El ejemplo de los padres y figuras de autoridad
Un
punto de referencia que los niños usan por naturaleza es el
ejemplo de sus padres y otras figuras de autoridad, como sus abuelos,
tíos, hermanos mayores y maestros. Ya se trate de ejemplos
adecuados o inadecuados, los tienen en cuenta a medida que crecen. Por
ejemplo, un niño toma muy en cuenta cada vez que su madre dice:
"E[re]s igual a t[s]u padre", y una niña hace lo propio cuando
oye decir: " E[re]s igual a t[s]u madre". Y lamentablemente, aunque
esté recibiendo un ejemplo inadecuado, seguramente lo
interpretará como "eso es lo que esperamos que seas", porque le
han dicho que "es igual a", sobre todo si lleva el nombre del padre,
madre, tío o abuelo. Tenderá con mayor razón a
comportarse como esa persona, porque se identifica con ella.
Los
fans de un gran artista tienden a ser como el artista; los subordinados
de un capitán al que admiran tienden a ser como dicho
capitán; los empleados de una compañía tienden a
ser como el supervisor, administrador, gerente o dueño; los
alumnos que admiran a un maestro tienden a ser como ese maestro. Es una
cadena inexorable por la cual también los delincuentes tienden a
ser cada vez peores, porque emulan al delincuente más avezado.
Los
espejos, los apodos, los sobrenombres, los logros y las críticas
son fuertes puntos de referencia para el desarrollo de la personalidad.
Pero tal vez ninguno es tan influyente como una fotografía, ya
esté bien o mal tomada.
Sed de identidad
Todo
ser humano tiene una sed inherente de identidad. De hecho, el cerebro
está diseñado para desarrollar una personalidad. Por lo
tanto, un hijo está naturalmente alerta al comportamiento de sus
padres y al de las personas que influyen en su vida. A medida que
crece, aprende a imitar el comportamiento de otros niños,
deportistas, artistas y hasta el de los personajes ficticios de los
dibujos animados.
Hay
padres que se escandalizan cuando ven cierta actitud particularmente
violenta en sus hijos, pero no tienen en cuenta que ellos mismos
permitieron que sus hijos vieran dibujos animados violentos o comedias
donde primaba el humor negro. Ya de adultos, tal vez sea muy
difícil erradicar de su personalidad rasgos profundamente
arraigados y asimilados durante tan prolongado espacio de tiempo.
Cuesta mucho trabajo razonar con alguien y persuadirlo de que
siguió ejemplos inadecuados, sobre todo, si dicho comportamiento
siempre le ganó el respeto de los demás niños de
la escuela, o si sus compañeros lo ensalzaron a una
posición de líder.
Una
vez que los rasgos básicos quedan establecidos, el joven tiende
a reforzarlos mediante variados puntos de referencia, como el espejo,
sus sobrenombres y fotografías. ¿No has notado
cómo algunas personas rehuyen salir en las fotos, como de una
peste se tratara; y si logras convencerlas de posar, les cuesta mucho
esbozar la más leve sonrisa? ¿Por qué?
Una
razón es que les desagrada lo que ven en el espejo y en
fotografías mal tomadas a lo largo de los años.
Desaprueban, por decirlo así, que alguien conserve algo que a
ellas mismas les ha resultado feo, irritante, molesto o
incómodo. Temen que alguien en algún momento se
ría de su imagen, de modo que prefieren abandonar el lugar o
esconderse hasta que se hagan una cirugía, bajen de peso,
enderecen sus dientes, vayan a la peluquería u otra excusa. En
realidad, se desaprueban a sí mismas.
Pero
ello no se debe a que realmente proyecten una imagen inadecuada de
sí mismos, sino principalmente a que se han acostumbrado a salir
mal en la foto, o a permitir que fotógrafos ineficientes e
incompetentes les tomen fotografías que no mostraron su mejor
ángulo, como por ejemplo, cuando les tomaron la
fotografía para la licencia de conducir, el pasaporte u otro
documento. En vez de lograr una imagen digna y presentable, el
fotógrafo les dijo: "No sonría", como si mostrar una
imagen positiva fuese un error. ¡Esa clase de fotógrafos
están cometiendo un crimen! Porque ningún crimen es tan
horrible como destruir la autoestima de una persona, ya que los efectos
en su vida, debido a que la fotografía es un punto de
referencia, serán correspondientes.
Por
ejemplo, si tomamos una pésima fotografía a una persona
cuya autoestima es débil, la hundiremos en la desolación,
sobre todo si estuvo esforzándose por mejorar su personalidad.
En vez de verse bien, se vería horrible y pudiera resultar en el
peligroso detonante de una mala decisión, como dejarse vencer
por la depresión u otra inclinación desagradable. El
efecto que se causa es: "Para qué me esfuerzo por ser bonita si
siempre voy a salir fea", "para qué me esfuerzo por bajar de
peso si siempre se me va a ver gorda", "para qué sonrío,
si siempre voy a salir mal en las fotos".
"Verse
feo" es uno de los peores estímulos que podemos dar a alguien.
Lamentablemente, en la gran mayoría de los casos NO
SE DEBE A QUE LA PERSONA SEA FEA O TENGA UNA IMAGEN POBRE, SINO A QUE
EL FOTÓGRAFO ES UN INEFICIENTE E INCOMPENTENTE QUE NO SABE EN
QUÉ CONSISTE SU TRABAJO. ¡La clave está en buscar
un fotógrafo profesional!
Desgraciadamente,
las fotografías de algunos documentos oficiales no son tomadas
por fotógrafos eficientes, que comprenden la importancia de
proyectar una buena imagen, sino por simples empleados a quienes
colocaron en el puesto de fotógrafo, diciéndoles que
simplemente presionen el botón, lo que yo llamo "El clic de la
muerte emocional".
Cuando
renové mi último pasaporte, felizmente me tocó un
empleado muy inteligente. Le dije: "Tengo que viajar al extranjero a
dictar una conferencia de motivación. No puedo salir en la foto
con cara de malo". Sonrió y me dijo: "Diga chis". Ambos nos
reímos, y me sacó una buena fotografía. De modo
que hay fotógrafos y "fotógrafos".
El fotógrafo criminal vs. el especialista
Un
crimen es un delito grave, y aunque en ningún lugar hallemos
tipificado como crimen una fotografía mal tomada, para mí
es una forma de crimen, porque al disparar, el fotógrafo graba
el rostro de la persona. Esta después la usará como punto
de referencia de su imagen interior. Si la foto le resulta desagradable
y contribuye de alguna manera a que se sienta emocionalmente
frágil o susceptible, la persona se convencerá a
sí misma de que simplemente 'es así', reforzando su
rebajado concepto, lo cual puede perjudicar su desempeño, y con
ello, todos sus éxitos, sus sueños y aspiraciones, tal
vez culpando de sus fracasos a su triste imagen.
Por
ejemplo, cierto joven envió varias cartas a cierta
compañía solicitando una oportunidad de trabajo. El
encargado que recibió las cartas notó un gran entusiasmo
tras sus palabras y decidió contárselo al gerente,
diciéndole que era necesario considerar que en futuro cercano
tal vez podrían contar con más apoyo debido a que el
negocio estaba creciendo y dando más trabajo. ¿Qué
crees que fue lo primero que resondió el gerente?
"Permíteme ver su fotografía". Y es que una
fotografía puede decir más que un currículum bien
redactado. Lógicamente, si hubiese sido mal tomada, tal vez el
gerente se hubiera formado un concepto negativo y el fotógrafo
le hubiera echado a perder la oportunidad de su vida. Esa es otra forma
de crimen.
Si
la persona cree que su imagen es la de un tonto al que solo
contratarían en una funeraria de mala muerte, sin detenerse a
reflexionar en que solo se trata de un hecho aislado, del pésimo
trabajo de un fotógrafo incompetente, sin duda abrigará
pensamientos tan negativos acerca de sí misma que en nada
contribuirán a su desarrollo. Pocos insultos son tan hirientes
como "eres feo[a]", ¡cuánto más si uno mismo
está de acuerdo porque lo puede comprobar todos los días
al ver su fotografía! Por eso, siempre recomiendo a los padres
que, antes de tomar fotografías a sus hijos, esperen hasta que
sonrían ampliamente, para conservar una imagen positiva que les
sirva cuando crezcan, que puedan decir con dignidad: "Ese(a) soy yo".
Cuando
se graduaban las promociones de mi curso de Técnicas
Dinámicas, les pedía a todos que pusieran sobre la mesa
sus documentos de identidad y observaran su fotografía (uno de
ellos más tarde confesó que solo había dicho que
los había olvidado en casa porque pensó que todos la
mirarían). Luego les explicaba que era un requisito fundamental
el que se reunieran en grupos y visitaran al señor Augusto
Oshiro, de Foto Artist, y le dijeran: "Vengo de parte de Miguel
Ángel Ruiz Orbegoso, del curso de oratoria". El señor
Oshiro, fotógrafo profesional competente, un especialista que
sabe cómo una buena fotografía marca un hito en el
desarrollo de la personalidad, tenía órdenes mías
de no disparar a menos que sonrieran mostrando los dientes. Y
él, con todo el carisma, entusiasmo y paciencia que lo
caracterizaba, sacaba una fotografía profesional de
tamaño pasaporte y les obsequiaba una de tamaño postal.
Cuando
cada uno regresaba a recoger su fotografía, se quedaba pasmado,
mirándola con extrañeza y preguntándose:
"¿Este[a] soy yo?". Sencillamente, para muchos era la primera
vez en su vida que veían lo que verdaderamente eran. En un
instante se percataban de lo mucho que habían perdido creyendo
que eran como las fotografías que veían en sus
documentos, cuando en realidad, tenían un gran potencial. Un
cambio radical. Ya en clase, les decía, sarcásticamente,
que no hubiera permitido poner en un diploma de mi curso una
fotografía tomada por un "fotógrafo criminal".
La importancia de un cambio de actitud mental
Una
fotografía adecuada causa un verdadero impacto en el desarrollo
de la personalidad, tal como una mal tomada, lo atrofia. Personalmente
he sido testigo de cómo mucha gente ha modificado el concepto
que tenía de sí misma a partir de una foto bien tomada.
¡Qué
desagradable me resulta tramitar un documento para el que me exigen
tomarme la fotografía con un fotógrafo inepto! Así
es como lidié con uno:
"Tome
asiento", me dijo. "Gracias", contesté. "No se mueva... No
sonría", añadió. Yo sequí sonriendo
levemente, para que la imagen saliera con buena presencia. Entonces, me
ordenó tajantemente: "¡No sonría!". A lo que
respondí en tono de asombro: "Y ¿por qué no voy a
sonreír? ¡Es mi cara! Tome la foto nomás. No se
preocupe". Y me acosó, diciendo: "Lo siento, señor. La
foto es sin sonrisa."
Quedé
estupefacto al ver su estrechez de miras. ¡Insistió
tercamente en que yo no tenía derecho de esbozar una leve
sonrisa! Por eso le dije con firmeza, aunque respetuosamente:
"¡Mi expresión es así! Si yo estuviera haciendo una
mueca, aceptaría un llamado de atención. El caso es que
así es mi rostro. ¿Por qué tengo que poner otra
cara? Por favor, tome la foto de una vez y terminemos con esto". A lo
que me espetó con aires de ignorancia supina: "Lo siento,
así no tomo la foto".
El
ambiente se cargó y le dije: "Mire, amigo, en ningún
capítulo ni versículo de la Constitución
Política del Estado le da a usted derecho de obligarme a ponerme
serio. Su tarea es tomar una foto de mi rostro tal como es. ¿Por
qué me obliga a poner cara de palo?". Y sencillamente
insistió: "Entonces, no tomaré la foto."
Me
recompuse y saqué mis conclusiones de la magnitud de la
tarea y la pérdida de tiempo y dinero que
significaría demandarlo por impedirme sonreír en la foto
(de hecho, sentaría un precedente judicial para Ripley). Y
decidí bajar la guardia y dejar que me conectara un K.O. Puse
cara de palo, y tomó la foto. Finalmente, suspiré en voz
alta: "Disparando esa cámara, usted ocasiona más muertes
que un pelotón de fusilamiento, porque mata la imagen de las
personas. Usted tiene un problema de actitud que le convendría
mejorar, amigo".
A
estos llamo "fotógrafos criminales", porque contribuyen a
perpetuar una idiosincrasia de tortugas. Voluntariamente toman
fotografías que desprestigian a sus dueños,
ocasionándoles un daño irreparable a su autoimagen. Cada
vez que estos miran su foto, creen que 'esa es su cara', y tienden a
comportarse de acuerdo al estímulo que la imagen les sugiere.
Una forma de abuso infantil
El
abuso infantil también abarca los atentados contra la
personalidad de los niños. Cualquier especialista en salud
mental sabe lo importante que es para el desarrollo de la personalidad
el que el niño se forme una imagen adecuada de sí mismo.
Un
"fotógrafo criminal", que dispara su cámara como si se
tratara de un pelotón de fusilamiento, contribuye a que los
niños se formen una imagen triste de sí mismos, y que con
el tiempo pierdan muchas oportunidades en la vida debido a 'creer' que
su derecho a ser felices les ha sido negado.
Si
quieres que tus hijos crezcan sanos mentalmente, que crezcan con una
imagen real de sí mismos, enséñales a
sonreír en la foto, y explícales que nunca se dejen
embaucar por un "fotógrafo criminal". Diles que la verdad es que
una fotografía mal tomada solo refleja la incompetencia del
fotógrafo, y que una imagen inadecuada dista mucho de lo que
ellos verdaderamente son como personas. Impide que se formen un mal
concepto de sí mismos solo por causa de un pésimo trabajo
fotográfico.
Invierte
un poco en una buena foto, aunque fuera una sola vez en la vida, y
concédeles a tus hijos una oportunidad de creer que son mejores
que sus fotografías. Impide que tomen como puntos de referencia
una foto tomada por un "fotógrafo criminal".
Exige una buena foto
En
cierta ocasión pagué por adelantado una
fotografía. Estaba muy apurado, y me metí en el primer
estudio que encontré al paso. Cuando tomé asiento, el
'fotógrafo' me ordenó: "No sonría". Acto seguido,
aunque le sonó extraño, le dije: "¿Qué! Por
favor, espere. Ya no deseo tomarme la foto aquí. Sea tan amable
de devolverme mi dinero. Si usted toma fotografías tristes,
mejor busco otro fotógrafo".
Mi
reacción lo hizo reflexionar, porque sonrió y me dijo:
"Está bien. No se preocupe. Le tomaré la foto sonriendo".
Lamentablemente, insistí: "Disculpe. Por favor,
devuélvame mi dinero. Ya no deseo tomarme la foto aquí.
Verá, una fotografía es una obra de arte, y su actitud me
demuestra que el trabajo va a salir mal. Esta fotografía es muy
importante, y necesito un trabajo profesional". Y me retiré.
En
realidad, tú y yo sabemos que pude habérmela tomado, solo
que quise enseñarle una lección para el resto de su vida,
porque con esa actitud ocasiona mucho daño, especialmente a los
niños. Les entrega una imagen que les sirve como punto de
referencia por el resto de sus vidas. ¿Es eso justo? Por otro
lado, ni te imagines que ando haciendo eso con todos los
fotógrafos.
Tal
como el ejemplo que ofrecen los padres es un punto de referencia muy
importante en la vida de sus hijos, una fotografía dice mucho
acerca de ellos mismos, y se convierte en un punto de referencia que
puede servirles para orientarse adecuadamente a lo largo del desarrollo
de su personalidad, o para desviarse y suponer equivocadamente que el
éxito les está vedado.
Ninguna mujer es fea
Una
vez leí en un importante manual de desarrollo de la personalidad
que solo es fea la persona que ignora cómo arreglarse
adecuadamente. Y es cierto. Generalmente una persona se considera fea
cuando sus puntos de referencia han sido inadecuados a lo largo de su
desarrollo. Tal vez recibió un ejemplo inadecuado acerca del
arreglo personal; o dejó que la afectaran algunos apodos y
bromas denigrantes que la habían el centro de la atención
en la escuela... ¡o le tomaron malas fotografías
fotógrafos incompetentes que siempre captaron su peor
ángulo, contribuyendo así al impacto emocional en su
pobre autovaloración! Esas son las cosas que afean a una persona.
Algunos
programas de televisión sacan el jugo a esta carencia, y
literalmente transforman a hombres y mujeres convenciéndolos de
que realmente tienen mejores ángulos que exponer. El resultado
es una nueva imagen física de sí mismos, lo que
contribuye mucho a que comiencen a trabajar por una imagen interior.
En
la revista Micasa (www.micasa@casinelli.com) leí una leyenda de
la India. Había una vez un ratón miedoso que pidió
a un mago que lo ayudara. El mago aceptó y ¡puf! lo
convirtió en gato. Pero cuando se encontró con un perro,
le dio tanto miedo que le suplicó que lo conviertiera en perro.
De modo que el mago, ¡puf!, lo convirtió en perro. Mas
cuando se encontró con un tigre, le dio más miedo, y le
rogó que lo convirtiera en tigre, y ¡puf! lo
convirtió en tigre. De repente se encontró cara a cara
con un cazador y entró en pánico. Entonces le
pidió que lo convirtiera en cazador, pero esta vez el mago le
dijo: "Te convertí en gato, en perro y en tigre, pero no hiciste
nada por cambiar de corazón; mantuviste el corazón de
ratón. De modo que ¡puf! regresas a ratón." El Dr.
Maxwell Maltz, eminente psicólogo y cirujano plástico,
autor de Principios de Psicocibernética,
dice que hizo muchas cirugías a personas horriblemente
desfiguradas, pero que solo tenían éxito las que
también se hacían una cirugía en el alma, para
cambiar de actitud.