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¡Motívate!
©Miguel Angel Ruiz Orbegoso
Me
hace gracia cuando algunos hablan con desprecio de aquellos a quienes consideran mediocres.
Cuando en sus inicios Walt Disney visitaba los periódicos y
revistas con sus dibujitos, nadie le hacía caso porque lo
consideraban un dibujante mediocre. Un importante editor hasta le dijo:
"Hijo, acepta un consejo: Mejor dedícate a otra cosa".
Felizmente, no le hizo caso. Poco después Walt creó a Mickey
Mouse, al Pato Donald y a todos aquellos grandes personajes del entretenimiento que surgieron de sus manos. Y
qué decir de Bill Gates. Cuentan que de muy joven se
hacía el payaso en clase para disimular sus desventajas. De
hecho, "creíamos que era estúpido", decían algunos compañeros de clase. Pero
a los 13 años, sin ayuda de nadie, aprendió a programar
computadoras, y ya un poco mayor, cuando ofreció sus servicios a
una conocida compañía de computadoras, lo menospreciaron
y no le dieron ni una oportunidad. Hasta ahora algunos creen que es
autista.
Otro caso interesantes fue el de Garret
A. Morgan, que fue despreciado por sus coterráneos por ser de un color diferente. En su época, los muchachos
de su color solo podían conseguir empleo como barrenderos o algo
parecido. Pero poco a poco Garret desarrolló la habilidad de captar
detalles que a otros se les escapaban, y eso le sirvió para
diseñar e inventar cosas que le facilitó la vida a mucha
gente. Un día, ciertos obreros quedaron atrapados en un
túnel muy profundo que se había llenado de gases
tóxicos.
Varios rescatistas fallecieron en el intento de salvarlos. Entonces
alguien recordó que Garret había inventado una
máscara especial contra el humo y corrieron a buscarlo. Garret
llevó consigo todas las máscaras que tenía, 25
máscaras, pero ahora ninguno quiso bajar
al túnel. Dudaban de que algo fabricado por un negro
funcionara de verdad. Garret les habló con un entusiasmo
desbordante y los motivó a atreverse y
bajar con él y con su propio hermano, y gracias a la
Máscara de Garret, salvaron a muchos. Lamentablemente, al
día siguiente, cuando los diarios publicaron la noticia,
ninguno absolutamente se dignó a entrevistarlo, ¡nadie mencionó
siquiera su nombre! Nadie le atribuyó la
salvación de esos hombres. Para ellos, él contianuaba
siendo nada más que un
mediocre. De hecho, como si fuera, la historia lo había
sepultado en vida. Pero no por
mucho tiempo, porque la Máscara de Garret llegó a ser famosa
y sacó a flote a su creador, para su vindicación. Hoy se lo considera un héroe.
Aprende a manejar eficazmente la frustración
No es raro que alguien presente su
currículum a una empresa y le respondan: "Hemos analizado su
currículum detenidamente y le agradecemos mucho el
habérnoslo remitido. Sin embargo, actualmente no tenemos un
puesto que corresponda con las características que usted indica.
Pruebe en otra ocasión". El resultado no es otra cosa que
frustración, sobre todo si es la milésima vez que
le dicen algo parecido. Tal vez se pregunte de qué manera encaja en el mundo o para qué nació.
Cada vez tiene menos ganas de enviar su currículum. Un
día se le agota su suministro de entusiasmo y se deja
llevar por la corriente con un sinsabor en los labios, recuerda
el dicho: "En la desesperación se acepta todo", y deja de
esforzarse.
Todos tenemos un motivo para hacer
las cosas que hacemos, todos perseguimos un incentivo. Lamentablemente,
muchos nos desalentamos a veces por falta de apoyo o exceso de
crítica. Y tus parientes, alumnos, amigos, pacientes, clientes,
compañeros de trabajo, jefes, como prefiaras llamarlos,
también actúan motivados por algo, e igualmente sienten
frustraciones que a veces echan por tierra sus sueños e
ilusiones. Unos aprenden a manejarlas, otros no. Estos pudieran
ahogarse en tristeza y depresión.
Por ejemplo, supongamos que un cambio en el
equipo administrativo de la compañía resulta en la
modificación del sistema de limpieza. El nuevo administrador, para complacer a la gerencia de compras,
decide que se está gastando mucho en pulidor, y adquiere nuevas
herramientas para incrementar la eficiencia y reducir tanto el tiempo
de limpieza como el gasto.
Además, da instrucciones para que ya no se realice la
limpieza de abajo arriba, sino de arriba abajo. Pero está tan
atrasado en técnicas de liderazgo que ni siquiera ha tomado en
cuenta la opinión de los empleados de mantenimiento, los cuales
han acumulado experiencia práctica limpiando el lugar.
Al usar menos pulidor, ahora
los empleados están demorando mucho para terminar su trabajo.
¿Qué ocurre? Están frotando el piso con más
fuerza, lo cual no solo consume el doble de tiempo, sino impone una
mayor actividad muscular. Al usar la nueva herramienta, la cual pudiera
parecer útil para el servicio doméstico, los empleados
han descubierto que no conviene para el trabajo pesado. Deben doblar la
espalda para ejercer mayor presión, y están sufriendo de
dolores de espalda, lo cual no solo les está produciendo
dolorosas contracturas, sino que está retrasando el trabajo, lo
que pudiera significar que se ausenten para ir al médico y en que tarde o temprano
acaben en el hospital.
Como si fuera poco, uno de los
empleados expresó con franqueza su parecer (una opinión
basada en la experimencia, porque la anterior administración lo
había inscrito en un curso de capacitación en seguridad
industrial y labores de mantenimiento), y el administrador, en vez de prestarle atención respetuosamente, lo
señaló amenazadoramente con el dedo índice,
diciéndole con dureza: "No me discutas". Fin del asunto. Por último, limpiar de arriba abajo
resultó en que la zona del ingreso quedara sucia a primera hora de la
mañana, lo cual despertó quejas de los gerentes, que
ahora pensaban que los empleados estaban holgando. ¿El
resultado? Por un lado, se puso en peligro el puesto de trabajo de
algunos empleados, y por otro, el administrador no entendía por
qué su nuevo sistema no funcionaba mejor. ¿Su
solución? "¡Estos empleados no sirven para nada! Hay que
despedirlos a todos y poner a otros más eficientes, que se
quejen menos". En realidad, el incompetente es él, pero la
frustración recae directamente sobre los empleados, que no
tienen la culpa de la torpeza del nuevo administrador. Y eso que no hemos
mencionado los efectos colaterales en sus hogares, en los que, debido a
la frustración, comienzan a suscitarse riñas y fricciones
que antes no había.
Si en algo podría
decirse que es eficiente este administrador es en generar
frustración mediante la reducción del índice de
eficiencia de los empleados por la aplicación de normas
caprichosas que no tomaron en consideración la seguridad
industrial, la experiencia ni el bienestar del trabajador. Lo
más probable es que los empleados que no soporten la
presión terminen despedidos, (aunque tal vez hasta ese tiempo
hayan sido los más eficientes de la compañía), y
que aquel administrador incompetente siga pasando desapercibido a la
gerencia, que, confiando en sus referencias, le permite seguir
ostentando un título que no merece.
Por eso, una clave para
contrarrestar la frustración, es esforzarte por entender a los
demás y aprender a automotivarte y a motivar a otros de igual
manera, identificando cuál es el incentivo apropiado,
manteniéndolo enfocado como estímulo constante.
La clave no está en pretender cambiar al mundo, sino en mirar
hacia dentro de uno mismo y aprender a sobrellevar las diferentes
situaciones que surgen. Aquí te ayudamos en ese sentido.
¿Qué combustible comes?
¿Comer combustible? Es una
manera de ilustrarlo. Hace años, en Guayaquil, una avioneta
cayó a tierra poco después de despegar. Aunque el piloto
intentó un arriesgado aterrizaje de emergencia en el Estadio
Modelo, acabó estrellándose contra el cuartel de
policía. ¿Cuál fue la causa? Investigadores
informaron que la tripulación había solicitado
combustible JP-1, para motores de turbina, en vez de AV- Gas, octanaje
de 100-130, para avionetas. Lamentablemente hubo un muerto: el piloto.
¿Y qué tiene que ver esto con la motivación?
Bueno, tal como el motor de un
avión, la motivación es el motor de tus actos.
Prácticamente todo lo que haces o dejas de hacer tiene sus
raíces en una motivación. Por ejemplo, si quieres salir a
pasear, es porque dicho paseo encierra un incentivo para ti. Si te
empeñas en terminar un trabajo, es porque crees que
recibirás alguna clase de incentivo. ¡Toda persona busca
motivación en lo que dice o hace! Por supuesto, a veces
cometerás errores involuntarios, como si llenaras el tanque con
un combustible inapropiado, y te estrellarás contra la realidad,
detestando haberte equivocado. Entonces, tu único consuelo es
sacar una lección, para hacerlo mejor en el futuro.
Lo que quiero decir es que, si
quieres hacer algo, tienes que identificar la motivación o
incentivo que te mueve. Porque si los resultados te entristecen o
perjudican, querrás haberlo evitado. Para cosechar buenos
resultados, la motivación debe impulsarte en la
orientación correcta. Por ejemplo, cuando los delincuentes son
apresados, siempre se consuelan diciendo: "Todo estaba saliendo
perfecto". Pero ¿qué falló? ¡Su
motivación! Cultivaron la suposición equivocada de que
podían terminar felices y contentos a costa de la tristeza y el
sufrimiento de sus víctimas. Se engañaron a sí
mismos con un razonamiento falso. Sembraron tomates para cosechar
papas. ¡Eso jamás ha funcionado! Vivir
escondiéndose en una montaña escarpada, modificando sus
rostros mediante cirugías muy dolorosas, cambiando sus nombres,
cuidándose de que un día un traidor venda la
información acerca de su paradero. ¿Son esos verdaderos
incentivos? ¿A quién jamás le ha gustado vivir
escondido o perseguido permanentemente? El principio de jurisprudencia
respecto a la prescripción del delito se basa, precisamente, en
el hecho de que no es justo ni humano que alguien viva perseguido toda
su vida.
En pocas palabras, si no
quieres que tu avión se estrelle, tienes que ponerle el
combustible adecuado a la marca y modelo, según las
instrucciones del fabricante. O sea, si no quieres estrellar tu vida,
tienes que comer el alimento intelectual que te permita dirigir tus
esfuerzos hacia metas loables. Porque todo lo que ves, oyes y lees
afecta tu personalidad y desempeño.
Por eso, aunque este web site
de ninguna manera es, ni pretende ser, un consultorio profesional sobre
salud mental, contiene técnicas dinámicas para hablar en
público que pueden ayudarte a aprender a motivarte y motivar a
otros, especialmente si tu actividad implica tratar a mucha gente.
Porque lo que es útil en el arte de hablar, aplica a casi toda
actividad relacionada con la comunicación en general.
Cuando atravieses por una
etapa desalentadora, pregúntate: "¿Cuánto tiempo
pienso permanecer así? ¿Hasta cuándo me
daré el lujo de mantenerme en una postura pasiva, en el fondo,
esperando que otros me levanten el ánimo? ¿Es que la cosa
es tan irremediablemente penosa que realmente prefiero estar
así? ¿Hasta qué punto permito que mi bienestar
general dependa casi enteramente de otra(s) persona(s)? ¿Acaso
un invidente no podría ser locutor, ni un mudo escritor?
¿Y quién dice que un cojo no puede viajar, nadar o trepar
árboles y montañas?".
"Pero ¿de dónde sacar motivación y remontarme cuando estoy en el suelo... o mejor dicho, en el subsuelo?"
Bueno, solo una persona que ha estado
en el subsuelo puede darte buenas sugerencias para conseguir
motivación y salir adelante. Todos los consejos de Oratorianet
son de comprobada eficacia, porque dan resultados a quienes quieren
levantarse. No funcionan con los que prefieren seguir tumbados. Porque
lo que una persona desea fervientemente es lo que domina sus actos, ya
sea tumbarse o levantarse.
Cuando atravieses por una
etapa desalentadora, pregúntate: "¿Cuánto tiempo
pienso permanecer así? ¿Hasta cuándo me
daré el lujo de mantenerme en una postura pasiva, en el fondo,
esperando que otros me levanten el ánimo? ¿Es que la cosa
es tan irremediablemente penosa que realmente prefiero estar
así? ¿Hasta qué punto permito que mi bienestar
general dependa casi enteramente de otra(s) persona(s)? ¿Acaso
un invidente no podría ser locutor, ni un mudo escritor?
¿Y quién dice que un cojo no puede viajar, nadar o trepar
árboles y montañas?".
Por otro lado, no quiero
disuadirte de dar de tus bienes a lo pobres si sinceramente tu
conciencia te impulsa bondadosamente a ayudar al necesitado, pero ten
en cuenta lo siguiente. Cierta persona se ubicó
estratégicamente en la intersección de dos importantes
avenidas y se dedicó a pedir dinero a los conductores que se
detenían en el semáforo cuando cambiaba a rojo.
Noté que llegaba por las mañanas y seguía por las
cercanías hasta el anochecer. Su actividad era tan constante, y
su descanso, tan plácido, especialmente cuando se detenía
a fumar un cigarrillo, que me daba qué pensar. Caminaba con
dificultad, pero daba la impresión de estar alimentándose
bien.
Por eso, después de
varios meses, abrí una hoja de cálculo y escribí
un archivo con los datos para sacar una estadística somera. No
para hacer un estudio de marketing, sino para
ayudarme a reflexionar en las personas que piden dinero gratis. No como
un estímulo para cuando las papas quemaran, ni para
dejar de hacer obras de bien cuando me pareciera apropiado.
Lógicamente, se entiende que a veces algunos dan dinero por
temor a las
represalias, pero en todo caso, me sirvió para estar
más
consciente de lo que una hace cuando siente el impulso emocional de
regalar dinero a cualquiera que estira la mano. Porque algunos
realmente
están necesitados, pero en muchos casos, tal uno pudiera estar
haciendo más daño que bien
si el problema es que simplemente no quieren trabajar.
¿Y en los casos de
esclavitud? En esas circunstancias, a veces es muy difícil
convencer a las víctimas de que pueden superar su
situación, incluso cuando la esclavitud es solamente emocional.
Sus captores manipulan su mente de manera que estas llegan a creer que
nunca podrán librarse. Se vuelven absolutamente dependientes.
Pierden de vista el hecho de que no hay límite a lo que el
cerebro puede llegar a pensar y hacer. No se dan cuenta de que el ser
humano puede superar su mejor marca, su mejor esfuerzo, su peor
pesadilla o su más horrible situación. De hecho, se ha
dicho que nuestro cerebro es en sí mismo un milagro de
diseño y bioingeniería. No hay nada que pueda pensar que
no pueda lograr, sobre todo liberarse del prejuicio, de tradiciones
absurdas o de la esclavitud a normas que no tienen ningún
asidero confiable. Casi cualquier cerebro humano puede
ingeniárselas para triunfar sobre el desastre o la
opresión. ¡Porque está diseñado para
resolver problemas! Solo es cuestión de prestar mucha
atención.
No exagero. Desde muy joven
Demóstenes fue tartamudo y físicamente débil, pero
llegó a ser un gran orador y estadista. ¿Y no fue
totalmente sordo Ludwig van Beethoven cuando compuso sus mejores obras?
¿Sabías que en 1933, Franklin Delano Roosevelt
llegó a ser presidente de los Estados Unidos de America aunque
era paralítico? Y ¿qué decir de Helen Keller, que
llegó a graduarse en la universidad y fue conocida como fecunda
escritora, educadora y conferenciante, a pesar de que quedó
ciega, sorda y muda a los 19 meses de nacer? ¿Te imaginas su
mundo? No sabía leer ni escribir ni interpretar los
estímulos de los demás, porque no podía ver,
oír ni hablar. Helen no hubiera logrado nada en la vida sin el
apoyo mayéutico y paciente de su maestra, Anne Sullivan... que
como Helen, también era ciega y sorda.
Es cierto que a veces pasamos
por situaciones en la vida que parecen tragarse nuestra
motivación y nos dejan sin consuelo ni incentivo. Por ejemplo,
una dolorosa enfermedad incurable, un accidente grave, las
incomodidades que vienen con la edad avanzada, el fallecimiento de un
ser amado, un divorcio o separación, un fracaso
académico, profesional o empresarial, soportar un horrible apodo
o tener que escuchar la crítica punzante de parte de gente
despiadada, que se nos diga que fuimos decepcionantes por no ingresar a
la universidad, tolerar la compañía de cierta persona
cuya presencia nos irrita, no poder persuadir a alguien de evitar
cierto proceder, o no poder convencerlo de hacer algo que le
beneficiará personalmente, luchar si éxito contra cierta
injusticia, enfrentar las consecuencias de la traición de
alguien en quien confiábamos, dejar de percibr un dinero con el
que contábamos para cubrir nuestras necesidades básicas o
las de nuestra familia, y para colmo, recibir una enorme multa de la
oficina de impuestos. Y la lista continúa. Estas cosas les
suceden a mucha gente. Pero, ¿hay algo que pueda hacerse para
contrarrestar algunos efectos y reforzar la motivación? Mucho
influye el punto de vista, la actitud o el enfoque que se le dé.
Permíteme contarte un
caso que el Dr. Maxwell Maltz, el autor de "Principios de
Psicocibernética", publicó en uno de sus libros.
Contó que cierto biólogo observó detenidamente
cómo unas homigas transportaban toda clase de cosas hacia un
hormiguero cercano. De repente, una de ellas pareció confundirse
un poco cuando llegó a una grieta que le parecía
imposible de cruzar. La paja que llevaba a cuestas era muy grande y,
aparentemente, no supo qué hacer. Pero quedó
desconcertado cuando vio cómo la colocó a manera de
puente, cruzó por ella y siguió jalándola hasta el
hormiguero. ¡Usó la hoja misma como puente para lograr su
meta! ¡Transformó el problema en una solución!
Bueno, nosotros somos más que hormigas. Podemos transformar
muchas otras cosas.
Recuerdo una madre soltera que
había trabajado lealmente durante muchos años para una
empresa, y que, bordeando los 40 años de edad, con hijos en
plena adolescencia, una reducción de personal llevó
a su despido. En su desesperación emigró a otro
país, dejando a sus hijos a cargo de sus padres, y
trabajó como niñera. Se sentía humillada y
asustada por el futuro. De repente, una amiga que trabajaba limpiando
la casa de un caballero solvente le pidió que la reemplazara
porque tendría que atender otros asuntos, y ella aceptó.
El hombre quedó encantado con su personalidad, se
conmovió ante su historia y se enamoró de ella.
Después de un honorable cortejo, se casaron. Ahora ella se
había convertido en la esposa de un próspero hombre de
negocios. ¿Y sus hijos? Él le suplicó que mandara
llamarlos, para vivir todos juntos. Ella reflexionaba: "Y yo
creía que el que me despidieran había sido una desgracia.
¡Me hicieron el favor más hermoso de mi vida!".
No me malinterpretes. No estoy
estimulándote a emigrar ni a trabajar de niñera ni a
casarte ni algo parecido. El punto es: ¿Comprendes que la vida
nunca es exactamente como la quieres, y que muchas de las desgracias
que les ocurren a las personas resultan en todo lo contrario? Por
ejemplo, cierta mañana, una mujer estaba desesperada.
Había revuelto toda su casa buscando un billete que había
escondido algún tiempo atrás para emergencias. Ahora
tenía una verdadera emergencia, pero no recordaba dónde
lo había puesto. Por eso, hizo una oración y pidió
ayuda a Dios. Pero ni bien terminó, coincidentemente llamaron a
su puerta ciertas personas que querían hablarle de la Biblia.
Ella pensó: "¡Estos pesados!", porque siempre las
había mandado a volar de manera hostil. Pero recordando que
había pedido ayuda a Dios, por respeto, las escuchó.
Entonces, cuando quisieron leerle un pasaje, prefirieron que ella lo
leyera en su propio ejemplar, y le preguntaron: "¿Tiene usted
una Biblia?", a lo que ella respondió con fastidio: "Sí".
Ellas dijeron: "¿Podría traerla?", y ella
obedeció, porque se sintió comprometida. Le pidieron que
la abriera en cierto lugar, y cuando la abrió, gritó:
"¡¡Acá está!!". Allí había
puesto el billete. ¿Milagro? ¿Mera coincidencia? Lo
importante es que, en este caso, si no hubiera sido respetuosa y
humilde, simplemente hubiese seguido con su problema. De hecho, aquella
mañana las cosas no se presentaron como ella hubiera deseado, y
sin embargo, fue lo que precisamente llevó a la solución.
Cierto contador se aprovechaba
de sus clientes mintiendo y robando sistemáticamente. Cuando uno
de ellos se dio cuenta, lo conminó exigiéndole una
explicación además de la inmediata devolución de
su dinero. Pero la respuesta fue descaradamente simple: "No tengo el
dinero. Haga lo que quiera". El cliente, furioso, sabía que
enjuiciarlo sería un trámite engorroso, largo y
difícil de llevar a cabo, y que al final probablemente no
recibiría una compensación justa. De modo que
decidió cortar la relación y olvidar la deuda. Un
día, el contador salió al campo con su familia. Detuvo su
automóvil al lado del camino, pero como estaba acostumbrado a
violar la ley, bajó confiado por el lado equivocado y lo
destrozó un ómnibus que pasaba a toda velocidad.
Terminó el resto de sus días paralizado de pies a cabeza,
amargado de la vida. El seguro, los médicos, enfermeros,
asistentes, medicinas, hospitales, viajes y traslados de emergencia,
equipos de hospital, y ni qué decir de los gastos de
cremación, funeraria y del cementerio, todos le fueron quitando
como pirañas su dinero mal habido, y si algo quedó, sus
herederos lo despilfarraron.
No estoy diciéndote que
los que leen la Biblia no tienen problemas, ni que a los que se burlan
de los demás los atropella un ómnibus. Solo quiero
enfatizar que la vida nunca empieza, se desarrolla ni termina como uno
quiere. Tal vez algunos aspectos coincidan con lo que uno siempre
deseó, pero aún así, su vida, es decir, su entero
derrotero, nunca resulta exactamente como quiere. Porque hay muchas
variables envueltas.
Un antiguo proverbio dice que
el suceso imprevisto nos acaece a todos. Es decir, a veces nos va mal
porque edificamos mal, y otras, debido al suceso imprevisto. Pero si
cultivamos buenas motivaciones y nos esforzamos por vivir una buena
vida, procurando reflexionar antes de hablar, planificar antes de
edificar, sopesando las consecuencias antes de actuar, lo haremos
más fácil para todos y reduciremos las probabilidades de
lamentarnos por haber procedido de manera imprudente.
Si estás pasando por
algún sufrimiento muy difícil de superar, busca
profundamente en tu interior, relame tus heridas y tira para adelante.
¡¡Jamás temas empezar desde cero!! Verás que
los resultados son siempre mejores, porque habrás comenzado
sobre la base de una experiencia bien aprovechada, lo que significa que
no estarás comenzando realmente desde cero.
Por ejemplo, aunque un suceso
impevisto pudiera perjudicarte, ¿no incrementarías las
probabilidades de sufrir daño si caminaras temerariamente por
una calle que sabes que es peligrosa, pudiendo escoger otra ruta?
¡Por supuesto! No podrías echarle la culpa al suceso
imprevisto, porque no se trataría de algo imprevisto, sino de
una temeridad. Por supuesto, a uno pudiera parecerle imposible ganar la
batalla cuando las circunstancias parecen tomar el control. Por
ejemplo, tal vez le den la noticia de que un amigo o pariente muy amado
ha tenido un accidente grave, y tienda a negar la realidad por un
tiempo, o no esté emocionalmente preparado para enfrentar los
hechos, sobre todo si le confiesan que lamentablemente falleció.
No podría revertir la situación aunque tuviera todo el
dinero o toda la fe del mundo.
Lógicamente, si sientes
que la cosa se te escapa de las manos, en el sentido de no lograr el
control sobre tus emociones, tal vez ha llegado el tiempo de considerar
tus opciones de visitar a un consejero experimentado, o quizás a
un especialista en salud mental, dependiendo de la seriedad del asunto.
Hasta los más connotados ejecutivos buscan asesoramiento
especializado en diferentes campos del saber durante la
realización de sus proyectos. No pueden arriesgarse a
fracasar por no consultar.
De hecho, en la mayoría
de los casos, el éxito depende de haber buscado a tiempo a un
pariente cercano, a un amigo allegado o a un consejero experimentado.
Una persona que solicita consejo a un amigo maduro con experiencia en
la vida, amplía su perspectiva, lo cual le permite colocarse en
una mejor posición para tomar decisiones importantes, porque
descubre opciones y alternativas que tal vez nunca hubiera enfocado por
su cuenta. ¿No ayudó Ann Sullivan a Helen Keller?
¡Contra todos los pronósticos, ese fue un caso de un ciego
que guió a un ciego!
Por supuesto, siempre cabe la
probabilidad de que a pesar de una aparente buena intención, en
vez de darte un estímulo, alguien haga un comentario
desalentador y perjudical, que, en vez de levantarte, te aplaste hasta
el piso. ¿Qué hacer en tal caso? La ilustración de
las dos ranitas puede ayudarte a saber qué hacer:
Cuentan que unas ranitas
estaban saltando por un bosque hasta que de repente cayeron en un hoyo
muy profundo. Felizmente se atascaron en una gran raíz y no
cayeron hasta el fondo. Entonces, otras ranitas que pasaban por
ahí comenzaron a hacerles gestos y ademanes y a gritar:
"¡Traten de saltar hasta acá!". De modo que comenzaron a
tratar y tratar y tratar, procurando salir del hoyo. Pero fue en vano.
Por más que se esforzaron, no lograron salir.
Entonces, las que las
estimulaban a salir, perdieron las esperanzas y comenzaron a gritar:
"¡No tiene sentido que sigan esforzándose! ¡Se nota
que va a ser imposible que alcancen el borde! ¡Podrían
tropezar y caer hasta el fondo!". Dicho y hecho. Una de las ranitas, se
debilitó tanto que cayó hasta el fondo y murió.
Pero la otra seguía tratando y tratando y tratando, a pesar de
que las que estaban fuera gritaban: "¡Ya no luchas más!
¡No podrás salir!".
Sin embargo, la ranita
seguía insistiendo, y saltaba y saltaba hasta que, para asombro
de las otras ranas, logró alcanzar el borde y saltar fuera del
hoyo. Entonces le preguntaron: "¿Por qué seguiste
esforzándote si todas te gritábamos que ya no te
esforzaras más?". Y ella no respondía. Solo las miraba,
sonriendo y asintiendo con la cabeza. Para su sorpresa, ¡se
dieron cuenta de que era sorda! En todo momento ella solo había
visto los gestos y ademanes que le hacían desde arriba y que su
compañera se había esforzado al máximo por saltar
fuera, así que siguió esforzándose a pesar de que
le gritaban que desistiera. ¿Entendiste? Su éxito
radicó en que no oyó los comentarios negativos.
Lo mejor es mantener siempre
la actitud correcta. ¿Recueras la introducción de este
artículo? Si Walt Disney hubiera seguido el consejo de aquel
editor que le dijo: "Hijo, [...] Mejor dedícate a otra cosa", no
hubiese creado ni a Mickey Mouse ni al Pato Donald ni a todos sus otros
personajes, tampoco hubiera creado Disneylandia ni hubiese fundado los
estudios Walt Disney, precursor de un magnífico nuevo
género de películas. Por eso, si tu meta es loable,
persevera y no prestes atención a los comentarios negativos o
desalentadores que no tienen en mira tu bienestar futuro. Ese es un
requisito para salir adelante en todas las cosas: "A palabras
necias, oídos sordos"
Por eso, una cosa es mirar el
paisaje desde la pista de aterrizaje, y otra, mirarlo desde un
avión o desde un globo. Una cosa es mirar el bosque desde el
interior de una cabaña, y otra muy diferente, salir y mirarlo
desde el borde de un lago, o mejor, desde la cima de una
montaña. Nuestra perspectiva se estrecha o amplía
dependiendo de nuestra ubicación física. Muchos
excursionistas que se perdieron en medio de un bosque tal vez hubieran
salido más rápido si hubiesen trepado a la copa de un
árbol grande para divisar alguna depresión en el terreno
y trazar alguna ruta hacia un río.
Algo similar sucede con
nuestras emociones y pensamientos. ¡Sí! Con nuestra
actitud mental. A pesar de que a veces las circunstancias nos afecten
negativamente, hasta el punto de que no podamos hacer nada por
remediarlas, sí podemos decidir, desde una perspectiva
diferente, qué podríamos hacer con nuestros propios
sentimientos. Mejorando la perspectiva, seguramente se nos
ocurrirá un buen plan. Tal vez notemos que nuestra
depresión en realidad está indicando, por decirlo
así, la presencia de un río cercano. ¡Quizás
este mismo artículo podría estar encendiéndote la
chispa ahora mismo, avivando la mecha en tu corazón que estaba a
punto de apagarse!
¡Vamos! No se trata de
"quien tuvo la culpa", sino de "qué puedo hacer para mejorar la
situación, atenuar el impacto, modificar el efecto, aliviar el
problema, reducir el estrés y/o hallar un camino". "Aprueba de
todo" es un programa de Discovery Channel en el que el protagonista
enseña al espectador todos lo recursos que hay disponibles para
hallar un camino y salir adelante a pesar del peligro y la adversidad.
Es cuestión de aplicar la misma mentalidad en sentido emocional.
Vivimos en tiempos cada vez
más peligrosos. No es tiempo de correrle a las buenas noticias
ni al estímulo positivo, ni a las buenas personas que te buscan
para hablar contigo; ni a la esperanza, ni a las alternativas, ni a las
advertencias, ni al consejo bien fundado. Piensa: Si treparas al
árbol de tu vida para tener una visión más
panorámica, por decirlo así, ¿qué
verías? Estoy seguro de que hallarías algunas respuestas
interesantes.
Cuentan que cierto pueblo
comenzó a inundarse, y un hombre se encomendó a Dios,
pidiendo: "¡Ayúdame, te suplico!". Pero al ver que sus
vecinos también estaban inundados, rogó:
"¡Ayúdalos a ellos también!". De repente
llegó un camión y lo conminaron a subir porque el nivel
del agua seguía subiendo. Pero él respondió: "No,
vayan más bien y ayuden a mis vecinos. Yo tengo fe en que Dios
no me desamparará". Y el camión recogió a sus
vecinos, y el agua siguió subiendo.
El hombre ahora se
refugió en el segundo piso y, vio por la ventana que otros
vecinos necesitaban ayuda. Por eso, cuando llegó un bote y lo
conminaron a subir, porque el nivel del agua seguía subiendo,
él respondió: "No, vayan más bien y ayuden a mis
vecinos. Yo tengo fe en que Dios no me desemparará". Y el bote
recogió a aquellos vecinos, y el agua siguió subiendo.
Ahora corrió a
refugiarse en la azotea, y vio a lo lejos a otros vecinos que
también habían subido a sus azoteas. Entonces
llegó un helicóptero y lo conminaron a subir porque el
nivel del agua seguía subiendo. Pero él respondió:
"No, vayan más bien y ayuden a aquellos vecinos. Yo tengo fe en
que Dios no me desamparará". Y el helicóptero
recogió a aquellos vecinos. Pero como el agua siguió
subiendo, el hombre ya no tuvo dónde refugiarse y se
ahogó.
¿Dirías que no
recibió la ayuda a tiempo? ¡De ninguna manera! Usó
su libre albedrío para rechazar enfáticamente la ayuda
que llamaba a su puerta cuando los rescatistas lo conminaron en varias
ocasiones para ponerlo a buen recaudo, primero en un camión,
luego en un bote y finalmente en un helicóptero. Fue
personalmente responsable de rechazar todas sus oportunidades de no
ahogarse.
Otra persona me contó una vez
acerca de cierto hombre que se alejó de un campamento mientras
paseaba por un bosque, y se perdió. Comenzó a andar en
círculos sin hallar el camino de regreso. La noche caía,
y decidió apresurarse. Pero al correr alocadamente, de repente
resbaló por una pendiente muy empinada y rodó y
rodó y rodó a toda velocidad sin nada que lo detuviera.
Felizmente, sus manos lograron asirse de un tronco que detuvo su
caída. La noche era tan fría y oscura que comenzó
a gritar: "¡Auxilioooo! ¡Ayudaaaa!". Y un poblador que
pasaba por ahí le dijo en son de burla: "¡Oiga!
¡Cómo se le ocurre bajar por ahí, jajaja!". A lo
que el sufrido excursionista respondió: "¡Ayúdeme,
por favor!". Y el desconocido contestó: "¿Por qué
mejor no acaba con todos sus problemas y se suelta, jajaja?", y se fue,
perdiéndose en la oscuridad. "¡Oiga, regrese!",
gritó angustiado. Pero la voz solo resonó una vez
más desde el fondo del bosque: "¡Deje de gritar y
suéltese, jajaja!". Como el pobre no podía ver nada, ya
que la noche era profunda y oscura, se aferró al tronco con
todas sus fuerzas y esperó el amanecer. Cuando despuntó
el alba y pudo ver, se dio cuenta de que toda la noche había
estado colgando a medio metro del suelo. Entonces entendió por
qué aquel poblador se había reído tanto. Se
soltó, caminó una corta distancia y divisó el
pueblo.
En Japón, el Koi es un
pez de colección favorito de los aficionados. Una de sus
características es que crece y se desarrolla de acuerdo con el
tamaño del estanque donde se lo críe. Si se lo mantiene
en una pecera pequeña, sólo crece unos 5 cms. Si se lo
cría en un estanque, crece hasta 25 cms. Si se lo coloca en un
estanque muy grande, puede crecer hasta 45 cms. Pero si se lo
cría en un lago, puede alcanzar los 90 cms. Esto nos puede
resultar muy instructivo, porque desarrollamos nuestra personalidad de
acuerdo con el ambiente donde cultivamos nuestras cualidades personales.
Sin embargo, aunque sea cierto
que puedes colocar la valla a la altura que desees, debes tener cuidado
de no fijar tu propia evaluación como el único critero
para tus progresos, porque podrías considerar como suficiente un
esfuerzo que en realidad no es significativo para ti. A veces viene
bien conversar con un amigo maduro, de confianza, que te ofrezca una
segunda opinión, o mejor con diferentes personas, para formar un
criterio más amplio. Algunos han abierto los ojos a muchos de
sus defectos con solo preguntar a un amigo: "¿Qué piensas
de mí? ¿En qué crees que podría mejorar?
¿Cuáles crees que son mis puntos fuertes? ¿Y mis
puntos débiles?".
Por supuesto, se necesita un
estómago de hierro para soportar ciertas verdades que pudieran
incomodar a uno. Tal vez alguien te diga con franqueza que tienes mal
aliento, que tus pies huelen mal, que deberías usar un
desodorante más fuerte, o que siempre tiendes a ponerte a la
defensiva, o que no sabes perdonar, o que eres egoísta, o
egotista, o ególatra, o que tienes fama de ser cruel, o que
pareces una persona demasiado hermética, o que siempre te
resientes cuando no te dan la razón, o que te gusta manipular a
los demás para que hagan lo que quieres, o cosas aún
más fuertes. Y solo te quedan dos caminos: Mejorar o seguir
empeorando. La decisión es tuya.
Todos tienen un incentivo o un motivo muy personal
Todos tenemos motivos más
profundos y significativos que los que notan los demás. No
podemos saberlo todo exactamente; no podemos interpretarlo todo
correctamente. Por la misma razón, no podemos pretender conocer
tan bien a otras personas que conozcamos cuáles son sus motivos
más profundos. A veces son cosas que solo conocen ellas mismas.
Tú también
tienes tus propios motivos e incentivos para hacer todo lo que haces,
ya se trate del deseo de tener amigos, qué estudiar, casarte,
conseguir un trabajo, tener hijos y criarlos, divertirte u otra cosa. A
veces permites que otros te conozcan tan bien que se enteran de muchos
de tus motivos, pero otra veces prefieres mantenerlos solo para ti.
Por ejemplo, recuerdo cuando
era niño una época en que mi padre no pudo proveer todo
lo necesario para nuestra familia. Una razón era que
debía mantener a dos familias. Y recuerdo que siempre me
habían advertido que, antes de cruzar una calle, debía
mirar a la derecha y a la izquierda, por si venía un
vehículo. Hasta hoy lo tengo en mente. Siempre me cuidé
de mirar a ambos lados antes de cruzar las calles, incluso en
vías de un solo sentido.
Aquel consejo fue sabio. Mis
padres querían evitarme problemas, es decir, no querían
que me accidentara. Pero ¿cuál era mi verdadera
motivación para mirar a ambos lados antes de cruzar?
¿Evitar un accidente? Aparentemente, pero nunca fue mi verdadero
propio incentivo. ¿Quieres que te diga un secreto?
¿Quieres saber por qué siempre me cuidé de mirar a
ambos lados?
Bueno, tiene que ver con
aquella etapa difícil que atravesó mi padre. Mi madre ya
no podía comprarme calzoncillos nuevos, de modo que, poco a
poco, mis calzoncillos se gastaron y les salieron huecos. Y aunque yo
era solo un niño, razonaba de esta manera: "Si no miro bien a
ambos lados antes de cruzar las calles, podría golpearme un
automóvil, como dicen mis padres; y si me golpeara un
automóvil, de seguro me llevarían al hospital; y si me
llevaran al hospital, me examinarían; y si me examinaran,
seguramente me quitarían los pantalones; y si me quitaran los
pantalones, todos verían mis calzoncillos.
¡¡Qué vergüenza!! Mmmm, mejor miro bien a ambos
lados antes de cruzar las calles!". Mi incentivo no era evitar un
accidente, sino evitar que vieran mis calzoncillos gastados, jajajaj
(me hubiera reído antes).
La motivación de mis
padres era evitarme un accidente, pero mi propia motivación fue
más allá. Ellos me proveyeron un motivo básico, es
verdad (evitar un accidente), pero dicho motivo me dio qué
pensar y reflexioné con discernimiento y perspicacia en las
consecuencias ulteriores de la consecuencia básica en la que
ellos pensaron. Por otro lado, aunque aparentemente su
motivación fue evitarme un accidente, probablemente
también tenían una motivación más personal,
más profunda, como "no tenemos dinero para el hospital", o "no
tenemos tiempo para distraernos del trabajo", o "a nosostros nos
ocurrió de niños", "mi tío murió por no
mirar a ambos lados" u otra. No sé.
En una fiesta, la dueña
de casa ofreció a un niño de 5 años de edad una
fuente con ricos tentempiés que contenían un ingrediente
grasiento, a lo que el niño respondió: "No me gustan esos
porque tienen muchas grasa". Pero ¿en realidad no le gustaban?
¿O solo estaba siguiendo una instrucción de su padre,
físico culturista? ¿Realmente entiende un niño de
5 años el efecto que la grasa y las calorías tienen en su
organismo, eso del colesterol malo y bueno, los triglicéridos,
las grasas saturadas y polinsaturadas? Por otro lado, ¿es cierto
que nuestro organismo no necesite grasa? Es muy probable que aquel
niño solo estaba dando una respuesta programada por el padre, o
quizás diciendo lo que siempre oía decir a su padre y no
porque entendiera el efecto de la grasa en su organismo. En tal caso,
su motivación no era principalmente "gozar de buena salud", un
concepto todavía muy abstracto para su corta edad, sino
probablemente algo más concreto, como "agradar a mi papá".
Sí, hasta los
niños pequeños suelen tener motivaciones propias, a veces
tan extrañas que hasta un experto psicólogo
tendría dificultad para desentrañarlas. Todos tenemos
motivaciones y perseguimos incentivos en casi todas las cosas que
hacemos; y tal vez los demás puedan ver algunas, o averiguarlas
conversando con nosotros. Pero siempre habrá otras que se
mantendrán en un nivel tan personal como si se tratara de
calcetines gastados.
Por supuesto, no estoy
sugiriéndote que ahora vayas y le grites a tu hijo:
"¡¡Tienes que mirar bien a ambos lados, porque si te golpea
un automóvil, te llevarán al hospital, y si te llevan al
hospital, los doctores te va a examinar, y si te examinan, te van a
bajar los pantalones, y si te bajan los pantalones, van a ver tus
calzoncillos. ¿Quieres eso!!". No tienes que hablarle tan
duramente.
Una vez, cierto hombre me
contó que nunca había comido sushi, porque nunca
había entrado a un restaurante de sushi. Y ¿por
qué no había entrado? Me confesó que
suponía que lo obligarían a quitarse los zapatos. Cuando
sus amigos lo invitaban a un restaurante de sushi, siempre declinaba
cortésmente; pero en realidad, en su mente la verdadera
respuesta era: "No quiero que vean mis calcetines gastados". Solo
cuando se enteró de que nadie debía quitarse los zapatos,
rompió sus esquemas y probó el sushi. Anecdótico,
pero real (si los restaurantes de sushi pensaran en eso, tal vez en su
publicidad dirían: "Y no se preocupe, no tendrá que
quitarse los zapatos"). En fin...
Oratorianet.com no solo te
ayuda a mejorar tu oratoria, sino que contiene muchos artículos
que te levantarán el ánimo y te servirán de
maneras prácticas para desempeñarte mejor en la vida.
¡No te dejes vencer por el desánimo! Si algo te derriba,
no importa de qué se trate, tómate todo el tiempo del
mundo, descansa un poco más, reordena tus ideas, mejora tu
perspectiva, toma una firme decisión y remóntate como un
águila. Si creciste como si fuera en una pecera muy
pequeña, como el koi, tal vez sea tiempo de pasarte a un
estanque, o mejor, a un lago, y seguir creciendo... No hablo de
negocios, sino de tu carácter y personalidad. Recuerda que tu
perspectiva de los asuntos puede reducir o ampliar tus
opciones. Mucho depende del punto de vista que cultives.
Si no te motivas mejor de lo
que lo haces actualmente, bien pudiera ser por falta del incentivo
adecuado o por indecisión, más que porque no puedas
automotivarte, o porque no tengas a mano las herramientas o el consejo
necesario. O tal vez, como en el caso de aquellas dos ranitas, alguien
te ha dado, como si fuera, un puñetazo en tu amor propio
diciéndote cosas feas. Lo importante es ¿qué
piensas hacer? ¿Ponerte a pelear por tus derechos?
¡Suéltate de la rama! Vengarte solo te hará
perder tiempo enfocando la atención en la noche y la penumbra.
Bueno, el punto es que ya
descubriste Oratorianet.com y sabes que estamos a un clic de distancia,
el resto dependerá de un pequeñísimo esfuerzo de
tu parte para averiguar y ahondar en nuestras técnicas de
oratoria. Y aunque no tomes un curso de oratoria en tu ciudad, estos
conocimientos te abrirán las puertas a una nueva manera de ver
tus oportunidades. No es la panacea universal, pero te ayudará a
mantener el rumbo.
¿Sientes que la vida
pasa sobre tu cabeza y no estás en nada? ¿Te habrá
mordido la depresión mucho más fuertemente de lo que
crees que podrías soportar? Ten en cuenta que actualmente hay
más gente que nunca, y sin embargo muchos se sienten solos,
tanto que a veces no miden las consecuencias y caen presa fácil
de depredadores cibernéticos que andan en busca de esa clase de
gente. La soledad en sí misma no es mala cuando pasamos por
períodos razonables de meditación. Hay que aprender a
convivir con ella de manera constructiva, de lo contrario puede
convertirse en una tortura. Y en cuanto a la depresión, todos
hemos pasado por tiempos o días difíciles. De todas
partes llegan informes de que el mundo está extremadamente
convulsionado. Todo el sistema de vida como lo conocemos está
siendo sometido a una enorme presión y nosotros estamos en
medio. Más bien habría que preguntarse quién no ha
sufrido depresión alguna vez.
De hecho, todos los
días vemos entrevistas a gobernantes, militares, comerciantes,
empresarios y gente común en la televisión, pero no muy a
menudo a psicólogos, sociólogos ni filósofos. Y
cuando los entrevistan, no todos ofrecen explicaciones convincentes o
que justifiquen algunas de las teorías que otros formularon
bienintencionadamente hace 20 ó 30 años atrás, las
cuales se supone debían haber contribuido a mejorar al mundo
actual. Por ejemplo, cierto reputado experto en salud mental
pidió disculpas públicas y se retractó por ciertas
hipótesis que dio a conocer respecto a ciertos métodos de
crianza que resultaron en algunos aspectos perjudiciales no solo para
las familias de los que le hicieron caso, sino para toda una
generación de jóvenes a quienes posteriormente fue muy
difícil, o tal vez imposible, enderezar.
¿Y qué hay de
los religiosos? Ministros protagónicos de casi todas las
confesiones, desde las más liberales hasta las más
estrictas, ya ni saben qué proponer ante la apabullante
presión que soporta la humanidad. Muchas personas en todas
partes, deprimidas, pobres y enfermas, ahora expresan incredulidad y
apatía respecto a algunas doctrinas que antes les resultaban
consoladoras. De hecho, algunos hasta han aprovechado la
situación para fomentar movimientos radicales, rebeldes o
violentos.
¿Y los
filósofos? ¿Podrías mencionar a uno que conozcas
bien y que te haya dado explicaciones que te dieran esperanzas y te
levantaran el ánimo para enfrentar el día a día? A
mí me ha ocurrido que al entrevistar a pensadores de muchas
clases, entre ellos algunos filósofos, les he preguntado
cómo interpretarían lo que está ocurriendo en el
mundo, y créeme que algunas de sus respuestas no me calaron muy
hondo. Otros hasta me dieron la impresión de estar tan
confundidos como los demás, y que ni siquiera se
convencían a sí mismos con sus propias premisas.
No es prudente que cualquier
persona etiquete de enferma a otra que pasa por períodos de
depresión, o que se la catalogue como alguien que no sabe
enfrentar la vida o, peor, que ni siquiera tendría potencial
para alcanzar algún éxito. Porque aunque así
fuese, calificarla de una manera que ella consideraría
desalentadora no le levantaría el alma, sino la
aplastaría. Sobre todo cuando ni siquiera las personas
supuestamente autorizadas para dar explicaciones satisfactorias
respecto a lo que está pasando en el mundo no son capaces de
hacerlo. Por ejemplo, muchos nos hemos enterado de destapes
espeluznantes acerca de actos viles cometidos hace 30 ó 40
años contra niños, nada menos que por quienes se
suponía debieron guiarlos en sentido moral. Esos niños,
que ahora son adultos, no necesitan que les digamos que están
enfermos (de depresión), sino todo lo contrario, que fueron
víctimas de quienes realmente estaban enfermas de males mayores.
Por eso, no te asustes si caes
en una meseta depresiva de vez en cuando. A muchos les pasa. Tu
cerebro, mente, corazón, cuerpo y energías están
reaccionando ante la presión del sistema. Es como si tu mente
necesitara entrar en un coma superficial por un ratito, hasta recuperar
el tono y poder continuar bregando. No te asustes. Toma las medidas que
juzgues pertinentes y recuerda que, sin importar cuánto dure, la
depresión es pasajera. Y si persiste, puedes buscar ayuda o
hablar con alguien de tu confianza sobre lo que te preocupa. ¡No
rompas la comunicación!
Ingrid Betancourt fue secuestrada y llevada a las montañas de Colombia durante mucho tiempo, muy apartada de la civilización.
Y pasó un mes, varios meses, muchos meses, y luego un
año, después otro y otro y otro y otro, y transcurrieron
casi siete años hasta que un día la subieron a un
helicóptero para reubicarla en otro lugar de la selva. Grande
fue su sorpresa cuando se enteró de que se trataba de una
operación de rescate. Cuando la entrevistaron en libertad,
aunque las preguntas que le hicieron eran diferentes, en esencia reflejaban curiosidad
por lo que la motivó, es decir, por su fortaleza y su integridad. Todos
querían saber qué la mantuvo en pie. Porque es algo por
lo que todos sentimos curiosidad; queremos saber qué motiva a
las personas cuando atraviesan por tiempos de adversidad. Y no fue solo
ella. Con ella fueron rescatados otras personas. Ingrid solo
representaba a un sector que fue golpeado por el dolor de ser
arrancados de su vida, y salió adelante.
Por eso, no te digo que no busques
consejo, pero si consideras que la depresión es una enfermedad,
entonces podrías compararla en extensión a la gripe, en
el sentido de que casi todos la sufren de vez en cuando
(lógicamente, una depresión grave tal vez requiera
tratamiento especializado). En todo caso, de seguro encontrarás
un brazo amigo, un hombro sobre el cual apoyarte. Por otro lado, a
veces ayudar a otros sin pedir nada a cambio es la única terapia
que realmente funciona para algunos que llegaron al fondo y nada
parecía poder ayudarlos. Se llama altruismo, una cualidad que,
combinada con la bondad amorosa, logra resultados fantásticos.
La bondad amorosa es una faceta del amor por la cual nos proponemos
indagar o buscar a quién ayudar, y el altruismo significa hacerlo sin pedir ni esperar nada a cambio.
Ben Underwood perdió sus ojos cuando un cáncer en la retina hizo necesario que se los extirparan cuando solo tenía 3 años de edad. Sin embargo, su madre inculcó en él la idea de que podría seguir viendo
con los otros sentidos (equilibrio, oído, tacto, gusto, olfato,
etc.) y poco a poco Ben desarrolló un sistema de
ecolocación semejante al de los delfines dando chasquidos
con su lengua para analizar el eco de los objetos a su alrededor. A los
14 años, al tiempo de escribir este párrafo, iba
solo a la escuela, patinaba, jugaba basketball y practicaba
karate. ¡Y como si fuera poco, cruzaba grandes avenidas y
participaba en videojuegos! Todo sin la ayuda de un bastón ni de nadie.
Si algún día
sientes que tu dolor sobrepasa todos los límites y ya no
aguantas más, acuérdate de Ben Underwood y de Helen Keller y continúa
derrotando a la adversidad por medio de ayudar y motivar a otras
personas. ¡Puedes hacerlo!
"Siempre que alivies el dolor de otro ser humano, tu vida no habrá sido en vano".
Helen Keller
Oratorianet.com es un portal
de autoayuda en oratoria, pero ten en cuenta que la oratoria es en
sí misma una expresión de motivación, relaciones
humanas y ventas. Y no te preocupes de que toda esta comunicación
sea por escrito. Dale Carnegie revolucionó el mundo con sus
enseñanzas sobre oratoria, y la mayoría de sus lectores
jamás oyó su voz. El poder de la escritura trasciende la
oratoria hablada porque permanece en el tiempo. Por eso, en
Oratorianet.com hallarás una vasta cantidad de artículos,
argumentos e ideas que no encontrarás en ninguna otra parte. No
solo te ayudarán con tus discursos, sino con la manera como
enfocas tu lado emocional.
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