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DE TÉCNICAS DINÁMICAS PARA HABLAR EN PÚBLICO



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Controla tu tiempo



Respetar el tiempo que te conceden para hablar es una cualidad relacionada con el autodominio y la decencia, porque es un derecho y al mismo tiempo una responsabilidad.

A veces se ve que algunos presentadores de televisión caen en el ridículo de decirle a su entrevistado, luego de 15 ó 30 minutos de conversar amenamente: "¿Con qué palabras finales le gustaría despedirse de sus televidentes, teniendo en cuenta que solo nos quedan 30 segundos?". ¿Por qué ridículo? Porque el entrevistado responde en más de 1 minuto y luego el presentador hace un comentario de 30 segundos, y finalmente el entrevistado usa 15 segundos más. ¡Ridículo! Si le quedaban 30 segundos, el presentador debió controlar la situación y terminar el programa en 30 segundos. ¿Y por que no controlaron bien sus tiempos? Porque no tienen -o no han practicado- ninguna técnica para controlar su tiempo y, por tanto, no saben callarse cuando deben callar.

En todo caso, no es muy profesional en oratoria decirle al auditorio cuánto tiempo resta, o que el tiempo apremia, o que ya se pasó del tiempo disponible. Usualmente muchos oyentes se dan cuenta cuando uno se pasa de tiempo, y, por otro lado, mencionar que el tiempo le quedó corto es dar a entender que uno no es una persona bien preparada, sino improvisada, lo cual no habla bien de uno como comunicador profesional.

Si observas detenidamente programas de televisión de países muy desarrollados, notarás que el control del tiempo es respetado escrupulosamente. Y no es que les guste, sino porque hay mucho dinero envuelto en cada segundo que transcurre, y nadie querría hacer frente a una demandas judicial por incumplir los horarios de la publicidad y propaganda. Al tiempo de escribir estas líneas, el Super Bowl de los Estados Unidos de America cobraba aproximadamente 1 millón de dólares por cada segundo de publicidad, y no alquilaba espacios por menos de 30 segundos por producto. Sin duda, el tiempo es algo que debemos aprender a respetar.

Entonces, si en una conferencia no corre tanta plata, ¿significa que no debería importarnos tanto empezar y terminar
puntualmente una presentación? No. Por eso, aunque aquí no lo consideramos como una ley, no por eso deja de tener una gran importancia. ¿Por qué? Porque la puntualidad y el cumplimiento de las responsabilidades son en cierto modo un reflejo de la personalidad, un componente del perfil de una persona en la que se pueda confiar. La puntualidad es sinónimo -y termómetro confiable- del sentido de responsabilidad. Por lo tanto, ¿cómo ver el uso del tiempo en una presentación?

Por decirlo así, 1) Algunos organizadores te conceden tiempo libre, 2) otros te advierten respecto al tiempo que tienes disponible, 3) y aún otros te preguntan cuánto tiempo necesitas para realizar tu explicación. En todo caso, debes respetar rigurosamente cualquier límite que te impongan o en el que concuerden, porque pasarte de tiempo pudieran considerarlo una falta de respeto y un serio defecto como orador, ya que implica robar tiempo al organizador y/o a los demás oradores, si los hubiere.

Para controlar el tiempo de un discurso bastan un bosquejo y un reloj. A medida que abarcas el material, vas comprobando que el reloj coincida con el tiempo anotado en cada punto principal. Hay dos maneras de controlar el tiempo.

a) Reloj. (El siguiente ejemplo es para un discurso de 30 minutos)

Al comienzo o introducción del bosquejo anotas, por ejemplo, 7 pm.
Al comienzo del primer punto principal anotas, por ejemplo, 7:01 pm.
Al comienzo del segundo punto principal anotas, por ejemplo, 7:15 pm.
Al comienzo del tercer punto principal anotas, por ejemplo, 7:20 pm.
Al comienzo del resumen final o conclusión anotas, por ejemplo, 7:28 pm.

b) Cronómetro. (El siguiente ejemplo es para un discurso de 30 minutos)

Al comienzo o introducción del bosquejo anotas, por ejemplo, 00:00 pm.
Al comienzo del primer punto principal anotas, por ejemplo, 00:01 pm.
Al comienzo del segundo punto principal anotas, por ejemplo, 00:15 pm.
Al comienzo del tercer punto principal anotas, por ejemplo, 00:20 pm.
Al comienzo del resumen final o conclusión anotas, por ejemplo, 00:28 pm.

La desventaja de anotar los tiempos con un reloj es que la reunión no comience puntualmente. Por eso es mejor usar un cronómetro, por dos razones.

1) Flexibilidad. Puedes echarlo a andar cuando desees, al margen de la hora que sea.

2) Exactitud. Puedes echarlo a andar antes de ponerte de pie, para descontar mentalmente el tiempo aproximado que toma caminar desde tu asiento hasta el atril. Cuando el cronómetro llegue al límite, sabrás que aún quedan esos segundos disponibles.

Si usas un teléfono celular con cronómetro y alarma, tienes dos ventajas adicionales.

a) Vibrador. Puedes configurarlo como vibrador, de modo que cuando llegue al límite, sentirás la vibración. Solo asegúrate de echarlo a andar y colocarlo sobre el atril o en otro lugar apropiado (consulta las instrucciones de riesgo del manual del teléfono).

b) Conexión total. Puedes enviar la señal de tu discurso en tiempo real a cuantos deseen conectarse contigo vía telefonica.

Algunos atriles o plataformas disponen de un reloj o cronómetro referencial. En este caso, cuando se trata de un cronómetro del organizador, deja que el organizador se responsabilice de echarlo a andar y detenerlo. No asumas esa responsabilidad. Es mejor que confíes en tu propio cronómetro, porque no sabes cuán confiable es el tiempo que figura en dichos equipos.

Cuando solo dispones de un bosquejo mental, o cuando no dispones de ningún bosquejo en absoluto porque se trata de una entrevista o improvisación, solo te queda seguir el método de echar un vistazo a tu reloj y al tiempo general que queda disponible. Si sabes que la entrevista o improvisación debe terminar a las 03:00, no se te ocurra soltar un rollo a las 02:58. Lo apropiado sería abreviar. Es un serio defecto de oratoria que te digan: "Tiene 1 minuto" y hablas 3 minutos. Lógicamente, si al final de la entrevista te hacen una pregunta cuya respuesta requerirá varios minutos, tal vez sea mejor decir: "Encantado de responderle, si hubiera hecho esa pregunta al inicio de la entrevista. Pero como comprenderá, con los 30 segundos que me quedan, no puedo explicarle algo que me tomará unos 5 minutos". Si te conceden tiempo extra, bien.

Una forma de controlar el tiempo es calcular la cantidad de palabras que puedes hablar por minuto, lo cual puedes averiguar prepararndo una redacción simple de tu tema una vez acabados tus ensayos.

REDACTAR

Redactar es poner por escrito un discurso, un acuerdo, algo que pensaste o algo que sucedió. Aunque un discurso comunica más vigor y entusiasmo cuando lo presentas a partir de un bosquejo sencillo, no de un escrito detallado, a veces es necesario redactarlo palabra por palabra, ya sea porque una norma del organizador así lo requiere, o simplemente porque quieres conservar una copia del contenido o ensayar con esta. (Por supuesto que si necesitas una redacción profesional, tal vez sea conveniente contar con los servicios de una secretaria profesional. En todo caso, hay algunos factores que te conviene tener presente.

Es un error suponer que podrás hablar cinco o diez minutos sobre algún aspecto en particular. Lo cierto es que si quieres abarcar un tema completamente, solo podrás hablar entre 1 y 3 minutos de cada aspecto importante, dependiendo del tiempo disponible. Por ejemplo, si tienes 3 puntos principales, y dos puntos secundarios por cada punto principal, y tu límite de tiempo es 15 minutos, significa que solo dispones como promedio de 4 minutos por punto principal, incluidos sus puntos secundarios, lo que significa hablar entre 30 y 90 segundos por punto.

Algunos oradores creen resolver el problema de tiempo hablando a toda velocidad a fin de abarcar la mayor cantidad de información posible, pero ¿y el entendimiento? La solución no consiste en atropellar al oyente con una estampida de ideas, sino de diseñar un bosquejo apropiado, es decir, uno que permita abarcar tanto material como el tiempo lo permita. En otras palabras, el tiempo manda. Si el tiempo no lo permite, debes condensar el discurso. No debes hablar por hablar, sino hacerte entender y llegar al corazón.

PALABRAS x MINUTO


Saber cuánto tiempo piensas hablar es esencial para calcular la cantidad aproximada de palabras por el promedio de tu velocidad natural. Es decir, sabiendo cuántas palabras sueles hablar cada 5 segundos puedes calcular cuántas hablarás en 1, 10, 30 ó 60 minutos. Las 4 Leyes sugieren hablar a una velocidad promedio de 14 palabras cada 5 segundos (que significa entre 12 y 16 cada 5 segundos). Pero, debes tener en cuenta tu propio promedio, es decir, tu estilo personal y manera como pausas entre las ideas. Por ejemplo, no es lo mismo hablar de corrido que citar frases sueltas una tras otra, como en un poema, porque la cadencia y la cantidad de pausas marca una enorme diferencia.

Ajustando los márgenes de un procesador de texto o máquina de escribir para redactar un máximo de 16 palabras por línea (o en todo caso por la cantidad que hayas decidido), puedes formarte una idea más clara de tu propio promedio general. Así cada línea equivaldrá siempre a 5 segundos, lo que significa que cada 12 líneas equivaldrá a 1 minuto. Sabrás que cada 12 líneas significa 1 minuto, al margen de la velocidad y cantidad de palabras que decidas hablar. La clave consiste en usar un cronómetro y averiguar tu promedio real de palabras por 5 segundos. Multiplicando por 12 conocerás tu promedio por minuto.

Si sabes utilizar una calculadora o una hoja de cálculo de Excel, puedes crear tu propia hoja de cálculo de tiempos. Para ver un ejemplo (basado en 14 palabras cada 5 segundos) haz clic aquí y baja una hoja de cálculo de muestra.

FORMATO


 La siguiente etapa consiste en darle formato al documento. Un formato es el estilo, forma o imagen de la página una vez obtenido tu promedio por minuto. Puedes redactar un borrador escribiendo de corrido todo el discurso (Fig. 1). Luego debes hacer otro borrador dividiendo el escrito en párrafos de 12 líneas (Fig. 2), al margen de cuál sea la idea. En esta etapa no estás subdividiendo tus ideas, sino usando el formato para averiguar el tiempo total que tomará presentar la información.

En esta etapa puedes seccionar tus ideas como mejor convenga, ya sea con párrafos de dos, cinco o más líneas, según lo exija la distribución de la idea (Fig. 3). Por tanto, en la etapa 1 escribes todo de corrido, sin separar párrafos; en la etapa 2 divides todo en párrafos iguales de 12 líneas cada uno; y en la etapa 3 le das una apariencia agradable, según convenga subdividir la idea. El paso 2 es lo que te permite conocer la cantidad de palabras por minuto, de párrafos por página, y de páginas por hora.

ÍNDICE DE NUBOSIDAD

Se conoce como "Índice de nubosidad" a la dificultad relativa que presenta un texto tanto para su lectura como para su entendimiento, lo cual se calcula con una fórmula sencilla que toma en cuenta la cantidad de palabras, la cantidad de oraciones y la cantidad de palabras largas que hay en un párrafo (
No debe considerarse como larga una palabra según la cantidad de sílabas, sino según los golpes de voz al decirla. Por ejemplo "noroeste" tiene 4 sílabas, "nor-o-es-te", pero solo tres golpes de voz, "nor-oes-te"). Los nombres propios no cuentan como palabras largas (Edilberto, Benedetti, Gastelumendi)

La fórmula consiste en dividir la cantidad total de palabras entre la cantidad de oraciones que contiene el párrafo para obtener el dato "A". Luego multiplicar por 100 la cantidad de palabras largas y dividir entre el resultado "A" para obtener el dato "B". Sumamos ambos resultados y el total lo multiplicamos por 0.4.

El "Índice de nubosidad" es un concepto que no tomo como norma estricta, sino solo como una pauta interesante que ayuda a uno a mejorar la claridad de sus escritos.

Por ejemplo, analicemos el siguiente párrafo y veamos cómo aumentamos la claridad reduciendo el "Índice de nubosidad".

"A la comunidad científica le preocupa el efecto que el derretimiento de los hielos y el tránsito marítimo regular tendrán sobre los osos polares, las morsas y los pueblos nativos del Ártico. Además, el que el paso del Noroeste se hiciese transitable podría desencadenar conflictos políticos. ¿Qué más puede esperarse de la posible apertura del paso del Noroeste? El tiempo dirá qué más se podría esperar.

62 palabras
4 oraciones

7 palabras largas

"A la ciencia le preocupa el efecto que el deshielo y el tránsito regular por mar tendrá en los osos polares, las morsas y los pueblos nativos del Ártico. Además, una posible apertura del tránsito naval por el Noroeste podría generar conflictos políticos. El tiempo dirá qué más se podría esperar. "

51 palabras
3 oraciones

1 palabra larga

"A la ciencia le preocupa el efecto que el tránsito regular por mar y el deshielo podría tener en los osos polares, las morsas y los pueblos nativos del Ártico. Además, una apertura del tránsito naval por el Noroeste podría generar un conflicto social. El tiempo lo dirá." 

48 palabras
3 oraciones

0 palabras largas

"Preocupa a la ciencia el efecto que el deshielo y
el tránsito regular por mar podría tener en osos polares, morsas y pueblos nativos del Ártico. Una apertura naval por el Noroeste generaría un conflicto social. Tiempo al tiempo." 

39 palabras
3 oraciones

0 palabras largas

Aunque por supuesto solo se trata de hallar un promedio relativo, en el contexto de la redacción de un texto, los expertos afirman que lo ideal sería un promedio de 18 palabras por oración y 3 oraciones por párrafo (en el último ejemplo contamos 39 palabras entre 3 oraciones y obtuvimos un total de 13 palabras por oración como promedio, lo cual es muy aceptable), y un "Índice de nubosidad" de 10 ó menos por párrafo (en el último ejemplo obtuvimos un índice de nubosidad de 5).

Claro que podríamos mantener un índice de 5 hasta con menos palabras:

"El deshielo y el tránsito naval regular por el noroeste del Ártico podría tener efectos preocupantes en sus pobladores y su fauna. Generaría un conflicto social."

26 palabras
2 oraciones

0 palabras largas

No obstante, esta fórmula no es siempre imprescindible. Hay párrafos bien redactados que pudieran gozar de gran claridad aunque rebasaran por mucho los promedios mencionados. Por eso decimos que no se trata de cálculos absolutos, sino relativos.  Y a pesar de que pueden sustituirse algunas palabras largas por otras cortas, hay palabras largas que no siempre pueden o convienen sustituirse.

Por supuesto, a menos palabras, más claridad, pero no por reducir la cantidad de palabras a la mínima expresión garantizaremos que el cálculo de nubosidad siempre arroje un resultado bajo.

"Preocupa que el deshielo y el tránsito naval regular por el noroeste del Ártico afecte la fauna y genere un conflicto social."

22 palabras
1 oración

0 palabras largas

Eso indica que el criterio para redactar es fundamental, al margen de un frío cálculo matemático. El arte de escribir no está atado de manos, a no ser que el tiempo y/o el espacio para la redacción tenga parámetros estrictos Por ejemplo, una columna periodística contiene un espacio definido y hay que editarla. En mi página web y en mis blogs puedo darme el lujo de derramar mi cerebro como desee. Respeto y admiro el "índice de nubosidad", y lo uso como referencia, pero no me rijo estrictamente por este.

Ten en cuenta que los promedios relativos del 'índice' se limitan al aspecto físico del párrafo (la cantidad de palabras y oraciones), pero no toma en cuenta las ideas ni el ritmo ni el arte de exponerlas. Fernando Ávila, periodista y docente experto en el tema, explica con más detalle el concepto del "Índice de nebulosidad" en su libro "Cómo se escribe", del Grupo Editorial Norma.

Por otro lado, si este asunto ha despertado tu interés, tal vez te convendría investigar y practicar un poco la estructura de los "Poemas Haiku" (haz clic aquí y después en el link "Temas y poesía"). Un par de palabras dichas en el momento adecuado pueden bastar para comunicar un mensaje extenso y de peso a la mente de otra persona, dependiendo de la inteligencia con que tu mente arme la frase, y eso no siempre es provocado por un pensamiento consciente. A veces se activa con una simple emoción.

Por ejemplo, cierta noticia me desconcertó. Trataba de la inmensa estupidez que había cometido un delincuente y de cómo la policía lo había capturado. Sin proponérmelo, murmuré en voz baja: "Vomitó para arriba". Fruncí el ceño, pensando en lo desagradable de la imagen mental que se me había ocurrido sin querer. Parecía la última línea de un Poema Haiku. Y me quedé reflexionando profundamente en ello, procesando mis pensamientos lentamente.  Uno merece compasión por cometer los errores que después lamenta, es cierto, pero si se resiste, habrá consecuencias, una y otra vez, hasta que deje de arremeter contra el gigante que representa las advertencias, un gigante muy muy grande. Nunca ganamos contra él.

Tal vez pensé que aquel hombre estaba cosechando de manera muy desagradable las consecuencias de lo que hizo, que fue algo realmente muy estúpido. Pero mi mente transformó la idea automáticamente en una imagen que representó al mismo tiempo algo repugnante y algo totalmente descabellado. Fue involuntario. Las conexiones en mi cerebro simplemente resultaron más veloces que un rayo. Me impactó tanto que ahora, cuando veo a alguien llevando a cabo alguna crasa estupidez, pienso: "Este va a terminar vomitando para arriba". Y lo lamento tanto que no sé cómo imaginarlo de otra manera. Me refiero a que las consecuencias van a ser verdaderamente horribles, quizás peor que la imagen mencionada.

No es la cantidad de palabras sino la manera de decirlas
 lo que alarga o acorta el tiempo que te demanda hablar algo inteligente.

Quedarse corto y no usar todo el tiempo que uno tenía a disponible para exponer puede generar problemas a los oradores que hablarán después en el programa, si los hubiere, pero no es tan grave como pasarse de tiempo, llegar tarde o de otras maneras incumplir con los horarios. Eso manifestaría falta de aprecio, empatía, interés y respeto por la agenda y los horarios de los oyentes, interlocutores, oradores y organizadores (si el contrato por el uso del local ha sido pactado a una hora fija, y existe una cláusula donde se exige un pago forzoso por el tiempo extra, pasarse de tiempo podría generar problemas económicos serios, lo cual sería especialmente preocupante si se tratara de un programa de televisión, que es un negocio basado en la venta de espacios publicitarios).

Ya sea que la presentación resulte muy buena o el auditorio quiera oír más,
pasarse de tiempo viola la Tercera Ley.

Tengamos en cuenta que cada quién tiene cosas que hacer y debe continuar con una agenda a la que debe prestar atención rigurosa, y no cumplir con un compromiso mostraría una crasa falta de respeto. Si el orador se pasa de tiempo, expondría a algunos miembros del auditorio a incumplir sus responsabilidades haciéndolos llegar tarde a otros compromisos.

Sin embargo, esto no aplicaría del todo en el caso de los que sí pueden darse el lujo de continuar escuchando a pesar de todo, o cuando el discurso es tan bueno que la mayoría en el auditorio quiere oír más, como sucedería en un concierto musical de éxito.

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