y conocimientos. Si tu cerebro es un volcán, ¡hazlo erupcionar! Una seria investigación te permite dominar el tema y sentirte como las columnas de un enorme edifico. Adquieres tal seguridad que no puede menos que reflejarse en tu volumen, velocidad, pausas, tono de voz, pronunciación, presencia, postura, mirada, gestos y ademanes. Esa seguridad es un factor que resulta muy convincente y persuasivo para cualquier auditorio. INTerpretación Cuando hablamos de traducir, no nos referimos a la traducción de un idioma, como del inglés al español, sino a la interpretación que otros pueden dar a nuestras palabras si no tenemos cuidado de hablar de una manera fácil de entender. Por ejemplo, si alguien te dijera "tengo un cálculo que me está matando", ¿qué entenderías? ¿Cómo lo interpretarías? ¿Que está preocupado con una ecuación matemática difícil? ¿Que tiene una piedra en el riñón o en la vesícula, y está causándole dolor? ¿Que realmente está muriendo? ¿O solo se refiere a que está muy preocupado por algún problema? A menos que sea más claro, sus palabras quedarán sujetas a un malentendido. Sin embargo, solo tendría que añadir o quitar una palabra para ser más específico, ¿verdad? Si un estudiante tiene que trasnochar para entender una lección, es porque el maestro, el método de su enseñanza o el programa de estudios es totalmente ineficiente. Un verdadero método de enseñanza debería dejar a los estudiantes contentos, satisfechos y relajados por sentirse enriquecidos con el conocimiento adquirido; no tensos, temerosos, ansiosos, angustiados, ojerosos, desoxigenados, debiluchos y con cara de tontos. El estudiante debería poder disfrutar del fin de semana para descansar y recuperar fuerzas, lo que contribuiría a su creatividad y proactividad, no para seguir sufriendo por entender lo que el profesor realmente quiso decir. Amenazar al estudiante con ponerle "0" si no entiende una explicación es lo mismo que amenazar al maestro con cancelarle la licencia si su próxima clase no la presenta en chino. A ver qué le parece. Es deber del orador traducir la información de la manera más entendible posible, es decir, masticada y digerida, para que el oyente pueda aprovechar mejor su tiempo concentrándose en profundizar sus conocimientos más allá de la explicación. Eso es lo que hacen muchos animales para que sus crías estén fuertes. Regurgitan el alimento de modo que sus crías lo asimilen mejor. Es cierto que algunas especies les dan el alimento crudo, pero por lo menos, lo cazan por ellas. Sería totalmente inesperado que un león le ordenara a su cachorrito recién nacido: "Bueno, ya me viste cazar. ¡¡Ahora anda, demuéstrame que eres un león lanzándote sobre ese búfalo!! ¡¡Cázalo y cómetelo tú solo!!". No, no hace eso, porque sabe por instinto que todavía no es un león, sino un cachorro. Bueno, por la misma razón debes tratar a tus oyentes como a cachorros intelectuales presentando una interpretación magistral. Por eso, si quieres que te entiendan claramente y recuerden y apliquen la información, usa expresiones sencillas que aclaren el sentido de lo que quieres decir, en vez de complicarte usando expresiones rimbombantes. Un manual utilizado por una escuela de técnicas para exponer en público con más de 95,000 centros de enseñanza en el mundo dice que 'la sencillez de palabras es uno de los primeros principios que se deben aprender'. ¿De qué sirve que el maestro haga preguntas difíciles a sus estudiantes si no les enseña a responderlas? ¿O de qué sirve pedirles que lean un libro de tapa a tapa en una noche, si con una pésima clase les roban el descanso que necesitan para tener la mente lúcida al día siguiente en el examen? Eso solo los agotaría e incomodaría, y si obtuvieran una calificación baja. Los haría sentirse estúpidos y fracasados. No hace gracia el que el maestro repita el cliché: "A mí solo me interesan los mejores", como si ser mejor implicara soportar una enseñanza deficiente. Nadie puede mejorar con un maestro incompetente, porque como reza el dicho: "Al alumno le basta con ser como su maestro".¿De qué sirve que el maestro haga preguntas difíciles a sus estudiantes si no les enseña a responderlas? ¿O de qué sirve pedirles que lean un libro de tapa a tapa en una noche, si con una pésima clase les roban el descanso que necesitan para tener la mente lúcida al día siguiente en el examen? Eso solo los agotaría e incomodaría, y si obtuvieran una calificación baja. Los haría sentirse estúpidos y fracasados. No hace gracia el que el maestro repita el cliché: "A mí solo me interesan los mejores", como si ser mejor implicara soportar una enseñanza deficiente. Nadie puede mejorar con un maestro incompetente, porque como reza el dicho: "Al alumno le basta con ser como su maestro". La labor de un verdadero maestro es dejar a sus alumnos satisfechos y contentos por haber aprendido algo nuevo, y haberlo aprendido bien, lo cual solo se logra si les ofrece una interpretación interesante de los asuntos. Dejémonos de tonterías, si el oyente no entiende la exposición, es porque el orador no habló bien. ¿Y quién debe pagar por eso? ¿El alumno? ¡Por favor! VISualización Visualización. El Dr. Maxwell Maltz escribió en
su libro
Pincipios de Psicocibernética, que 'la fuerza de la
imaginación es más poderosa que la fuerza de
voluntad',
según la cual todo lo que imagines con profundidad y
constancia
tiende a cumplirse, porque predispones tu cerebro a asimilar y
aprovechar solamente las cosas y circunstancias que armonizan con tu
meta, lo cual a su vez favorece el éxito. Por eso hasta los
mejores oradores ensayan las partes clave de su discurso imaginando
vívidamente cómo quieren presentarlo en realidad,
porque
saben que la fuerza de su imaginación hará el
resto. Y de
seguro, siempre resulta mejor de lo que imaginaron.Maltz citaba estudios realizados con equipos de basket que dedicaban largos períodos a imaginar las jugadas, que después competían con equipos que no dedicaban tiempo a imaginar nada. Los ganadores eran los que dedicaban tiempo a imaginar las jugadas perfectas. Hoy ese método se aplica a toda clase de entrenamiento que requiere un elevado nivel de eficiencia, y se ha potenciado mucho gracias a la tecnología que ha hecho posible fabricar simuladores virtuales. El que mejor imagine, mejor se desempeñará. Recuerda el dicho de Maltz: "La fuerza de la imaginación es superior a la fuerza de voluntad". VITalidad La eficacia del ejemplo como herramienta para llegar al entendimiento de cualquier explicación queda demostrado cuando un estudiante de oratoria se enreda en su discurso y el maestro lo interrumpe cortésmente diciéndole: "Estás enredándote. ¿Qué es lo que estás tratando de decirnos?", y el estudiante responde: "Lo que quiero decir es que...", y pasa a decirlo con toda claridad. Y si eso no resulta, simplemente le dice: "¿Por ejemplo?", y, como si fuera un milagro, el cerebro del estudiante provee inmediatamente un ejemplo específico, claro y entendible. Entonces, el maestro simplemente refuerza el concepto diciendo: "Pues, dilo así". Piensa en esto: ¿Qué sentirías si una noche estuvieras en un velorio y, de repente, el muerto comenzara a sacudir el cajón y a golpear la tapa, gritando: "¡¡Sáquenme de aquí!! ¡¡Sáquenme de aquí!!". Un efecto parecido ocurre con un auditorio cuando el orador habla y habla y habla (es decir, "bla, bla, bla, bla, bla, bla") y, de repente, dice: "PPOR EJEMPLO". Porque la inteligencia de sus oyentes se ilumina de esperanza y le presta atención ("¡¡Por fin va a hablar claro este tipo!!"). Por eso, si quieres que tu oratoria alcance niveles de maestría, nunca olvides decir: "¡Por ejemplo!". Porque los ejemplos son lo que dan vida a un discurso. Un discurso sin ejemplos es un discurso cadáver. VIVencia La habilidad principal de un actor es transportar al espectador a la supuesta realidad de su actuación de manera que los espectadores no perciban que está actuando sino viviendo la realidad. Algo parecido sucede en la oratoria. El oyente debe concentrarse en el tema. El orador es un representante del tema que presenta. Pero si en la vida real dicho orador u actor ha robado en una tienda y lo ha capturado la policía generando un gran escándalo, saliendo en todos los noticieros, sus oyentes se asombran y dicen: "¡Qué increíble! ¡Cómo puede atreverse a hablar!". Todo ha cambiado. Ahora pensarán en el robo cada vez que lo vean, enturbiando su presentación. Por más que aparezca en una película de ciencia ficción, los espectadores probablemente pensarán: "Ese es el actor que robó en la tienda", trayendo a colación su vida real. Ya no sienten bien su actuación porque toman conciencia de que solo está actuando. Su actuación, por brillante que sea, es distraída por el robo en la tienda. Por eso, sin importar cuánta confianza haya generado una persona o insititución, si traiciona la confianza de sus apoyadores, todo se derrumbará a su paso. La murmuración no lo dejará levantarse. Porque el público considera importante la manera como un orador vive su vida, cómo es como persona. Si sus palabras no armonizan con la manera como vive la vida, no convencerá al auditorio. Si se hizo fama de oveja, pero todos descubren que era un lobo voraz, ¿crees sinceramente que volverá a convencer a todos de que realmente es una ovejita? ¡Imposible! De hecho, la vivencia y la experimentación son la base fundamental de cualquier aprendizaje. Por eso, en Oratorianet no promovemos los cursos de oratoria por Internet, porque reconocemos que la vivencia o experiencia de exponer ante un auditorio real debe hacerse ante un auditorio real. Prometer un entrenamiento en oratoria por medio de una pantalla puede ayudar, pero no es la verdadera vivencia de la oratoria. Por eso, toda información que impartimos a distancia procura ser lo suficientemente amplia, clara y específica como para que los interesados entiendan cómo ponerla en práctica cuando tengan la oportunidad de hacerlo en la vida real. Cuanto más específica la información, más fácil ponerla en práctica. El
pragmatismo se alimenta por excelencia de la observación
cuidadosa de los efectos
que una teoría o doctrina produce en el comportamiento de aquellos que la predican. ¿Hasta dónde informar? Finalmente, recuerda que, no solo debes limitar la información a las necesidades del auditorio. También existen fronteras controversiales. Por ejemplo, según los principios de los Derechos Humanos, la libertad de expresión en todas sus formas y manifestaciones es un derecho tanto fundamental como inalienable, inherente a toda persona y un requisito indispensable para la existencia de cualquier sociedad. Eso significa que te asiste tanto el derecho de hablar como de callar. Eso significa que no estás bajo obligación de informar cuando los que escuchan no tienen derecho a oír la información; y por la misma razón, no tienes derecho de oír información que no tienes derecho de oír. De acuerdo con los acuerdos internacionales relacionados con la libertad de expresión, te asiste el derecho de hablar o callar. Y como orador, "tienes derecho a guardar silencio (y todo lo que digas puede ser usado en tu contra)". Por eso, si no sabes, cállate. Por otro lado, ten en cuenta que la persona bien culta y informada pudiera caer a veces en la verborrea y adornar innecesariamente o embadurnar su habla con palabrería inútil obstruyendo la fluidez y nublando el entendimiento. Mensaje
claro y directo: "Los que deseen
colaborar pueden ponerse en contacto conmigo"
Mensaje enredado: "Los que buenamente deseen colaborar voluntariamente con los trabajos que se han mencionado durante la presentación de este discurso pueden abordarme al término de la sesión para anotar su nombre en la lista y tenerlos en cuenta para la realización de esta importante labor que todos queremos terminar lo antes posible para cumplir con los objetivos que se han trazado a nivel de organización". Con tanta palabrería o relleno el mensaje queda obstruido porque los oyentes no prestan atención o no entienden ni enfocan el punto de lo que se quiso decir. Se llama verborrea (abundancia excesiva de palabras). Se justifican muchas palabras para explicar detalladamente un principio, procedimiento o las razones que hay para cierto asunto. Pero llegado el momento de dejar el mensaje en la mente y corazón del oyente a fin de que actúe, lo mejor es decirlo con la menor cantidad posible de palabras, sin relleno. Por eso, pon interés en tu discurso, investiga la información e interprétala para el público, visualiza tu discurso por medio de ensayarlo, dale vitalidad con ejemplos y vive en armonía con lo que predicas, y habrás cumplido La Primera Ley. Elevarás notablemente el nivel de tu oratoria. Evita el chorro de bombero El "chorro de bombero " ocurre cuando en unos pocos segundos inundas la mente del oyente con un enorme caudal de datos, es decir, más de los que puede procesar. ¿Alguna vez pusiste un vaso con agua bajo un chorro potente de agua? Lo único que lograste fue que se estrellara contra el fondo y se saliera del vaso, dejando una mínima cantidad en él. Si inundas al oyente con demasiada información de un golpe, alzando la voz y apresurando tus palabras, cerrará su mente y todo lo que digas se estrellará contra su renuencia. ¿De qué te serviría eso? Habrás dado manotazos al aire. Es mejor cultivar la empatía y dosificar la información. Como vimos al hablar de la memoria, el auditorio, como masa, no se concentra fácilmente. ¡Cuánto menos si lo inundas con información! ¿Letra muerta? Decimos que un discurso contiene letra muerta cuando la información que se provee para establecer el argumento es insuficiente para los oyentes o se basa en ideas que el auditorio considera absurdas, o el orador no parece experimentado en el tema. Es letra muerta en el sentido de que no moverá a acción. Es cierto que para convencer el discurso debe basarse en razones, evidencia, pruebas, testimonios sólidos y en conceptos que el auditorio considere respetables, pero el orador también debe parecer un experto en el tema. Por ejemplo, "un médico no solo debe ser médico, sino parecerlo". Si parece un enfermero, sus pacientes se sentirán inseguros y no cooperarán. Un médico debe tener apariencia de médico, no de pandillero, cocinero, repartidor de pizzas ni mecánico. Peor si tiene las uñas sucias, mal aliento, cabello desordenado y los pantalones en el suelo, arrastrando los zapatos como un niño de primaria, cabizbajo y huidizo. Si con su cuerpo y manera de vestir proyecta bajos niveles del sentido de responsabilidad no parecerá confiable, y si no parece confiable, difícilmente moverá a acción. Lo mismo puede decirse de un orador. Para inspirar respeto y lograr que el auditorio brinde su apoyo, el orador debe parecer experimentado y hablar con autoridad, es decir, con base en principios confiables. El público puede aceptar que sea mudo, tartamudo, ciego, cojo, manco o paralítico, pero no que parezca pusilánime, falto de preparación o irresponsable. No es cuestión de exigir por la fuerza o con base en sus privilegios profesionales. Sus oyentes necesitan sentirse inclinados a aceptar las ideas que propone porque las basa en razones, pruebas, evidencias, testimonios y referencias. Y si convencerlos no parece tan fácil como se pensaba, tal vez no se deba a que necesiten más pruebas, sino a que necesiten sentirse más inclinados a confiar en la persona misma. Por ejemplo, si un paisano mal vestido, despeinado y sudoroso dijera algo que pareciera poco creíble, probablemente lo crerían si lo dijese un extranjero bien vestido, peinado y limpio. Aunque la información siempre es lo más importante, la tarea de convencer pudiera volverse imposible si lo que se dice y la imagen que se proyecta no armonizan. Por eso sé consecuente con lo que dices y haces. Basta con decir: "Los árboles secuoyas, que miden miles de metros de altura" o "que viven millones de años"; o decir: "Todos los seres vivos exahalamos monóxido de carbono cuando respiramos", para suicidarte intelectualmente ante un auditorio culto. Las secuoyas no miden miles de metros de altura ni viven millones de años, los seres humanos tampoco exhalamos monóxido de carbono. Por tanto, "Si no sabes, cállate" no necesariamente significa que debes enmudecer cuando no sepas qué decir. Pero solo podrás controlar la situación en la medida en que domines el conocimiento relacionado con esta. Porque por más que amplíes tu base de conocimiento, tu límite siempre será dicho conocimiento, y, si eres humilde, cultivarás autodominio controlando tus palabras de modo que no te metan en circunstancias que resulten en consecuencias desagradables. Sin
conocimiento, no hay control;
y sin control, no puede haber pericia. ARRIBA "¡SI LO SABES, DILO FUERTEMENTE!"
SIGNIFICADO Habla
de manera que todos te escuchen hasta la última fila
de la sala, pero sin apabullar a las que están en la primera.
Si tu voz se escucha como si fuera debajo del piso, ¿cómo esperas edificar a tus oyentes? No solo fomentarás los malentendidos, sino que les quitarás las ganas de volver a escucharte. No es correcto abusar de la paciencia de un auditorio. Por que a fin de cuentas, el auditorio no se siente responsable de que el orador hable por debajo del nivel de oratoria necesario. Sencillamente no le presta atención. Ahora bien, hablar con potencia o vigor no tiene nada que ver con gritar ni forzar la voz, sino todo lo contrario, como veremos a continuación. Muchos locutores empíricos de publicidad suponen, creen, piensan, se imaginan, sueñan y alucinan que están haciendo bien al alzar la voz exageradamente, aun gritando, pero en realidad puede suceder todo lo contrario. VOLumen El volumen es la intensidad o potencia de la voz, un instrumento útil para alcanzar varias metas: 1) Que el aire que proviene de los pulmones se estrelle con los obstáculos apropiados (lengua, paladar, dientes, labios) de modo que se produzca un sonido claro de las palabras; 2) que nadie en la sala tenga que hacer ningún esfuerzo por entender lo que dices, ni siquiera aquellos que tienen deficiencias auditivas; 3) inspirar respeto por la seguridad con que hablas, lo cual contribuye a 4) sonar muy convincente. 5) Toda esa energía excitará a tu cuerpo para que broten de tu interior otras herramientas útiles, como los gestos, ademanes e ilustraciones. 6) Tus pensamientos serán más claros y te permitirán una mayor facilidad para improvisar en caso de necesitarlo. Hablar con intensidad realmente potencia muchas otras cualidades. Por lo tanto, el volumen está en el primer lugar de las cualidades que debes cultivar. Pero no lo confundas con un simple gritar, vociferar o hablar a voz en cuello. Más adelante veremos eso. RESPiración Expele todo el aire un momento antes de ponerte de pie, y aprovecha el acto de ponerte de pie para inhalar un buen suministro (pero no comprimas el aire). Entonces, déjalo fluir cómodamente, oxigenando naturalmente tus pulmones. Mantener un buen suministro de aire fluyendo en los pulmones te da potencia, resonancia y te ayuda a la modulación, te permite un mejor relajamiento y no causa el desagradable sonido de aspiradora cada vez que inhalas, sobre todo si te dedicas a la locución. Las personas que suenan débiles y parece que jadearan constantemente por la falta de aire son personas que simplemente no hacen ejercicios de respiración con la finalidad de aumentar su capacidad de oxigenación. Suelen renovar el suministro de aire de la parte superior de los pulmones, no se esfuerzan por renovar el suministro desde la base. Por lo tanto, suenan débiles, sin fuerza. Por eso, si quieres mejorar tu capacidad, debes hacer ejercicios de respiración. No tienen que ser muy complicados. Por ejemplo, lee todo este párrafo con una sola respiración y sin detenerte en los signos de puntuación. Si lo logras, tienes una excelente capacidad. Si solo llegas hasta la mitad, o menos, sigue practicando. Poco a poco lo lograrás. Tu potencia y tono también mejorarán. Este sencillo ejercicio mejora tu capacidad y habilidad para respirar y controlar tu respiración. Si quieres un ejercicio más avanzado, toma una buena bocanada de aire y lee todo este párrafo subiendo el volumen de la voz cada vez más con una sola respiración, sin detenerte en los signos de puntuación, y notarás que para que la voz siga oyéndose fuerte a medida que te quedas sin aire, tu diafragma se esfuerza por expeler hasta el aire que hay en la base de los pulmones, como se muestra en la figura de la izquierda. Y si quieres un ejercicio más avanzado, termina diciendo la última palabra de esta oración con la mayor ¡¡FUERZA!!. Las personas que suelen ponerse muy tensas o nerviosas cuando dan un discurso suelen jadear por aire a cada rato para respirar, porque sienten que se ahogan. Pero este problema desaparece en gran parte cuando se realizan sencillos ejercicios de respiración y resonancia que permiten contar con un mayor volumen de aire. Una mayor cantidad de aire en los pulmones permite que con un par de suspiros logres relajar gran parte de la tensión. De hecho, te sobrará aire cuando diga frases largas, lo cual es una buena base para tu tranquilidad. Lógicamente, las personas que sufren de insuficiencia respiratoria o del corazón deben consultar con su médico antes de iniciar cualquier programa de ejercicios que impliquen respirar profundamente. De seguro el médico tendrá sugerencias prácticas. Advertencias Ten presente que cualquier ejercicio de respiración torácico-diafragmático (también llamado costoabdominal [de costillas y abdomen]) implica desarrollar cierto control sobre el músculo diafragmático, ubicado en la parte inferior de los pulmones, y por tanto, pudiera causar fatiga muscular. De modo que no es bueno exagerar si no tienes bastante práctica haciendo los ejercicios. Si tienes dudas, puedes consultar con un médico. Tomar aire varias veces seguidas y luego retener el aire haciendo fuerza puede sobreoxigenar el cerebro y causar un desmayo. Por eso, para evitar una oxigenación exagerada, cuando hagas tus ejercicios de oxigencación, respiración o resonancia, nunca comprimas el aire con fuerza como si presionaras un globo. Si lees en público pero al tomar aire tiendes a producir un ruido de jadeo, no te conviene leer una gran cantidad de palabras. Te sugiero practicar tus ejercicios de respiración de manera que leas por frases, de modo que respires con más comodidad. Por ejemplo, en vez de decir "El Presidente expresó su deseo de llegar a un acuerdo bilaterial en el que ambas naciones se beneficien mutuamente" y luego tomar aire, llena bien los pulmones antes de empezar a leer y luego di: "El Presidente expresó su deseo (aspirar una mínima cantidad) de llegar a un acuerdo bilaterial (aspirar una mínima cantidad) en el que ambas naciones (aspirar una mínima cantidad) se beneficien mutuamente". No es lo ideal, pero hará que el sonido asmático se vuelva casi imperceptible. Procura no producir sonido de aire al aspirar cuando realizas tus ejercicios de respiración y lectura. Tips Cada uno de los ejercicios siguientes es diferente, individual e independiente. Puedes combinarlos, pero no tienes que hacerlos necesariamente uno después del otro. Basta con uno o dos, y repetirlos. Ninguno debe hacerse exageradamente hasta el punto de causar daño. 1.
Suspira profundamente una vez y, después de exhalar, haz lo
siguiente: Lee esta frase en voz alta aspirando un poco de aire por la
nariz cada vez que pases por una palabra, de manera que al llegar al
punto tus pulmones terminen lo más inflados posible. Acto
seguido, lee esta otra frase espirando el aire por la nariz, pero
dosificándolo palabra por palabra de manera que termines la
frase con los pulmones lo más vacíos posible.
(Nota
cómo tu diafragma obedece al impulso del aire.)
2. Repite el ejercicio del párrafo anterior, pero haciendo que el aire fluya solamente por la boca; después repite el mismo ejercicio, pero dejándolo fluir simultáneamente tanto por la nariz como por la boca. Esto no debe hacerse en un ambiente muy frío ni al aire libre cuando hay corriente fría. 3. Haz el mismo ejercicio, pero aspirando y espirando cada dos palabras. Después, cada tres palabras, después cada cuatro palabras, después cada cinco, cada seis, y así sucesivamente, hasta que puedas leer toda la primera frase con una sola respiración, y después, las dos. Después lee ambas frases con una sola respiración. Después lee dos párrafos, después tres, después cuatro. Tu capacidad para respirar es el límite. 4. Lleva las palmas de tus manos a ambas orejas, como si imitaras una conversación con dos teléfonos al mismo tiempo, y practica el ejercicio mencionado, pero de manera que no oigas la inhalación ni exhalación del aire. Evita el típico sonido de aspiradora. 5. Suspira relajadamente y lee la mayor cantidad de palabras con el poco aire que queda en tus pulmones, pero diciendo la última palabra con más fuerza que la penúltima. Luego lee la misma cantidad de palabras con un suministro normal de aire. 6. Lee varias porciones extensas de texto tomando un mínimo suministro de aire entre una y otra. Recuerda que no debes jadear por aire ni dejar oír tu respiración. 7. Si haces estos ejercicios antes de levantarte de la cama, tus cuerdas vocales estarán más relajadas. Si los haces caminando, tu oxigenación será más completa. 8. Si un ruido imprevisto compite con tu presentación, guarda silencio hasta que pase. Pero si no pasará, eleva el volumen de la voz, o el ruido tomará el control de los pensamientos del oyente. 9. Si el micrófono se cae o desubica, no te esemeres por arreglarlo. Eleva la voz y continúa con tu tema. Deja que el encargado de sonido lo arregle. 10. El auditorio no debería oír oscilaciones bruscas del volumen de tu voz, sobre todo si tiene suficiente potencia, porque hiere los oídos. Sería como despertar a alguien con una corneta. Pasar abruptamente de un sonido suave y agradable a uno fuerte y tosco no solo sobresalta al oyente, sino demuestra un pobre manejo de tus cualidades oratorias. Puedes intensificar un poco la voz de acuerdo con la necesidad de énfasis, o bien, pasar paulatinamente a un volumen más fuerte, pero en ningún caso bruscamente. Grabar la voz de un buen locutor puede ser muy útil, no para imitarlo sino para tomar nota del uso eficaz que da a su respiración mediante su aparato de fonación y sus órganos de la circulación del ire (nariz, boca, garganta, cuerdas vocales, laringe, tráquea, pulmones y músculo diafragmático). Si prestas atención cuidadosa a sus matices te será más fácil descubrir cómo explotar a un mayor grado la gran variedad de tonalidades de que dispone tu propio aparato de fonación. Los ejercicios de respiración no solo sirven para el volumen o potencia de voz, o para lograr una pronunciación más exacta y una voz más agradable, sino para mantener un buen suministro de aire en los pulmones, reduciendo la ansiedad y, por tanto, la tensión nerviosa, porque mantiene bien oxigenado el cerebro, reduciendo el riesgo de que la sangre se acumule en las piernas y se produzca un síncope vasovagal (Ver Glosario). RESONancia Al
despertar y antes de levantarte de la cama, di en total estado de
relajación, en el tono más bajo posible y con una sola
respiración:
"Cuando alguien amenaza la supervivencia de
un
hombre, inmediatamente su mente piensa en un plan y su
corazón
en una motivación que lo impulse a la acción".
Hazlo un par de veces diarias procurando controlar la salida del aire. Explota el sonido de las letras M, N, Ñ, L, R, A, E, I, O, U. Coloca una mano en el pecho y siente la resonancia. Poco a poco tu voz comenzará a sonar como una agradable cascada, tanto fuerte como refrescante. Aprende a controlar, dosificar y dirigir tu resonancia para causar un mayor o menor impacto con las palabras clave. Practica: FFiinnaallmmeenntee traajjeeroonn suu aauutoommóóvviill FFFiiinnnaaalllmmmeeennnteee traaajjjeeerooonnn suuu aaauuutooommmóóóvvviiilll FFFFiiiinnnnaaaallllmmmmeeeennnnteeee traaaajjjeeerooonnn suuu aaauuutooommmóóóóvvvviiilll Usa palabras sueltas que te ayuden a ejercitar tanto la resonancia OOOIIIGAAA, AAABUUUEEELLLAAA, HUUUNNNDIIMMMIIIEEENNNTOOO CAAAMMMPAAAMMMEEENNNTOOO, DOOOMMMIIINNNAAANNNTEEEMMMEEENNNTEEE EEENNNTEEENNNDIIIMMMIIIEEENNNTOOO, MMMAAANNNTEEENNNIIIMMMIIIEEENNNTOOO CAAATEEEDRAAALLLL, CAAANNNDIIIDAAAMMMEEENNNTEEE Ejercicio
con resonancia nasal y en la cabeza y oídos,
especialmente en los pulmones: "Un hombre inteligente propone una
pregunta interesante de modo que el oyente la piense profundamente,
captando el punto principal, y responda con entendimiento." Dilo
primero con el aire que te queda después de suspirar
profundamente y después con un buen suministro de aire.
Apóyate en las M y N. Procura que el sonido se concentre en
los
pulmones, no en la boca, luego al revés, que el sonido se
concentre en la boca, no en los pulmones. Canaliza el sonido de tu boca
directamente hacia los oídos usando las palmas tus manos,
con
los dedos juntos, como si fueran dos teléfonos.Un excelente recurso para practicar resonancia y pronunciación es usando un sombrero de ala ancha y caída, ya que concentra más la voz en los oídos. Ejercicio con resonancia casi exclusiva en la cavidad de la boca, pero sin resonancia nasal y con la menor resonancia en los pulmones: "El cocodrilo acecha su presa desde lejos y se acerca poco a poco hasta poder cogerla, arrastrarla y ahogarla bajo el agua, para después tragarla." En este ejercicio, cúbrete la nariz para asegurarte de que nada del aire pase por el conducto nasal. Procura que el sonido se concentre en la boca, no en los pulmones. La resonancia contribuye al embellecimiento de la voz. Por eso, para que tu voz inspire respeto, proyecte imagen y se oiga llena y cultivada, acostúmbrate a resonar en vez de gritar. Los que gritan ante un micrófono para compensar por su falta de resonancia no obtienen estas ventajas, sino todo lo contrario. En especial, los maestros de niños deben evitar gritar porque sería un modelo negativo sobre el uso correcto de los órganos de la voz y/o del micrófono. La clave es resonar y explotar las características del micrófono como instrumento acondicionador de la voz, no gritar como un loro. Los malos locutores gritan, los buenos, resuenan. Las personas que tienen una voz chillona son personas que podrían embellecerla si tan solo le dedicaran atención al sonido que producen por una inadecuada colocación de los órganos de la voz. Una voz chillona o desagradable es el resultado de la falta de conocimiento acerca del uso de los órganos de resonancia y del correcto uso del micrófono. Incrementando su conocimiento de estos asuntos y realizando unos cuantos ejercicios sencillos diariamente, pueden mejorar y producir una voz más agradable. DECisión Decisión. De nada te servirán los ejercicios de respiración y resonancia si no tomas una firme decisión al respecto. Ninguna técnica para potenciar la voz te ayudará si no decides usar tu nueva voz. ¡Solo álzala un poco más de lo normal, y listo! Recuerda: Un buen volumen potenciará no solo tu voz, sino la agilidad de tus pensamientos y la convicción de tus ademanes. Incrementará tu confianza, y por tanto, inspirarás confianza en tus oyentes. La voz humana es extraordinaria en sí misma. No es necesario forzarla ni fingirla para extraerle sus mejores sonidos. Es verdad que cada ser humano tiene un cuerpo diferente con diferentes cuerdas vocales y sistemas de resonancia, pero con solo relajarse y respirar apropiadamente puede extraerle sonidos muy agradables. Gritar no es el secreto; resonar lo es. Haz clic aquí y observa la agradabilidad de una voz cultivada con buenos hábitos de respiración. El micrófono Antes había que hacer ejercicios para la voz y se construian ambientes acústicamente resonantes para la proyección del sonido, porque nadie conocía otra manera de llegar a la última fila de un gran auditorio. Hoy existen los micrófonos, que suplen cualquier carencia o deficiencia de la voz. Solo hay que usarlo adecuadamente. Sugerencias
Si el micrófono tiene pedestal, evitar cogerlo con la mano. Deja que el encargado del sonido lo coloque para ti. Si ningún encargado está disponible, bastará con colocar tu boca a una distancia de uno o dos puños. Es innecesario colocar tu boca demasiado cerca. No necesitas encorvarte. Solo habla con ganas y con una fuerza razonable, y el equipo captará el sonido perfectamente. En todo caso, si tienes que sacar el micrófono de su pedestal, o por alguna otra razón necesitas manipularlo, primero apágalo (pon el botón en Off) para evitar el ruido, luego enciéndelo (pon el botón en On). Recuerda que decirlo fuertemente o expresarte con firmeza nada tiene que ver con gritar al oyente o hablarle en tono despectivo u hostil. Puedes hablar con fuerza sin llegar a vociferar. Es cuestión de resonar, no de gritar. Un oyente culto considera la gritería como signo de un bajo nivel cultural. Además, puede convertirse en un tropiezo al entendimiento, poniendo al oyente a la defensiva, despertando y exacerbando su renuencia. Un auditorio aducado detesta que lo griten. Por eso, ¡¡evita gritaaaaaaar a tus oyeeeeeentes, sobre todo, si usas un micrófonoooooo!! Ten en cuenta que un teléfono es un aparato que contiene tanto un pequeño micrófono como un pequeño altavoz. El micrófono va directamente a la boca, y el altavoz, directamente al oído. Gritar o alzar mucho la voz por teléfono es un acto que refleja falta de entendimiento de lo que es un teléfono. Cierta mujer hablaba por teléfono en el interior de su departamento, en el octavo piso de un edificio, y sus vecinos del sexto piso podían oír todas sus conversaciones desde el interior de sus departamentos. Por eso, cuando hables por teléfono, o des una entrevista telefónica, recuerda que tienes un micrófono en la boca, ¡¡no griteeees!! Pegar la boca al micrófono es un acto absurdo por lo menos por dos razones. La más importante es que tiene microbios (a no ser que te pertenezca y estés seguro de que NADIE lo ha usado aparte de ti), y la segunda, que cuando el equipo no es profesional produce una voz borrosa, muy desagradable. Siempre se recomienda conservar una distancia entre la boca y el micrófono. Una buena resonancia (uses o no un micrófono) no solo te da volumen, contribuyendo a una pronunciación excelente y a una mejor transmisión del mensaje, sino que te gana la confianza del auditorio e inspira respeto. ¿Cómo saber hasta qué nivel elevar el volumen del equipo al hablar en público? La mejor manera de saberlo es pidiendo que alguien se coloque en la zona más alejada del sector con los oídos tapados. Si logra entender claramente todas tus palabras, el volumen es más que suficiente. No es necesario subirlo más. Subirlo más de lo necesario satura el lugar e impide oír con placer. ¿Para qué subir el volumen de modo que se oiga a 500 ó 1000 metros de distancia cuando solo hay 100 personas en un local de unos cuantos metros cuadrados? Eso molestaría a los vecinos y hastiaría a los asistentes. ¿Para qué decir "uno, dos, tres, probando"? Para acomodar el micrófono y ecualizar el sonido de la voz, es decir, la resonancia, la explosividad de ciertas palabras y la agudeza de otras. Por ejemplo, para probar los tonos graves y la resonancia del equipo son útiles las frases que contienen L, M y N; para probar la explosividad de las palabras son útiles las frases con B, D, F, P y T; y para probar los agudos y la reverberancia del equipo son útiles las frases que contienen la letra S. Por ejemplo, "Uno, dos, tres, probando amplitud del sonido, probando despacio dos o tres tonos fuertes". De modo que no es por gusto que los equipos se prueban repitiendo claramente la frase: "Uno, dos, tres, probando, uno, dos, tres, probando, uno, dos, tres, probando". Es para corregir la explosividad de la P, la agudeza de la S y la profundidad de la M. Entiendo
y respeto el poder de una cámara y un micrófono.
Will Smith ¿Gritar al auditorio? Las 4 Leyes sirven para desarrollar la habilidad de comunicar el mensaje de un modo agradable al oído y al corazón. No están diseñadas para manipular caprichosamente al auditorio ni mucho menos dar un mensaje a gritos. Los gritos se han usado de manera indiscriminada a través
de
la
historia para inspirar 'respeto' por medio de la
intimidación,
lo que no pocas veces ha conducido a lamentables acciones irreflexivas.Bien se comparó una vez la conversación con un juego en el que dos personas se arrojan una pelota la una a la otra. Pero si uno la arroja con mucha fuerza, puede causar daño a su compañero. Lamentablemente, todos fracasamos en este sentido, y tarde o temprano herimos a alguien por el uso indiscriminado del tono de voz. Pero debemos procurar no hacerlo conscientemente. En el marco de un discurso público, si los oyentes permiten o toleran que los griten, pudieran estar enviando el mensaje: "Somos manipulables" o "Puedes faltarnos el respeto". Por lo tanto, las personas inteligentes tal vez procuren huir de allí. Gritar a los oyentes en un discurso no te acerca a ellos, sino te aleja. Esto es porque en algunos casos la falta de autodominio (que es lo que suele suceder cuando uno grita) puede interpretarse como falta de criterio, educación y cultura; y algunos van más allá y exageran interpretándolo como una muestra de falta de discernimiento o sentido común, lo cual atenta contra la persuasión. Mover a alguien a gritos es intimidarlo. No significa que lo convenciste ni mucho menos persuadiste. A los niños les encanta gritar, y para todo hay un tiempo y lugar. Pero no nos referimos a las manifestaciones naturales y espontáneas de los niños, ni a ciertas emociones que brotan del entusiasmo o la sorpresa; tampoco al tono firme que a veces se requiere para dar énfasis a un mensaje de peso, sino al uso indiscriminado de un tono de voz que no inspira confianza en las mentes razonables que esperan oír un discurso equilibrado y orientador. Sin duda, vociferar contradice la Tercera Ley, que indica usar un tono de voz agradable al auditorio. Por supuesto, si el auditorio desea, espera o quiere que lo griten, será decisión del orador si opta por gritar su mensaje. Pero dejamos en claro que no lo recomendamos, porque contradice una actitud razonable y equilibrada. Alzar un poco la voz en el marco de una sesión de ejercicios de respiración, resonancia o modulación, o para decir con firmeza y énfasis una frase durante un discurso importante, pudiera ser aceptable hasta cierto punto, pero dar todo el mensaje a gritos, como imponiendo la idea, no es una técnica que promovemos ni recomendamos en Oratorianet, porque estamos convencidos de que los seres humanos razonables no suelen aceptar ni asimilar las ideas porque se las griten, sino por encontrarlas, precisamente, razonables. El volumen y tono ideal para una conferencia digna es el conversacional. Uno no grita a la otra persona cuando conversa con ella. Igualmente, uno no debe alzar demasiado la voz cuando expone en público, porque los oyentes pueden oír perfectamente gracias al equipo de sonido. Exagerar el volumen solo produce incomodidad y resta dignidad a la ocasión. Haz esta prueba sencilla: Conversa con otra persona elevando mucho el volumen de tu voz, y notarás que su expresión facial se frunce inmeditamente, como diciendo: "¿Qué te pasa?". Elevar demasiado el volumen de la voz distancia al orador de sus oyentes. No promueve calor de amistad, y por tanto, no contribuye a la persuasión. Gritar no muestra autocontrol, y reflejar autocontrol es un requisito esencial del liderazgo. Por otro lado, siendo que la voz del presidente de la reunión es la primera voz que se oye al inicio del programa por los altavoces, este debe cuidarse de no perforarlos oídos del auditorio con un grito agudo cuando pide atención. Por lo contrario, debe sonar agradable, con un tono melodioso que atraiga los corazones. Presidir con una voz exageradamente fuerte demuestra falta de experiencia en oratoria, despierta rechazo y disgusto. La voz aguda y fuerte es naturalmente desagradable al oído, mientras que una voz modulada y suave tiende a agradar y atraer. Ten en cuenta que si gritas a tus oyentes, te alejarás mucho de la zona de calma que requieres para provocar un estado de total receptividad. Social y psicológicamente, a nadie le gusta que lo griten. Gritar a las personas las humilla y dispara sus niveles de estrés indisponiéndolas a escuchar. Por ejemplo, si se trata de un locutor de publicidad que grita, desearán cambiar inmediatamente de canal de televisión o de estación de radio, derrotando la inversión publicitaria para comunicar el mensaje. Gritar a alguien evoca a los padres cuando se exasperaban y gritaban a sus hijos, lo cual trae recuerdos desagradables de la niñez. Gritar estimula el rechazo. Gritar molesta los oídos. Gritar insensibiliza a las personas respecto a las cosas importantes. Gritar es un acto salvaje. Gritar es un recurso valiosísimo solo cuando se trata de una emergencia que no podría resolverse de otro modo, como advertir un peligro, solicitar ayuda urgente, comunicar un mensaje a distancia en un lugar donde no hay recursos de comunicación apropiados. Se supone que un orador, locutor o relator de noticias debe estudiar modos interesantes y agradables para atraer al oyente, no para ahuyentarlo ni repelerlo. Además, el micrófono se inventó para no tener que elevar la voz innecesariamente. Ten en cuenta que los aparatos de televisión o radio no solo tienen un botón para subir y bajar el volumen, sino para cambiar de canal o de estación. ¡Qué desagradable es estar escuchando un programa interesante sobre naturaleza, disfrutando de la paz que comunican bellos paisajes y que, de repente, comience un segmento en que gritan y gritan y gritan una publicidad o propaganda! De seguro, el televidente no lo pensará dos veces: ¡Bajará el volumen o cambiará de canal por un par de minutos! Algo parecido sucede en la mente de los oyentes cuando no se sienten respetados por un orador que los grita. Lo miran, pero su mente está en otra parte. ¿No recuerdas a algún orador famoso que gritaba sus mensajes como un perro que ladraba? ¿Dónde quedó su reputación? ¿Cómo lo recuerda la historia? ¿Con honor o deshonor? En cambio, ¿recuerdas a algún orador que hablaba al corazón, con una voz agradable? ¿Cómo recuerdas a este? Por eso, los maestros experimentados procuran producir un volumen agradable al oído al usar un micrófono, y jamás utilizarlo para vociferar mensajes, órdenes o prohibiciones a sus estudiantes, ya que, bajo esas circunstancias, el grito despierta animadversión y falta de cooperación. Nunca olvidar que existe el peligro de confundir el arte de hablar con tratar al auditorio con excesiva firmeza. Eso endurece el tono, lo vuelve áspero y duro. Especialmente los novatos tienden a exagerar. Al ver que todos están absortos prestándoles atención, se dejan llevar por la pasión, pierden el control de sus emociones y van un paso más allá del entusiasmo cayendo en una entonación fánatica, no pocas veces dogmática. Lanzan frases muy interesantes, pero con un volumen tan fuerte que parecen molestos con el público o resentidos con la vida. Especialmente el maestro de oratoria debe ayudar a sus discípulos a controlar su volumen. Algunos de los peligros de perder el control son: Inflar su ego y volverse egotistas, presumidos y hasta fanfarrones; o cautivar tanto al auditorio que sus oyentes pierdan de vista la información y les baste con dejarse arrastrar por simples despliegues emocionales. Eso sería contraproducente y engreiría al orador. No es poco común observar esta clase de abuso de confianza de parte de ciertos oradores que parecieran dar a entender que volumen fuese sinónimo de iluminación ("el que grita más fuerte es el más capacitado"). ¡Nada más falso! A través de la historia siempre se ha sabido que los sabios siempre han destacado por su tranquilidad, amabilidad y equilibrio, no por ser gritones, dogmáticos ni bulliciosos. Uso del megáfono y micrófono Ten presente que las palabras y frases cortas dichas a toda velocidad, con brusquedad, con una voz chillona y ansiosa distorcionan el mensaje, promueven confusión y ponen nerviosa a la gente, las personas tienden a reaccionar impulsiva y egoístamente velando por sus propios intereses y generando más confusión. La masa no se concentra ni reflexiona. Donde hay una voz chillona, jadeante y apresurada, tiende a haber nerviosismo y tensión, la gente se pone a la defensiva, se imagina lo peor y no tiende a cooperar, sino a salvar su propio pellejo. Para comunicar el mensaje por un megáfono, lo mejor es asignar a una persona equilibrada, de voz grave y calmada. Una voz calmada y grave inspira confianza y respeto, sobre todo si el mensaje se comunica con pocas palabras, sin ansiedad y con suficiente lentitud como para que el eco del lugar no cause distorción. De esa manera, el oído de la multitud entenderá, se sentirá segura y tenderá a cooperar. Un ejemplo de mensaje inadecuado sería: "¡¡¡Vayan saliendo uno por uno!!! ¡¡¡Cálmense!!! ¡¡¡No corran!!! ¡¡¡Por la derecha!!!". El eco, los nervios y la confusión podrían generar una peligrosa ilusión auditiva en quienes no oyeran bien ("¡¡Está saliendo humo, sálvense, corran por la escalera!!"), lo que bastaría para que entraran en pánico y comenzaran a empujar y gritar: "¡Incendio! ¡Incendio!". Es mejor decir con voz suave y lenta: "Poor faavoor... uunoo poor uunoo... poor laa deereechaa". Las personas entenderán el mensaje, no se pondrán nerviosas y tenderán a cooperar. ![]() Los maestros en especial deben evitar gritar por el micrófono cuando se dirigen a sus estudiantes, porque sientan un equivocado precedente de cómo se debería tratar a un auditorio. Al crecer los estudiantes, repetirán ese absurdo comportamiento. Por lo contrario, deberían dar el ejemplo de cómo se debe uno dirigir al público: con respeto y buenos modales. Eso solo se puede transmitir con una voz agradable. No es necesario gritar. El micrófono se inventó para no tener que girtar. Lo apropiado es subir el volumen del equipo y dirigirse a los oyentes con una voz agradablemente melodiosa, una que dé gusto escuchar. Lo mismo aplica a los establecimientos comerciales que perifonean mensajes a los clientes o a los empleados. Pocas cosas son tan agradables como escuchar una voz melodiosa que llega al corazón, ni nada tan horrible como un sonido vocal áspero, carente de sentimiento. Hay novatos o inexpertos en oratoria que suponen que porque están ante un auditorio de varios miles de personas tienen que gritar para dejarse oír, cuando la realidad es que el equipo de sonido está llevando su voz amplificada hasta el último rincón de la sala de modo que sus oyentes le escuchen con comodidad. Alzar la voz en tales circunstancias, sobre todo si el equipo de sonido está en muy buen estado y el técnico de sonido es una personas experimentada, es por demás tonto e hiriente. Es absurdo celebrar un acontecimiento en un auditorio de 400 metros cuadrados para 200 personas y usar un volumen que se escuchará 3 kms a la redonda, molestando a quienes no tienen nada que ver con la celebración. En tal caso, basta con que el micrófono y el equipo de sonido proyecten la voz agradablemente hasta la última fila del auditorio, no hasta el estacionamiento ni hasta el cuartel de bomberos. Es un acto salvaje usar micrófono y altavoces en un auditorio pequeño, de menos de 50 asistentes. ¡No es necesario! Por eso, un organizador eficaz no debe permitir que una voz apresurada y jadeante transmita mensajes importantes por un megáfono o micrófono, sobre todo en casos de desorden o emergencia. Un mensaje confuso y chillón equivale a disparar una pistola detrás de una manada de toros. La gente hará lo que más le convenga individualmente, no lo que le recomienden. Si usas un megáfono, la regla es: Voz calmada, no jadeante ni ansiosa. Palabras lentas y oraciones cortas. ¿Jadear por aire? Si bien los signos de puntuación indican cómo se relacionan las diferentes secciones de una oración, así como los lugares donde termina cada idea, también pueden interpretarse mal y servir de tropiezo.
También es inadecuado poner énfasis mediante el uso de pausas es lugares que no merecen recibir énfasis. Es tolerable una pausa después de terminar parte de una idea, pero nunca en lugares irrelevantes.
Aunque un lector reconozca las pausas gramaticales o sepa colocar el énfasis adecuado mediante pausas, pero que no ejercita su respiración y resonancia, jadeará a cada rato por la falta de aire en sus pulmones y causará pausas inadecuadas, interrumpiendo la fluidez de la idea.
La respiración de un lector capacitado casi no se percibe con el oído ni con el micrófono, porque la respiración torácico-diafragmática le permite disponer de un gran suministro de aire. En cambio, el lector no entrenado deja oír su respiración durante la lectura. Lógicamente, habrá lugares donde físicamente será imposible respirar sin jadear o sin que se oiga la respiración. Por ejemplo, a altitudes a las que el lector no estaba acostumbrado o en ambientes fríos que le hacen tiritar.
Por regla general, hay que respirar o hacer pausas en los lugares adecuados, esto es, 1) cuando termina una sección de pensamiento y/o 2) cuando debe enfatizarse una palabra o frase que debe resaltar. Respirar en cualquier momento, sin tener en cuenta el efecto en la mente del oyente, no es adecuado. El impacto, el silencio y el volumen de voz del orador ¿Cómo influye en el entendimiento del oyente la habilidad del orador para impactar con su tema? En auditorios muy grandes, contribuye al entendimiento porque capta mejor la atención de sus oyentes impidiendo que se aburran y adormezcan. Y si hay niños que hacen ruido, el deseo de sus padres por prestar atención hará que ejerzan un mayor control sobre estos. Pero si el discursante habla de manera insípida y aburrida, no sentirán motivo para prestarle atención; tampoco se esforzarán por mantenerlos en silencio, dejándolos llorar y molestar. Al mejorar el nivel de atención disminuye la tentación que siente el oyente a murmurar y conversar durante la presentación. De modo que el impacto favorece el silencio en la sala, y la falta del mismo, la murmuración y el ruido. Puedes hacer clic aquí y oír la voz de Ted Williams, un locutor que se dejó absorver por el alcohol y las drogas y terminó en la indigencia, pero su humildad y su voz le devolvieron un lugar importante en la comunidad dándole una nueva oportunidad. Es una de las voces más agradables que puede producir la voz humana gracias al uso adecuado de la respiración, la resonancia, la modulación y la pronunciación. Una prueba viviente de que la voz puede abrirte caminos en la vida, y de que gritar no es la mejor forma de usar la voz. Al oírlo, ten en cuenta que los mismos principios aplican a las mujeres, con la diferencia de que ellas tienen un registro vocal más agudo. ARRIBA "¡PRONUNCIA CORRECTAMENTE!"
SIGNIFICADO Di
cada palabra con claridad para comunicar un mensaje exacto, evitando
malentendidos, ambigüedades o demoras en el entendimiento.
Una buena pronunciación es una excelente carta de presentación porque proyecta una imagen de buena educación, un elevado nivel cultural y entendimiento de este requisito esencial de la comunicación eficaz. "Hoy cenaremos pejcado" no comunica lo mismo que "Hoy cenaremos pescado". En el primera caso, comunica falta de atención a la cultura y educación. Una mala pronunciación, sumada a un exceso de velocidad, causa malentendidos y lagunas en la mente del oyente, quien no logra la concentración necesaria para entender lo que se dice. En realidad, es una seria interferencia en la transmisión del mensaje. Podríamos asemejarlo a la estática en la comunicación por radio, porque impide que el oyente capte el sentido de las palabras. No es lo mismo chana que Juana. La gravedad del descuido, tanto respecto a la pronunciación como al uso del idioma, es proporcional a la importancia del mensaje. Cambiar "pejcado" por "pescado" no es tan serio como cambiar "miel de los panales" por "miel de los pañales". Si buscas en el Dicionario Panhispánico de Dudas de la Real Academia, "tal para cual" da a entender una semejanza o parecido, mientras que "tal por cual" es un insulto gravísimo. Gritar: "¡Cálmense!" en un temblor puede costar vidas si todos entienden: "¡Sálvense!". Lógicamente, un lapsus le ocurre hasta al más versado lingüista y al más connotado locutor. Un lapsus no es un problema de conocimiento del idioma ni de falta de aprecio por él, sino solo un patinazo. No debería preocuparte. De todos modos, es imprescindible que la pronunciación sea razonablemente clara si queremos que nuestros discursos se entiendan bien y causen el efecto que queremos, pero aunada a una velocidad equilibrada. Porque aunque la pronunciación sea excelente, el exceso de velocidad puede echar a perder todo el beneficio, como se explica en la Tercera Ley. Sería como echarle demasiada agua al café, o demasiado café al agua. En este contexto, la pronunciación consiste en colocar los órganos de la voz (lengua, labios, abertura de la boca) de manera que exterioricemos adecuadamente los sonidos de las palabras y entiendan claramente lo que decimos. LAbios Ejercicio de labios. Los ejercicios de flexibilidad de los labios son aquellos que dan elasticidad al movimiento de tus labios. Por ejemplo, proyéctalos hacia delante, como si dieras un beso exagerado, y recógelos completamente, de modo que se introduzcan en el interior de la boca. Hazlo una y otra vez, a toda velocidad. Eso les dará flexibilidad. Por supuesto, la flexibilidad de los labios no es tan importante como la de la lengua, como muy bien lo ilustra el caso de los ventrílocuos, que se dejan entender muy bien a pesar de moverlos casi imperceptiblemente. Ejercicios de la lengua. Los ejercicios de flexibilidad de la lengua son los que dan elasticidad a la punta de tu lengua. Por ejemplo, procura enrollar la puntita hacia arriba y luego hacia abajo, a toda velocidad. Otro ejercicio consiste en golpear las paredes internas de la boca con la punta de la lengua, a toda velocidad, de derecha a izquierda. ¡Suéltala! Dale Carnegie solía decir que la puntita de la lengua debía sentirse tan flexible como un látigo. Destrabalenguas Además de ser entretenidos, los ejercicios destrabalenguas son útiles para cultivar la flexibilidad de labios y lengua. No son imprescindibles, pero ayudan mucho, sobre todo, cuando se dicen a gran velocidad (NI POCO ATÚN CON MUCHO PAN, NI MUCHO PAN CON POCO ATÚN). Lógicamente, si quieres dedicarte a la locución como carrera, sería conveniente que los hicieras por costumbre. Además, te servirá para leer frases extrañas sin equivocarte. Pronunciación exagerada Afanándose por hacer bien las cosas, algunas personas que desean pronunciar lo más eficazmente posible caen a veces en la exageración de su articulación y desequilibran otras cualidades importantes de oratoria. Por ejemplo, en el estilo conversacional, las letras "b" o "d" pueden pronunciarse de manera oclusiva (bloqueando completamente la salida del aire por un instante, como en "cambio" o "decir"; esto es más notorio cuando se trata de la primera palabra que uno dice, como "Busco un amigo" o "Dejemos que sus acciones lo delaten") o fricativa (bloqueando parcialmente la salida del aire, como en "caballo" o "salida"). Si se pronuncia de manera oclusiva cuando la naturalidad exige un efecto fricativo, o viceversa, ocurre lo que se conoce como pronunciación exagerada. Por ejemplo, aunque "dedicación" merece una "d" inicial oclusiva al comenzar a hablar, suena ridículo pronunciar oclusivamente la segunda "d", o ambas cuando no se trata de la primera palabra que decimos. Cuando decimos "Dedicó toda su vida a su trabajo", la primera "d" debe sonar oclusiva, por ser la primera palabra; pero si decimos "Toda su vida la dedicó a su trabajo", todas deben sonar suavemente fricativas. Si usamos un sonido oclusivo para todas al "d", causamos el efecto "T" ("Tota su vita la teticó a su trabajo"). Por ejemplo, si un locutor exagerara el movimiento de los labios al pronunciar la D, G y V al momento de una locución, sus oyentes se imaginarán un rostro grotesco y ridículo cuando dijera algo así como: "Estimato cliente, acratecemos su pisita y le teseamos una acratable estatía", "Le hapía tato el trabajo". Usualmente se debe a que no le han enseñado que existe una diferencia entre la pronunciación oclusiva y fricativa de ciertas consonantes. En el ejemplo, la oclusión exagerada de la B o V sonó como P, y la oclusión de la G, como K. A mi modo de ver, la única justificación para un sonido un poco más oclusivo sería cuando hay mucha interferencia en la transmisión de una telecomunicación. En ningún otro caso. La exageración de la pronunciación no solo distrae la atención, sino que favorece el tropiezo. Por otro lado, es una exageración exigir al estudiante una pausa o una marcada diferenciación del sonido "S" en todos los casos, como hacen algunos locutores profesionales, como, por ejemplo, cuando dicen: "Todos los / sonidos" o "Las / sirenas sonaron toda la noche", produciendo el efecto "Todos los / xonidos" o "Las / xirenas sonaron toda la noche". Pronunciar al estilo de los españoles, "Los / cinco semifinalistas" no genera malentendidos ni tropiezos porque los sonidos diferentes de la "c" y la "s" en estos casos son más que evidentes. Pero no suele ocurrir así con el castellano de los latinoamericanos. Es imprescindible marcar una pausa o diferencia muy notoria solamente cuando las palabras se prestarían a una confusión si se pronunciaran apretadamente, como, por ejemplo: "Todas sus / obras fueron mencionadas", porque no es lo mismo que "Todas sus sobras fueron mencionadas". No obstante, se consideraría perfeccionista o exagerado pausar así: "Son las / seis de la tarde". ¡Sería ridículo! Porque decir "Son lasseis de la tarde" no da lugar a ninguna confusión ni ambigüedad. Es irrelevante hacer una separación en ese caso. Hacerlo rayaría en un desagradable prurito de pronunciación. Puedes ampliar esta explicación leyendo el artículo Cómo expresarme mejor cada día, de nuestra Casilla de Respuestas. La exageración siempre genera problemas. Por ejemplo:
En la conversación habitual, estamos condicionados a equilibrar naturalmente los sonidos oclusivos y fricativos, pero cuando rompemos el equilibrio y exageramos el uso de los sonidos oclusivos, no solo sonamos extraños, sino que tendemos a tropezar en la pronunciación, especialmente cuando leemos, porque en nuestro fuero interno percibimos que no es natural. Por eso, nunca sugiero perfeccionar tanto la pronunciación que se pierda la naturalidad del habla contidiana. La naturalidad es esencial para persuadir. Exagerar la pronunciación es una debilidad, no una fortaleza. Pronunciar correctamente de ninguna manera significa exagerar la articulación. Cuidado con el mayor golpe de aire A veces el acostumbrarse a producir un mayor golpe de aire en la primera o la última parte de las palabras puede fomentar confusión en el oyente. La pronunciación de las palabras debe tener en cuenta la claridad de todas sus letras y no solo de las primeras o las últimas. Por ejemplo, si representáramos con negritas el golpe de aire al pronunciar, diríamos que debería decirse: "Todos quisiéramos que nuestros hijos sean hombres y mujeres de bien y que contribuyan al desarrollo de nuestra comunidad" y no: "To quisié nues hi hom y jer buya rroll dad", sobre todo si usamos un micrófono o sabemos que en el auditorio hay personas que no oyen bien. Literatura (libros y revistas edificantes). Lo mejor es ejercitar la lectura en voz alta. Aparte de aclarar tu dicción, te instruye. Muerde suavemente un lápiz con los dientes delanteros, imitando el freno de un caballo, y lee un párrafo en voz alta procurando que el sonido de cada letra salga correcto a pesar del obstáculo. Luego, hazlo sin el lápiz. Repite el ejercicio varias veces. ¡Mejorarás de la noche a la mañana! Potenciarás tus ejercicios si grabas tu voz y luego la observas para mejorar. Leer en voz alta grabando tu voz te permite corregir defectos comunes, como por ejemplo: "bujcar" en vez de "buscar", o "loj automóviles" en vez de "los automóviles", o "¿Cómo te siente joy" en vez de "¿Cómo te sientes hoy?". Nada reemplaza a la lectura como medio para mejorar la habilidad lingüística, ni nada reemplaza a la lectura en voz alta de libros de buena reputación para mejorar la dicción. Si no practicas lectura en voz alta por lo menos 10 minutos diarios durante una buena temporada, no mejorarás NUNCA; seguirás hablando siempre con los mismos defectos. Requiere esfuerzo. Manuel Seco, experto de la Real Academia Española, dice que "la práctica habitual de la lectura es el mejor medio para adquirir, mantener y ampliar la capacidad lingüística." ¿Crees tú eso? Una ayuda para tu pronunciación es el http://es.thefreedictionary.com/inteligente, que te ofrece un botón de audio para oír la pronunciación de un experto. Le das clic y listo, obtendrás la manera correcta de pronunciar la palabra que solicites. Ejercicios de lectura visual y concentración Para mejorar tu velocidad de lectura visual, lo cual es importante para la fluidez al leer en voz alta ante un auditorio, lee un párrafo al derecho y luego colócalo al revés, para a leerlo de cabeza. Aprenderás a leer de una nueva manera. Ya no de sílaba en sílaba, sino por reconocimiento de la forma de las palabras y frases, como vieras objetos. Al comienzo te parecerá una tarea lenta y tediosa, pero después lo harás rapidamente. Recuerda que el propósito es aprender a leer por reconocimiento de la forma de las palabras. Tu meta no es leer siempre de cabeza como ejercicio habitual, sino solo para entender el propósito del ejercicio. La lógica tras esta clase de ejercicio es que, si logras concentrarte y leer un escrito de cabeza, tus ojos volarán cuando lo leas normalmente. Por ejemplo: Otar manear de auemtar tu veolciad de letcura es pratcicando elctura a dota vloecidad paalbras y farses ecsritas mal a porpósito. No debes elerlas desapcio, lerta pro letar, sion por reocnocimietno de la froma ed als paalbras. Dsepués lee un esrcito onrmal, y notrarás cómo ut vlocidad de letcura y caapcidad ed concetnración han emjoardo muchímiso. ¡Tus joos voalrán sorbe el escrito! En otras palabras, cuando cultivas la habilidad de reconocer las palabras al revés y al derecho, también puedes reconocerlas aunque tengan una o dos letras desordenadas... ¡o falten letras, o las mezclen con números! Por ejemplo:
Para el centro de interpretación de tu cerebro es casi irrelevante porque entiende el significado a pesar de todo. Es semejante a los errores de pronunciación que comete un extranjero al hablar. Por ejemplo, si Mr. Finck dijera: "¡Un obispo me ha pecado en la ojera!", tú sabrías lo que realmente quiso decir porque tu cerebro obvia tácitamente el error. Pero alguien dirá que "se dice que la primera y última letras de la palabra siempre deben estar en el lugar correcto para poder discernirla cuando están desordenadas". Respondemos que no necesariamente. Pporque poedmos erconocre als alpabrsa nauqeu las desordenemos mucho, en algunos casos hasta si le afltan lagunas eltras, como sucede con las abreviaturas. Lógicamente, cuanto más difícil la situación, más discernimiento y agudeza se requerirá, como cuando alguien nos escribe un mail preguntando: "En q andas emtido?"; o cuando leemos una redacción y nos percatamos de que el redactor no quiso decir: "Dicho sea de sapo....", sino "Dicho sea de paso...". Especialmente en el caso de las abreviaturas y jergas, es esencial saber lo que significan, de lo contrario no las interpretaremos correctamente, como solía suceder cuando se cerraban las cartas con "Su Atto y SS" (su atento y seguro servidor). Por eso, si cierta abreviatura deja de usarse por mucho tiempo, deja igualmente de tener sentido para quienes las leen. Abajo hay una lista de palabras desordenadas. Analízalas lo más rápidamente posible y deja que tu cerebro las interprete correctamente. Además, te ayudará a mejorar tu concentración. ¿Cómo se pronuncia o cómo se dice? Si tienes dudas, mejor asegúrate, o no lo digas. De vez en cuando tal vez oigas palabras que despiertan dudas en cuanto a cómo decirlas, o qué significan, y a veces, por no saber lo que significan, pueden meterte en problemas. Por ejemplo, muchos damnificados por una grave inundación en los Estados Unidos no pudieron beneficiarse del seguro cuando solicitaron ayuda porque cuando solicitaron el seguro les dijeron que "no se requería un seguro contra inundaciones porque no era una zona de alto riesgo de inundación", lo cual los clientes interpretaron como "que no necesitaban un seguro contra inundaciones". ¿Por qué fue tan importante notar la pequeña gran diferencia del significado de aquella expresión? En el sentido estricto de la palabra, "se requiere" significa lo que la compañía de seguros exige para aprobar un seguro, mientras que "se necesita" significa lo que el asegurado necesita para sentirse seguro. "Se exige" y "se necesita" son cosas muy diferentes, una sutileza que desde el punto de vista legal marcó una gran diferencia cuando necesitaron el seguro. Técnicamente, no se habían asegurado contra inundaciones. ¡Es muy importante entender el significado de las palabras, sobre todo cuando se trata de firmar un acuerdo! Por otro lado, a veces la Real Academia Española acepta palabras diferentes, pero semejantes, con un mismo significado. En tal caso siempre es conveniente consultar un mataburro (diccionario). Algunas se pueden decir de dos maneras diferentes, otras de una sola manera, y otras dependiendo de la intención, es decir, de lo que significan. En muchos casos, tal vez usar la cabeza es suficiente. Por ejemplo, es un verdadero disparate decir: "A lo mejor le fue mal" o "a lo mejor se cayó por la ventana". Solo se necesitan dos dedos de frente para reconocer que "a lo mejor" debe usarse solamente cuando el asunto es positivo, no negativo. Decir: "A lo mejor Dios se ha olvidado de mí" refleja una crasa falta de lógica, no es un problema gramatical, semántico ni ortográfico, sino de lógica elemental. ¿Cómo va a ser mejor que a alguien le vaya mal o se caiga por la ventana o que Dios se olvide de él? En tal caso, se debe decir "Quizá le fue mal" o "probablemente se cayó por la ventana", o "siento como si Dios se hubiera olvidado de mí". Por otro lado, hay palabras que se parecen mucho entre sí, pero no tienen el mismo significado. Otras son iguales, pero significan cosas diferentes. Otras no tienen nada que ver una con otra. Y cuando depende de la intención, es mejor consultar un diccionario. Por ejemplo, analiza cómo pueden usarse las siguientes expresiones en el habla contidiana:
De vez en cuando escucharás una palabra que te suene extraña. En vez de escandalizarte o ponerte a especular o discutir, te sugiero anotarla inmediatamente en una hoja de papel (la memoria es frágil) y consultarla luego en un diccionario. Por ejemplo:
Dónde poner más cuidado En el asunto de la pronunciación debes tener en cuenta que así como hay palabras que pueden prestarse a confusión, también hay frases que pueden confundirse si no haces un esfuerzo por decirlas de modo que no se altere su significado. A veces tienes que poner énfasis en el volumen, otras en las pronunciación misma, y otras, en las pausas. Esto reviste importancia si en el auditorio hay personas medio sordas o con problemas auditivos. Por ejemplo, no suena igual "él nos instruye" que "él nos destruye". Para evitar la confusión, tienes que poner cuidado en las diferencias. En este caso, ins y des son las sílabas clave. Además de pronunciarlas correctamente, tienes que marcar un claro cambio después de nos para evitar que el sonido nosins suene como nosdes, que es lo que se prestaría a confusión. Por eso, lo recomendable sería decir: "él nos / instruye" o "él nos / destruye". Algo similar podemos decir con la frase "me siento con náuseas", que pudiera sonar como "me siento con ansias", y viceversa. El secreto consiste en prestar atención a cómo lo dices y ejercitar los labios, sobre todo, la flexibilidad de la punta de la lengua. Nunca minimices la necesidad de pronunciar correctamente. Porque una mala pronunciación puede ocasionar muchos problemas, hasta bochornos desagradables. Otro error común se debe a la falta de cuidado al expulsar el aire. Lo correcto es que todas las letras, sílabas y palabras reciban el suficiente golpe de aire al prounciar. Pero si solo golpeamos una parte de cada palabra, restando aire a las demás, sobre todo, usando un micrófono, produciremos una interferencia en el entendimiento de los que escuchan. En vez de oír: "Esto nos muestra la importancia de transferir el conocimiento a quienes realmente lo necesitan", pudiera sonar como: "Es nos mues la tan de ferir el cono a quienes realmen lo sitan". Y esa clase de descuido en la pronunciación seria especialmente grave si se tratara de pedir por radio que nos rescataran de un accidente en la montaña. Un resultado totalmente diferente podría ocurrir si le aconsejáramos a alguien "no te quejes" y entendiera "no te dejes".
ARRIBA "¡PLÁNTATE SOBRE TUS PIES!"
SIGNIFICADO Ubícate,
párate,
siéntate y camina de manera que reflejes aplomo, seguridad y
confianza.
POSTuraPostura es la manera como te ubicas frente al auditorio, ya sea a pie firme, tomando asiento o caminando. Y siendo que la postura comunica, entre otras cosas, equilibrio y aplomo o la falta de estos, tiene una importancia fundamental. Porque tal como las demás cualidades del cuerpo, no deben distraer sino contribuir a la concentración. Las piernas de una persona y la manera cómo las coloca comunican estabilidad o inestabilidad, lo cual afecta su imagen y su capacidad para persuadir. Si no puede estarse quieta, es decir, si siempre está bamboleándose, pudiera dar la impesión de ser igualmente inestable en otros campos, lo cual a su vez pudiera originar pensamientos o sentimientos negativos en sus oyentes, que pudieran pensar que es muy nerviosa, no tiene suficiente confianza en sí misma o no puede hacerse cargo de su propia vida. Todo eso afecta la manera como percibirán su influencia. Inestabilidad física pudiera confundirse con inestabilidad emocional, y la estabilidad emocional con la falta de capacidad o habilidad para influir en los demás. En pocas palabras, puede originar un prejuicio negativo que impida que respeten su palabra. Por otro lado, lo opuesto, es decir, que el orador mantenga una postura firme y sólida semejante a roca también pudiera reflejar falta de aplomo. Cualquier auditorio se inomodaría ante un orador que permanece tan quieto que solo mueve los labios, manteniendo la mirada clavada en el fondo de la sala. Ambos extremos, tanto de estar inquieto como de permanecer inmóvil durante todo el discurso, son extremos poco recomendables. La postura debe reflejar aplomo, no falta de estabilidad emocional, lo cual significa comunicar tanto estabilidad como flexibilidad. Entonces, ¿cuándo se sugiere permanecer quieto y cuándo flexible? Nadie se para como otra persona. Todos tenemos una manera diferente de ser y actuar. Podemos parecernos, pero nunca será igual a otra persona. Sin embargo, cuando mostramos estabilidad de la cintura para abajo, reflejamos aplomo y confianza personal, lo cual inspira a su vez confianza en nuestros oyentes. Si ellos nos ven confiados, tenderán a confiar en nuestra palabra; pero si nos ven desconfiados, tenderán a desconfiar de nuestra palabra. Si tienes que permanecer de pie frente a un auditorio, ya sea en una entrevista, simplemente como observador o para tomarte una fotografía, ten en cuenta la siguiente sugerencia: Si eres varón, manos sueltas, a los lados (si juntas las manos, de preferencia hazlo por detrás); si eres mujer, igualmente manos sueltas, a los lados (si juntas las manos, de preferencia hazlo por delante). QUIETO Quieto en los puntos principales. Quédate en un solo lugar cuando menciones o expliques puntos principales para que la atención del auditorio se concentre en la idea, no en tu persona. Si te bamboleas o paseas innecesariamente, a cada rato, como un león inquieto en una jaula, distraerás recursos valiosos de su cerebro que deberían estar concentrados en el punto principal. Si no te estás quieto, se concentrarán en tu cuerpo, en tus zapatos, en tu ropa y accesorios. Los ojos prestan más atención a las cosas que se mueven que a las que están quietas. Además, una postura equilibrada y confiada comunica estabilidad y equilibrio emocional. Sobre todo, si hablas desde un atril. No lo olvides: La razón para mantenerte de preferencia estable al mencionar puntos principales es favorecer una mayor concentración sobre la idea. Tu cuerpo no debe distraer de la idea. Sobre todo si estás hablando desde un atril, procura no bailar un vals o bambolearte como un pigüino. El punto es que lo que se mueve capta la atención de los ojos con más fuerza. Si mueves tu cuerpo a cada rato o por gusto, distraerás la atención y, en vez de concentrarse en el tema, tus oyentes comenzarán a prestar atención a tu bamboleo. No te bambolees. FLEXible Flexible en los puntos secundarios. Puedes dar más flexibilidad a tu postura y moverte o desplazarte de aquí para allá si lo deseas. Solo ten presente que en ningún caso te recomiendo moverte sin sentido ni pasearte de ida y vuelta a cada rato. Causaría una ilusión óptica pendular hipnótica desde el punto de vista del oyente y podría adormecer a aquellos que estuvieran cansados. La razón para concederte más flexibilidad y libertad de movimiento cuando mencionas puntos secundarios es que los puntos principales ya quedaron grabados en la mente del oyente y puedes darte el lujo de moverte sin que por ello confundas o robes la concentración. Desde tu asiento Aplican las mismas precauciones al hablar desde tu asiento. En tal caso, ya sea que te encuentres en el auditorio o en la plataforma, evita agitar nerviosamente las piernas o los pies, y estar moviéndote de aquí para allá, parándote y sentándote a cada rato, porque distrae. Es momento de comunicar aplomo y estabilidad emocional. Siéntate cómodamente y muévete poco. Y en caso de Si eres mujer, te sugerimos mantener las rodillas siempre juntas y las plantas de los pies igual a como se sugiere en la postura de pie. Sin embargo, esto no siempre es posible, porque la altura de la silla afecta la imagen dependiendo de la estatura de la persona. De modo que tendrás que ensayar tu postura sentándote en sillas de diferentes tamaños utilizando un espejo para ver cómo te conviene acomodarte. El punto es que no debes comunicar inseguridad. La colocación de los pies en la figura de la izquierda indica inseguridad, como de niña. Si eres varón, recuerda que como orador, la manera como te sientes afectará la imagen que proyectas como persona, en cuanto a si inspiras confianza o no. De modo que nunca asumas poses demasiado informales, como lo harías en una reunión familiar o en la playa. Si tienes que ponerte de pie para hablar y desplazarte hacia una ubicación central, mantén la espalda erguida y pon la vista al frente, en el punto hacia el cual te diriges (teniendo cuidado de mirar dónde pisas, porque si hay poca visibilidad, un desnivel o escalón podría causarte problemas). ¿Sientes que tu cuerpo se va hacia un lado? No te preocupes si sientes un muy pequeño desequilibrio al caminar sobre algunas plataformas de los oradores. Los ingenieros diseñan intencionalmente las plataformas de la mayoría de los grandes auditorios y teatros con un poco de inclinación para que las escenas puedan verse de cuerpo entero hasta la última fila del auditorio, lo que puede darte la impresión de estar yéndote de lado. No es que vas a caer. Es solo la falta de costumbre de andar sobre un plano levemente inclinado. Todos nos paramos y caminamos con un estilo personal, pero como término medio, la postura que se considerada adecuada para los oradores es erguida, porque inspira respeto, comunica estabilidad y proyecta seguridad tanto al orador mismo como a sus oyentes. Por lo tanto, el punto no es si permaneces quieto o te mueves, sino si proyectas aplomo y seguridad. Si te bamboleas nerviosamente todo el tiempo, el mensaje que tus oyentes pueden malinterpretar es que eres inestable, y por tanto, poco confiable. Si mueves mucho de la cintura abajo, parecerá que estás haciendo ademanes con los pies. No te lo recomiendo. De la cintura abajo es mejor comunicar aplomo y estabilidad. ¿Demostrar algo o compartirlo? El famoso concertista Yo-yo Ma dijo una vez en una entrevista: "Cuando subo a un escenario, no es para demostrarle nada a nadie, sino para compartir algo", comentario que aplica perfectamente a la oratoria. Si sales a hablar con la intención de lucirte o probar que eres alguien, o que sabes mucho, tu desempeño girará muy por debajo del bueno; pero si subes con el ánimo de compartir, superarás tu mejor marca y el público querrá escucharte de nuevo. ARRIBA "¡DIVIDE TUS IDEAS EN TRES!"
SIGNIFICADO Divide y organiza tu tema
en dos o tres
porciones manejables. Te será más
fácil armarlo y
recordarlo.
Tal como una mesa descansa cómodamente sobre tres o cuatro patas, una explicación se vuelve simple con dos o tres ideas troncales. Aunque casi todos los discursos tienen una introducción, un desarrollo y una conclusión, en esta sección consideraremos la manera de organizar o dividir el desarrollo, el cual siempre debe seguir un orden lógico, fácil de seguir y entender. Aunque al principio el oyente no supiera de qué se está hablando, debería resultarle sencillo aceptar el hilo del argumento y concordar con la secuencia de ideas. Todos los discursos se dividen básicamente en tres partes: Intriducción , desarrollo y conclusión. En esta sección nos ocuparemos del desarrollo.
DESarrollo El desarrollo es la sección del discurso que sigue a la introducción. La introducción sirve para captar la atención y despertar interés en el asunto que se considerará, pero el desarrollo contiene la explicación detallada de dicho asunto. Para ser eficaz debe estar organizado lógicamente. Sugerimos 2 ó 3 secciones. Por ejemplo: De PROBlema a SOLución Dividir
el discurso en orden de problema a solución
significa
que primero mencionas el problema y después la
solución,
o viceversa. Por ejemplo: Baja producción/Mejorar los
incentivos.
De CAUSa a EFECto Dividir
el discurso en orden de causa y efecto significa que primero
mencionas la causa y después el efecto, o viceversa. Por
ejemplo: Exceso de alcohol/Accidentes de tránsito.
Dividir
el discurso por contraste significa que muestras las cualidades
opuestas de dos ideas. Por ejemplo, blanco/negro, caro/barato,
alto/bajo,
ventajas/desventajas, pros/contras, beneficios/perjuicios,
positivo/negativo, temprano/tarde, o viceversa. Es uno de los
más potentes ordenamientos lógicos. La idea
ingresa a la
mente del oyentes con gran fuerza. Cuando el oyente ve claramente el
contraste, no le quedan dudas ni objeciones.
Una
de las técnicas más eficaces del arte de
enseñar consiste en mostrar las diferencias por medio de
establecer un contraste entre dos asuntos, destacando sus
particularidades. Johann Amos Comenius, pedagogo del siglo 17,
solía decir que enseñar no tenía otro
sentido que
mostrar cómo diferían las cosas en sus diferentes
propósitos, formas y orígenes. […] Por
lo tanto,
quien diferenciaba bien enseñaba bien.
Por COMParación En orden CRONOLógicoDividir
el discurso en orden cronológico significa que presentas
las ideas de acuerdo a un horario. Por ejemplo: Objetivos anuales,
semestrales, mensuales, semanales o diarios; lo que ocurrió,
minuto a minuto, antes y después, hoy y mañana,
primero y
segundo. Los documentales y las noticias que presentan los
asuntos
minuto a minuto ejercen una poderosa influencia en los espectadores,
que se mantienen a la expectativa de comienzo a fin para saber el
desenlace.
Dividir
el discurso en orden de grupos naturales significa que
seguirás un orden de acuerdo a su naturaleza. Por ejemplo:
Mar/cielo/tierra, oro/plata/cobre, minerales/plantas/animales. La mente
disfruta más cuando los asuntos se desarrollan
separadamente,
pero dentro de un orden natural, porque puede discernir las cosas con
más claridad, y por tanto, tomar decisiones más
acertadas.
Propósito de las secciones troncales del discurso Además, respecto al propósito u objetivo de la introducción, el desarrollo y la conclusión del discurso, ten presente que: - La
introducción sirve para captar la atención y
despertar
interés
- El desarrollo sirve para presentar razones, explicaciones y pruebas - La conclusión sirve para motivar (despertar en el oyente el deseo de actuar). "¡En primer lugar!" Es buena constumbre iniciar una serie de aspectos anteponiendo la frase: "En primer lugar", a fin de que el oyente tenga muy claro cada sección que se considere. Pero debe hacerse solamente cuando los aspectos siguientes se consideren con las frases: "En segundo lugar" y "En tercer lugar". De lo contrario, se generará una terrible confusión porque todos, especialmente los que están tomando apuntes, estarán esperando que se diga: "En segundo lugar" y luego "en tercer lugar". Más imprudente sería hacer una larga explicación y, de repente, decir: "Lo segundo que se debe considerar antes de tomar una decisión estratégica respecto a la innovación tecnológica es...", si anteriormente no se había dicho "Lo primero que se debe considerar antes de tomar una decisión estratégica respecto a la innovación tecnológica es...", porque el oyente se distraerá mucho procurando hallar entre sus apuntes o recuerdos cuál fue el primer aspecto. Proyectarías una imagen de incompentente en oratoria, porque tus oyentes estarían justificados a pensar que les diste una explicación incompleta. Por regla general, es recomendable dejar muy claras las secciones de una explicación detallada utilizando las frases "En primer lugar", "En segundo lugar" y "En tercer lugar", pero teniendo la precaución de nunca decir "En segundo lugar" si antes no se ha dicho "En primer lugar". El YEN y el YUAN El YEN y el YUAN son acrósticos que puedes usar indistintamente para memorizar secciones ordenadas cuando se trata de improvisar un discurso breve y no tienes tiempo para prepararte. Cada Y
HABLAR DE LO QUE YO
SIENTO EN ESTE MOMENTO
E HABLAR DE LO QUE ELLOS (MIS OYENTES) SIENTEN EN ESTE MOMENTO N HABLAR DE LO QUE TODOS NOSOTROS SENTIMOS Y TENEMOS EN COMÚN Y HABLAR DE LO QUE YO SIENTO EN ESTE MOMENTO U HABLAR DE LO QUE USTEDES (MIS OYENTES) SIENTEN EN ESTE MOMENTO A HABLAR DE LA ACCIÓN QUE DEBEN TOMAR N HABLAR DE LO QUE NOSOTROS SENTIMOS Y TENEMOS EN COMÚN Ejemplo:
Precauciones al usar el atril 1)
Un error o descuido es que el atril sea de un tamaño fijo y
elevado sin que exista un accesorio en el piso para elevar a los
oradores de baja estatura. Los atriles para la oratoria deben poder
variar tanto la altura como el ángulo de
inclinación de
la mesa. No todos los oradores utilizan el mismo tipo de ajuste, tanto
por su postura como por el alcance de su visión. Si tienes
tan
alta o baja estatura que supongas que pondría en peligro tu
imagen, recházalo. Sería mejor que hablaras de
pie sin
atril o hacerlo desde tu asiento.
2) Otro error o descuido es adherir o fijar el micrófono a la mesa del atril. A veces los oradores mueven sus documentos, colocan objetos sobre el atril o lo golpean con el dedo o con el puño, sonido que se amplifica retumbando, incomodando a los oyentes. No sugerimos que el micrófono esté adherido al atril, a no ser que se trate de un atril especialmente fabricado para ese orador en particular y bajo sus indicaciones precisas. Si el atril tiene adherido el micrófono, solo ten cuidado de no golpearlo. 3) Otro error o descuido es fabricar el atril con materiales endebles. A veces los oradores se apoyan sobre la mesita y, si no sienten que el atril puede soportar su peso, se ponen muy nerviosos, transmitiendo su inseguridad al auditorio. Al margen del modelo, un atril debe ser siempre fuerte. Si tu atril no es fuerte, no te apoyes en él. Úsalo solo para colocar tus notas. 4) Otro error o descuido es construir el atril con adornos y detalles que distraen la atención. Cuando un atril está excesivamente decorado, el oyente suele detenerse a observarlo detenidamente, distrayendo su atención. Si el tema es muy importante, el efecto será perjudicial. Podría echar a perder el éxito de la presentación. Un atril debe ser siempre interesante pero de diseño sencillo. Si el atril o el auditorio parece recargado de adornos, debes impactar más con el discurso, derrotando su competencia. 5) Finalmente, aunque no es un error construir un atril incorporándole botones y recursos eléctricos y electrónicos para que el orador los controle personalmente (para manejar sus diapositivas, apagar y encender las luces, usar su computadora), es un descuido y una falta de consideración no explicarle de antemano cómo y para qué sirven todos esos controles, lo cual pudiera generarle una sensación de inseguridad. Para que esta clase de atriles cumpla su cometido, lo ideal es explicar brevemente a los oradores cómo hacerlos funcionar y, de ser posible, permitirles ensayar de antemano a su satisfacción. De lo contrario, el atril solo será de utilidad para el que lo diseñó, una pieza de museo que nadie aprovechará. Si el atril tiene estos recursos, solicita que alguien te explique de antemano cómo usarlos; y si no sabes cómo utilizarlo, úsalo simplemente como una mesa. El atril no debe considerarse una mesa cualquiera, porque es una proyección de la imagen del organizador así como la de los oradores. El atril debe estar a la altura de la dignidad de los expositores así como de la dignidad de la ocasión. La supervisión de su construcción no debería encargarse a un artesano, por renombrado que sea, sino a un orador experimentado que conozca bien todas las necesidades y limitaciones de los oradores, quien a su vez deberá dirigir al artesano con especificaciones apropiadas. Un orador tendrá en cuenta el efecto que podría tener en el auditorio la colocación de accesorios que pudieran convertirse en factores distractivos. Un atril que pudiera parecer espectacular a un observador casual pudiera convertirse en un tropiezo a los oradores que necesitan un equipo menos llamativo, pero más funcional. Por ejemplo, un atril no debería parecer un burladero de una plaza de toros, es decir, tan grande aparatoso que casi no se le viera al orador, sino parte de un equipo que permite a los oradores cumplir con su cometido. Es lamentable que un orador tenga que detener abruptamente su conferencia porque golpeó por casualidad el vaso con agua que alguien colocó bajo la mesa, de modo que se mojaron y echaron a perder los documentos, bosquejos, láminas y organigramas que había diseñado con tanto esfuerzo para ayudar al auditorio a entender su tema. Bienintencionado el organizador, pero un perfecto ignorante de las necesidades de los oradores. "¡Entonces, la próxima vez pondremos el vaso con agua sobre la mesa, frente a su ojos, para que no lo golpee!", dice. Pero eso también es muy inapropiado, porque distrae a los oyentes estimulando en ellos el deseo de retirarse y salir del auditorio para beber un poco de agua." También sería absurdo que el atril fuese tan alto que un orador de baja estatura tuviera que subirse a un banquito para que por lo menos se le vea el rostro; o tan bajo que un orador muy alto quedara en ridículo. Nada de eso ocurriría con una buena planificación y diseño del equipo. Concentra la atención en la información, no en tu persona Abundan los oradores que solo piensan en figurar y resaltar como estrellas, pero que no dan mucha importancia a sus oyentes ni a sus necesidades. En cambio, los oradores experimentados saben que sus conferencias solo tendrán éxito si sus oyentes siguen sus recomendaciones, lo cual a su vez depende de que hayan entendido bien la información, lo cual a su vez depende de la concentración. El éxito de un discurso es el último eslabón de una cadena que comienza con el interés. Si el orador fija el interés del oyente en sí mismo y no en la información, sus oyentes se acordarán de él y de lo lindo que habló, pero no de las sugerencias que impartió. Por tanto, tampoco estarán en capacidad de ponerlas en práctica. El orador debe convertirse en el principal defensor de la concentración. Evitará todos los factores distractivos posibles y procurará que la información llegue a la mente del oyente de manera clara, entendible y substanciosa. ARRIBA |
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