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¿Qué es un líder?

©Miguel Ángel Ruiz Orbegoso 

Mucho se habla de liderazgo, pero ¿realmente entendemos lo que significa ser un líder (del inglés leader, caudillo)? Aunque la pregunta es pequeña, merece una seria consideración, sobre todo, cuando nos enteramos de que alguien sufrió un fracaso en los negocios o cierta institución pasó por una crisis de liderazgo. ¡Y no hay nada que murmurar! Las noticias lo destacan en primer plano a cada rato.

Ciertas organizaciones juveniles llevan a cabo jornadas de gritos y cantos, y algunas escuelas enseñan a los niños a preparar grandes carteles y exhibirlos marchando por las calles del vecindario en lo que dicen ser un entrenamiento para el liderazgo del futuro y una participación activa en la política. Pero surge la pregunta, ¿acaso un líder es alguien que grita a los demás o que impresiona a otros con frases pomposas? ¿Es un líder alguien que egoístamente se erige a sí mismo como jefe de los demás por la fuerza de su carácter? ¿Es solo una cuestión de tomar un cursillo de liderazgo, de esos que se anuncian por ahí, como si solo de tratara de aprender una habilidad, como nadar, coser botones o dibujar con un programa de computadora?

Sin duda, la persona observadora se preguntará: “En realidad, ¿qué es un líder?”. Porque no quiere dejarse arrastrar por la definición simplista de que ‘un líder es alguien que dirige a otros’. Intuye que tal vez sea posible dirigir a otros sin ser un líder; o ser un líder sin saber a ciencia cierta cómo dirigir a otros. Por supuesto, lo ideal sería que un líder también supiera dirigir a los demás. 

Por eso, no quise irme a los extremos y resumirlo en una frase simplista ni tampoco dar la impresión de estar dictando cátedra sobre el particular. Pero quiero compartir contigo el presente comentario para contribuir a aclarar un poco la idea que tengas de lo que significa ser un líder. Lo siguiente te ayudará a comprender mejor la diferencia entre alguien que dirige y un líder. Después podrás armar, en tus propias palabras, una frase propia que defina tu concepto, uno basado en una opinión cultivada, no en un cliché ni ilusión. En realidad, se trata de una responsabilidad enorme en todo sentido.

¿Qué significaba antes?

Originalmente se consideraba que un líder era un caudillo militar, y esencialmente esa siempre fue la primera definición que ofrecieron los diccionarios. Se lo asociaba con grandes campañas militares donde fluían ríos de sangre y los aspirantes al cargo se mostraban rudos, fríos y despiadados como prueba de competencia. El líder era el más fuerte, aunque fuera el más bruto. 

Con el paso del tiempo, el término fue diluyéndose y extendiéndose a otros campos, de modo que todo el que destacaba, dirigía a otros, ejercía la jefatura o iba delante de los demás era considerado el líder, ya fuera en las olimpíadas, en un partido político, en una orden religiosa, en un centro de estudios o en un negocio. Muchos empresarios llegaron a consultar "El Arte de la Guerra", de Tsun Tsu, como si fuera la Biblia, el Corán o Las Tres Pitakas. 

Actualmente muchos consideran el liderazgo como una posición de superioridad que permite la dominación o el control de los demás, y se supone que los demás deberían convertirse en seguidores simplemente por respeto al cargo o su posición jerárquica. Así ha funcionado en grupos, equipos y organizaciones, y es un concepto que no dista mucho de la antigua noción de liderazgo. 

Antes se suponía que todos se sometieran al líder, voluntaria o involuntariamente, so pena de represalias poco agradables, y hoy, en muchos lugares, muchos siguen suponiendo lo mismo, como cuando ‘la Tierra era plana’. Hay maestros que ejercen dominación férrea sobre sus estudiantes; no pocos padres de familia crían a sus hijos al más puro estilo faraónico; y ni qué decir de los políticos y dirigentes empresariales que alcanzan la fama con una retórica dominante y carente de afecto. 

Muchas cosas están cambiando

Hoy en día la fuerza de las circunstancias ha obligado a los académicos a investigar, entender y modificar ciertos conceptos, no solo porque la gente se está rebelando contra el liderazgo tradicional, sino porque los investigadores de las artes empresariales, la economía y las finanzas, entre ellos algunos renombrados ganadores del Premio Nobel de la Paz, dicen haber descubierto por qué la gente está rebelándose, y han desarrollado algunas teorías revolucionarias basadas en estudios meticulosos de la trayectoria de la economía mundial. 

La experiencia repleta de fracasos de muchos empresarios que durante años ejercieron una jefatura autoritaria -en muchos casos, cruel e inhumana-, añadió argumentos para mejorar el entendimiento de lo que realmente debía ser un dirigente, y reajustar el entendimiento académico de lo que realmente significaba ser un líder de éxito, sobre todo, en tiempos de crisis. 

Horizontal vs. Vertical 

Si antes se ensalzaba la dirección vertical (de arriba abajo), en que el jefe daba una orden y los demás acataban inconcusamente (y al que no le gustaba, lo expectoraban), ahora el estilo está moviéndose horizontalmente a fin de que todos formen parte del éxito. Es decir, se está dando más oportunidad a todos para involucrarse, compartir y asumir las responsabilidades, las decisiones y las consecuencias, así como de tener una participación en los beneficios y las ventajas. 

El concepto "Recursos Humanos", que solía referirse a elementos utilizables y desechables, está cediendo el paso en todas partes a una más acertada definición: "Capital Humano". Ello implica el reconocimiento de que los "empleados" nunca fueron realmente "empleados", sino "Inversores de Capital Humano".

Modificando así la definición, ha ayudado a los verdaderos líderes a reenfocar más eficientemente su labor. Lógicamente, este nuevo concepto movió el piso a los que se apoltronaban en la ineficiencia, adjudicándose el título en mérito al cargo y no a un liderazgo eficaz. 

Juan se consideraba a sí mismo un empleado, y cuando lo ascendieron a jefe de departamento se sintió con derecho a que los demás lo consideraran como su nuevo líder. Pero le resultaba difícil entender por qué los sistemas no funcionaban. Y es que por falta de estudio y conocimiento de los descubrimientos en el campo del liderazgo, todavía sostenía la antigua creencia de que se había convertido en líder simplemente porque ostentaba un cargo superior. Así que resultó un fracaso. No se movió al ritmo de los tiempos.

Lo mismo puede suceder en una carpintería y en un matrimonio. Porque tener buenas herramientas no convierte a uno en un buen carpintero, ni casarse, en una buena pareja o padre de familia. Dar siempre las cosas por sentadas no es el mejor proceder. 

La realidad es que, como afirman muchos estudiosos (historiadores, antropólogos, psiquiatras, sociólogos, filósofos, médicos, demógrafos), las guerras mundiales marcaron un profundo hito en la historia universal y dejaron cicatrices imposibles de soslayar. La gente había cambiado. El teléfono, la radio, la televisión e Internet abrieron los ojos de todos a un sinfín de oportunidades y conocimientos que antes no estaban a su alcance. Nos disparamos hacia arriba a las estrellas y hacia abajo a las Fosas Marianas, y también descubrimos nuevas facetas del microcosmos, abriendo la Caja de Pandora de la nanotecnología, y la Generación X se rebeló y pidió cuentas a sus mayores. 

Hoy en día los científicos han aprendido que la vida no podría existir si las fuerzas nucleares fuerte y débil no estuvieran en perfecto equilibrio con las leyes de la termodinámica y de gravedad; y los ingenieros informáticos han aprendido que el software no sirve para nada sin el hardware, ni el hardware sin el software.

Nuestros conocimientos están llegado a un punto en que nos encaramos a la verdad como una sola, que no se contradice. La verdad se abre paso como el mítico meteoro que un día chocaría con el planeta y lo destruiría, pero no en sentido físico, sino intelectual. Nos está abriendo la cabeza en dos y nos está exponiendo frente al espejo de nuestros errores históricos más garrafales, y me refiero a todos los campos del saber.

Aunque proclamamos que la espontaneidad y el azar juegan un papel importante, reconocemos que básicamente estamos sujetos a leyes precisas. Un ejemploformidables es el de los copos de nieve. Todos son diferentes. No hay uno igual a otro. Sin embargo, todos tienen un diseño exagonal. Por un lado, el azar les confiere una infinita variedad, pero por otro, las leyes naturales los mantiene siempre hexagonales. ¿Cómo lo hace? ¿Puede existir una ley física que restrinja los copos de nieve al diseño exagonal? Y también nos preguntamos por qué al mirarnos en un espejo y guiñamos el ojo derecho, la imagen que vemos guiña el ojo izquierdo.

En cierta ocasión dejé meditando a un amigo ateo cuando le pregunté: "¿Entiendes bien en qué consiste la ley de la inercia?". Cuando respondió: "Sí", le dije: "Te contradices". Entonces me preguntó: "¿Por qué?". Y le respondí: "Si dices que entiendes cómo funciona la ley de la inercia, francamente no necesito explicarte por qué te estás contradiciendo. Piénsalo mejor".

Pareció quedarse en estado catatónico. Entonces, cada vez que lo veía pasar, le preguntaba: "¿Y ya averiguaste por qué dije que te contradicías?". Pero seguía respondiéndo que no, diciendo que no tenía tiempo para tonterías. ¡Qué fácil deshacerse de mí! Pero nunca respondió mi pregunta.

Para mí, el punto es simple: La ley de la inercia es la primera de las tres que Newton describió y que manda que todo cuerpo permanece en estado de reposo o de movimiento uniforme y rectilíneo a no ser que una fuerza lo obligue a moverse o a cambiar de estado.  Porque si nadie lo impulsa, debería estar quieto. Pueden pasar segundos, minutos, horas, días, semanas, meses y años, pero una pelota de fútbol no se moverá a menos que alguien la patee. Muchos no parecen darse por enterados de una verdad tan simple.

¿Qué tiene que ver esto con el ateísmo? Que el universo se está moviendo en órbitas precisas y cambia a cada rato. ¿Cómo sucede que se mueve si nadie le dio impulso? La ley de inercia indica que alguien tiene que haberle dado impulso. Una pelota de fútbol no se patea a sí misma y mete gol.

El desarrollo humano se ha vuelto tan dinámico que una computadora de última generación queda obsoleta tan pronto como sale de la fábrica, y no es diferente en el mundo de los negocios.

Los conocimientos y procedimientos son perfeccionados tan a menudo que las organizaciones de entrenamiento, capacitación y coaching más avanzadas convocan a su central a sus miembros clave una o dos veces al año para una actualización. Solo así pueden asegurarse de seguir siendo competentes al brindar un asesoramiento de alto nivel. Si no se capacitan entran en un estado de inercia figurada, en un estado de reposo o de movimiento uniforme y rectilíneo que los llevaría a cometer los mismos errores vez tras vez. .

¡Ahora todos participan!

Las personas están cada vez menos dispuestas a aceptar un liderazgo según el arcaico concepto de la dominación por el más fuerte (o el más rico). Se le quebraron las piernas al autoritarismo cuando la Unión Soviética fue disuelta, y cuando la Cortina de Hierro fue derribada entre vítores y aplausos.

Sus ciudadanos no soportaron más las barreras que los mantenían aislados y relegados. Porque nos guste o no, la verdad es como un corcho que podemos hundir en un recipiente con agua y ponerle un peso encima para que no se mueva, pero el recipiente se moverá y/o el peso se inclinará tarde o temprano y el corcho saldrá a flote. Podemos suprimirla hábilmente por algún tiempo, pero no podemos hacerlo indefinidamente. Y si el peso no se inclina o el recipiente no se mueve, no faltará un terremoto que lo saque a la luz.

"¡Al que no le entran balas, le entrarán torpedos!"

La supremacía del antiguo liderazgo comenzó a doblegarse ante los reiterados clamores por justicia. Entonces, como nunca antes, el antiguo concepto del liderazgo fue sometido a intensas presiones. Si antes los líderes podían cortar la cabeza a todo el que se les cruzara en su camino, hoy las noticias nos hablan de líderes corruptos e incompetentes que son decapitados -figuradamente- por sus seguidores. ¿Por qué y de qué manera? 

Porque ahora la gente desea participar y ejercer un mayor control sobre su vida y su futuro, quieren que se tomen en cuenta sus deseos y opiniones y que se eliminen lo antes posible las fronteras que separan la ignorancia de la sabiduría. Quieren que sus inventos y ocurrencias se vean y oigan; quieren acelerar las modificaciones e innovaciones y producir más en beneficio de sí mismos y de los demás.

Diariamente, Internet recibe y distribuye una avalancha de información proveniente de gente de toda la tierra, gente que produce cosas, programas y sistemas, gente que quiere compartir lo que sabe. Uos por precio, otros gratuitamente.

Los noticieros del mundo nos asombran cada vez más con sorpresas como la de un escándalo originado por cierto espionaje en las comunicaciones, hackers que filtran información confidencial y la exponen al mundo porque creen que es importante que todos se enteren, o nos cuentan de cierto miembro de los servicios de inteligencia que publicó información ultrasecreta y puso en peligro la seguridad nacional o la identidad de agentes encubiertos, etc.

Y los gobiernos se jalan los pelos pensando cómo no pudieron evitarlo. Encarémoslo con hidalguía: ¡Ya no es como antes! Los pueblos le han perdido el miedo al líder opresivo, mandamás, abusador, prepotente, altivo, cínico y desconsiderado que solo piensa en su propio bolsillo, en su propia familia y en su propio futuro, ¡hasta vendiendo información sensible de su compañía o gobierno! Montan empresas y organizaciones que funcionan como fachada, al igual que hacen muchos narcotraficantes, aparentemente para beneficiar a la población, pero que, en el fondo, solo les sirva de excusa para que todos los consideren benefactores, es decir, que estaban haciendo el bien.

Por otro lado, los sistemas interactivos están cubriendo cada vez más áreas del desempeño humano, y los especialistas en marketing están echando mano de todas estas herramientas disponibles para reenfocar la creación de nuevos productos y servicios y nuevos modelos de publicidad y propaganda, así como innovaciones en el campo del capital humano, la captación de nuevos recursos humanos, capacitación y retención del personal. 

Ahora, perder o despedir a un empleado eficiente se ha convertido en una tremenda estupidez. Ya no asusta la amenaza que decía: "Si quiere irse, váyase, y si no le basta con lo que le pago, sepa que allá afuera hay 100 que están haciendo cola por su puesto. Ahora mismo puedo conseguir dos por la mitad de lo que le pago a usted".

Eso suena interesante, pero es ofensivo y, además, no es cierto. Si uno despide a un elemento eficiente, es muy probable que una parte de su negocio caiga en crisis y comience a pasarla negra por mucho tiempo, quejándose de la ineficiencia de los nuevos.

Al final, terminará saliendo a buscar (con avisos carísimos en los periódicos) a alguien que le exigirá el cuádruple que le pagaba al que despidió, y aún así, tendrá que capacitarlo en el teje y maneje del producto o servicio. Más barato y rápido le hubiera salido resolver el problema ofreciéndole un pequeño aumento al que despidió.

La tecnología no solo sirve para fabricar productos, sino para cualquier actividad. Los sistemas y procedimientos se modifican rápidamente y dejan obsoletos a los modelos anteriores. "La Agenda", de Michael Hammer, está reemplazando a los otrora famosos conceptos marketeros de reingeniería. Por lo mismo, el liderazgo ya no se puede ejercer como antes sin que se generen grandes dificultades. El concepto de liderazgo ha cambiado y se está adaptando a una nueva modernidad.

Ahora los directivos respetan y aprecian como nunca antes a sus colaboradores, en realidad, Inversores de Capital Humano (antes llamados empleados), porque finalmente están aceptando que viven en una Economía de Cliente, en que el cliente dicta a los empresarios cómo quiere ser tratado. Si no le escuchan, simplemente se irá a la competencia. Y el principio podría aplicar por igual a un matrimonio, una compañía o una nación. Así de simple. Parece mentira, pero ahora los clientes y empleados verdaderamente controlan las empresas. 

Por otro lado, y esto es lo que queremos resaltar, no solo los clientes pueden decir “me voy a otra parte”, sino los empleados o colaboradores, y entre ellos, los más valiosos. Todos sabemos que cada vez más empleados trabajan por contrato. Antes, si al dueño de la viña no le agradaba su trabajo, llegaba el lunes y simplemente le decía, sin ninguna misericordia ni contemplación: “Hasta hoy nomás trabajas”. Eso dolpía, pero no estaba libre de represalias. Tal vez el empleado no se vengara, pero la naturaleza de las cosas le pasaría la factura al jefe con consecuencias nada gratas.

¡Y hasta eso está cambiando! Ahora el empleado clave, el más importante de la compañía, aquel a quien capacitaron durante tantos años para la producción y comercialización de los productos, también puede sorprenderlo un lunes por la mañana con una carta de renuncia irrevocable, que dice, sin ninguna misericordia ni contemplación: “Hasta hoy nomás trabajo”, llevándose consigo toda su experiencia acumulada, para ponerse a las órdenes del competidor, ya sea porque le ofreció más dinero o porque le ofrecía un ambiente de trabajo más agradable, por recibir un mejor trato, gozar de más autonomía o de un justo reconocimiento. En una palabra, ¡más satisfacción! Un jefe que no reconoce en metálico el buen desempeño de su gente, termina gastando más... por falta de tino.

Es cierto que habrá quienes me digan: "¡Exageras! Los tiempos son difíciles y no podemos estar renunciando. Encontrar trabajo no es fácil". Pero los más competentes no piensan así, de modo que algunas empresas se van quedando con los menos capacitados y deben invertir nuevamente en capacitarlos, repitiendo el ciclo y reconociendo que después igualmente podrían retirarse. Mientras que otras se benefician enormemente del liderazgo inadecuado de las anteriores.

En realidad, no conviene dejar que la gente se vaya. Sale más barato y es más sencillo tratarla bien. ¿Ahora ves por qué se negocian los aumentos? Todos quieren un ambiente más agradable, mejor trato, más autonomía y reconocimiento? ¡Quieren lo mismo que los clientes: ¡Más satisfacción! 

Actualmente, los empleados están tomando conciencia de que poseen un Capital Humano que simplemente no tienen por qué desperdiciar yendo tras un líder despiadado. Ya no tienen miedo, como antes. Ahora negocian, y si no les ofrecen un buen rendimiento por su inversión, se van a otra parte. Punto. Ya no es un camino de una sola vía en que el líder pisoteaba a todo el mundo. Ahora, si el líder no les ofrece un buen rendimiento por su inversión de Capital Humano, el mundo lo pisoteará a él.

Aquí un comentario sobre el llamado liderazgo democrático. Si bien es cierto que las personas suelen decir que la democracia consiste en que todos participen en el diseño de las normas que se seguirán para alcanzar los objetivos de una compañía, club o institución, muchos han pensado que el liderazgo democrático simplemente consiste en permitir que todos formen parte de la decisión o del diseño de los procedimientos, y que se decida lo que la mayoría vea por conveniente. Pero esa es un arma de doble filo.

El liderazgo llamado democrático tiende a funcionar cuando los que participan en las decisiones han acopiado conocimiento y madurez, experiencia suficiente como analizar fríamente los problemas y las soluciones. Las decisiones tenderán al éxito. Eso sucede, por ejemplo, cuando varios ingenieros de diferentes especialidades se reúnen para resolver un problema que surgió en la mina.

Pero si se permite que participen personas que tienen poco o ningún conocimiento sobre ingeniería, o no tienen ninguna experiencia en el campo del cual se trata, o si solo se dejan llevar emocionalmente por lo que creen, suponen, piensan o alucinan que será lo mejor, el sistema podría llevar al despeñadero hasta las estructuras más sólidas. Porque quienes no están en plena capacidad de analizar los asuntos, al grado que se requiere en cada caso, ¿cómo discernirán la mejor solución?

Todo en el nivel apropiado funciona bien. Pero si los que participan en la decisión no dominan el tema y solo se guían por el instinto, las emociones o los intereses personales, seguramente no tendrá en cuenta factores basados en el bien común a largo plazo, y sin duda pondrán en riesgo la seguridad, los objetivos, el presupuesto, los plazos y cualquier otro aspecto importante que tenga que ver con el objetivo. 

Si un líder no desarrolla su capacidad intelectual para entender estas cosas, ¡está frito en aceite de motor! Le convendría poner las barbas en remojo y quitarse la corona antes de que sus empleados y clientes lo echen a los cocodrilos. No es broma. Tratar mal a la gente socava la inversión del Capital Humano, la calidad del trabajo disminuye, y con ello, el valor para el cliente. Y si disminuye el valor para el cliente, ¿no se irán los accionistas contra los directivos por haber descuidado sus intereses?

No es casual que muchas galletas estén quebradas dentro de una enorme caja de 100 paquetes. Alguien tuvo que quebrarlas, ya sea por descuido o intencionalmente. Si cada quién hace su parte asumiendo su papel con sentido de responsabilidad, es decir, cultivando un concepto más profundo del liderazgo, aumentarán las probabilidades de que todas las galletas lleguen intactas hasta el consumidor.

La importancia de una definición adecuada 

Por eso, la manera como entiendes el liderazgo afecta directamente tu manera de ejercerlo, y eso a su vez afecta la reacción de quienes ponen su confianza en ti, lo cual a su vez afecta tu propio futuro como líder. De modo que no basta con pensar que un líder es alguien que está a la cabeza de un proyecto, equipo, movimiento u organización. Tienes que profundizar constantemente tu entendimiento de lo mucho que entraña ser un verdadero líder. 

Hay quienes toman un supuesto curso de liderazgo en el que se reúne a un grupo de personas y las hacen gritar lemas del tipo “¡yo puedo!”, como si el liderazgo fuese tan simple como creer en uno mismo, gritar un par de frases, imitar a un mono, impartir órdenes, saber hablar en público y nada más. En todo caso, eso sería nada más que un estímulo emocional.

En primer lugar, un líder es alguien que se esmera sinceramente por adquirir conocimientos sólidos de carácter general y específico, no solo respecto a tecnología, sino al entendimiento del ser humano como tal y como miembro de su comunidad, lo cual le ayuda a acopiar experiencias enriquecedoras que le permiten completar su aprendizaje y misión de líder. 

En segundo lugar, un líder es alguien que reconoce que también tiene un líder ante quien debe rendir cuentas (sobre todo director hay un directorio) y que no puede tomarse más libertades de las que le corresponden -según la política de la compañía- para llevar a cabo con éxito su trabajo específico. Así comprende que el secreto no radica en ser duro, sino maleable. Los tiempos son críticos. Por eso, si verdaderamente quieres saber qué es un líder, tienes que pensar en función de:

  No ser rígido ni terco, sino flexible y adaptable
 No ser estrecho de miras, sino estar dispuesto a conversar y llegar al fondo de los asuntos
 No ser un analfabeto tecnológico, sino un curioso estudiante de los sistemas y procesos
 No ser provocador de problemas, sino de soluciones
 No ser un buscador de culpables, sino de talentos
 No ser un evasor de la realidad, sino alguien que enfrenta la adversidad con hidalguía
 No ser desleal a los principios, sino fiel a las consecuencias
 No ser temeroso de la impopularidad que despierte una buena idea o decisión, sino valiente
  No ser negativo, sino positivo ante el fracaso y los reveses
 No ser un patán, sino una persona respetuosa que destaca por su decencia, orden y limpieza

Por ejemplo, ¿cuál es un valor más cotizado, la honradez o la puntualidad? Es innegable que la puntualidad. La habilidad para administrar el tiempo es un requisito fundamental para el desarrollo. Pero piensa en esto: Aunque disciplináramos a los empleados para que sean más puntuales, ¿a cuántos podríamos capacitar para que sean más honrados?

Las puntualidad es a veces una cuestión de salvar las apariencias, marcar tarjeta y evitar un descuento a fin de mes; pero la honradez es un asunto del corazón, y por tanto, más difícil de conseguir. La integridad no se enseña. Se aprende en el hogar. Es decir, implica la voluntad del individuo por aprenderla, y eso suele suceder en el hogar. No se discierne en un casting ni en una hoja de vida.

La integridad de una persona solo puede evaluarse después de mucho tiempo. ¿Dispones de ese tiempo para evaluar a un reemplazo eficiente? Si un empleado muy trabajador, que destaca por su honradez y por realizar un trabajo de calidad, te pidiera 1 ó 2 días libres a cuenta de vacaciones, para invertirlo en su vida familiar o en alguna capacitación de carácter personal que lo animará a ser más honrado, ¿serías tan estrecho de miras para presionarlo y amenazarlo con despedirlo, sabiendo que en el fondo vale más que otros empleados? ¿Sería eso entender lo que significa ser un líder? 

De ninguna manera. Desde un punto de vista económico estaríamos estimulando a uno de nuestros mejores inversores de Capital Humano a buscar una mejor fuente de rendimiento, es decir, buscarse otro empleo y llevarse su honradez a otra parte, uno de los valores que más necesitamos.

Que no te sorprenda que esa persona ya tenía dos opciones de contrato en otra parte antes de pedir los dos días de vacaciones, porque sabía que tal vez lo despedirías. ¿Y si después descubres que por despedir a aquel honrado trabajador, otros empleados comenzaron a robar en el almacén, algo que nunca había ocurrido? ¡Tarde descubres que su honradez no solo se traducía en un menor costo, sino que su presencia era una influencia positiva para el resto!

¿Y ahora qué? ¿Vas a dar clases de honradez (haciéndoles gritar frases del tipo: "¡No robar!") para que se vuelvan honrados? Vamos, se trata de un entrenamiento que toma años de crianza y es parte de la escala de valores del individuo. No se enseña en una academia. Tener un empleado honrado vale mucho más que cien que solo llegan puntualmente por evitar un descuento a fin de mes. ¡A juzgar por las consecuencias, perder un buen elemento por negarle un par de días de vaciones no compensa!

En la revista Selecciones del Reader's Digest leí un artículo muy interesante sobre la ética redactado por una eminencia universitaria, en el que decía, en parte: "Dictar clases de ética es una pérdida de tiempo... la ética se aprende en el hogar". Y lo he comprobado una y otra vez. Se puede reforzar la motivación con discursos sobre ética, pero enseñarla requiere una extraordinaria capacidad y organización docente. En otras palabras, si es posible enseñar ética, no es fácil. ¿Por qué? Porque tiene que ver con un genuino arrepentimiento respecto al pasado, basado en evidencias que demuestran que el proceder anterior solo produjo fracasos, lo que a su vez promovería la búsqueda y generación de nuevas convicciones, y una firme resolución de ser diferente en el futuro, algo que no serviría para nada, a menos que se lo respaldara con acciones específicas que retroalimentasen dichas convicciones. ¿Suena complicado?

Ahuyentar la Inversión de Capital Humano de un empleado honrado y trabajador, que siempre fue un ejemplo para el resto y demostró ser leal a los intereses de la empresa, nada más porque nos pidió 1 ó 2 días a cuenta de sus vacaciones para invertirlo en la familia o en una capacitación de carácter personal, es ser nada menos que despiadado, un ignorante respecto al verdadero significado del liderazgo. 

Sinceramente me quedaría corto respecto a lo mucho que opino acerca de la personalidad de un líder de éxito, como el ser equilibrado, entusiasta, ético, talentoso y mucho más. Alcanzar un alto cargo no es sinónimo de líder, ni andar gritando frases del tipo: “¡Yo puedo!”. Eso motiva por un tiempo, pero no es liderazgo. 

Por lo tanto, pedir una frase corta que defina lo que realmente significa ser un líder es tan absurdo como creer que despidiendo a los empleados se resolverán los problemas de costos. 

En términos generales, ser un líder es asumir una responsabilidad de peso en todo sentido, y trabajar duro hasta las últimas consecuencias, no la ostentación de un título o cargo, o apoltronarse y bostezar y dormitar en una isla del Caribe mientras los demás trabajan. Es el resultado de una manera de ser ejemplar que se construye con esfuerzo y dedicación, que no siempre requiere de estudios superiores.

Muchos líderes de éxito lograron su misión a partir de un conocimiento tácito, es decir, no especializado. De hecho, no pocos líderes de las más exitosas compañías del mundo reconocen que muchos de sus empleados saben y pueden más que ellos; y hay autodidactas que lo hacen muy bien. Estos son los que se esfuerzan por generar un clima de confianza y aumentan el valor de todas las cosas a los ojos de los accionistas de cualquier empresa de éxito. 

¿Cualquiera puede ser líder? 

Sí. Pero depende de cómo se lo va a capacitar y a quiénes va a liderar. Hasta niños se han convertido en líderes de cambios e innovaciones importantes sin percatarse de su trascendencia. En sus fantasías soñaban con un mundo mejor, y en sus juegos formaron equipos y se pusieron de acuerdo. De repente, convirtieron dichos sueños en proyectos reales, extraordinarios, como ocurrió con Ana Frank y su famoso libro; o formar organizaciones con miles de miembros para beneficiar a la humanidad, como hicieron Melissa Poe o Tara Church (búscalos en Google). Y no estoy hablando de niños que lograron sus sueños cuando se convirtieron en adultos, sino que lo lograron siendo todavía niños. ¿Y qué decir de algunos adultos? ¿Alguien ha podido esconder bajo la alfombra de la Historia el hecho de que hubo grandes oradores que hicieron gala de una idiotez irreparable?

Afrontémoslo: Cada vez más académicos del campo empresarial y económico reconocen que, dadas las circunstancias, cualquiera puede aprender a ser un líder mediante avivar el fuego de su entusiasmo añadido al estudio y la experiencia, sobre todo si tiene una predisposición genética. El gusanito del conocimiento tácito o inherente puede lograr una metamorfosis y convertirse en una bella mariposa de conocimiento explícito y específico, incrementando su Capital Humano y, por ende, el rendimiento de su inversión. Un vendedor no se convierte automáticamente en líder por ser vendedor, ni un gerente por ostentar el título de gerente, ni un militar por ostentar un alto rango, ni una mujer por elevar la voz, mostrarse amenazante o inyectarse testosterona y dejarse crecer la barba.

Cierta amiga comenzó a preguntar cómo se decían en chino algunas palabras. Le agradó tanto que en poco tiempo estaba conversando en chino. Un día se presentó a un casting y postuló para una beca en Chile, para participar en un concurso en chino. Le dieron la beca y se fue a Chile. El resto no te lo cuento, porque no tengo espacio. Pero es claro que cualquiera, sin importar su edad, puede capitalizar un poco de información y motivación y dispararse como un cohete hacia el éxito.

Sin embargo, también hay límites. Cualquiera puede dibujar un paisaje espontáneamente, tocar guitarra de oído o construir un bello castillo de arena en la paya. Pero tendría que adquirir conocimientos sofisticados para diseñar un rascacielos o escribir una sinfonía, porque si no, el rascacielos no llegaría ni al tercer piso y se derrumbaría, o los músicos no sabrían cómo interpretar la partitura y se enredarían.

Igualmente, cuanto más complicada la empresa, más sofisticados los conocimientos y la experiencia que se requerirían para sacarla adelante. Si no los tienes, tendrías que convocar a otros que sí los tuvieran, o por lo menos contratar un coach, porque, si no, la quebrarías y perderías todo tu dinero. Lo que quiero decir es que cualquiera puede vender limonada en una calle del vecindario, pero se necesita más que entusiasmo y saber decir algunas palabras en chino para sacar adelante un gran proyecto.

Un gran empresario es un gran estudioso; y si no se convierte en un gran estudioso, difícilmente soportará los cambios, ni sobrevivirá como tal cuando las papas quemen. 

Por supuesto, siendo que el liderazgo es una gran responsabilidad y una opción, no la ostentación de un cargo, también debemos respetar la decisión de quienes por circunstancias personales preferirían no asumir la dirección de cierto proyecto, equipo, movimiento u organización. Es una decisión personal que nadie tiene derecho a forzar o reconvenir. 

Cualidades de oratoria asociadas con un liderazgo moderno 

Como ya hemos ofrecido nuestra opinión en otros comentarios, no creemos que sea necesario ser un líder para cultivar la oratoria; sin embargo, creemos que la oratoria sí es una competencia esencial para el liderazgo. En ese contexto, creemos que las siguientes son cualidades de oratoria asociadas con un liderazgo moderno. 

Informa con claridad y sustancia 

Un líder debe ser un ávido lector y disfrutar de la investigación con el fin de mejorar el enfoque de sus ideas, de modo que cuando tenga que exponer información mediante un discurso lo haga de una manera clara y sin ambigüedades.

Es un cazador de dichos, refranes y proverbios, experiencias, anécdotas y biografías, estadísticas y resultados de estudios, ilustraciones, historias, fábulas y cuentos, diagramas, esquemas y bosquejos. Le gusta reflexionar cuidadosamente en preguntas que pueda hacerle al auditorio, para que la respuesta contribuya a aclarar y reenfocar el punto principal.

Procura ir directamente al punto, pero tiene en cuenta la conveniencia de hacer un rodeo cuando las circunstancias lo exigen. Mantiene enfocado el objetivo desde el comienzo hasta el final de su exposición. Y prefiere callar si sus palabras no serán mejores que el silencio.

Impacta para que recuerden la información 

Un líder habla de modo que atraiga la atención sobre el punto principal y el objetivo del discurso, no sobre su persona. Porque sabe que lo que el auditorio debe recordar no es como hablaba, sino su mensaje.

Se caracteriza por saber concentrar la atención en la información y grabar las ideas en la memoria de sus oyentes.

Evita los manerismos (ademanes flojos, repetitivos y aburridos), procurando hacer gestos específicos que pinten verdaderos cuadros en el aire. Sus manos se convierten en poderosas herramientas que construyen apoyos visuales invisibles para permitir que el oyente imagine lo que quiere decir. No se mueve como títere.

Conmueve el corazón para motivar, persuadir y mover a acción 

Un líder es muy consciente de que toda persona tiene un Capital Humano disponible, pero que no moverá un dedo a menos que tenga una fuerte motivación, y que el mejor incentivo para que alguien invierta su capital en la empresa es saber que recibirá un excelente rendimiento por su inversión. Por eso les habla con aprecio y empatía, para que sientan que el mensaje es tan sincero como el reconocimiento del trato que ofrece, y sobre todo, respeta la dignidad del inversor. Pisotear la dignidad de los demás es comprarse enemigos gratis.

Entretiene para que nadie se aburra 

Una cualidad que caracteriza al líder es su pasión controlada. Todo lo ilustra eficazmente, ya sea con imágenes mentales o apoyos visuales que cautivan la vista, y hace participar a sus oyentes para que se sientan involucrados, no solo espectadores. 

Sin embargo, muchas veces nos preguntamos por qué algunos "líderes" hablan de una manera exasperantemente aburrida. ¿Son verdaderamente representativos de lo que significa ser un líder? Francamente, su falta de enfoque nos hace dudar de que sean competentes (aunque lo sean). Y es que a veces se trata de personas que no son realmente líderes o no han entendido la relación que hay entre el liderazgo y la oratoria eficaz, por lo que no dedicaron ni tiempo ni esfuerzo a estudiar alguna técnica apropiada de oratoria. Lamentablemente, aburrir contribuye a desalentar.

Entonces, ¿por qué la gente soporta a los malos líderes? 

¡Ah! ¡Todos buscan la reelección! Jean Lipman-Blumen, doctora en sociología, en su artículo "Las razones por las que toleramos a los malos líderes", del libro Las Claves del Liderazgo, alista varias razones, justificaciones y mitos por los que mucha gente tolera a líderes incompetentes y no los destituye. La siguiente relación está basada, con otras palabras, en la mayoría de asuntos considerados en dicho artículo. Soportamos a los malos líderes porque: 

 Destituirlos nos costaría tanto que no podríamos asumir el costo
 No contamos con otro apoyo. Sin él no podríamos salir adelante
 Cuestionarlos e intentar derrocarlos entrañaría un gran peligro
 Hay otras prioridades, ahora no podemos dedicarnos a eso
 Más vale viejo conocido que nuevo por conocer
 Mal que bien, están más capacitados que la mayoría
 Dios los asiste, ¡cómo dudar de su liderazgo!
 Ellos son quienes deciden, no es nuestro problema
 Ellos siempre nos han defendido
 Si los ayudamos, nos beneficiaremos cuando repartan el pastel
 Siempre han sido así, y seguirá siendo así. Es parte de nuestra cultura
 Tienen nuestro estereotipo de líder; debemos obedecerles ciegamente
 Tienen suerte, el destino está de su parte
 Si todos gritan de júblio y los aplauden, supongo que es porque lo están haciendo bien
 Al lado de ellos nos sentimos superiores a los que consideramos inferiores
 Si los derrocamos y fracasamos, nos fastidiamos. Es más fácil ayudar a empujar el coche 

Y yo añadiría que algunos hasta llegan al colmo de decir: "¡Es nuestro dios!", a pesar de que los noticierons les digan que está demostrado que solo fue un gran benefactor para contar con una coartada y una excusa para seguir mintiendo, robando y lavando dinero.

También es interesante que Lipman dé a entender que básicamente se tolera a los malos líderes porque la gente no suele atreverse a enfrentar sus propias ansiedades. Establece un contraste con el héroe, cuya esencia es el valor de arriesgarse y encarar los miedos y titubeos del vulgo, especialmente cuando deben enfrentar algún mito, tradición o leyenda.

En pocas palabras, admiran a los malos líderes porque, a pesar de todo, calman sus temores y personifican el sueño imposible de muchos de llegar a ser líderes. Bien dijo alguien que, para volar sobre la tradición, había que hacerse un par de alas muy grandes. 

El liderazgo puede ser asumido por una persona, por un equipo o por un comité 

Compartir las responsabilidades directivas del liderazgo se hace realidad en cada vez más empresas de éxito. Esto es especialmente cierto porque los conocimientos, los mercados, las especialidades y la diversidad de productos y servicios requieren competencias cada vez más sofisticadas. Una sola persona ya no puede abarcarlo todo como antes. Ahora necesitamos el apoyo de gente competente. La aldea global es un entorno irreversible y exigente, y los líderes de éxito tienen que ser más flexibles y bajar la cabeza en reconocimiento de que necesitan a otros que, en ciertos campos, estén más capacitados que ellos. 

Últimamente, se promueve en todas partes el trabajo en equipo, o de comité, con la finalidad de provocar una sinergia y lograr mejores resultados. Pero tengamos en cuenta que, por definición, la tarea de un comité es analizar y estudiar los problemas con el fin de hallar soluciones y dictar las medidas del caso, mientras que la de un equipo de trabajo es actuar y llevar a cabo tareas pertinentes. 

Además, muchas empresas están coordinando o fusionándose a un ritmo vertiginoso, lo cual exige que cada vez más directivos se pongan de acuerdo para un liderazgo compartido. La Agenda, de Hammer, contiene todo un estudio al respecto. Pero ¿sabías que la ‘simplificación de procedimientos, ‘delegación de responsabilidades’ y ‘liderazgo compartido’ no son conceptos modernos, como muchos académicos creen? ¡Son procedimientos que ya se practicaban nada menos que hace 3500 años! Moisés los implantó por sugerencia de su suegro, lo que dinamizó su liderazgo a través del desierto con una población de millones de miembros. (Biblia, Éxodo 18, vers. 21 al 23). 

Es cierto que entonces él personificó un liderazgo teocrático, pero el contexto muestra que resultó ser un verdadero promotor del subliderazgo compartido, la simplificación de procedimientos y la delegación de responsabilidades, sistemas antiguos que hoy se destacan como si fueran descubrimientos de la administración moderna.

Si algunos consideraron estas cosas como descubrimientos de la administración moderna, fue porque tal vez ningún académico tomó en cuenta dicho pasaje de la Escritura. Solo son descubrimientos en el sentido de que los académicos modernos investigaron cuidadosamente ciertos procedimientos y resultados empresariales. Pero vemos que, aunque el ser humano imperfecto tienda a concentrar el poder en una sola persona, al parecer la comunidad termina prefiriendo el liderazgo que se adapta a las circunstancias, tal como ahora está sucediendo en muchas empresas de éxito. 

Es un hecho demostrado que gran parte de la humanidad está hartándose del liderazgo empresarial vertical y absoluto que se deposita en las manos de un solo líder que, en no pocas ocasiones, termina dando la impresión de que el poder se le subió a la cabeza. Las noticias de la noche ya casi no nos sorprenden cuando nos muestran a líderes (directivos, ex presidentes, generales, sacerdotes, pastores, maestros y padres de familia) con grilletes en las manos, rumbo a la cárcel debido a la comisión de faltas graves. 

Los seres humanos no somos leones ni perros salvajes que acatamos las órdenes del instinto sin más, sino seres pensantes, con libre albedrío, que no nos sentimos a gusto cuando otros seres humanos coartan nuestra legítima autonomía o nos dominan egoístamente. Por eso es tan difícil tolerar la coerción de la libertad de expresión en todas partes del mundo. 

Al ser humano le gusta estudiar y que el conocimiento se expanda. Pero también entiende que necesita cotejar sus conocimientos inherentes o tácitos con los conocimientos explícitos a fin de profundizar y, de ser necesario, redescubrir su verdadera naturaleza, contrastando tradiciones y costumbres con los conocimientos y experiencias. El liderazgo empresarial es materia de dicho estudio. 

El conocimiento inherente o tácito nos obliga a aceptar, ya sea por tradición, condicionamiento o presión social, que "el líder [dirigente, presidente, secretario, maestro, catedrático, pastor, sacerdote, papá, mamá, abuelo, suegro] debe mandar con absolutismo y los demás deben obedecer sin chistar".

Pero el conocimiento explícito, es decir, el que luego adquirimos por estudio y experiencia, nos dice que tal forma de liderazgo ya ha causado demasiados problemas a la humanidad y que por eso va condenada al fracaso. La historia universal nos muestra un panorama amplio y claro.

"Los resultados arrojan luz sobre los procedimientos."

A la luz de los últimos descubrimientos sobre el liderazgo, vemos que no se trata de un juego de ajedrez. Hay vidas envueltas. El mismísimo futuro de la humanidad ha sido puesto en peligro muchas veces. 

Piénsalo bien 

Por eso, si quieres ahondar tu entendimiento de lo que significa ser un verdadero líder, piénsalo bien, porque no se trata de satisfacer ansias ególatras de poder [para dominar a otros] ni de tomar el timón de algún proyecto empresarial solo para hacer lo que te dé la gana [acumular riqueza].

Ten presente que en nuestros tiempos la empresas que son dirigidas con un criterio avanzado están dejando de considerar como empleados a sus empleados. Ahora se los respeta como Inversores de Capital Humano, de modo que muchos ya no piensan en función de contratar empleados y pagarles un salario a cambio de su trabajo. Ahora negocian su Capital Humano respecto a cosas que antes se daban por sentadas (tiempo, esfuerzo, compromiso, dedicación, habilidad, destreza, conocimiento, talento, experiencia, comportamiento, diligencia, economía, deseos de superación, honradez, higiene, orden, puntualidad, sentido de responsabilidad, respeto a los reglamentos y respeto al derecho de los demás)... y no solo a cambio de un pago, sino de cosas que antes también se daban por sentadas (satisfacción, oportunidades de desarrollo, recompensas, incentivos, vacaciones, gratitud y reconocimiento).  

Ya no es como antes, que había unas cuantas empresas que proveían unos pocos productos y servicios exclusivos, cuando los clientes tenían que agachar la cabeza y aceptar lo que fuera. Ahora hay una expansión en la variedad de compañías, productos y servicios. Por eso, en todas partes se ha tenido que aceptar el hecho de que ahora es más fácil que un cliente se pase al competidor en cualquier momento.

Y tampoco es como antes en el sentido de que solo había unas cuantas empresas que contrataban a unos cuantos empleados, sino que las opciones para los diversos tipos de oficios y profesiones se han multiplicado y diversificado. Por eso, en todas partes también se está aceptando el hecho de que un empleado competente también podría pasarse al competidor en cualquier momento, trasladando su Capital Humano (talentos, conocimientos, habilidades, destrezas, experiencias, sentido de responsabilidad, compromiso, dedicación...). 

¿Y qué hará el empresario cuando se quede sin los mejores? Buscar entre los que quedan en la compañía para capacitarlos de modo que con los años desarrollen sus aptitudes para aprender; o bien convocar a nuevos que tengan el talento y la integridad suficiente como para reemplazarlos. ¿Y qué harán con la experiencia? Tratarán de retenerlos mediante ofrecerles un rendimiento justo por su inversión. ¡Nada menos que lo que en principio debieron haber hecho con los anteriores para que no se fueran! ¿Hay mérito en facilitarle las cosas al competidor? ¡De ninguna manera! La cosa saldría más cara. 

Beneficia a los demás 

El liderazgo autoritario en el mundo empresarial del siglo 21 tiene los días contados, no porque algunas personas se hayan rebelado, sino porque la humanidad ha crecido, se ha expandido y ha explotado sus conocimientos. Cada vez admite menos el fracaso. Cada vez más personas están transformando el conocimiento tácito en explícito y acumulan experiencia y habilidad, dándose cuenta de que todas quieren y pueden mejorar su calidad de vida por medio de buscar un mejor rendimiento a su inversión. Ya no hay muchos secretos ("¿Quieres saber algo? ¡Pregúntale a papá Google!").

De modo que, para entender lo que verdaderamente significa ser un líder, no basta con armar una definición arcaica, resumida en una bonita frase, que se entienda como “¡Aquí mando yo, y punto!”. Tienes que reflexionar detenidamente y desarrollar un concepto amplio y moderno que ponga de relieve tu entendimiento de su verdadero significado. 

En la llamada Economía del Cliente, tienes que pensar en función de beneficiar a las personas. Todos deben salir ganando (clientes, empleados, directivos y accionistas), si no, en cualquier momento pueden decirte: “¡Hasta hoy nomás te aguanto! ¡Hasta la vista, baby!".
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