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¡Motívate!
©Miguel Angel Ruiz Orbegoso

Me hace gracia cuando algunos hablan con desprecio de aquellos a quienes consideran mediocres. Cuando en sus inicios Walt Disney visitaba los periódicos y revistas con sus dibujitos, nadie le hacía caso porque lo consideraban un dibujante mediocre. Un importante editor hasta le dijo: "Hijo, acepta un consejo: Mejor dedícate a otra cosa". Felizmente, no le hizo caso. Poco después el mundo conocería a Mickey Mouse, el Pato Donald y aquellos grandes personajes que entretuvieron por generaciones a grandes y chicos. Aunque ahora digan que los dibujos los hizo Ubbe Iwerks, quien le permitió compartir con él la autoría de los dibujos por devolverle un favor, nadie podrá bajar a Disney del lugar donde lo puso
la fama.

Y ni qué decir de Bill Gates. Cuentan que de muy joven se hacía el payaso en clase para disimular sus desventajas. De hecho, "creíamos que era estúpido", decían algunos compañeros de clase. Pero a los 13 años,
sin ayuda de nadie, aprendió a programar computadoras, y ya un poco mayor, cuando ofreció sus servicios a una conocida compañía de computadoras, lo menospreciaron y no le dieron ni una oportunidad. Hasta ahora algunos creen que es autista.

¿Y qué hay de quienes menosprecian a Don Nadie que nunca obtuvo un título universitario? ¡El campo biográfico está repleto de autodidactas que nunca siguieron una carrera universitaria! El multimillonario Steve Jobs, cofundador de Apple con Steve Wozniak, llegó a ser un gran empresario y magnate de los negocios y mayor accionista individual de Walt Disney Company. Si alguna vez usaste un mouse o frotaste tus dedos sobre un iPod, tenlo presente. Fue uno de los precursores de la PC (personal computer) y del potencial de los sistenas de Interfaz Gráfica de Usuario (GUI). De hecho, siempre se mantuvo un paso adelante, y hasta se esforzó por desterrar el uso de la expresión "computador personal" para ir a la par con innovaciones más impresionantes. Nunca se graduó en una universidad, pero cuando alcanzó el éxito, le rogaron que aceptara invitaciones para dar conferencias en ellas. Un autodidacta que, aun después de fallecer, los efectos de su empuje siguieron impulsando a Apple hasta convertirse en la empresa pública mejor valuada en la historia: En agosto de 2012 alcanzó un valor de capitalización de 623,516 millones de dólares. Si sabes inglés, o alguien puede servirte de traductor, haz clic aquí para oír su autobiografía.

Otro caso interesante fue el de
Garret A. Morgan, que fue despreciado por sus coterráneos por ser de piel oscura. En su época, los muchachos como él solo podían conseguir empleo como barrenderos o algo parecido. Pero poco a poco Garret desarrolló la habilidad de captar detalles que a otros se les escapaban, y eso le sirvió para diseñar e inventar cosas que le facilitó la vida a mucha gente. Un día, ciertos obreros quedaron atrapados en un túnel muy profundo que se había llenado de gases tóxicos. Varios rescatistas fallecieron en el intento de salvarlos. Entonces alguien recordó que Garret había inventado una máscara especial contra el humo y corrieron a buscarlo. Garret llevó consigo todas las máscaras que tenía, 25 máscaras, pero ahora ninguno quiso bajar al túnel. Dudaban de que algo fabricado por un negro funcionara de verdad. Garret les habló con un entusiasmo desbordante y los motivó a atreverse y bajar con él y su hermano, y gracias a la Máscara de Garret, salvaron a muchos. Lamentablemente, al día siguiente, cuando los diarios publicaron la noticia, ninguno absolutamente se dignó a entrevistarlo, ¡nadie mencionó siquiera su nombre! Nadie le atribuyó la salvación de aquellos hombres. Para ellos, él seguía siendo un mediocre. De hecho, como si fuera, la historia lo había sepultado en vida. Pero no por mucho tiempo. La Máscara de Garret se hizo famosa y sacó a flote a su creador, para su vindicación. Hoy se lo considera un héroe de los Estados Unidos de América.

¿Y qué hay de Clint Eastwood, el famoso actor y director? Mientras servía en el ejército y pensaba lo que haría con su vida, conoció a un compañero de armas y actor que lo animó a inscribirse en Universal Studios, ¡y lo contrataron! Al principio fue una aventura, pero después, como él mismo dijo: "Se deshicieron de mí. Simplemente me botaron". Durante mucho tiempo estuvo rebotando por aquí y allá, haciendo papeles irrelevantes. Pero, poco a poco, consiguió papeles más interesantes, fundó su propia compañía y nadie lo detuvo. Ganó varios premios Oscar, varios Globos de Oro, y varios People's Choice Awards, aparte de otros, como el Screen Actors Guild Award. Nada mal para alguien de quien se deshicieron. Llegó a ser un gran músico y compositor, actor, productor,
guionista y director de cine.

El afamado músico brasileiro Joao Gilberto nunca tomó cursos de canto ni jamás tomó una sola clase de guitarra, porque aprendió solo. Sin embargo, revolucionó la música inventando el bossa nova, un ritmo novedoso que, junto con Antonio Carlos Jobim y Vinicius De Moraes dieron un vuelco a la manera de componer, arreglar la música y cantar. Su voz, ritmo, melodía y armonía eran tan simples que nadie creyó que triunfaría. Sin embargo, con el tiempo a sus auditorios no les quedaban manos para aplaudirlo en cada una de sus presentaciones mientras daba la vuelta al mundo dando a conocer su obra. ¡Y cantó hasta una edad bastante avanzada! La famosa cantante Astrud Gilberto, que por un tiempo fue su esposa, igualmente, tenía un voz tan simple que nadie le daba crédito. Pero al interpretar "La Chica De Ipanema", le salió tan bonito que el músico y productor Stan Getz la incluyó en un disco que grabaría con Gilberto y Jobim. ¿El resultado? Llegó a ser el disco más vendido en sus tiempos.

El famoso futbolista Lionell Messi fue despreciado de niño. Sus compañeros de juego lo consideraban menos que mediocre. Se burlaban de él diciendo que nunca podría hacer nada con una pelota. Pero cuando agarró la redonda, nadie lo detuvo. Cuando ganó millones de dólares jugando para el Barsa, ¿qué dirían aquellos fanfarrones faltos de criterio? No es necesario detallar su biografía. Puedes encontrarla en Internet.

Y no solo son considerados mediocres quienes empiezan desde abajo. También son menospreciados quienes alcanzan metas que los demás consideran superiores y después deciden cambiar por algo que se considera de poca monta, como hizo el ingeniero Kailash Satyarthi, ganador del Premio Nobel de la Paz por su abnegada labor
como activista a favor de la liberacíon de la esclavitud infantil en su país. Cuando empezó su trabajo, muchos amigos y parientes le dijeron que se había vuelto loco por abandonar su carrera en la ingeniería para dedicarse a algo tan carente de prestigio. Pero cuando ganó el Nobel y CNN le preguntó al respecto, dijo: 'Nunca me interesó lo que opinaran los demás', y preguntó riendo: '¿Qué es mejor que estar sentado aquí como ganador del Premio Nobel de la Paz?'

Por eso pienso que quienes califican a otros despectivamente de mediocres, es solo por debilidad, porque abrigan un prejuicio y nada más. Quizás se consideran superiores o inferiores a los demás y por tanto necesitan ensalzarse o aplastarlos, lo cual probablemente nubla su visión para percibir los detalles más importantes. Al pasar por alto el verdadero potencial de las personas tampoco resultan proactivos, generando más problemas que soluciones. La historia está tachonada de casos de hombres y mujeres que fueron considerados mediocres y no obstante destacaron entre el resto precisamente porque siempre habían sobresalido pero ellos no lo habían notado. Cuando Barak Obama se inscribió para seguir estudios superiores fue considerado nada menos que como un estudiante mediocre, pero, al margen de lo que fuesen las preferencias políticas y sociales de sus detractores, se llevaron la mano a la boca el día que ganó las elecciones presidenciales de la nación más poderosa del mundo.

Otro ejemplo es este. Cuentan que
unos chicos con Síndrome de Down corrrían en cierta competencia deportiva. Todos juntos salieron disparados de la línea de partida con gran entusiasmo. Pero poco antes de llegar a la meta, uno de ellos tropezó y cayó aparatosamente. En vez de continuar corriendo, como se esperaría, todos lo miraron, se detuvieron y lo rodearon, lo consolaron, lo alzaron y caminaron juntos con él, paso a paso, hasta que cruzaron juntos la meta, en medio de la ovaciòn del público. ¿Considerarías que fueron mediocres, o estúpidos? ¡Todo lo contrario! Mostraron una gran superioridad en su empatía como seres humanos. Aunque limitados en su entendimiento, no necesitaron estudios superiores para darse cuenta de que la cooperación es más importante que una medalla. Los aplausos bien lo confirmaron.

Y la lista no termina. De hecho, no tendría espacio para contar acerca del extraordinario maestro de Nazareth; de cómo lo  acostaron en un comedero de vacas porque ninguno de sus congéneres tuvo la compasión de alojar a su madre, que estaba en avanzado estado de gravidez, ¡a punto de darlo a luz! Al final de su vida,
lo tildaron de maldito y lo humillaron, le escupieron y lo mataron con pasmoso ensañamiento. Sin embargo, hasta hoy su biografía sigue cautivando a millones, atrayendo discípulos en toda la Tierra y haciendo que sus famosos dichos resuenen fuertemente, a pesar de que algunos sigan afirmando que fue un personaje que jamás existió. Parafraseándolo: "La sabiduría queda demostrada por sus frutos". Nadie hoy pensaría en el Armagedón si él no hubiera comunicado esa palabra al escritor de sus últimos mensajes. ¿Y cuántas veces la dijo? ¡Una! Casi dosmil años después y sigue siendo una palabra que causa mucho revuelo.

Irónicamente, es digno de nota que ciertas personas que gozaron de una educación académica envidiable y cosecharon suculentos premios en la vida, sí, aquellos que tildaron de mediocres a otros, terminaron arrinconados por ahí. ¿Y por qué no se levantaron después? No sería raro que su propia filosofía de la vida siguiera nublándoles la visión y no lograran ver su propio potencial luego de desplomarse. Su propio modo de pensar negativo los sepultó cumpliéndose en ellos el dicho que reza: 'Con la vara que mides se te medirá'. Por eso, no es sabio andar por ahí diciendo que Fulando es un mediocre. Porque probablemente sea mucho más capaz de lo que crees... o tal vez, hasta todo un genio en potencia.
 
Aprende a manejar eficazmente la frustración

No es raro que alguien presente su hoja de vida ante una compañía y le respondan: "Hemos analizado su currículum detenidamente y le agradecemos mucho el habérnoslo remitido. Sin embargo, actualmente no tenemos un puesto que corresponda con las características que usted indica. Inténtelo en otra ocasión". El resultado no es otra cosa que frustración, sobre todo si es la milésima vez que le dicen algo parecido. Tal vez se pregunte de qué manera encaja en el mundo o para qué nació. Cada vez que se siente rechazado le quedan menos ganas de enviar su currículum, hasta que cierto día se le agota su suministro de entusiasmo y se deja llevar por la corriente con el correspondiente sinsabor en los labios. Lo malo es que tal vez piense: "En la desesperación se acepta todo", y no solo deje de esforzarse, sino que se deje caer en la desdicha perdiendo de vista la esencia de sus fracasos: Experiencia. ¡Pocos pueden adquirir experiencia sin experimentar el fracaso en todas sus formas!

Todos tenemos un motivo para hacer las cosas que hacemos, todos perseguimos un incentivo. Lamentablemente, muchos nos desalentamos a veces por falta de apoyo o por exceso de crítica. Nuestros parientes, alumnos, amigos, pacientes, clientes, compañeros de trabajo, jefes, como prefieras llamarlos, también actúan motivados por algo, e igualmente sienten frustraciones que a veces echan por tierra sus sueños e ilusiones. Unos aprenden a manejarlas, otros no, y estos pudieran ahogarse en tristeza y depresión.

Por ejemplo, supongamos que un cambio en el equipo administrativo de la compañía resulta en la modificación del sistema de limpieza. El nuevo administrador, para complacer a la gerencia de compras, decide que se está gastando mucho en pulidor, y adquiere nuevas herramientas para incrementar la eficiencia y reducir tanto el tiempo de limpieza como el gasto. Además, da instrucciones para que ya no se realice la limpieza de abajo arriba, sino de arriba abajo. Pero está tan atrasado en técnicas de liderazgo que ni siquiera ha tomado en cuenta la opinión de los empleados de mantenimiento, los cuales han acumulado experiencia práctica limpiando el lugar. Al usar menos pulidor, ahora los empleados están demorando mucho para terminar su trabajo. ¿Qué ocurre? Están frotando el piso con más fuerza, lo cual no solo consume el doble de tiempo, sino impone una mayor actividad muscular. Al usar la nueva herramienta, la cual pudiera parecer útil para el servicio doméstico, los empleados han descubierto que no conviene para el trabajo industrial. Ahora deben doblar la espalda para ejercer mayor presión. Están sufriendo de dolores de espalda, lo cual no solo les está produciendo contracturas musculares, sino que está retrasando el trabajo, lo que pudiera significar que se ausenten para ir al médico y en que tarde o temprano acaben en el hospital.

Y como si fuera poco, uno de los empleados expresó con franqueza su parecer (una opinión basada en la experiencia, porque la anterior administración lo había inscrito en un curso de capacitación en seguridad industrial y labores de mantenimiento), y el administrador, en vez de prestarle atención respetuosamente, lo señaló amenazadoramente con el dedo índice, diciéndole con dureza: "No me discutas". Fin del asunto. Por último, limpiar de arriba abajo resultó en que la zona del ingreso quedara sucia a primera hora de la mañana, lo cual despertó quejas de los gerentes, que ahora pensaban que los empleados estaban holgando. ¿El resultado? Por un lado, se puso en peligro el puesto de trabajo de algunos empleados, y por otro, el administrador no entendía por qué su nuevo sistema no estaba funcionando. ¿Su solución? "¡Estos empleados no sirven para nada! Hay que despedirlos a todos y poner a otros más eficientes que se quejen menos". En realidad, el incompetente era él, pero la frustración recaía directamente sobre los empleados, que no tenían la culpa de las torpezas del nuevo administrador. Y eso sin mencionar los efectos colaterales en sus hogares, en los que, debido a la frustración, comenzaron a suscitarse riñas y fricciones que antes no había.

Si en algo podría decirse que era eficiente este nuevo administrador era en generar frustración mediante la reducción del índice de eficiencia de los empleados, por la aplicación de normas caprichosas que no tomaron en consideración la seguridad industrial ni la experiencia ni el bienestar del trabajador. Lo más probable era que los empleados que no soportaran la presión y terminaran siendo despedidos, (aunque tal vez hasta ese tiempo hayan sido los empleados más eficientes de la compañía), y que aquel administrador incompetente siguiera pasando desapercibido ante la gerencia como el verdadero causante del problema, gerencia que, confiando en sus referencias, le confió un título que no merecía. Mejor hubieran puesto en su lugar a aquel empleado de limpieza que se quejó con franqueza.

Otro ejemplo típico tiene que ver con el perdón. ¿No te ha llamado la atención lo mucho que le cuesta a la víctima pasar por alto una ofensa, mientras que al ofensor le resulta muy fácil olvidarse de todo, como si nada hubier sucedido? ¿No debería ser al revés? ¿No se esperaría que al ofensor le remordiera la conciencia, moviéndolo a la reflexión y al arrepentimiento, a pedir disculpas y a trazasrse la meta de no volver a hacerlo, y que la víctima se sintiera resarcida, aliviada, consolada y libre de estrés?

Bueno, la realidad es que
si uno espera que al ofensor le remuerda la conciencia, se sienta movido a reflexionar, se arrepienta, pida disculpas y no vuelva a hacerlo, y que a uno lo rezarsan de modo que se sienta aliviado, consolado y contento, solo conseguirá más estrés y noches sin dormir. Porque el mundo anda de cabeza. No sería raro que el ofensor terminara demandndo a la víctima por daños y perjuicios, y que los jueces determinasen que la víctima se disculpe con el ofensor. Muchos programas de televisión alcanzan fabulosos éxitos de ventas con esa clase de historias de la vida real.

Por eso, una clave para contrarrestar la frustración, es esforzarte por entender a los demás y aprender a automotivarte y a motivar a otros de igual manera, identificando cuál es el incentivo apropiado para ti y para los demás, manteniéndolo enfocado como estímulo constante. Suena duro decirlo, pero es muy doloroso esperar que la vida sea como uno la idealiza. La clave no está en pretender cambiar a los demás, sino en mirar en tu interior hasta descubrir la manera de aprender a sobrellevar las diferentes situaciones que surgen. Aquí te ayudamos en ese sentido.

¿Qué combustible comes?

¿Comer combustible? Es una manera de ilustrarlo. Hace años, en Guayaquil, una avioneta cayó a tierra poco después de despegar. Aunque el piloto intentó un arriesgado aterrizaje de emergencia en el Estadio Modelo, acabó estrellándose contra el cuartel de policía. ¿Cuál fue la causa? Investigadores informaron que la tripulación había solicitado combustible JP-1, para motores de turbina, en vez de AV- Gas, octanaje de 100-130, para avionetas. Lamentablemente hubo un muerto: el piloto. ¿Qué tiene que ver esto con la motivación?

Bueno, tal como el motor de un avión, la motivación es el motor de tus actos. Prácticamente todo lo que haces o dejas de hacer tiene sus raíces en una motivación. Por ejemplo, si quieres salir a pasear, es porque dicho paseo encierra un incentivo para ti. Y si sales a pasear, causarás un efecto positivo. Si te empeñas en terminar un trabajo, es porque crees que recibirás alguna clase de incentivo. Si lo terminas, el efecto será tu bienestar, las felicitaciones de los demás y tu contribución al desarrollo del bien común. ¡Toda persona busca motivación en lo que dice o hace! Por supuesto, a veces cometerás errores involuntarios, como si llenaras el tanque con un combustible inapropiado, y te estrellarás contra la realidad detestando haberte equivocado. Entonces, tu único consuelo es sacar una lección para hacerlo mejor en el futuro.

Lo que quiero decir es que, si quieres hacer algo, tienes que identificar la motivación o incentivo que te mueve. Porque si los resultados te entristecen o perjudican, querrás haberlo evitado. Para cosechar buenos resultados, la motivación debe impulsarte en la orientación correcta. Por ejemplo, cuando los delincuentes son apresados, siempre se consuelan diciendo: "Todo estaba saliendo perfecto". Pero ¿qué falló? ¡Su motivación! Cultivaron la suposición equivocada de que podían terminar felices y contentos a costa de la tristeza y el sufrimiento de sus víctimas. Se engañaron a sí mismos con un razonamiento falso. Sembraron tomates para cosechar papas. ¡Eso jamás ha funcionado! Vivir escondiéndose en una montaña escarpada, modificando sus rostros mediante cirugías muy dolorosas, cambiando sus nombres, cuidándose de que un día un traidor venda la información sobre su paradero. ¿Son esos verdaderos incentivos? ¿A quién jamás le ha gustado vivir escondido o perseguido permanentemente? El principio de jurisprudencia respecto a la prescripción del delito se basa, precisamente, en el hecho de que no es justo ni humano que alguien viva perseguido toda su vida.

En pocas palabras, si no quieres que tu avión se estrelle, tienes que ponerle el combustible adecuado para su marca y modelo, siguiendo las instrucciones del fabricante. O sea, si no quieres estrellar tu vida, tienes que comer el alimento intelectual que te permita dirigir tus esfuerzos hacia metas loables. Porque todo lo que ves, oyes y lees afecta tu personalidad y desempeño.

Por eso, aunque este web site de ninguna manera es, ni pretende ser, un consultorio profesional sobre salud mental, contiene técnicas dinámicas para hablar en público que pueden ayudarte a aprender a motivarte y motivar a otros, especialmente si tu actividad implica tratar a mucha gente. Porque lo que es útil en el arte de hablar, aplica a casi toda actividad relacionada con la comunicación en general.

Cuando atravieses por una etapa desalentadora, pregúntate: "¿Cuánto tiempo pienso permanecer así? ¿Hasta cuándo me daré el lujo de mantenerme en una postura pasiva, en el fondo, esperando que otros me levanten el ánimo? ¿Es que la cosa es tan irremediablemente penosa que realmente prefiero estar así? ¿Hasta qué punto permito que mi bienestar general dependa casi enteramente de otra(s) persona(s)? ¿Acaso un invidente no podría ser locutor, ni un mudo escritor? ¿Y quién dice que un cojo no puede viajar, nadar o trepar árboles y montañas?".

A veces podría ser tentador alzar la voz y exigir uno sus derechos. Pero no pocas veces puede llevar uno las de perder. Cierta señora comenzó a alzar la voz y a exigir sus derechos en un aeropuerto de una zona selvática. El clima no era tan bueno. Aunque ella tenía un boleto, le dieron su asiento a una persona influyente que quiso salirse con la suya. Gritó y gritó y gritó hasta que puso de vuelta y media el aeropuerto y consiguió que bajaran a aquella persona y le devolvieran su asiento. Subió y partió. El avión remontó vuelo raudamente sobre las nubes. Pero a no mucho tiempo de despegar, se estrelló en las montañas.

No queremos decir que uno no pueda hacer valer sus derechos, ni que siempre ocurrirán cosas así. Pero, a veces, para salir ganando,
es mejor ser tolerante y paciente. En ciertos casos, podría ser ventajoso pasar por víctima a fin de volver a casa sanos y salvos, y dormir tranquilos. Nadie pudo predecir lo que ocurriría en aquel caso. Pero ¿valió la pena gritar y forzar la situación de esa manera? Es muy lamentable que ocurran cosas así. Pero ese es el mundo real.

"Pero ¿de dónde sacar motivación y remontarme cuando estoy en el suelo... o mejor dicho, en el subsuelo?"

Bueno, solo una persona que ha estado en el subsuelo puede darte buenas sugerencias para conseguir motivación y salir adelante. Todos los consejos de Oratorianet.com son de comprobada eficacia, porque dan resultados a quienes quieren levantarse. La gran mayoría resultaron de experiencias por las que realmente pasaron nuestros alumnos o conocidos. Yo estuve personalmente aquel día en aquel aeropuerto, esperando mi vuelo a casa después de dar una conferencia de motivación.

Sin embargo, ningún buen consejo funciona con quienes deciden seguir tumbados. Porque lo que una persona desea fervientemente es lo que domina sus actos, ya sea tumbarse o levantarse. El sueño es curativo. Si necesitas descansar, descansa. Pero recuerda que la vida consiste en moverse, salir y recomponerse. La lucha es diaria.


Por otro lado, no quiero disuadirte de dar de tus bienes a lo pobres si sinceramente tu conciencia te impulsa bondadosamente a ayudar al necesitado, pero ten en cuenta lo siguiente. Cierta persona se ubicó estratégicamente en la intersección de dos importantes avenidas y se dedicó a pedir dinero a los conductores que se detenían en el semáforo cada vez que cambiaba a rojo. Noté que llegaba por las mañanas y seguía por las cercanías hasta el anochecer. Su actividad era tan constante, y su descanso, tan plácido cuando se sentaba, especialmente cuando fumaba un cigarrillo, que me daba qué pensar. Caminaba con dificultad, pero daba la impresión de estar alimentándose bien.

Por eso, después de varios meses, abrí una hoja de cálculo y escribí un archivo con los datos para sacar una estadística somera. No para hacer un estudio de marketing, sino para ayudarme a reflexionar en las personas que piden dinero gratis. No como un estímulo para cuando las papas quemaran, ni para dejar de hacer obras de bien cuando me pareciera apropiado. Lógicamente, se entiende que a veces algunos dan dinero por temor a las represalias, pero en todo caso, me sirvió para estar más consciente de lo que algunos hacen cuando sienten el impulso emocional de regalar dinero a cualquiera que estira la mano. Porque aunque hay quienes realmente están necesitados, en muchos casos tal vez uno pudiera estar haciendo más daño que bien si el problema es que simplemente no quieren trabajar.

¿Y en los casos de esclavitud? En esas circunstancias, a veces es muy difícil convencer a las víctimas de que pueden superar su situación, incluso cuando la esclavitud es solamente emocional. Sus captores manipulan su mente de manera que estas llegan a creer que nunca podrán librarse. Se vuelven absolutamente dependientes. Pierden de vista el hecho de que no hay límite a lo que el cerebro puede llegar a pensar y hacer. No se dan cuenta de que el ser humano puede superar su mejor marca, su mejor esfuerzo, su peor pesadilla o su más horrible situación. De hecho, se ha dicho que nuestro cerebro es en sí mismo un milagro de diseño y bioingeniería. No hay nada que pueda pensar que no pueda lograr, sobre todo liberarse del prejuicio, de tradiciones absurdas o de la esclavitud a normas que no tienen ningún asidero confiable. Casi cualquier cerebro humano puede ingeniárselas para triunfar sobre el desastre o la opresión. ¡Porque está diseñado para resolver problemas! Solo es cuestión de prestar mucha atención.

No exagero. Desde muy joven Demóstenes fue tartamudo y físicamente débil, pero llegó a convertirse en un gran orador y estadista. ¿Y no fue totalmente sordo Ludwig van Beethoven cuando compuso sus mejores obras? ¿Sabías que en 1933, Franklin Delano Roosevelt llegó a ser presidente de los Estados Unidos de America aunque era paralítico? Y ¿qué decir de Helen Keller, que llegó a graduarse en la universidad y fue conocida como fecunda escritora, educadora y conferenciante, a pesar de que quedó ciega, sorda y muda a los 19 meses de nacer? ¿Te imaginas su mundo? No sabía leer ni escribir ni interpretar los estímulos de los demás, porque no podía ver, oír ni hablar. Helen no hubiera logrado nada en la vida sin el apoyo mayéutico y paciente de su maestra, Anne Sullivan... que como Helen, también era ciega y sorda.

Es cierto que a veces pasamos por situaciones en la vida que parecen tragarse nuestra motivación y nos dejan sin consuelo ni incentivo. Por ejemplo, una dolorosa enfermedad incurable, un accidente grave, las incomodidades que vienen con la edad avanzada, el fallecimiento de un ser amado, un divorcio o separación, un fracaso académico, profesional o empresarial, soportar un horrible apodo o tener que escuchar la crítica punzante de parte de gente despiadada, que se nos diga que fuimos decepcionantes por no ingresar a la universidad, tolerar la compañía de cierta persona cuya presencia nos irrita, no poder persuadir a alguien de evitar cierto proceder, o no poder convencerlo de hacer algo que le beneficiará personalmente, luchar sin éxito contra cierta injusticia, enfrentar las consecuencias de la traición de alguien en quien confiábamos, dejar de percibr un dinero con el que contábamos para cubrir nuestras necesidades básicas o las de nuestra familia, y para colmo, que lo despidan del trabajo, o que reciba una enorme multa de la oficina de impuestos. Y la lista continúa. Estas cosas les suceden a mucha gente. Pero, ¿hay algo que pueda hacerse para contrarrestar algunos efectos y reforzar la motivación? Mucho influye el punto de vista, la actitud o el enfoque que se le dé.

Cierta tarde, dos amigos conversaban. De repente, una joven pasó a su lado y exclamó: "¡No sé qué hacer! Hace días que vengo a cobrarle a la señora de esa casa, pero me manda a volar y me pospone y pospone. Trabajé para ella 21 días y me despidió porque no le gustó mi trabajo. Pero de todos modos fueron 21 días de trabajo. Ella debe pagarme. Vengo de muy lejos, señor, ayúdeme. No sé qué hacer. No puedo estar perdiendo tiempo y dinero viniendo una y otra vez".

La pobre estaba desesperada. Evidentemente estaba siendo una víctima de aquella insensible mujer.
Entonces, después de soltar todo su rollo, uno de ellos le dijo que estaba en su derecho de recurrir a la policía y poner una denuncia, luego ir a la dependencia del gobierno que defiende a los trabajadores y solicitar apoyo. Pero le advirtió que eso demoraría más y le costaría más dinero. Una opción más sencilla tal vez sería la siguiente: "¡Haz un teatro que le rompa el alma!". Le contestó: "¿Cómo es eso?". Le dijo: "Siéntate en la puerta de su casa y ponte a llorar y llorar y llorar, clamando: "¡Señora, págueme, por favor! ¡¡Tenga misericordia de mí!! ¡Necesito comer, vestirme y atender a mis hijos!". Repite lo mismo mil veces. Hazlo todo el día hasta que se te terminen las lágrimas. Y cada vez que uno de sus vecinos pase por ahí y te pregunte: '¿Qué sucede hijita?', Suéltale todo el rollo, siempre llorando. Uno de esos vecinos de seguro llamará a la policía y hará un escándalo, o a la mujer le dará miedo de que una de sus vecinas inicie un chisme contra ella diciendo que es una bruja malvada. Pero alza la voz y hazla vibrar cada vez que digas: '¡¡Es una injusticia!! ¡¡Trabaé para usted 1 días!!', y plántate allí hasta que te pague. Si te pide que te retires, siéntate en la calle, frente a su casa y continúa con el show, lo cual será peor para ella. No soportará el espectáculo". Dicho y hecho. Después se enteraron de que aquella mujer le pagó antes de caer la tarde.

¿Quién es mejor? ¿El que cursa estudios superiores pero nunca hizo nada extraordinario? ¿El que no estudió en la universidad pero inventó algo tan extraordinario que dejó boquiabiertos a todos? ¿El que nunca estudió ni hizo algo que beneficiara a la humanidad pero que, vez tras vez, pateó tan bien la pelota que metió muchos goles y se llenó de dinero? Está claro que la mediocridad es un concepto relativo que depende mucho de quien lo piense. Lo que cada quien considera importante le sirve de punto de partida para cualquier juicio subjetivo. ¡Es increíble lo que puede ocurrir dentro del cerebro de las personas! A una, un insulto pudiera provocarle un justificado resentimiento pasajero, a otra, darle base para iniciar un negocio lucrativo, y a otra, un profundo rencor que constituya la justificación perfecta para destruir a toda su familia o a todo su país, o hasta para tomar una decisión que pudiera llevar al borde de la extinción a toda la humanidad! Todo por un concepto o punto de vista.

Permíteme contarte un caso que el Dr. Maxwell Maltz, el autor de "Principios de Psicocibernética", publicó en uno de sus libros. Contó que cierto biólogo observó detenidamente cómo unas homigas transportaban toda clase de cosas hacia un hormiguero cercano. De repente, una de ellas pareció confundirse un poco cuando llegó a una grieta que le parecía imposible de cruzar. La paja que llevaba a cuestas era muy grande y, aparentemente, no supo qué hacer. Pero quedó desconcertado cuando vio cómo la colocó a manera de puente, cruzó por ella y siguió jalándola hasta el hormiguero. ¡Usó la paja misma como puente para lograr su meta! Es decir, ¡transformó el problema en la solución! Bueno, nosotros somos más que hormigas. Podemos transformar muchas otras cosas. No hay nada como observar a las hormigas. La lección es que, a veces, la solución te la da el problema mismo. ¡Es increíble lo que puedes hacer con 1 idea!

Recuerdo una madre soltera que había trabajado lealmente durante muchos años para una empresa, y que, bordeando los 40 años de edad, con hijos en plena adolescencia, una reducción de personal llevó a su despido. En su desesperación, dejó a sus hijos por un tiempo a cargo de sus padres y emigró a otro país. Trabajó como niñera. Se sentía humillada y asustada por el futuro. De repente, una amiga que limpiaba casas le pidió que la reemplazara limpiando la casa de un caballero solvente, porque tenía que atender una emergencia. Ella aceptó. Pero aquel hombre quedó tan encantado con su personalidad que se enamoró de ella. Ella le contó su historia y, después de un honorable cortejo, se casaron. Ahora se había convertido en la esposa de un próspero hombre de negocios. ¿Y sus hijos? Él le suplicó que mandara llamarlos, para vivir todos juntos. Ella reflexionaba: "Y yo creía que el que me despidieran había sido una desgracia. ¡Me hicieron el  favor más hermoso de mi vida!".

No me malinterpretes. No estoy estimulándote a emigrar ni a trabajar de niñera ni a casarte ni algo parecido. El punto es: ¿Comprendes que la vida nunca es exactamente como la quieres, y que muchas de las desgracias que les ocurren a las personas resultan en todo lo contrario? Por ejemplo, cierta mañana, una mujer lloraba desesperada. Había revuelto toda su casa buscando un billete que había escondido algún tiempo atrás para emergencias. Ahora tenía una verdadera emergencia, pero no recordaba dónde había puesto el billete. Por eso, le imporó su ayuda a Dios. Pero ni bien terminó, coincidentemente llamaron a su puerta ciertas personas que querían hablarle de la Biblia. Ella pensó: "¡Estas pesadas!", porque siempre las había mandado a volar de manera hostil. Pero recordando que le había pedido ayuda a Dios, las escuchó por respeto. Entonces, cuando quisieron leerle un pasaje, le preguntaron: "¿Tiene usted una Biblia en casa?", a lo que ella respondió con fastidio: "Sí". Ellas dijeron: "¿Podría traerla?", y ella obedeció, porque se sintió comprometida. Le pidieron que la abriera en cierto lugar, y cuando la abrió, gritó: "¡¡Acá está!! ¡¡Bendito sea Dios!!". Ella había puesto el billete en ese lugar. ¿Milagro? ¿Mera coincidencia? Lo importante es que, en este caso, si no hubiera sido respetuosa y humilde con aquellos visitantes, simplemente hubiese seguido llorando con su problema. Reconozcámoslo, aquella mañana las cosas no se presentaron como ella hubiera deseado, pero fue lo que precisamente condujo a la solución de su problema.

Cierto contador se aprovechaba de sus clientes mintiendo y robando sistemáticamente. Cuando uno de ellos se dio cuenta, lo conminó exigiéndole una explicación, además de la inmediata devolución de su dinero. Pero la respuesta fue descaradamente simple: "No tengo el dinero. Haga lo que quiera. Demándeme". Por que sabía que el cliente, furioso, se daba cuenta de que enjuiciarlo sería un trámite engorroso, largo y difícil de llevar a cabo, y que al final probablemente no recibiría una compensación justa. De modo que aquel cliente decidió cortar la relación y olvidar la deuda. Un día, el contador salió al campo con su familia. Detuvo su automóvil al lado del camino, y, como estaba acostumbrado a violar la ley, bajó confiado por el lado equivocado y un ómnibus que pasaba a toda velocidad se lo llevó de encuentro haciéndolo volar por los aires. Terminó el resto de sus días amargado y paralizado de pies a cabeza. El seguro, los médicos, enfermeros, asistentes, medicinas, hospitales, viajes y traslados de emergencia, equipos de hospital, y ni qué decir de los  posteriores gastos de cremación, funeraria y cementerio, uno por uno le fueron quitando como pirañas su dinero mal habido, y si algo quedó, sus herederos lo despilfarraron hasta quedarse sin nada.

No estoy diciéndote que los que leen la Biblia no tengan problemas, ni que a los que se burlan de los demás los atropella un ómnibus. Solo quiero enfatizar que la vida nunca empieza, se desarrolla ni termina como uno quiere. Tal vez algunos aspectos coincidan con lo que uno siempre deseó, pero aún así, su vida, es decir, su entero derrotero, nunca resulta exactamente como quiere. Porque hay demasiadas variables envueltas.

Un antiguo proverbio dice que el suceso imprevisto nos acaece a todos. Es decir, a veces nos va mal porque edificamos mal, y otras, debido al suceso imprevisto. Pero si cultivamos buenas motivaciones y nos esforzamos por vivir una buena vida, procurando reflexionar antes de hablar, planificar antes de edificar, sopesando las consecuencias antes de actuar, lo haremos más fácil para todos y reduciremos las probabilidades de lamentarnos por haber procedido de manera imprudente.
 
Si estás pasando por algún sufrimiento muy difícil de superar, busca profundamente en tu interior, relame tus heridas y tira para adelante. ¡¡Jamás temas empezar desde cero!! Verás que los resultados son siempre mejores, porque habrás comenzado sobre la base de una experiencia bien aprovechada, lo que significa que no estarás comenzando realmente desde cero.

Por ejemplo, aunque un suceso impevisto pudiera perjudicarte, ¿no incrementarías las probabilidades de sufrir daño si caminaras temerariamente por una calle que sabes que es peligrosa, pudiendo escoger otra ruta? ¡Por supuesto! No podrías echarle la culpa al suceso imprevisto, porque no se trataría de algo imprevisto, sino de una temeridad. Por supuesto, a uno pudiera parecerle imposible ganar la batalla cuando las circunstancias parecen tomar el control. Por ejemplo, tal vez le den la noticia de que un amigo o pariente muy amado ha tenido un accidente grave, y tienda a negar la realidad por un tiempo, o no esté emocionalmente preparado para enfrentar los hechos, sobre todo si le confiesan que lamentablemente falleció. No podría revertir la situación aunque tuviera todo el dinero o toda la fe del mundo.

Lógicamente, si sientes que la cosa se te escapa de las manos, en el sentido de no lograr el control sobre tus emociones, tal vez ha llegado el tiempo de considerar tus opciones de visitar a un consejero experimentado, o quizás a un especialista en salud mental, dependiendo de la seriedad del asunto. Hasta los más connotados ejecutivos buscan asesoramiento especializado en diferentes campos del saber durante la realización de sus proyectos.  No pueden arriesgarse a fracasar por no consultar.

"Es que mi jefe me tortura psicológicamente porque en varias ocasiones en el pasado rechacé sus pretensiones", dijo una vez una joven madre soltera. "Todo me lo critica tan severamente que cuando se aproxima a mi oficina, siempre le pregunto: '¿Y ahora qué hice mal?'. No hay día que, a pesar de mis esfuerzos, no me critique severamente. Me tiene estresada", añadió.

Cierto día, su jefe viajaba a toda velocidad por las montañas en su camioneta 4x4 en una visita de rutina a una de las instalaciones de la compañía, pero el conductor perdió el control del vehículo y cayó aparatosamente al caudaloso río que serpenteaba por la zona. El conductor logró salir a tiempo y salvarse, pero su jefe no lo logró. En una reunión de todo el personal de la oficina, le preguntaron a ella: "¿Y tú qué piensas de lo ocurrido?". A lo que ella respondió con sencillez: "Espero que dondequiera que esté, se encuentre bien". Pero ellos murmuraron en voz baja: "Ya no la fastidiará nunca más". No fue amoroso murmurar aquello, pero era la verdad. Lamentablemente, el jefe que asignaron como reemplazo siguió tratando con dureza al personal. Algunas cosas no cambian.

De hecho, en la mayoría de los casos, el éxito depende de haber buscado a tiempo a un pariente cercano, a un amigo allegado o a un consejero experimentado. Una persona que solicita consejo a un amigo maduro con experiencia en la vida, amplía su perspectiva, lo cual le permite colocarse en una mejor posición para tomar decisiones importantes, porque descubre opciones y alternativas que tal vez nunca hubiera enfocado por su cuenta. ¿No ayudó Ann Sullivan a Helen Keller? ¡Contra todos los pronósticos, ese fue un caso de un ciego que guió a un ciego!

Por supuesto, siempre cabe la probabilidad de que a pesar de una aparente buena intención, en vez de darte un estímulo, alguien haga un comentario desalentador y perjudical, que, en vez de levantarte, te aplaste hasta el piso: "¿Dices que tuviste la intención? Pues, déjame decirte que las intenciones no bastan." ¿Qué hacer en tal caso? La ilustración de las dos ranitas puede ayudarte a saber qué hacer:

Cuentan que unas ranitas estaban saltando por un bosque hasta que de repente cayeron en un hoyo muy profundo. Felizmente se atascaron en una gran raíz y no cayeron hasta el fondo. Entonces, otras ranitas que pasaban por ahí comenzaron a hacerles gestos y ademanes y a gritar: "¡Traten de saltar hasta acá!". De modo que comenzaron a tratar y tratar y tratar, procurando salir del hoyo. Pero fue en vano. Por más que se esforzaron, no lograron salir.

Entonces, las que las estimulaban a salir, perdieron las esperanzas y comenzaron a gritar: "¡No tiene sentido que sigan esforzándose! ¡Se nota que va a ser imposible que alcancen el borde! ¡Podrían tropezar y caer hasta el fondo!". Dicho y hecho. Una de las ranitas, se debilitó tanto que se desvaneció y cayó hasta el fondo y murió. Pero la otra seguía tratando y tratando y tratando, a pesar de que las que estaban arriba gritaban: "¡Ya no luches más! ¡No podrás salir!".

Sin embargo, la ranita seguía insistiendo, y saltaba y saltaba hasta que, para asombro de las otras ranas, logró alcanzar el borde y saltar fuera del hoyo. Entonces le preguntaron, asombradas por su perseverancia: "¿Por qué seguiste esforzándote si todas te gritábamos que ya no te esforzaras más?". Y ella no respondía. Solo las miraba, sonriendo y asintiendo vivamente con la cabeza. Y la captaron. Para su sorpresa, ¡se dieron cuenta de que era sorda! En todo momento ella solo había visto los gestos y ademanes que le hacían desde arriba y que su compañera se había esforzado al máximo por saltar más alto, así que siguió esforzándose a pesar de que le gritaban que desistiera. ¿Entendiste la lección?

Usualmente, el éxito radica en no prestar atención a comentarios negativos.

Si alguien te dice que las buenas intenciones no bastan, piénsalo dos veces. Porque nada puede lograrse en la vida sin buenas intenciones. La intención es el inicio de todas las cosas. Sin entención no puede lograrse absolutamente nada en la vida. Es cierto que también hay que poner manos a la obra y esforzarse y perseverar. Pero la intención es necesaria. La intención fue una manifestación del deseo de alcanzar la meta. Aceptemos que las intenciones no bastan cuando uno no hace nada más después de intentarlo. Pero también reconozcamos que sin intención, nada lograríamos. Por eso, aprovecha cada intención al máximo. Lo importante es que sigas intentándolo, ¡como aquella ranita!

Lo mejor es mantener siempre la actitud correcta. ¿Recueras la introducción de este artículo? Si Walt Disney hubiera seguido el consejo de aquel editor que le dijo: "Hijo, [...] Mejor dedícate a otra cosa", no hubiese creado ni a Mickey Mouse ni al Pato Donald ni a todos sus otros personajes, tampoco hubiera creado Disneylandia ni hubiese fundado los estudios Walt Disney, precursor de un magnífico nuevo género de películas. Por eso, si tu meta es loable, persevera y no prestes atención a los comentarios negativos o desalentadores que no tienen en mira tu bienestar futuro. Ese es un requisito para salir adelante en todas las cosas:  "A palabras necias, oídos sordos"

Por eso, una cosa es mirar el paisaje desde la pista de aterrizaje, y otra, mirarlo desde un avión o desde un globo. Una cosa es mirar el bosque desde el interior de una cabaña, y otra muy diferente, salir y mirarlo desde el borde de un lago, o mejor, desde la cima de una montaña. Nuestra perspectiva se estrecha o amplía dependiendo de nuestra ubicación física. Muchos excursionistas que se perdieron en medio de un bosque tal vez hubieran salido más rápido si hubiesen trepado a la copa de un árbol grande para divisar alguna depresión en el terreno y trazar alguna ruta hacia un río.

Algo similar sucede con nuestras emociones y pensamientos. ¡Sí! Con nuestra actitud mental. A pesar de que a veces las circunstancias nos afecten negativamente, hasta el punto de que no podamos hacer nada por remediarlas, sí podemos decidir, desde una perspectiva diferente, qué podríamos hacer con nuestros propios sentimientos. Mejorando la perspectiva, seguramente se nos ocurrirá un buen plan. Tal vez notemos que nuestra depresión en realidad está indicando, por decirlo así, la presencia de un río cercano. ¡Quizás este mismo artículo podría estar encendiéndote la chispa ahora mismo, avivando la mecha en tu corazón, que estaba a punto de apagarse!

No pocas veces las ideas más brillantes
se les ocurrieron a personas comunes y corrientes
que estaban pasando por su peor momento.

¡Vamos! No se trata de "quien tuvo la culpa", sino de "qué puedo hacer para mejorar la situación, atenuar el impacto, modificar el efecto, aliviar el problema, reducir el estrés y/o hallar un camino". "Aprueba de todo" es un programa de Discovery Channel en el que el protagonista enseña al espectador todos sus recursos disponibles para hallar un camino y salir adelante a pesar del peligro y la adversidad. Es cuestión de aplicar la misma mentalidad en sentido emocional.

Vivimos en tiempos cada vez más peligrosos. No es tiempo de correrle a las buenas noticias ni al estímulo positivo, ni a las buenas personas que te buscan para hablar contigo; ni a la esperanza, ni a las alternativas, ni a las advertencias, ni al consejo bien fundado. Piensa: Si treparas al árbol de tu vida para tener una visión más panorámica, por decirlo así, ¿qué verías? Estoy seguro de que hallarías algunas respuestas interesantes.

Cuentan que cierto pueblo comenzó a inundarse, y un hombre se encomendó a Dios, pidiendo: "¡Ayúdame, te suplico!". Pero al ver que sus vecinos también estaban inundados, rogó: "¡Ayúdalos a ellos también!". De repente llegó un camión y lo conminaron a subir porque el nivel del agua seguía subiendo. Pero él respondió: "No, vayan más bien y ayuden a mis vecinos. Yo tengo fe en que Dios no me desamparará". Y el camión recogió a sus vecinos, y el agua siguió subiendo.

El hombre ahora se refugió en el segundo piso y, vio por la ventana que otros vecinos necesitaban ayuda. Por eso, cuando llegó un bote y lo conminaron a subir, porque el nivel del agua seguía subiendo, él respondió: "No, vayan más bien y ayuden a mis vecinos. Yo tengo fe en que Dios no me desemparará". Y el bote recogió a aquellos vecinos, y el agua siguió subiendo.

Ahora corrió a refugiarse en la azotea, y vio a lo lejos a otros vecinos que también habían subido a sus azoteas. Entonces llegó un helicóptero y lo conminaron a subir porque el nivel del agua seguía subiendo. Pero él respondió: "No, vayan más bien y ayuden a aquellos vecinos. Yo tengo fe en que Dios no me desamparará". Y el helicóptero recogió a aquellos vecinos. Pero como el agua siguió subiendo, el hombre ya no tuvo dónde refugiarse y se ahogó.

¿Dirías que no recibió la ayuda a tiempo? ¡De ninguna manera! Usó su libre albedrío para rechazar enfáticamente la ayuda que llamaba a su puerta cuando los rescatistas lo conminaron en varias ocasiones para ponerlo a buen recaudo, primero en un camión, luego en un bote y finalmente en un helicóptero. Fue personalmente responsable de rechazar todas sus oportunidades de no ahogarse.

Otra persona me contó una vez acerca de cierto hombre que se alejó de un campamento mientras paseaba por un bosque, y se perdió. Comenzó a andar en círculos sin hallar el camino de regreso. La noche caía, y decidió apresurarse. Pero al correr alocadamente, de repente resbaló por una pendiente muy empinada y rodó y rodó y rodó a toda velocidad sin nada que lo detuviera. Felizmente, sus manos lograron asirse de un tronco que detuvo su caída. La noche era tan fría y oscura que comenzó a gritar: "¡Auxilioooo! ¡Ayudaaaa!". Y un poblador que pasaba por ahí le dijo en son de burla: "¡Oiga! ¡Cómo se le ocurre bajar por ahí, jajaja!". A lo que el sufrido excursionista respondió: "¡Ayúdeme, por favor!". Y el desconocido contestó: "¿Por qué mejor no acaba con todos sus problemas y se suelta, jajaja?", y se fue, perdiéndose en la oscuridad. "¡Oiga, regrese!", gritó angustiado. Pero la voz solo resonó una vez más desde el fondo del bosque: "¡Deje de gritar y suéltese, jajaja!". Como el pobre no podía ver nada, ya que la noche era profunda y oscura, se aferró al tronco con todas sus fuerzas y esperó el amanecer. Cuando despuntó el alba y pudo ver, se dio cuenta de que toda la noche había estado colgando a medio metro del suelo. Entonces entendió por qué aquel poblador se había reído tanto. Se soltó, caminó una corta distancia y divisó el pueblo.

En Japón, el Koi es un pez de colección favorito de los aficionados. Una de sus características es que crece y se desarrolla de acuerdo con el tamaño del estanque donde se lo críe. Si se lo mantiene en una pecera pequeña, sólo crece unos 5 cms. Si se lo cría en un estanque, crece hasta 25 cms. Si se lo coloca en un estanque muy grande, puede crecer hasta 45 cms. Pero si se lo cría en un lago, puede alcanzar los 90 cms. Esto nos puede resultar muy instructivo, porque los seres humanos tendemos a desarrollar nuestra personalidad de acuerdo con el ambiente donde cultivamos nuestras cualidades personales.

No se trata de las dimensiones de tu dormitorio, del tamaño de tu casa ni de cuán grande o importante sea la ciudad donde vives, sino de tu capacidad para interpretar y entender lo que sucede a tu alrededor. Si una persona es estrecha de miras, seguirá siéndolo aunque se ponga ropa nueva todos los días y coma en los mejores restaurantes. No verá más allá de su nariz cuando la calamidad la azote de un momento a otro, porque no presta atención a los detalles que realmente importan. Un antiguo proverbio dice: "Más vale un joven pobre pero sabio que un rey viejo pero estúpido que no acepta consejos". Lo que verdaderamente importa es el tamaño de su mente y corazón. ¿Es como un océano? ¿O como una caja de zapatos?


Sin embargo, aunque sea cierto que puedes colocar la valla a la altura que desees, debes tener cuidado de no fijar tu propia evaluación como el único critero para tus progresos, porque podrías considerar como suficiente un esfuerzo que en realidad no es significativo para ti. A veces viene bien conversar con un amigo maduro, de confianza, que te ofrezca una segunda opinión, o mejor con diferentes personas, para formar un criterio más amplio. Algunos han abierto los ojos a muchos de sus defectos con solo preguntar a un amigo: "¿Qué piensas de mí? ¿En qué crees que podría mejorar? ¿Cuáles crees que son mis puntos fuertes? ¿Y mis puntos débiles?".

Por supuesto, se necesita un estómago de hierro para soportar ciertas verdades que pudieran incomodar a uno. Tal vez alguien te diga con franqueza que tienes mal aliento, que tus pies huelen mal, que deberías usar un desodorante más fuerte, o que siempre tiendes a ponerte a la defensiva, o que no sabes perdonar, o que eres egoísta, o egotista, o ególatra, o que tienes fama de ser cruel, o que pareces una persona demasiado hermética, o que siempre te resientes cuando no te dan la razón, o que te gusta manipular a los demás para que hagan lo que quieres, o que eres un patán y por eso nadie quiere ser tu amigo, o cosas aún más fuertes. Y solo te quedan dos caminos, la decisión es tuya: Mejorar o seguir empeorando.

Todos tienen un incentivo o motivo muy personal

Todos tenemos motivos más profundos y significativos que los que notan los demás. No podemos saberlo todo exactamente; no podemos interpretarlo todo correctamente. Por la misma razón, no podemos pretender conocer tan bien a otras personas que conozcamos cuáles son sus motivos más profundos. A veces son cosas que solo conocen ellas mismas.

Tú también tienes tus propios motivos e incentivos para hacer todo lo que haces, ya se trate del deseo de tener amigos, qué estudiar, casarte, conseguir un trabajo, tener hijos y criarlos, divertirte u otra cosa. A veces permites que otros te conozcan tan bien que se enteran de muchos de tus motivos, pero otra veces prefieres mantenerlos solo para ti.

Por ejemplo, recuerdo cuando era niño una época en que mi padre no pudo proveer todo lo necesario para nuestra familia. Una razón era que debía mantener a dos familias. Y recuerdo que siempre me habían advertido que antes de cruzar una calle debía mirar a la derecha y a la izquierda por si viniera un vehículo. Hasta hoy lo tengo en mente. Siempre me cuidé de mirar a ambos lados antes de cruzar las calles, incluso en las vías de un solo sentido.

Aquel consejo fue sabio. Mis padres querían evitarme problemas, es decir, no querían que me accidentara. Pero ¿cuál era mi verdadera motivación para mirar a ambos lados antes de cruzar? ¿Evitar un accidente? Aparentemente, pero ese nunca fue mi verdadero propio incentivo. ¿Quieres que te diga un secreto? ¿Quieres saber por qué siempre me cuidé de mirar a ambos lados?

Bueno, tiene que ver con aquella etapa difícil que atravesó mi padre. Mi madre ya no podía comprarme calzoncillos nuevos, de modo que, poco a poco, mis calzoncillos se gastaron y les salieron huecos. Y aunque yo era solo un niño, razonaba de esta manera: "Si no miro bien a ambos lados antes de cruzar las calles, podría golpearme un automóvil, como dicen mis padres; y si me golpeara un automóvil, de seguro me llevarían al hospital; y si me llevan al hospital, me examinarán; y si me examinan, seguramente me quitarán los pantalones; y si me quitan los pantalones, todos verán mis calzoncillos. ¡¡Qué vergüenza!! Mmmm, mejor miro bien a ambos lados antes de cruzar las calles!". Mi incentivo no era evitar un accidente, sino evitar la vergüenza de que todos vieran mis calzoncillos gastados, jajajaj (me hubiera reído antes).

La motivación de mis padres era evitarme un accidente, pero mi propia motivación fue más allá. Ellos me proveyeron un motivo básico, es verdad (evitar un accidente), pero dicho motivo me dio qué pensar y reflexioné con discernimiento y perspicacia en las consecuencias ulteriores de la consecuencia básica en la que ellos pensaron. Por otro lado, aunque aparentemente su motivación fue evitarme un accidente, probablemente también tenían una motivación más personal, más profunda, como "no tenemos dinero para el hospital", o "no tenemos tiempo para distraernos del trabajo", o "a nosostros nos ocurrió de niños", "mi tío murió por no mirar a ambos lados" u otra razón. No sé.

En una fiesta, la dueña de casa ofreció a un niño de 5 años de edad una fuente con ricos tentempiés que contenían un ingrediente grasiento, a lo que el niño respondió: "No me gustan esos porque tienen muchas grasa". Pero ¿en realidad no le gustaban? ¿O solo estaba siguiendo una instrucción de su padre, que era físicoculturista? ¿Realmente entiende un niño de 5 años el efecto que la grasa y las calorías tienen en su organismo, eso del colesterol malo y bueno, los triglicéridos, las grasas saturadas y polinsaturadas? Por otro lado, ¿es cierto que nuestro organismo no necesite grasa? Es muy probable que aquel niño solo estaba dando una respuesta programada por el padre, o quizás diciendo lo que siempre oía decir a su padre, y no porque entendiera el efecto de la grasa en su organismo. En tal caso, su motivación no era principalmente "gozar de buena salud", un concepto todavía muy abstracto para su corta edad, sino probablemente algo más concreto, como "agradar a mi papá".

Sí, hasta los niños pequeños suelen tener motivaciones propias, a veces tan extrañas que hasta un experto psicólogo tendría dificultad para desentrañarlas. Todos tenemos motivaciones y perseguimos incentivos en casi todas las cosas que hacemos; y tal vez los demás puedan ver algunas, o averiguarlas conversando con nosotros. Pero siempre habrá otras que se mantendrán en un nivel tan personal como si se tratara de unos calcetines gastados.

Por supuesto, no estoy sugiriéndote que ahora vayas y le grites a tu hijo: "¡¡Tienes que mirar bien a ambos lados, porque si te golpea un automóvil, te llevarán al hospital, y si te llevan al hospital, los doctores te va a examinar, y si te examinan, te van a bajar los pantalones, y si te bajan los pantalones, van a ver tus calzoncillos. ¿Quieres eso!!". No tienes que hablarle tan duramente.

Una vez, cierto hombre me contó que nunca había comido sushi, porque nunca había entrado a un restaurante de sushi. Y ¿por qué no había entrado? Me confesó que suponía que lo obligarían a quitarse los zapatos. Cuando sus amigos lo invitaban a un restaurante de sushi, siempre declinaba cortésmente; pero en realidad, en su mente la verdadera respuesta era: "No quiero que vean mis calcetines gastados". Solo cuando se enteró de que nadie debía quitarse los zapatos, rompió sus esquemas y probó el sushi. Anecdótico, pero real (si los restaurantes de sushi pensaran en eso, tal vez en su publicidad dirían: "Y no se preocupe, no tendrá que quitarse los zapatos"). En fin...

Oratorianet.com no solo te ayuda a mejorar tu oratoria, sino que contiene muchos artículos que te levantarán el ánimo y te servirán de maneras prácticas para desempeñarte mejor en la vida. ¡No te dejes vencer por el desánimo! Si algo te derriba, no importa de qué se trate, tómate todo el tiempo del mundo, descansa un poco más, reordena tus ideas, mejora tu perspectiva, toma una firme decisión y remóntate como un águila. Si creciste como si fuera en una pecera muy pequeña, como el koi, tal vez sea tiempo de pasarte a un estanque, o mejor, a un lago, y seguir creciendo... No hablo de negocios, sino de tu carácter y personalidad. Recuerda que tu perspectiva de los asuntos puede reducir o ampliar tus opciones. Mucho depende del punto de vista que cultives.

"Pero soy un viejito. ¿Qué puedo hacer en esta etapa de mi vida?". Bueno, como dije, mucho depende del punto de vista que cultives. Si piensas que subir una montaña será difícil, te dolerán más las piernas. Es decir, las cosas se ven más complicadas cuando uno se pone en el peor de los casos y no lo acepta. Por ejemplo, mientras unos llegan a ser adultos mayores llenos de vida y entusiasmo, otros se dejan llevar por ideas negativas. Es cierto que la enfermedad y otros asuntos atentan contra la satisfacción, pero el punto de vista que uno cultive sigue siendo el factor clave. ¿Conoces a Charlie Byrd? ¿Y a Raúl García Zárate? Ellos piensan que aunque la edad puidiera ser un obstáculo, pueden seguir sacándole provecho para hacer felices a los demás y a sí mismos. La edad no tiene que ser un obstáculo en todo sentido. Siempre hay algo o alguien que puede coadyuvar.

Si no te motivas mejor de lo que lo haces actualmente, bien pudiera ser por falta del incentivo adecuado o por indecisión, más que porque no puedas automotivarte, o porque no tengas a mano las herramientas o el consejo necesario. O tal vez, como en el caso de las dos ranitas, alguien te ha dado, como si fuera, un puñetazo en tu amor propio diciéndote cosas feas. Lo importante es ¿qué piensas hacer? ¿Ponerte a pelear por tus derechos? ¡Suéltate de la rama! Vengarte solo te  hará perder tiempo enfocando la atención en la noche y la penumbra de la vida.

Si no te gustan las albóngidas,
no hables de albóndigas.

Bueno, el punto es que ya descubriste Oratorianet.com y sabes que estamos a un clic de distancia, el resto dependerá de un pequeñísimo esfuerzo de tu parte para averiguar y ahondar en nuestras técnicas de oratoria. Y aunque no tomes un curso de oratoria en tu ciudad, estos conocimientos te abrirán las puertas a una nueva manera de ver tus oportunidades. No es la panacea universal, pero te ayudará a mantener el rumbo.

¿Sientes que la vida pasa sobre tu cabeza y no estás en nada? ¿Te habrá mordido la depresión mucho más fuertemente de lo que crees que podrías soportar? Ten en cuenta que actualmente hay más gente que nunca, y sin embargo muchos se sienten solos, tanto que a veces no miden las consecuencias y caen presa fácil de depredadores cibernéticos que andan en busca de esa clase de gente. La soledad en sí misma no es mala cuando pasamos por períodos razonables de meditación. Hay que aprender a convivir con ella de manera constructiva, de lo contrario puede convertirse en una tortura. Y en cuanto a la depresión, todos hemos pasado por tiempos o días difíciles. De todas partes llegan informes de que el mundo está extremadamente convulsionado. Todo el sistema de vida como lo conocemos está siendo sometido a una enorme presión y nosotros estamos en medio. Más bien habría que preguntarse quién no ha sufrido depresión alguna vez.

De hecho, todos los días vemos en la televisión entrevistas a gobernantes, militares, comerciantes, empresarios y gente común, pero no muy a menudo a psicólogos, sociólogos ni filósofos. Y cuando los entrevistan, no todos ofrecen explicaciones convincentes o que justifiquen algunas de las teorías que otros formularon bienintencionadamente hace 20 ó 30 años, las cuales se supone debían haber contribuido a mejorar al mundo actual. Por ejemplo, cierto reputado experto en salud mental pidió disculpas públicas y se retractó por ciertas hipótesis que dio a conocer respecto a ciertos métodos de crianza que resultaron en algunos aspectos perjudiciales no solo para las familias de los que le hicieron caso, sino para toda una generación de jóvenes a quienes posteriormente fue muy difícil, o tal vez imposible, enderezar.

¿Y qué hay de los religiosos? Ministros protagónicos de casi todas las confesiones, desde las más liberales hasta las más estrictas, ya ni saben qué proponer ante la apabullante presión que soporta la humanidad. Muchas personas en todas partes, deprimidas, pobres y enfermas, ahora expresan incredulidad y apatía respecto a algunas doctrinas que antes les resultaban consoladoras. "No te preocupes, cuando te mueras (o te inmoles) serás feliz en el cielo". ¿Es eso un verdadero incentivo? De hecho, tal vez por eso algunos hasta han aprovechado la situación para fomentar movimientos radicales, rebeldes y violentos.

¿Y los filósofos? ¿Podrías mencionar a uno que conozcas bien y que te haya dado explicaciones que te dieran esperanzas y te levantaran el ánimo para enfrentar el día a día? A mí me ha ocurrido que al entrevistar a pensadores de muchas clases en un marco de unos 45 años, entre ellos algunos filósofos, les he preguntado cómo interpretarían lo que está ocurriendo en el mundo, y créeme que algunas de sus respuestas no me calaron muy hondo. Otros hasta me dieron la impresión de estar tan confundidos como los demás y que ni siquiera se convencían a sí mismos con sus propias premisas.

No es prudente que cualquier persona etiquete de enferma a otra que pasa por períodos de depresión, o que se la catalogue como alguien que no sabe enfrentar la vida o, peor, que ni siquiera tendría potencial para alcanzar algún éxito. Porque aunque así fuese, calificarla de una manera que ella considerara desalentadora no le levantaría el alma, sino la aplastaría. Sobre todo cuando ni siquiera las personas supuestamente autorizadas para dar explicaciones satisfactorias respecto a lo que está pasando en el mundo no son capaces de hacerlo. Por ejemplo, muchos nos hemos enterado de destapes espeluznantes acerca de actos viles cometidos hace 30 ó 40 años contra niños, nada menos que por quienes se suponía debieron guiarlos en sentido moral. Esos niños, que ahora son adultos, no necesitan que les digamos que están enfermos (de depresión), sino todo lo contrario, que fueron víctimas de quienes realmente estaban enfermas de males mayores.

Por eso, no te asustes si caes en una meseta depresiva de vez en cuando. A muchos les pasa. Tu cerebro, mente, corazón, cuerpo y energías están reaccionando ante la presión del sistema. ¡Hay poderosas hormonas implicadas! Es como si tu mente necesitara entrar en un coma superficial por un ratito, hasta recuperar el tono y poder continuar bregando. No te asustes. Toma las medidas que juzgues pertinentes y recuerda que, sin importar cuánto dure, la depresión es pasajera. Y si persiste, puedes buscar ayuda o hablar con alguien de tu confianza sobre lo que te preocupa. ¡No rompas la comunicación!

La depresión que resulta de un desequilibrio químico en el cerebro puede tratarse químicamente. En tal caso, hablamos de una enfermedad, tal como ocurre con cualquier otra enfermedad del cuerpo. Pero la depresión causada por agentes externos, como la influencia del sistema de vida o la manipulación psicológica de un abusador, es más bien una reacción defensiva de tu organismo emocional ante la injusticia, como si se tratara de anticuerpos que corren a expulsar un virus. Podría tumbarte a la cama, pero te recuperarás. No se esperaría que reaccionaras saltando de alegría, ¿verdad? Pero si existe un verdadero desequilibrio químico confirmado médicamente como la causa principal, tal vez solo te recuperes compensándolo químicamente. Investígalo antes de llegar a una conclusión respecto a las verdaderas causas.

En marzo de 2015, un avión casrgado de pasajeros se estrelló contra una montaña de Los Alpes, desintegrándose. Después de mucho análisis, expertos afirmaron que aparentemente
lo destruyó deliberadamente el piloto que controlaba el avión al momento del siniestro. Sufría de depresión. Pero aunque estaba bajo tratamiento, lo había mantenido oculto de la compañía. En un estado así debió seguir las indicaciones del médico, una de las cuales era que no debía pilotar aviones en ese estado. Por supuesto, nadie se imaginaría que llegaría a ese extremo, pero lo hizo y 150 perdieron la vida aquel fatídico día.

Ingrid Betancourt fue secuestrada y mantenida en las montañas de Colombia durante mucho tiempo. Apartada de la civilización, transcurrió un mes, varios meses, muchos meses, y luego un año, después otro y otro y otro y otro, y transcurrieron casi siete años hasta que un día la subieron a un helicóptero para reubicarla en otro lugar de la selva. Grande fue su sorpresa cuando se enteró de que se trataba de una operación de rescate. Cuando la entrevistaron en libertad, aunque las preguntas que le hicieron eran diferentes, en esencia reflejaban curiosidad por lo que la motivó, es decir, por su fortaleza y su integridad. Todos querían saber qué la mantuvo en pie. Es una curiosidad natural. Queremos saber qué motiva a las personas cuando son atacadas por la adversidad y sobreviven. Y no fue solo ella. Con ella fueron rescatadas otras personas. Ingrid solo representaba a un sector golpeado por el dolor de ser arrancados de su vida, ¡y salió adelante! Se removió la causa y se removió la depresión.

Por eso, no te digo que no busques consejo, pero si consideras que la depresión es una enfermedad, entonces podrías compararla en extensión a la gripe, en el sentido de que casi todos la sufren de vez en cuando (lógicamente, como dijimos antes, una depresión grave tal vez requiera tratamiento especializado, lo mismo que se recomendaría para una neumonía). En todo caso, de seguro encontrarás un brazo amigo, un hombro sobre el cual apoyarte.

Por otro lado, a veces ayudar a otros sin pedir nada a cambio es la única terapia que realmente funciona para algunos que llegaron al fondo y nada parecía poder ayudarlos. Se llama altruismo, una cualidad que, combinada con la bondad amorosa, logra resultados fantásticos. La bondad amorosa es una faceta del amor por la cual nos proponemos indagar o buscar a quién ayudar, y apegarnos a nuestro propósito hasta verlo realizado, y el altruismo significa hacerlo sin pedir ni esperar nada a cambio. El perdón es también una forma de expresar amor.


Ben Underwood perdió sus ojos cuando un cáncer en la retina hizo necesario que se los extirparan cuando solo tenía 3 años de edad. Sin embargo, su madre inculcó en él la idea de que podría seguir viendo con los otros sentidos (equilibrio, oído, tacto, gusto, olfato, etc.) y poco a poco Ben desarrolló un sistema de ecolocación semejante al de los delfines dando chasquidos con su lengua para analizar el eco de los objetos a su alrededor. A los 14 años, al tiempo de escribir este párrafo, iba solo a la escuela, patinaba, jugaba basketball y practicaba karate. ¡Y como si fuera poco, cruzaba grandes avenidas y participaba en videojuegos! Todo sin la ayuda de un bastón ni de nadie, solo de sus chasquidos.

Si algún día sientes que tu dolor sobrepasa todos los límites y ya no aguantas más, acuérdate de Ben Underwood y de Helen Keller y continúa derrotando a la adversidad por medio de ayudar y motivar a otras personas. ¡Puedes hacerlo!

"Siempre que alivies el dolor de otro ser humano,
tu vida no habrá sido en vano".

Helen Keller


Luchar contra la adversidad es una tarea colosal. Es comparable a una pelea cuerpo a cuerpo contra un contrincante mucho más pesado y veloz que uno. Pero tal como los veloces y pesados no siempre son tan inteligentes como parecen, la adversidad no tiene por qué doblegarte siempre. A veces puedes obtener victorias que te den esperanzas de salir adelante.

Por ejemplo, tengo un amigo que solía consumir drogas y divertirse sin restricciones de ninguna clase. Era muy apuesto y todas las chicas querían salir con él. Se sentía en la cima del mundo. Era el centro de la atención, tenía una sonrisa de un millón de dólares, y nada parecía interponerse en su camino. A pesar de tener una contextura promedio, peleaba cuerpo a cuerpo como un verdadero campeón. Pobre del que lo desafiara. No era un bravucón, pero no aceptaba ningún tipo de abuso. Hasta que un día, ¡Fuzzzzz!, sintió algo en su cabeza, y todo cambió. Ocurrió una especie de corto circuito en su cerebro. Comenzó a experimentar sensaciones que jamás había sentido antes. No podía sentirse a sí mismo. Perdió la perspectiva y entró en una feroz etapa de pánico, especialmente antes de irse a dormir. Ya no quería acostarse por las noches, de solo pensar en lo que sentiría. Había perdido el plano o mapa de su cuerpo. Su sensibilidad había cambiado.

Sus padres lo llevaron a un psiquiatra, quien le confirmó que su sensación de haber perdido el mapa de su cuerpo no era una fantasía ni un juego. En realidad, el excesivo consumo de drogas le había borrado el mapa o plano de su cuerpo. Había adquirido el extraño Síndrome de Kotar, mal que pocos pisquiátras podrían ser capaces de diagnosticar y explicar adecuadamente. Mi amigo realmente había caído en una meseta de la que no saldría por el resto de su vida. Se trataba de una enfermedad irremediable. Ahora tuvo que aprender a vivir con su  mal y adaptarse a los cambios lo mejor que pudiera. El médico le prescribió ciertas medicinas y le aseguró que no debía dejar de tomarlas nunca.

Después de varios años de visitar a otros psiquiatras (porque después de algunas sesiones dejó de regresar a ver al primer psiquiatra), se encontró con el médico que por primera vez le diagnosticó el mal. Al verlo, se sorprendió tanto que le salió un exabrupto: "¡Qué? ¿Todavía estás vivo?".  Ese día mi amigo se dio cuenta de que había superado las estadísticas. Para empezar, no se había quitado la vida. El médico lo felicitó y le explicó que era sincero al decirle que se sorprendía de que no se hubiese suicidado. Normalmente, es muy difícil sobrellevar la carga emocional de un caso así. Además, sufre de tricotilomanía, otro mal contra el que debe luchar permanentemente.

Al tiempo de escribir este artículo han pasado más de quince años. Mi amigo continúa luchando contra la adversidad. Vive con las justas. Todos los días piensa en el suicidio. Camina regularmente unos 100 Kms diarios con rumbo a ninguna parte. Tiene largos períodos de imsomnio (le dan ataques de pánico de solo entrar en somnolencia). Sin embargo, su mente está intacta. Razona perfectamente. No está loco -si eso es lo que pensaste-. Tiene mucha dificultad para leer, pero una gran determinación. Afirma que no se ha quitado la vida porque comprende que ese no es el camino correcto. Además, tiene miedo de cortar sus oportunidades de recuperarse. Solo sabe que debe seguir tomando sus medicinas puntualmente y seguir luchando. Cada día se siente mejor. Ya no se deja arrastrar por la cólera ni se envuelve en peleas callejeras. Está controlando mejor su vida, pero reconociendo que no es alguien con quien los demás desearían estar mucho rato. Es un gran conversador, muy culto y conserva un elevado sentido del respeto hacia los demás. Lleva ropa informal, pero siempre limpia. Vive solo, come solo y prefiere estar solo.

No pierde la esperanza de recuperarse completamente aunque reconoce que los médicos dicen que no hay cura para su mal. Prefiere creer que están equivocados... aunque no lo estén. No sabe hasta cuándo vivirá, ni si seguirá vivo mañana, pero una cosa es cierta en su caso: Es un luchador y sabe que la vida tiene siempre una recompensa para los luchadores. Es una persona resiliente.

No te he contado este caso para decirte que todos los males tienen cura, sino solo para estimularte a seguir adelante haciendo un pequeño esfuerzo cada día, no para cambiar la situación, si no se puede, sino para modificar en alguna medida la orientación de tu derrotero a fin de tener cada vez una mejor calidad de vida. Y para mostrarte que aunque la oratoria no va a curarte de todos tus males, por lo menos, te ayudará a compartir con un auditorio tus experiencias y anécdotas para ayudar a otros.


Aunque Oratorianet.com no es un portal de autoayuda en salud mental, sino en oratoria, nunca olvides que la oratoria en sí misma contiene expresiones de motivación, relaciones humanas y ventas. Y no te preocupes cuando cierta comunicación sea solo por escrito. Dale Carnegie revolucionó el mundo con sus enseñanzas sobre oratoria, y la mayoría de sus lectores jamás oyó su voz. El poder de la escritura trasciende la oratoria hablada porque permanece en el tiempo. Por eso, en Oratorianet.com hallarás una vasta cantidad de artículos, argumentos e ideas que no encontrarás en ninguna otra parte. Y no solo te ayudarán con tus discursos, sino con la manera como enfocas tu lado emocional. Jamás olvides esto: No importa qué quieras de la vida, siempre tendrás que sacrificar algo a cambio.

Cuánto más grande tu deseo,
tanto más grande el sacrificio que tendrás que hacer.


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