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¡Motívate!
©Miguel Angel
Ruiz Orbegoso
Me
hace gracia cuando algunos hablan con desprecio de aquellos a quienes
consideran mediocres.
Cuando en sus inicios Walt Disney visitaba los periódicos y
revistas con sus dibujitos, nadie le hacía caso porque lo
consideraban un dibujante mediocre. Un importante editor hasta le dijo:
"Hijo, acepta un consejo: Mejor dedícate a otra cosa".
Felizmente, no le hizo caso. Poco después Walt
creó a Mickey
Mouse, al Pato Donald y a todos aquellos grandes personajes
del entretenimiento que surgieron de sus manos. Y
ni qué decir de Bill Gates. Cuentan que de muy joven se
hacía el payaso en clase para disimular sus desventajas. De
hecho, "creíamos que era estúpido",
decían algunos compañeros de clase. Pero
a los 13 años, sin ayuda de nadie, aprendió a
programar
computadoras, y ya un poco mayor, cuando ofreció sus
servicios a
una conocida compañía de computadoras, lo
menospreciaron
y no le dieron ni una oportunidad. Hasta ahora algunos creen que es
autista.
Otro caso interesantes
fue el de Garret
A. Morgan, que fue despreciado
por sus coterráneos por ser de un color diferente. En su
época, los muchachos
de su color solo podían conseguir empleo como barrenderos o
algo
parecido. Pero poco a poco Garret desarrolló la habilidad de
captar
detalles que a otros se les escapaban, y eso le sirvió para
diseñar e inventar cosas que le facilitó la vida
a mucha
gente. Un día, ciertos obreros quedaron atrapados en un
túnel muy profundo que se había
llenado de gases
tóxicos.
Varios rescatistas fallecieron en el intento de salvarlos. Entonces
alguien recordó que Garret había inventado una
máscara especial contra el humo y corrieron a buscarlo.
Garret
llevó consigo todas las máscaras que
tenía, 25
máscaras, pero ahora ninguno quiso bajar
al túnel. Dudaban de que algo fabricado por un negro
funcionara de verdad. Garret les habló con un entusiasmo
desbordante y los motivó a atreverse y
bajar con él y con su propio hermano, y gracias a la
Máscara
de Garret, salvaron a muchos.
Lamentablemente, al
día siguiente, cuando los diarios publicaron la noticia,
ninguno absolutamente se dignó a entrevistarlo,
¡nadie mencionó
siquiera
su nombre! Nadie le
atribuyó la
salvación de aquellos hombres. Para ellos, él
contianuaba
siendo nada más que un
mediocre. De hecho, como si fuera, la historia lo había
sepultado en vida. Pero no por
mucho tiempo, porque la Máscara
de
Garret llegó a ser
famosa
y sacó a flote a su creador, para su
vindicación. Hoy se lo considera un héroe.
Joao Gilberto nunca tomó cursos de canto ni jamás
tomó una sola clase de guitarra, porque aprendió
solo.
Sin embargo, revolucionó
la música
inventando el bossa nova, un ritmo novedoso que, junto con
Antonio
Carlos Jobim y Vinicius De Moraes dieron un vuelco a la
manera
de cantar. Su voz, su ritmo y sus composiciones eran
tan simples que nadie podía creer que triunfara.
Sin
embargo, después,
a sus auditorios no les quedaron manos para aplaudirlo en cada una de
sus presentaciones mientras daba la vuelta al mundo dando a conocer su
obra. ¡Y cantó hasta una edad bastante avanzada!
Astrud Gilberto, que por un tiempo fue su esposa, igualmente,
tenía un voz tan simple que nadie le daba el
crédito que
merecía. Pero
cuando interpretó "La Chica De
Ipanema" le salió tan bonito que el
músico y
productor Stan Getz la incluyó en un disco que
realizó
con Joao Gilberto y Antonio Carlos Jobim. ¿El resultado
según algunas fuentes? Llegó a ser el disco
más
vendido de la historia.
Por eso, opino que quienes califican despectivamente de mediocres a
otros, es porque abrigan un prejuicio y nada más.
Quizás se
consideran superiores o inferiores a los demás y por tanto
necesitan ensalzarse o aplastarlos,
lo cual probablemente nubla su visión para percibir
los detalles
más importantes. Al pasar por alto el verdadero
potencial de las personas tampoco resultan
proactivos. Indirectamente, generan más problemas
que soluciones.
La historia está tachonada de casos de hombres y mujeres
que fueron considerados mediocres y no obstante destacaron
entre
el resto precisamente porque siempre fueron sobresalientes
pero
nadie lo había notado. Cuando Barak Obama se
inscribió para seguir estudios
superiores fue considerado nada menos que como un estudiante mediocre, pero todos se llevaron la mano a la boca cuando ganó las elecciones para presidente de la nación más poderosa del mundo. Y la lista no terminaría nunca.
Irónicamente, es digno de nota que muchos que
gozaron de
una educación académica envidiable y
cosecharon
suculentos premios en la vida terminaron arrinconados por
ahí. ¿Y por qué no se
levantaron después? No sería raro que su propia
filosofía de
la vida siguiera nublándoles la visión y no
lograran
ver su
propio
potencial luego de desplomarse. Su propio modo de
pensar los
sepultó cumpliéndose en ellos el dicho:
'Con la
vara
que mides se te medirá?'. Por eso, no está bien
andar por
ahí diciendo que Fulando es un mediocre. Probablemente es
mucho
más capaz que uno... o tal vez un genio en potencia.
Aprende
a manejar eficazmente la frustración
No
es raro que alguien presente su
currículum a una empresa y le respondan: "Hemos analizado su
currículum detenidamente y le agradecemos mucho el
habérnoslo remitido. Sin embargo, actualmente no tenemos un
puesto que corresponda con las características que usted
indica.
Pruebe en otra ocasión". El resultado no es otra cosa que
frustración, sobre todo si es la milésima vez que
le dicen algo parecido. Tal vez se pregunte de qué manera
encaja en el mundo o para qué
nació.
Cada vez le quedan menos ganas de enviar su currículum,
hasta
que cierto
día se le agote su suministro de entusiasmo y se
deje
llevar por la corriente con el correspondiente sinsabor en los labios. Lo malo es que
tal vez piense: "En la desesperación se acepta todo", y no
solo
deje de
esforzarse, sino que se deje caer en la desdicha.
Todos tenemos un motivo para hacer
las cosas que hacemos, todos perseguimos un incentivo. Lamentablemente,
muchos nos desalentamos a veces por falta de apoyo o por el exceso de
crítica. Y tus parientes, alumnos, amigos, pacientes,
clientes,
compañeros de trabajo, jefes, como prefiaras
llamarlos,
también actúan motivados por algo, e igualmente
sienten
frustraciones que a veces echan por tierra sus sueños e
ilusiones. Unos aprenden a manejarlas, otros no. Estos pudieran
ahogarse en tristeza y depresión.
Por ejemplo, supongamos
que un cambio en el
equipo administrativo de la compañía resulta en
la
modificación del sistema de limpieza. El nuevo
administrador, para complacer a la
gerencia de compras,
decide que se está gastando mucho en pulidor, y adquiere
nuevas
herramientas para incrementar la eficiencia y reducir tanto el tiempo
de limpieza como el gasto.
Además, da instrucciones para que ya no se realice la
limpieza de abajo arriba, sino de arriba abajo. Pero está
tan
atrasado en técnicas de liderazgo que ni siquiera ha tomado
en
cuenta la opinión de los empleados de mantenimiento, los
cuales
han acumulado experiencia práctica limpiando el lugar.
Al usar menos pulidor,
ahora
los empleados están demorando mucho para terminar su
trabajo.
¿Qué ocurre? Están frotando el piso
con más
fuerza, lo cual no solo consume el doble de tiempo, sino impone una
mayor actividad muscular. Al usar la nueva herramienta, la cual pudiera
parecer útil para el servicio doméstico, los
empleados
han descubierto que no conviene para el trabajo pesado. Deben doblar la
espalda para ejercer mayor presión, y están
sufriendo de
dolores de espalda, lo cual no solo les está produciendo
dolorosas contracturas, sino que está retrasando el trabajo,
lo
que pudiera significar que se ausenten para ir al médico y
en que tarde o temprano
acaben en el hospital.
Como si fuera poco, uno
de los
empleados expresó con franqueza su parecer (una
opinión
basada en la experimencia, porque la anterior administración
lo
había inscrito en un curso de capacitación en
seguridad
industrial y labores de mantenimiento), y el administrador, en vez de
prestarle atención respetuosamente, lo
señaló amenazadoramente con el dedo
índice,
diciéndole con dureza: "No me discutas". Fin del
asunto. Por último, limpiar de arriba
abajo
resultó en que la zona del ingreso quedara sucia a primera
hora de la
mañana, lo cual despertó quejas de los
gerentes, que
ahora pensaban que los empleados estaban holgando. ¿El
resultado? Por un lado, se puso en peligro el puesto de trabajo de
algunos empleados, y por otro, el administrador no entendía
por
qué su nuevo sistema no funcionaba mejor. ¿Su
solución? "¡Estos empleados no sirven para nada!
Hay que
despedirlos a todos y poner a otros más eficientes, que se
quejen menos". En realidad, el incompetente es él, pero la
frustración recae directamente sobre los empleados, que no
tienen la culpa de la torpeza del nuevo administrador. Y eso que no
hemos
mencionado los efectos colaterales en sus hogares, en los que, debido a
la frustración, comienzan a suscitarse riñas y
fricciones
que antes no había.
Si en algo
podría
decirse que es eficiente este administrador es en generar
frustración mediante la reducción del
índice de
eficiencia de los empleados por la aplicación de normas
caprichosas que no tomaron en consideración la
seguridad
industrial, la experiencia ni el bienestar del trabajador. Lo
más probable es que los empleados que no soporten la
presión terminen despedidos, (aunque tal vez hasta ese
tiempo
hayan sido los más eficientes de la
compañía), y
que aquel administrador incompetente siga pasando desapercibido a la
gerencia, que, confiando en sus referencias, le permite seguir
ostentando un título que no merece.
Por eso, una clave para
contrarrestar la frustración, es esforzarte por entender a
los
demás y aprender a automotivarte y a motivar a otros de
igual
manera, identificando cuál es el incentivo apropiado,
manteniéndolo enfocado como estímulo constante.
La clave no está en pretender cambiar al mundo, sino en
mirar
hacia dentro de uno mismo y aprender a sobrellevar las diferentes
situaciones que surgen. Aquí te ayudamos en ese sentido.
¿Qué
combustible comes?
¿Comer
combustible? Es una
manera de ilustrarlo. Hace años, en Guayaquil, una avioneta
cayó a tierra poco después de despegar. Aunque el
piloto
intentó un arriesgado aterrizaje de emergencia en el Estadio
Modelo, acabó estrellándose contra el cuartel de
policía. ¿Cuál fue la causa?
Investigadores
informaron que la tripulación había solicitado
combustible JP-1, para motores de turbina, en vez de AV- Gas, octanaje
de 100-130, para avionetas. Lamentablemente hubo un muerto: el piloto.
¿Y qué tiene que ver esto con la
motivación?
Bueno, tal como el motor
de un
avión, la motivación es el motor de tus actos.
Prácticamente todo lo que haces o dejas de hacer tiene sus
raíces en una motivación. Por ejemplo, si quieres
salir a
pasear, es porque dicho paseo encierra un incentivo para ti. Si te
empeñas en terminar un trabajo, es porque crees que
recibirás alguna clase de incentivo. ¡Toda persona
busca
motivación en lo que dice o hace! Por supuesto, a veces
cometerás errores involuntarios, como si llenaras el tanque
con
un combustible inapropiado, y te estrellarás contra la
realidad,
detestando haberte equivocado. Entonces, tu único consuelo
es
sacar una lección, para hacerlo mejor en el futuro.
Lo que quiero decir es
que, si
quieres hacer algo, tienes que identificar la motivación o
incentivo que te mueve. Porque si los resultados te entristecen o
perjudican, querrás haberlo evitado. Para cosechar buenos
resultados, la motivación debe impulsarte en la
orientación correcta. Por ejemplo, cuando los delincuentes
son
apresados, siempre se consuelan diciendo: "Todo estaba saliendo
perfecto". Pero ¿qué falló?
¡Su
motivación! Cultivaron la suposición equivocada
de que
podían terminar felices y contentos a costa de la tristeza y
el
sufrimiento de sus víctimas. Se engañaron a
sí
mismos con un razonamiento falso. Sembraron tomates para cosechar
papas. ¡Eso jamás ha funcionado! Vivir
escondiéndose en una montaña escarpada,
modificando sus
rostros mediante cirugías muy dolorosas, cambiando sus
nombres,
cuidándose de que un día un traidor venda la
información acerca de su paradero. ¿Son esos
verdaderos
incentivos? ¿A quién jamás le ha
gustado vivir
escondido o perseguido permanentemente? El principio de jurisprudencia
respecto a la prescripción del delito se basa, precisamente,
en
el hecho de que no es justo ni humano que alguien viva perseguido toda
su vida.
En pocas palabras, si no
quieres que tu avión se estrelle, tienes que ponerle el
combustible adecuado a la marca y modelo, según las
instrucciones del fabricante. O sea, si no quieres estrellar tu vida,
tienes que comer el alimento intelectual que te permita dirigir tus
esfuerzos hacia metas loables. Porque todo lo que ves, oyes y lees
afecta tu personalidad y desempeño.
Por eso, aunque este web
site
de ninguna manera es, ni pretende ser, un consultorio profesional sobre
salud mental, contiene técnicas dinámicas para
hablar en
público que pueden ayudarte a aprender a motivarte y motivar
a
otros, especialmente si tu actividad implica tratar a mucha gente.
Porque lo que es útil en el arte de hablar, aplica a casi
toda
actividad relacionada con la comunicación en general.
Cuando atravieses por
una
etapa desalentadora, pregúntate:
"¿Cuánto tiempo
pienso permanecer así? ¿Hasta cuándo
me
daré el lujo de mantenerme en una postura pasiva, en el
fondo,
esperando que otros me levanten el ánimo? ¿Es que
la cosa
es tan irremediablemente penosa que realmente prefiero estar
así? ¿Hasta qué punto permito que mi
bienestar
general dependa casi enteramente de otra(s) persona(s)?
¿Acaso
un invidente no podría ser locutor, ni un mudo escritor?
¿Y quién dice que un cojo no puede viajar, nadar
o trepar
árboles y montañas?".
"Pero
¿de dónde sacar motivación y
remontarme cuando estoy en el suelo... o mejor dicho, en el subsuelo?"
Bueno,
solo una persona que ha estado
en el subsuelo puede darte buenas sugerencias para conseguir
motivación y salir adelante. Todos los consejos de
Oratorianet
son de comprobada eficacia, porque dan resultados a quienes quieren
levantarse. No funcionan con los que prefieren seguir tumbados. Porque
lo que una persona desea fervientemente es lo que domina sus actos, ya
sea tumbarse o levantarse.
Cuando atravieses por una
etapa desalentadora, pregúntate:
"¿Cuánto tiempo
pienso permanecer así? ¿Hasta cuándo
me
daré el lujo de mantenerme en una postura pasiva, en el
fondo,
esperando que otros me levanten el ánimo? ¿Es que
la cosa
es tan irremediablemente penosa que realmente prefiero estar
así? ¿Hasta qué punto permito que mi
bienestar
general dependa casi enteramente de otra(s) persona(s)?
¿Acaso
un invidente no podría ser locutor, ni un mudo escritor?
¿Y quién dice que un cojo no puede viajar, nadar
o trepar
árboles y montañas?".
Por otro lado, no quiero
disuadirte de dar de tus bienes a lo pobres si sinceramente tu
conciencia te impulsa bondadosamente a ayudar al necesitado, pero ten
en cuenta lo siguiente. Cierta persona se ubicó
estratégicamente en la intersección de dos
importantes
avenidas y se dedicó a pedir dinero a los conductores que se
detenían en el semáforo cuando cambiaba a rojo.
Noté que llegaba por las mañanas y
seguía por las
cercanías hasta el anochecer. Su actividad era tan
constante, y
su descanso, tan plácido, especialmente cuando se
detenía
a fumar un cigarrillo, que me daba qué pensar. Caminaba con
dificultad, pero daba la impresión de estar
alimentándose
bien.
Por eso,
después de
varios meses, abrí una hoja de cálculo y
escribí
un archivo con los datos para sacar una estadística somera.
No
para hacer un estudio de marketing, sino para
ayudarme a reflexionar en las personas que piden dinero gratis. No como
un estímulo para cuando las papas quemaran, ni para
dejar de hacer obras de bien cuando me pareciera apropiado.
Lógicamente, se entiende que a veces algunos dan dinero por
temor a las
represalias, pero en todo caso, me sirvió
para estar
más
consciente de lo que una hace cuando siente el impulso emocional de
regalar dinero a cualquiera que estira la mano. Porque algunos
realmente
están necesitados, pero en muchos casos, tal uno pudiera
estar
haciendo más daño que bien
si el problema es que simplemente no quieren trabajar.
¿Y en los casos de
esclavitud? En esas circunstancias, a veces es muy difícil
convencer a las víctimas de que pueden superar su
situación, incluso cuando la esclavitud es solamente
emocional.
Sus captores manipulan su mente de manera que estas llegan a creer que
nunca podrán librarse. Se vuelven absolutamente
dependientes.
Pierden de vista el hecho de que no hay límite a lo que el
cerebro puede llegar a pensar y hacer. No se dan cuenta de que el ser
humano puede superar su mejor marca, su mejor esfuerzo, su peor
pesadilla o su más horrible situación. De hecho,
se ha
dicho que nuestro cerebro es en sí mismo un milagro de
diseño y bioingeniería. No hay nada que pueda
pensar que
no pueda lograr, sobre todo liberarse del prejuicio, de tradiciones
absurdas o de la esclavitud a normas que no tienen ningún
asidero confiable. Casi cualquier cerebro humano puede
ingeniárselas para triunfar sobre el desastre o la
opresión. ¡Porque está
diseñado para
resolver problemas! Solo es cuestión de prestar mucha
atención.
No exagero. Desde muy
joven
Demóstenes fue tartamudo y físicamente
débil, pero
llegó a ser un gran orador y estadista. ¿Y no fue
totalmente sordo Ludwig van Beethoven cuando compuso sus mejores obras?
¿Sabías que en 1933, Franklin Delano Roosevelt
llegó a ser presidente de los Estados Unidos de America
aunque
era paralítico? Y ¿qué decir de Helen
Keller, que
llegó a graduarse en la universidad y fue conocida como
fecunda
escritora, educadora y conferenciante, a pesar de que quedó
ciega, sorda y muda a los 19 meses de nacer? ¿Te imaginas su
mundo? No sabía leer ni escribir ni interpretar los
estímulos de los demás, porque no
podía ver,
oír ni hablar. Helen no hubiera logrado nada en la vida sin
el
apoyo mayéutico y paciente de su maestra, Anne Sullivan...
que
como Helen, también era ciega y sorda.
Es cierto que a veces
pasamos
por situaciones en la vida que parecen tragarse nuestra
motivación y nos dejan sin consuelo ni incentivo. Por
ejemplo,
una dolorosa enfermedad incurable, un accidente grave, las
incomodidades que vienen con la edad avanzada, el fallecimiento de un
ser amado, un divorcio o separación, un fracaso
académico, profesional o empresarial, soportar un horrible
apodo
o tener que escuchar la crítica punzante de parte de gente
despiadada, que se nos diga que fuimos decepcionantes por no ingresar a
la universidad, tolerar la compañía de cierta
persona
cuya presencia nos irrita, no poder persuadir a alguien de evitar
cierto proceder, o no poder convencerlo de hacer algo que le
beneficiará personalmente, luchar si éxito contra
cierta
injusticia, enfrentar las consecuencias de la traición de
alguien en quien confiábamos, dejar de percibr un dinero con
el
que contábamos para cubrir nuestras necesidades
básicas o
las de nuestra familia, y para colmo, recibir una enorme multa de la
oficina de impuestos. Y la lista continúa. Estas cosas les
suceden a mucha gente. Pero, ¿hay algo que pueda hacerse
para
contrarrestar algunos efectos y reforzar la motivación?
Mucho
influye el punto de vista, la actitud o el enfoque que se le
dé.
Permíteme
contarte un
caso que el Dr. Maxwell Maltz, el autor de "Principios de
Psicocibernética", publicó en uno de sus libros.
Contó que cierto biólogo observó
detenidamente
cómo unas homigas transportaban toda clase de cosas hacia un
hormiguero cercano. De repente, una de ellas pareció
confundirse
un poco cuando llegó a una grieta que le parecía
imposible de cruzar. La paja que llevaba a cuestas era muy grande y,
aparentemente, no supo qué hacer. Pero quedó
desconcertado cuando vio cómo la colocó a manera
de
puente, cruzó por ella y siguió
jalándola hasta el
hormiguero. ¡Usó la hoja misma como puente para
lograr su
meta! ¡Transformó el problema en una
solución!
Bueno, nosotros somos más que hormigas. Podemos transformar
muchas otras cosas.
Recuerdo una madre
soltera que
había trabajado lealmente durante muchos años
para una
empresa, y que, bordeando los 40 años de edad, con hijos en
plena adolescencia, una reducción de personal
llevó
a su despido. En su desesperación emigró a otro
país, dejando a sus hijos a cargo de sus padres, y
trabajó como niñera. Se sentía
humillada y
asustada por el futuro. De repente, una amiga que trabajaba limpiando
la casa de un caballero solvente le pidió que la reemplazara
porque tendría que atender otros asuntos, y ella
aceptó.
El hombre quedó encantado con su personalidad, se
conmovió ante su historia y se enamoró de ella.
Después de un honorable cortejo, se casaron. Ahora ella se
había convertido en la esposa de un próspero
hombre de
negocios. ¿Y sus hijos? Él le suplicó
que mandara
llamarlos, para vivir todos juntos. Ella reflexionaba: "Y yo
creía que el que me despidieran había sido una
desgracia.
¡Me hicieron el favor más hermoso de mi
vida!".
No me malinterpretes. No
estoy
estimulándote a emigrar ni a trabajar de niñera
ni a
casarte ni algo parecido. El punto es: ¿Comprendes que la
vida
nunca es exactamente como la quieres, y que muchas de las desgracias
que les ocurren a las personas resultan en todo lo contrario? Por
ejemplo, cierta mañana, una mujer estaba desesperada.
Había revuelto toda su casa buscando un billete que
había
escondido algún tiempo atrás para emergencias.
Ahora
tenía una verdadera emergencia, pero no recordaba
dónde
lo había puesto. Por eso, hizo una oración y
pidió
ayuda a Dios. Pero ni bien terminó, coincidentemente
llamaron a
su puerta ciertas personas que querían hablarle de la
Biblia.
Ella pensó: "¡Estos pesados!", porque siempre las
había mandado a volar de manera hostil. Pero recordando que
había pedido ayuda a Dios, por respeto, las
escuchó.
Entonces, cuando quisieron leerle un pasaje, prefirieron que ella lo
leyera en su propio ejemplar, y le preguntaron: "¿Tiene
usted
una Biblia?", a lo que ella respondió con fastidio:
"Sí".
Ellas dijeron: "¿Podría traerla?", y ella
obedeció, porque se sintió comprometida. Le
pidieron que
la abriera en cierto lugar, y cuando la abrió,
gritó:
"¡¡Acá está!!".
Allí había
puesto el billete. ¿Milagro? ¿Mera coincidencia?
Lo
importante es que, en este caso, si no hubiera sido respetuosa y
humilde, simplemente hubiese seguido con su problema. De hecho, aquella
mañana las cosas no se presentaron como ella hubiera
deseado, y
sin embargo, fue lo que precisamente llevó a la
solución.
Cierto contador se
aprovechaba
de sus clientes mintiendo y robando sistemáticamente. Cuando
uno
de ellos se dio cuenta, lo conminó exigiéndole
una
explicación además de la inmediata
devolución de
su dinero. Pero la respuesta fue descaradamente simple: "No tengo el
dinero. Haga lo que quiera". El cliente, furioso, sabía que
enjuiciarlo sería un trámite engorroso, largo y
difícil de llevar a cabo, y que al final probablemente no
recibiría una compensación justa. De modo que
decidió cortar la relación y olvidar la deuda. Un
día, el contador salió al campo con su familia.
Detuvo su
automóvil al lado del camino, pero como estaba acostumbrado
a
violar la ley, bajó confiado por el lado equivocado y lo
destrozó un ómnibus que pasaba a toda velocidad.
Terminó el resto de sus días paralizado de pies a
cabeza,
amargado de la vida. El seguro, los médicos, enfermeros,
asistentes, medicinas, hospitales, viajes y traslados de emergencia,
equipos de hospital, y ni qué decir de los gastos de
cremación, funeraria y del cementerio, todos le fueron
quitando
como pirañas su dinero mal habido, y si algo
quedó, sus
herederos lo despilfarraron.
No estoy
diciéndote que
los que leen la Biblia no tienen problemas, ni que a los que se burlan
de los demás los atropella un ómnibus. Solo
quiero
enfatizar que la vida nunca empieza, se desarrolla ni termina como uno
quiere. Tal vez algunos aspectos coincidan con lo que uno siempre
deseó, pero aún así, su vida, es
decir, su entero
derrotero, nunca resulta exactamente como quiere. Porque hay muchas
variables envueltas.
Un antiguo proverbio dice
que
el suceso imprevisto nos acaece a todos. Es decir, a veces nos va mal
porque edificamos mal, y otras, debido al suceso imprevisto. Pero si
cultivamos buenas motivaciones y nos esforzamos por vivir una buena
vida, procurando reflexionar antes de hablar, planificar antes de
edificar, sopesando las consecuencias antes de actuar, lo haremos
más fácil para todos y reduciremos las
probabilidades de
lamentarnos por haber procedido de manera imprudente.
Si
estás pasando por
algún sufrimiento muy difícil de superar, busca
profundamente en tu interior, relame tus heridas y tira para adelante.
¡¡Jamás temas empezar desde cero!!
Verás que
los resultados son siempre mejores, porque habrás comenzado
sobre la base de una experiencia bien aprovechada, lo que significa que
no estarás comenzando realmente desde cero.
Por ejemplo, aunque un
suceso
impevisto pudiera perjudicarte, ¿no
incrementarías las
probabilidades de sufrir daño si caminaras temerariamente
por
una calle que sabes que es peligrosa, pudiendo escoger otra ruta?
¡Por supuesto! No podrías echarle la culpa al
suceso
imprevisto, porque no se trataría de algo imprevisto, sino
de
una temeridad. Por supuesto, a uno pudiera parecerle imposible ganar la
batalla cuando las circunstancias parecen tomar el control. Por
ejemplo, tal vez le den la noticia de que un amigo o pariente muy amado
ha tenido un accidente grave, y tienda a negar la realidad por un
tiempo, o no esté emocionalmente preparado para enfrentar
los
hechos, sobre todo si le confiesan que lamentablemente
falleció.
No podría revertir la situación aunque tuviera
todo el
dinero o toda la fe del mundo.
Lógicamente,
si sientes
que la cosa se te escapa de las manos, en el sentido de no lograr el
control sobre tus emociones, tal vez ha llegado el tiempo de considerar
tus opciones de visitar a un consejero experimentado, o
quizás a
un especialista en salud mental, dependiendo de la seriedad del asunto.
Hasta los más connotados ejecutivos buscan asesoramiento
especializado en diferentes campos del saber durante la
realización de sus proyectos. No pueden
arriesgarse a
fracasar por no consultar.
"Es que mi jefe me tortura psicológicamente porque en varias
ocasiones en el pasado rechacé sus pretensiones", dijo una
vez
una joven madre soltera. "Todo me lo critica tan severamente
que
cuando se aproxima a mi oficina, siempre le pregunto: '¿Y
ahora
qué hice mal?'. No hay día que, a pesar de mis
esfuerzos, no me critique
severamente. Me tiene estresada", añadió.
Cierto día, su jefe viajaba a toda velocidad por las
montañas en su camioneta 4x4 en una visita de rutina a una
de
las instalaciones de la compañía, pero el
conductor
perdió el control del vehículo y cayó
aparatosamente al caudaloso río que serpenteaba por la zona.
El
conductor logró salir a tiempo y salvarse, pero su jefe no
lo
logró. En una reunión de todo el personal de la
oficina,
le preguntaron a ella: "¿Y tú qué
piensas de lo
ocurrido?". A lo que ella respondió con sencillez: "Espero
que
dondequiera que esté, se encuentre bien". Pero
ellos
murmuraron en voz baja: "Ya no la fastidiará nunca más".
No fue amoroso murmurar aquello, pero era la verdad. Lamentablemente,
el jefe que asignaron como reemplazo
siguió tratando
con dureza al personal. Algunas cosas no cambian.
De hecho, en la
mayoría
de los casos, el éxito depende de haber buscado a tiempo a
un
pariente cercano, a un amigo allegado o a un consejero experimentado.
Una persona que solicita consejo a un amigo maduro con experiencia en
la vida, amplía su perspectiva, lo cual le permite colocarse
en
una mejor posición para tomar decisiones importantes, porque
descubre opciones y alternativas que tal vez nunca hubiera enfocado por
su cuenta. ¿No ayudó Ann Sullivan a Helen Keller?
¡Contra todos los pronósticos, ese fue un caso de
un ciego
que guió a un ciego!
Por supuesto, siempre
cabe la
probabilidad de que a pesar de una aparente buena intención,
en
vez de darte un estímulo, alguien haga un comentario
desalentador y perjudical, que, en vez de levantarte, te aplaste hasta
el piso. ¿Qué hacer en tal caso? La
ilustración de
las dos ranitas puede ayudarte a saber qué hacer:
Cuentan que unas ranitas
estaban saltando por un bosque hasta que de repente cayeron en un hoyo
muy profundo. Felizmente se atascaron en una gran raíz y no
cayeron hasta el fondo. Entonces, otras ranitas que pasaban por
ahí comenzaron a hacerles gestos y ademanes y a gritar:
"¡Traten de saltar hasta acá!". De modo que
comenzaron a
tratar y tratar y tratar, procurando salir del hoyo. Pero fue en vano.
Por más que se esforzaron, no lograron salir.
Entonces, las que las
estimulaban a salir, perdieron las esperanzas y comenzaron a gritar:
"¡No tiene sentido que sigan esforzándose!
¡Se nota
que va a ser imposible que alcancen el borde!
¡Podrían
tropezar y caer hasta el fondo!". Dicho y hecho. Una de las ranitas, se
debilitó tanto que cayó hasta el fondo y
murió.
Pero la otra seguía tratando y tratando y tratando, a pesar
de
que las que estaban fuera gritaban: "¡Ya no luchas
más!
¡No podrás salir!".
Sin embargo, la ranita
seguía insistiendo, y saltaba y saltaba hasta que, para
asombro
de las otras ranas, logró alcanzar el borde y saltar fuera
del
hoyo. Entonces le preguntaron: "¿Por qué seguiste
esforzándote si todas te gritábamos que ya no te
esforzaras más?". Y ella no respondía. Solo las
miraba,
sonriendo y asintiendo con la cabeza. Para su sorpresa, ¡se
dieron cuenta de que era sorda! En todo momento ella solo
había
visto los gestos y ademanes que le hacían desde arriba y que
su
compañera se había esforzado al máximo
por saltar
fuera, así que siguió esforzándose a
pesar de que
le gritaban que desistiera. ¿Entendiste? Su éxito
radicó en que no oyó los comentarios negativos.
Lo mejor es mantener
siempre
la actitud correcta. ¿Recueras la introducción de
este
artículo? Si Walt Disney hubiera seguido el consejo de aquel
editor que le dijo: "Hijo, [...] Mejor dedícate a otra
cosa", no
hubiese creado ni a Mickey Mouse ni al Pato Donald ni a todos sus otros
personajes, tampoco hubiera creado Disneylandia ni hubiese fundado los
estudios Walt Disney, precursor de un magnífico nuevo
género de películas. Por eso, si tu meta es
loable,
persevera y no prestes atención a los comentarios negativos
o
desalentadores que no tienen en mira tu bienestar futuro. Ese es un
requisito para salir adelante en todas las cosas: "A palabras
necias, oídos sordos"
Por eso, una cosa es
mirar el
paisaje desde la pista de aterrizaje, y otra, mirarlo desde un
avión o desde un globo. Una cosa es mirar el bosque desde el
interior de una cabaña, y otra muy diferente, salir y
mirarlo
desde el borde de un lago, o mejor, desde la cima de una
montaña. Nuestra perspectiva se estrecha o amplía
dependiendo de nuestra ubicación física. Muchos
excursionistas que se perdieron en medio de un bosque tal vez hubieran
salido más rápido si hubiesen trepado a la copa
de un
árbol grande para divisar alguna depresión en el
terreno
y trazar alguna ruta hacia un río.
Algo similar sucede con
nuestras emociones y pensamientos. ¡Sí! Con
nuestra
actitud mental. A pesar de que a veces las circunstancias nos afecten
negativamente, hasta el punto de que no podamos hacer nada por
remediarlas, sí podemos decidir, desde una perspectiva
diferente, qué podríamos hacer con nuestros
propios
sentimientos. Mejorando la perspectiva, seguramente se nos
ocurrirá un buen plan. Tal vez notemos que nuestra
depresión en realidad está indicando, por decirlo
así, la presencia de un río cercano.
¡Quizás
este mismo artículo podría estar
encendiéndote la
chispa ahora mismo, avivando la mecha en tu corazón que
estaba a
punto de apagarse!
¡Vamos! No se
trata de
"quien tuvo la culpa", sino de "qué puedo hacer para mejorar
la
situación, atenuar el impacto, modificar el efecto, aliviar
el
problema, reducir el estrés y/o hallar un camino". "Aprueba
de
todo" es un programa de Discovery Channel en el que el protagonista
enseña al espectador todos lo recursos que hay disponibles
para
hallar un camino y salir adelante a pesar del peligro y la adversidad.
Es cuestión de aplicar la misma mentalidad en sentido
emocional.
Vivimos en tiempos cada
vez
más peligrosos. No es tiempo de correrle a las buenas
noticias
ni al estímulo positivo, ni a las buenas personas que te
buscan
para hablar contigo; ni a la esperanza, ni a las alternativas, ni a las
advertencias, ni al consejo bien fundado. Piensa: Si treparas al
árbol de tu vida para tener una visión
más
panorámica, por decirlo así,
¿qué
verías? Estoy seguro de que hallarías algunas
respuestas
interesantes.
Cuentan que cierto pueblo
comenzó a inundarse, y un hombre se encomendó a
Dios,
pidiendo: "¡Ayúdame, te suplico!". Pero al ver que
sus
vecinos también estaban inundados, rogó:
"¡Ayúdalos a ellos también!". De
repente
llegó un camión y lo conminaron a subir porque el
nivel
del agua seguía subiendo. Pero él
respondió: "No,
vayan más bien y ayuden a mis vecinos. Yo tengo fe en que
Dios
no me desamparará". Y el camión
recogió a sus
vecinos, y el agua siguió subiendo.
El hombre ahora se
refugió en el segundo piso y, vio por la ventana que otros
vecinos necesitaban ayuda. Por eso, cuando llegó un bote y
lo
conminaron a subir, porque el nivel del agua seguía
subiendo,
él respondió: "No, vayan más bien y
ayuden a mis
vecinos. Yo tengo fe en que Dios no me desemparará". Y el
bote
recogió a aquellos vecinos, y el agua siguió
subiendo.
Ahora corrió a
refugiarse en la azotea, y vio a lo lejos a otros vecinos que
también habían subido a sus azoteas. Entonces
llegó un helicóptero y lo conminaron a subir
porque el
nivel del agua seguía subiendo. Pero él
respondió:
"No, vayan más bien y ayuden a aquellos vecinos. Yo tengo fe
en
que Dios no me desamparará". Y el helicóptero
recogió a aquellos vecinos. Pero como el agua
siguió
subiendo, el hombre ya no tuvo dónde refugiarse y se
ahogó.
¿Dirías
que no
recibió la ayuda a tiempo? ¡De ninguna manera!
Usó
su libre albedrío para rechazar enfáticamente la
ayuda
que llamaba a su puerta cuando los rescatistas lo conminaron en varias
ocasiones para ponerlo a buen recaudo, primero en un camión,
luego en un bote y finalmente en un helicóptero. Fue
personalmente responsable de rechazar todas sus oportunidades de no
ahogarse.
Otra
persona me contó una vez
acerca de cierto hombre que se alejó de un campamento
mientras
paseaba por un bosque, y se perdió. Comenzó a
andar en
círculos sin hallar el camino de regreso. La noche
caía,
y decidió apresurarse. Pero al correr alocadamente, de
repente
resbaló por una pendiente muy empinada y rodó y
rodó y rodó a toda velocidad sin nada que lo
detuviera.
Felizmente, sus manos lograron asirse de un tronco que detuvo su
caída. La noche era tan fría y oscura que
comenzó
a gritar: "¡Auxilioooo! ¡Ayudaaaa!". Y un poblador
que
pasaba por ahí le dijo en son de burla: "¡Oiga!
¡Cómo se le ocurre bajar por ahí,
jajaja!". A lo
que el sufrido excursionista respondió:
"¡Ayúdeme,
por favor!". Y el desconocido contestó: "¿Por
qué
mejor no acaba con todos sus problemas y se suelta, jajaja?", y se fue,
perdiéndose en la oscuridad. "¡Oiga, regrese!",
gritó angustiado. Pero la voz solo resonó una vez
más desde el fondo del bosque: "¡Deje de gritar y
suéltese, jajaja!". Como el pobre no podía ver
nada, ya
que la noche era profunda y oscura, se aferró al tronco con
todas sus fuerzas y esperó el amanecer. Cuando
despuntó
el alba y pudo ver, se dio cuenta de que toda la noche había
estado colgando a medio metro del suelo. Entonces entendió
por
qué aquel poblador se había reído
tanto. Se
soltó, caminó una corta distancia y
divisó el
pueblo.
En
Japón, el Koi es un
pez de colección favorito de los aficionados. Una de sus
características es que crece y se desarrolla de acuerdo con
el
tamaño del estanque donde se lo críe. Si se lo
mantiene
en una pecera pequeña, sólo crece unos 5 cms. Si
se lo
cría en un estanque, crece hasta 25 cms. Si se lo coloca en
un
estanque muy grande, puede crecer hasta 45 cms. Pero si se lo
cría en un lago, puede alcanzar los 90 cms. Esto nos puede
resultar muy instructivo, porque desarrollamos nuestra personalidad de
acuerdo con el ambiente donde cultivamos nuestras cualidades personales.
Sin embargo, aunque sea
cierto
que puedes colocar la valla a la altura que desees, debes tener cuidado
de no fijar tu propia evaluación como el único
critero
para tus progresos, porque podrías considerar como
suficiente un
esfuerzo que en realidad no es significativo para ti. A veces viene
bien conversar con un amigo maduro, de confianza, que te ofrezca una
segunda opinión, o mejor con diferentes personas, para
formar un
criterio más amplio. Algunos han abierto los ojos a muchos
de
sus defectos con solo preguntar a un amigo: "¿Qué
piensas
de mí? ¿En qué crees que
podría mejorar?
¿Cuáles crees que son mis puntos fuertes?
¿Y mis
puntos débiles?".
Por supuesto, se necesita
un
estómago de hierro para soportar ciertas verdades que
pudieran
incomodar a uno. Tal vez alguien te diga con franqueza que tienes mal
aliento, que tus pies huelen mal, que deberías usar un
desodorante más fuerte, o que siempre tiendes a ponerte a la
defensiva, o que no sabes perdonar, o que eres egoísta, o
egotista, o ególatra, o que tienes fama de ser cruel, o que
pareces una persona demasiado hermética, o que siempre te
resientes cuando no te dan la razón, o que te gusta
manipular a
los demás para que hagan lo que quieres, o cosas
aún
más fuertes. Y solo te quedan dos caminos: Mejorar o seguir
empeorando. La decisión es tuya.
Todos
tienen un incentivo o un motivo muy personal
Todos
tenemos motivos más
profundos y significativos que los que notan los demás. No
podemos saberlo todo exactamente; no podemos interpretarlo todo
correctamente. Por la misma razón, no podemos pretender
conocer
tan bien a otras personas que conozcamos cuáles son sus
motivos
más profundos. A veces son cosas que solo conocen ellas
mismas.
Tú
también
tienes tus propios motivos e incentivos para hacer todo lo que haces,
ya se trate del deseo de tener amigos, qué estudiar,
casarte,
conseguir un trabajo, tener hijos y criarlos, divertirte u otra cosa. A
veces permites que otros te conozcan tan bien que se enteran de muchos
de tus motivos, pero otra veces prefieres mantenerlos solo para ti.
Por ejemplo, recuerdo
cuando
era niño una época en que mi padre no pudo
proveer todo
lo necesario para nuestra familia. Una razón era que
debía mantener a dos familias. Y recuerdo que siempre me
habían advertido que, antes de cruzar una calle,
debía
mirar a la derecha y a la izquierda, por si venía un
vehículo. Hasta hoy lo tengo en mente. Siempre me
cuidé
de mirar a ambos lados antes de cruzar las calles, incluso en
vías de un solo sentido.
Aquel consejo fue sabio.
Mis
padres querían evitarme problemas, es decir, no
querían
que me accidentara. Pero ¿cuál era mi verdadera
motivación para mirar a ambos lados antes de cruzar?
¿Evitar un accidente? Aparentemente, pero nunca fue mi
verdadero
propio incentivo. ¿Quieres que te diga un secreto?
¿Quieres saber por qué siempre me
cuidé de mirar a
ambos lados?
Bueno, tiene que ver con
aquella etapa difícil que atravesó mi padre. Mi
madre ya
no podía comprarme calzoncillos nuevos, de modo que, poco a
poco, mis calzoncillos se gastaron y les salieron huecos. Y aunque yo
era solo un niño, razonaba de esta manera: "Si no miro bien
a
ambos lados antes de cruzar las calles, podría golpearme un
automóvil, como dicen mis padres; y si me golpeara un
automóvil, de seguro me llevarían al hospital; y
si me
llevaran al hospital, me examinarían; y si me examinaran,
seguramente me quitarían los pantalones; y si me quitaran
los
pantalones, todos verían mis calzoncillos.
¡¡Qué vergüenza!! Mmmm, mejor
miro bien a ambos
lados antes de cruzar las calles!". Mi incentivo no era evitar un
accidente, sino evitar que vieran mis calzoncillos gastados, jajajaj
(me hubiera reído antes).
La motivación
de mis
padres era evitarme un accidente, pero mi propia motivación
fue
más allá. Ellos me proveyeron un motivo
básico, es
verdad (evitar un accidente), pero dicho motivo me dio qué
pensar y reflexioné con discernimiento y perspicacia en las
consecuencias ulteriores de la consecuencia básica en la que
ellos pensaron. Por otro lado, aunque aparentemente su
motivación fue evitarme un accidente, probablemente
también tenían una motivación
más personal,
más profunda, como "no tenemos dinero para el hospital", o
"no
tenemos tiempo para distraernos del trabajo", o "a nosostros nos
ocurrió de niños", "mi tío
murió por no
mirar a ambos lados" u otra. No sé.
En una fiesta, la
dueña
de casa ofreció a un niño de 5 años de
edad una
fuente con ricos tentempiés que contenían un
ingrediente
grasiento, a lo que el niño respondió: "No me
gustan esos
porque tienen muchas grasa". Pero ¿en realidad no le
gustaban?
¿O solo estaba siguiendo una instrucción de su
padre,
físico culturista? ¿Realmente entiende un
niño de
5 años el efecto que la grasa y las calorías
tienen en su
organismo, eso del colesterol malo y bueno, los
triglicéridos,
las grasas saturadas y polinsaturadas? Por otro lado, ¿es
cierto
que nuestro organismo no necesite grasa? Es muy probable que aquel
niño solo estaba dando una respuesta programada por el
padre, o
quizás diciendo lo que siempre oía decir a su
padre y no
porque entendiera el efecto de la grasa en su organismo. En tal caso,
su motivación no era principalmente "gozar de buena salud",
un
concepto todavía muy abstracto para su corta edad, sino
probablemente algo más concreto, como "agradar a mi
papá".
Sí, hasta los
niños pequeños suelen tener motivaciones propias,
a veces
tan extrañas que hasta un experto psicólogo
tendría dificultad para desentrañarlas. Todos
tenemos
motivaciones y perseguimos incentivos en casi todas las cosas que
hacemos; y tal vez los demás puedan ver algunas, o
averiguarlas
conversando con nosotros. Pero siempre habrá otras que se
mantendrán en un nivel tan personal como si se tratara de
calcetines gastados.
Por supuesto, no estoy
sugiriéndote que ahora vayas y le grites a tu hijo:
"¡¡Tienes que mirar bien a ambos lados, porque si
te golpea
un automóvil, te llevarán al hospital, y si te
llevan al
hospital, los doctores te va a examinar, y si te examinan, te van a
bajar los pantalones, y si te bajan los pantalones, van a ver tus
calzoncillos. ¿Quieres eso!!". No tienes que hablarle tan
duramente.
Una vez, cierto hombre me
contó que nunca había comido sushi, porque nunca
había entrado a un restaurante de sushi. Y ¿por
qué no había entrado? Me confesó que
suponía que lo obligarían a quitarse los zapatos.
Cuando
sus amigos lo invitaban a un restaurante de sushi, siempre declinaba
cortésmente; pero en realidad, en su mente la verdadera
respuesta era: "No quiero que vean mis calcetines gastados". Solo
cuando se enteró de que nadie debía quitarse los
zapatos,
rompió sus esquemas y probó el sushi.
Anecdótico,
pero real (si los restaurantes de sushi pensaran en eso, tal vez en su
publicidad dirían: "Y no se preocupe, no tendrá
que
quitarse los zapatos"). En fin...
Oratorianet.com no solo
te
ayuda a mejorar tu oratoria, sino que contiene muchos
artículos
que te levantarán el ánimo y te
servirán de
maneras prácticas para desempeñarte mejor en la
vida.
¡No te dejes vencer por el desánimo! Si algo te
derriba,
no importa de qué se trate, tómate todo el tiempo
del
mundo, descansa un poco más, reordena tus ideas, mejora tu
perspectiva, toma una firme decisión y remóntate
como un
águila. Si creciste como si fuera en una pecera muy
pequeña, como el koi, tal vez sea tiempo de pasarte a un
estanque, o mejor, a un lago, y seguir creciendo... No hablo de
negocios, sino de tu carácter y personalidad. Recuerda que
tu
perspectiva de los asuntos puede reducir o ampliar tus
opciones. Mucho depende del punto de vista que cultives.
"Pero soy un viejito. ¿Qué puedo hacer en esta
etapa de
mi vida?". Bueno, como dije, mucho depende del punto de vista que
cultives. Si piensas que subir una montaña será
difícil, te dolerán más las piernas.
Es decir, las
cosas se ven más complicadas cuando uno se pone en el peor
de
los casos. Por ejemplo, mientras unos llegan a ser adultos mayores
llenos de vida y entusiasmo, otros se dejan llevar por ideas negativas.
Es cierto que la enfermedad y otros asuntos atentan contra la
satisfacción, pero el punto de vista que uno cultive sigue
siendo el factor clave. ¿Conoces a Charlie
Byrd? ¿Y a Raúl
García Zárate?
Ellos piensan que aunque la edad puidiera ser un
obstáculo, pueden seguir sacándole
provecho para
hacer felices a los demás y a sí mismos. La edad
no tiene
que ser un obstáculo en todo sentido. Siempre hay algo o
alguien que puede coadyuvar en nuestra motivación.
Si no te motivas mejor de
lo
que lo haces actualmente, bien pudiera ser por falta del incentivo
adecuado o por indecisión, más que porque no
puedas
automotivarte, o porque no tengas a mano las herramientas o el consejo
necesario. O tal vez, como en el caso de las dos ranitas,
alguien
te ha dado, como si fuera, un puñetazo en tu amor propio
diciéndote cosas feas. Lo importante es
¿qué
piensas hacer? ¿Ponerte a pelear por tus derechos?
¡Suéltate de la rama! Vengarte solo te
hará
perder tiempo enfocando la atención en la noche y la
penumbra de la vida.
Bueno, el punto es que ya
descubriste Oratorianet.com y sabes que estamos a un clic de distancia,
el resto dependerá de un pequeñísimo
esfuerzo de
tu parte para averiguar y ahondar en nuestras técnicas de
oratoria. Y aunque no tomes un curso de oratoria en tu ciudad, estos
conocimientos te abrirán las puertas a una nueva manera de
ver
tus oportunidades. No es la panacea universal, pero te
ayudará a
mantener el rumbo.
¿Sientes que
la vida
pasa sobre tu cabeza y no estás en nada? ¿Te
habrá
mordido la depresión mucho más fuertemente de lo
que
crees que podrías soportar? Ten en cuenta que actualmente
hay
más gente que nunca, y sin embargo muchos se sienten solos,
tanto que a veces no miden las consecuencias y caen presa
fácil
de depredadores cibernéticos que andan en busca de esa clase
de
gente. La soledad en sí misma no es mala cuando pasamos por
períodos razonables de meditación. Hay que
aprender a
convivir con ella de manera constructiva, de lo contrario puede
convertirse en una tortura. Y en cuanto a la depresión,
todos
hemos pasado por tiempos o días difíciles. De
todas
partes llegan informes de que el mundo está extremadamente
convulsionado. Todo el sistema de vida como lo conocemos
está
siendo sometido a una enorme presión y nosotros estamos en
medio. Más bien habría que preguntarse
quién no ha
sufrido depresión alguna vez.
De hecho, todos los
días vemos entrevistas a gobernantes, militares,
comerciantes,
empresarios y gente común en la televisión, pero
no muy a
menudo a psicólogos, sociólogos ni
filósofos. Y
cuando los entrevistan, no todos ofrecen explicaciones convincentes o
que justifiquen algunas de las teorías que otros formularon
bienintencionadamente hace 20 ó 30 años
atrás, las
cuales se supone debían haber contribuido a mejorar al mundo
actual. Por ejemplo, cierto reputado experto en salud mental
pidió disculpas públicas y se retractó
por ciertas
hipótesis que dio a conocer respecto a ciertos
métodos de
crianza que resultaron en algunos aspectos perjudiciales no solo para
las familias de los que le hicieron caso, sino para toda una
generación de jóvenes a quienes posteriormente
fue muy
difícil, o tal vez imposible, enderezar.
¿Y
qué hay de
los religiosos? Ministros protagónicos de casi todas las
confesiones, desde las más liberales hasta las
más
estrictas, ya ni saben qué proponer ante la apabullante
presión que soporta la humanidad. Muchas personas en todas
partes, deprimidas, pobres y enfermas, ahora expresan incredulidad y
apatía respecto a algunas doctrinas que antes les resultaban
consoladoras. De hecho, algunos hasta han aprovechado la
situación para fomentar movimientos radicales, rebeldes o
violentos.
¿Y los
filósofos? ¿Podrías mencionar a uno
que conozcas
bien y que te haya dado explicaciones que te dieran esperanzas y te
levantaran el ánimo para enfrentar el día a
día? A
mí me ha ocurrido que al entrevistar a pensadores de muchas
clases, entre ellos algunos filósofos, les he preguntado
cómo interpretarían lo que está
ocurriendo en el
mundo, y créeme que algunas de sus respuestas no me calaron
muy
hondo. Otros hasta me dieron la impresión de estar tan
confundidos como los demás, y que ni siquiera se
convencían a sí mismos con sus propias premisas.
No es prudente que
cualquier
persona etiquete de enferma a otra que pasa por períodos de
depresión, o que se la catalogue como alguien que no sabe
enfrentar la vida o, peor, que ni siquiera tendría potencial
para alcanzar algún éxito. Porque aunque
así
fuese, calificarla de una manera que ella consideraría
desalentadora no le levantaría el alma, sino la
aplastaría. Sobre todo cuando ni siquiera las personas
supuestamente autorizadas para dar explicaciones satisfactorias
respecto a lo que está pasando en el mundo no son capaces de
hacerlo. Por ejemplo, muchos nos hemos enterado de destapes
espeluznantes acerca de actos viles cometidos hace 30 ó 40
años contra niños, nada menos que por quienes se
suponía debieron guiarlos en sentido moral. Esos
niños,
que ahora son adultos, no necesitan que les digamos que
están
enfermos (de depresión), sino todo lo contrario, que fueron
víctimas de quienes realmente estaban enfermas de males
mayores.
Por eso, no te asustes si
caes
en una meseta depresiva de vez en cuando. A muchos les pasa. Tu
cerebro, mente, corazón, cuerpo y energías
están
reaccionando ante la presión del sistema. Es como si tu
mente
necesitara entrar en un coma superficial por un ratito, hasta recuperar
el tono y poder continuar bregando. No te asustes. Toma las medidas que
juzgues pertinentes y recuerda que, sin importar cuánto
dure, la
depresión es pasajera. Y si persiste, puedes buscar ayuda o
hablar con alguien de tu confianza sobre lo que te preocupa.
¡No
rompas la comunicación!
Ingrid Betancourt fue secuestrada y llevada a las montañas
de Colombia durante mucho tiempo, muy apartada de la
civilización.
Y pasó un mes, varios meses, muchos meses, y luego un
año, después otro y otro y otro y otro, y
transcurrieron
casi siete años hasta que un día la subieron a un
helicóptero para reubicarla en otro lugar de la selva.
Grande
fue su sorpresa cuando se enteró de que se trataba
de una
operación de rescate. Cuando la entrevistaron en libertad,
aunque las preguntas que le hicieron eran diferentes, en esencia
reflejaban curiosidad
por lo que la motivó, es decir, por su fortaleza y su
integridad. Todos
querían saber qué la mantuvo en pie. Porque es
algo por
lo que todos sentimos curiosidad; queremos saber qué motiva
a
las personas cuando atraviesan por tiempos de adversidad. Y no fue solo
ella. Con ella fueron rescatados otras personas. Ingrid solo
representaba a un sector que fue golpeado por el dolor de ser
arrancados de su vida, y salió adelante.
Por eso, no te digo que
no busques
consejo, pero si consideras que la depresión es una
enfermedad,
entonces podrías compararla en extensión a la
gripe, en
el sentido de que casi todos la sufren de vez en cuando
(lógicamente, una depresión grave tal vez
requiera
tratamiento especializado). En todo caso, de seguro
encontrarás
un brazo amigo, un hombro sobre el cual apoyarte. Por otro lado, a
veces ayudar a otros sin pedir nada a cambio es la única
terapia
que realmente funciona para algunos que llegaron al fondo y nada
parecía poder ayudarlos. Se llama altruismo, una cualidad
que,
combinada con la bondad amorosa, logra resultados
fantásticos.
La bondad amorosa es una faceta del amor por la cual nos proponemos
indagar o buscar a quién ayudar, y el altruismo significa
hacerlo sin pedir ni esperar nada a cambio.
Ben Underwood
perdió sus ojos cuando un cáncer en la retina
hizo necesario que se los extirparan
cuando solo tenía 3 años de edad. Sin
embargo, su madre inculcó en él la idea
de que podría seguir viendo
con los otros sentidos (equilibrio, oído, tacto, gusto,
olfato,
etc.) y poco a poco Ben desarrolló un sistema de
ecolocación semejante al de los delfines
dando chasquidos
con su lengua para analizar el eco de los objetos a su alrededor. A los
14 años, al tiempo de escribir este
párrafo, iba
solo a la escuela, patinaba, jugaba basketball y practicaba
karate. ¡Y como si fuera poco, cruzaba grandes
avenidas y
participaba en videojuegos! Todo sin la ayuda de un
bastón ni de nadie.
Si algún
día
sientes que tu dolor sobrepasa todos los límites y ya no
aguantas más, acuérdate de Ben Underwood y de
Helen Keller y continúa
derrotando a la adversidad por medio de ayudar y motivar a otras
personas. ¡Puedes hacerlo!
"Siempre que alivies el
dolor de otro ser humano, tu vida no habrá sido en vano".
Helen Keller
Oratorianet.com es un
portal
de autoayuda en oratoria, pero ten en cuenta que la oratoria es en
sí misma una expresión de motivación,
relaciones
humanas y ventas. Y no te preocupes de que toda esta
comunicación
sea por escrito. Dale Carnegie revolucionó el mundo con sus
enseñanzas sobre oratoria, y la mayoría de sus
lectores
jamás oyó su voz. El poder de la escritura
trasciende la
oratoria hablada porque permanece en el tiempo. Por eso, en
Oratorianet.com hallarás una vasta cantidad de
artículos,
argumentos e ideas que no encontrarás en ninguna otra parte.
No
solo te ayudarán con tus discursos, sino con la manera como
enfocas tu lado emocional. Y jamás olvides esto: No importa qué
quieras de la vida, siempre tendrás
que sacrificar algo en cambio; y cuánto más grande el
deseo, tanto más grande el sacrificio.
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