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La timidez es un problema de aprobación
¿La aprobación de
quién buscas en las cosas que haces? Para ser honrados, todos
buscamos la aprobación de alguien. Unos buscan la
aprobación de sí mismos, otros, la de sus padres,
hermanos, tíos, abuelos, maestros o amigos; otros, la del
Creador o la de alguna figura de autoridad; otros, la de alguien a
quien admiran mucho.
¿Adaptación o libertinaje?
Los niños nacen libres en casi
todo sentido. Su única urgencia es sentirse bien. Si algo les
incomoda, reaccionan instintivamente llorando y chillando hasta que
alguien les provea cierta satisfacción. Pero no es razonable
dejarlos por su cuenta, ensuciándose y llevándose a la
boca todo lo que encuentran a su paso. Es una necesidad vital de
cualquier comunidad humana la adaptación de los niños a
la vida en grupo. Por eso los padres suelen iniciar cuanto antes un
proceso de educación basado en la escala de valores de la
familia o tribu. Si el niño rebasa los límites impuestos,
le dan un castigo; si se mantiene dentro, lo felicitan o premian.
Sin embargo, poco a poco deja de ser libre en el sentido de hacer lo
que le dé la gana, y se convierte en un ser adaptado a la
comunidad.
Hasta allí todo puede
considerarse natural, como principios de vida. Pero surge un serio
problema cuando dicha adaptación se lleva a cabo a partir de
valores débiles, exagerados o errados. El niño crece con
un concepto deformado de lo que es correcto e incorrecto, de modo que
queda condicionado a ciertos parámetros o estereotipos
culturales que pudieran estorbar su desarrollo pleno.
La adaptación es necesaria, pero los valores deben ser adecuados
Una de las primeras lecciones que
deben aprender los niños es que todo tiene un límite que
no puede ser traspasado impunemente. Hay leyes naturales que deben
cumplirse, como comer, beber, trabajar, divertirse y descansar. Si no
las cumplimos, tarde o temprano nuestro cuerpo, mente y corazón
nos exigirá su cumplimiento. Si insistimos en desobedecer, puede
costarnos la vida o la felicidad. Por ejemplo, si no comemos, nos
morimos; si saltamos desde un avión sin paracídas, nos
morimos. Si no recibimos y damos cariño, dejaremos de
sonreír y nos marchitaremos emocionalmente; si no recibimos
educación intelectual, dejaremos de interesarnos en el
desarrollo y nos marchitaremos mentalmente. Todo tiene una consecuencia.
Si bien es cierto que una forma
natural de adaptación ocurre cuando los niños aprenden
rápidamente lo que significa "causa y efecto" (si lloro y grito
me darán lo que quiero), necesitan una explicación
adicional para entender la trascendencia de cierta causa y efecto en su
futuro, es decir, las consecuencias a largo plazo. Ve y pregunta a un
niño lo que son las feromonas y no sabrá responder.
Pregunta a un adulto, y 9 de cada 10 tampoco sabrán contestar.
Sin embargo, ciertas feromonas pueden contribuir notablemente a la
excitación sexual e impulsar a las relaciones sexuales. Si la
persona no recibe explicaciones acerca del sexo a temprana edad, queda
expuesta a un comportamiento libre o sin límites y
quedará expuesta a una serie de "causas" que tarde o temprano
tendrán un "efecto" a corto, mediano o largo plazo.
La teoría del
Ánálisis Transaccional, de Eric Berne, muestra que
nuestra personalidad tiene un Niño Libre (natural y
espontáneo), un Niño Adaptado (condicionado por los
valores) y un Niño Rebelde (que se resiste a la
adaptación). Cuando se mantienen bajo control consciente, se
puede contribuir mucho al desarrollo de la personalidad.
Por ejemplo, es bueno dejar salir el
Niño Libre cuando hay que jugar, reír, cantar, bailar,
pintar, bailar y realizar otras actividades que requieren
espontaneidad, creatividad y entusiasmo. Por otro lado, está
bien Adaptar al Niño cuando hay que tratar a los demás
(los modales en la mesa, la higiene personal, saludar
cortésmente a las personas), o cuando se deben respetar ciertas
instrucciones de seguridad (como al visitar una planta de
energía nuclear, manipular cables eléctricos, nadar mar
adentro). Pero tal vez surja el Niño Rebelde cuando nos damos
cuenta de que cierta norma es absurda, contradictoria o perjudicial (un
dogma, una teoría no comprobada, obeceder a la abuelita aunque
nos pida algo indecente).
En Nuremberg, muchos acusados de
genocidio presentaron la excusa de que estaban en guerra y solo
obedecieron órdenes. Pero cuando mataron o torturaron a sus
enemigos obraron más allá de los dictados de su
conciencia natural, un instinto en el ser humano que le indica
claramente cuando cierto proceder es crasamente incorrecto. "Yo solo
obedecía órdenes" no es excusa cuando se pasa por alto
esa conciencia natural. El Tribunal Internacional dijo en su
decisión: “Los individuos tienen deberes internacionales
que van más allá de las obligaciones nacionales de
obediencia impuestas por el estado individual”. De ahí la
equivocación de criar a los hijos bajo normas inhumanas ("Puedes
matar o torturar a los [blancos, arios, negros, musulmanes, cristianos,
indios, judíos, homosexuales, enemigos, utus, tutsis,
palestinos], pero no a los que son como tú.").
La timidez se aprende
Del mismo modo, uno pudiera ser
condicionado a buscar la aprobación de un padre o una madre
exageradamente exigente y ser obligado a vivir de acuerdo con dicha
"ley", pero nunca lograr dar en el blanco de su satisfacción. El
resultado es una frustración permanente que causa la
anulación de la propia expresión. La exigencia
desmesurada y la falta de oportunidades para tomar decisiones
personales y disfrutar de sus buenas consecuencias, sume a la persona
en un estado de inseguridad total, que se manifiesta tarde o temprano
en comportamientos poco adecuados. Ha ocurrido una adaptación
equivocada.
Es correcto buscar la
aprobación de los demás cuando las normas y costumbres
son equilibradas, naturales o se basan en una escala de valores de
comprobada eficacia; pero no lo es cuando ahorca el desarrollo de la
personalidad o no deja a la persona otra opción que hacer lo que
otros quieren, o la impulsa a hacer cosas que van contra su naturaleza,
contra su conciencia o contra un código respetable. Eso es
esclavitud abyecta.
Los niños no nacen
tímidos, sino inclinados a la libertad, a la espontaneidad, al
entusiasmo, a la acción, a la creatividad, a la curiosidad y a
la alegría. Por eso, casi todos sonreímos cuando miramos
a un niño que se expresa espontáneamente. Seguramente
sentimos empatía con nuestra inocencia perdida, avasallada.
Retomando el control
Si sientes que algo o alguien en el
pasado coartó tu espontaneidad o te robó la
alegría de vivir, es importante que sepas que puedes retomar el
control y voltear el timón de tu velero y dirigirlo hacia
cualquiera de las hermosas islas que hay en el océano de las
oportunidades. Pero debes cuidarte de saltar de la olla a la
sartén, es decir, de hacer cosas que a la larga también
te perjudiquen. Recuerda que todo tiene una consecuencia.
Podrías cometer el error de imponerte libertades que no son otra
cosa que "causas" de desastres aún mayores.
El primer paso para recobrar el
control consiste en estudiar y diseñar una escala de valores de
comprobada eficacia. El estudio de cualidades compasivas que se
caractericen por la comprensión te dará firmeza. Es como
apuntalar bien una escalera antes de subir por ella. Pero
¿cómo establecer una nueva escala de valores sin cometer
el error de escogerlos mal? El pragmatismo es una gran ayuda. El
pragmatismo consiste en observar los valores a la luz de los efectos
que ha producido en otros que han vivido en armonía con ellos.
Pregúntate: "¿En qué ha resultado para estas
personas el haberse guiado por tales valores? ¿Ha producido
buenas personas, familias estables, jóvenes libres de tomar su
propia determinación? ¿Tienen sus miembros confianza en
sí mismos? ¿Son firmes en dichos valores?
La oratoria es un valor preciado
Tus cualidades personales son valores
por los cuales vives. Si te da miedo equivocarte, tomar decisiones,
expresar tus opiniones, contar a otros lo que descubriste, hablar en
público, iniciar conversaciones, vender, resolver problemas o
asumir responsabilidades, es solo porque no habías tomado en
cuenta esas cualidades como valores esenciales en tu vida.
Creíste que podías pasar desapercibidamente, precindiendo
de ellas. ¡Hasta que descubriste que eran muy importantes!
Añadir valor significa hacer
que algo valga más de lo que valía originalmente. Por
ejemplo, antes tenías que acercarte al banco para sacar dinero
de tu cuenta. Pero el banco añadió valor a su servicio
mediante los cajeros automáticos. Ahora puedes ir a un cajero
automático cercano y sacar dinero cualquier día, a
cualquier hora del día o de la noche. Antes tenías que ir
al banco o a un cajero automático para conocer tu estado de
cuenta, pero el banco volvió a añadr valor al servicio
mediante Internet. Ahora puedes hacerlo desde cualquier computadora
conectada a la red.
Igualmente, añades valor a tus
cualidades personales cuando incorporas conocimientos, procedimientos y
experiencias que te permiten desplegar más efectividad a tu
desempeño. Por ejemplo, si tienes una voz desagradable, puedes
hacer ejercicios y mejorarla hasta el punto de transformarla
completamente, tal como un flaco puede inscribirse en un gimnasio y
ponerse a punto con un poco de asesoramiento físico. Dentro de
seis meses, nadie lo reconocerá.
La oratoria es superior al desarrollo
físico en el sentido de que tu confianza no está puesta
en tu aspecto físico, sino en tu habilidad para causar efectos
trascendentales en la vida de las personas que te escuchan. Por
ejemplo, un candidato a un puesto de responsabilidad puede escalar por
encima de los demás si sabe hablar en público y motivar
eficazmente. No es por desmerecer a los fortachones, pero los
músculos solo pueden mover pesos enormes, no mueven a las
empresas que los producen y venden. En cambio, la oratoria puede
integrar las mentes de las personas, moverlas en una dirección y
causar resultados profundos. Eso sí es ser fuerte.
Si estudias las técnicas de
oratoria y relaciones humanas de Oratorianet, en poco tiempo
notarás la diferencia entre "hablar" y "hablar eficazmente",
entre "improvisar" e "improvisar eficazmente", entre "hacer amigos" y
"hacer buenos amigos". Porque nosotros no nos detenemos a elucubrar en
la historia de la oratoria ni en la vida de quienes son considerados
oradores famosos. Aquí nos concentramos en ti y en tu vida, en
darte las herramientas necesarias para añadir valor a tus
cualidades personales mediante el desarrollo de las técnicas de
oratoria. ¡Músculos internos!
Oratorianet.com no exige una membresía
La razón básica por la
que este es un site de autoayuda y autoservicio es porque no queremos
sujetarte ni mantenerte esclavizado, dependiente de nosotros. No
queremos convertirnos en líderes ni convertirte en un seguidor
nuestro. No es nuestro estilo decirte: "¡Ven! ¡Únete
a nosotros, pide una membresía y triunfa!", como si nosotros
fuésemos la base de tus éxitos. ¡Nequáquam!
Nuestra meta es todo lo contrario.
Queremos que te sientas libre de visitar nuestro web site cada vez que
lo necesites, no para satisfacer alguna necesidad nuestra de clientes o
de reconocimiento. Queremos que seas libre como un carpintero o
ebanista, en el sentido correcto de la expresión, y aprendas a
usar nuestras herramientas para hacer tus propios muebles, disfrutar de
tus propias creaciones. No queremos que dependas de nosotros. Queremos
que recuperes tu Niño Libre y lo readaptes conforme a una escala
de valores reforzada y segura, que te rinda frutos a corto, mediano y
largo plazo.
Es cierto que hallarás muchas
palabras a lo largo de este web site, pero no es porque suframos de
verborrea, sino porque comprendemos que todos necesitamos un hermano
mayor que nos asista en diferentes momentos de la vida, y no siempre
los hermanos mayores están cerca de uno. A veces están
muy lejos, tal vez han fallecido. Pero qué agradable es poder
entrar a Internet y sentir como si ese hermano te hablara y te diera
consejos, ¿verdad?
Bueno, te confieso que mi padre
murió cuando yo tenía 16 años, es decir, cuando
más lo necesité. Pero lo que más me entristece es
que no puedo recordar ni un solo consejo para la vida que hubiera
procedido de su boca. Mi madre fue muy tímida, y siempre me dio
buenos consejos, pero no tuve el apoyo de un padre que me explicara
cómo era el mundo. Uno de mis hermanos mayores, que ya
falleció, acostumbraba sacarme a dar una vuelta por el parque y
llenaba mis bolsillos mentales con sugerencias y consejos acerca de
todas las cosas. Para mí fueron como piedras preciosas que me
sirvieron para hacerme hombre. Pero esa etapa solo duró entre
los 10 y los 13 años de edad, porque viajó muy lejos y
solo volví a verlo un par de días, cuando nos
visitó por la muerte de nuestro padre.
Créeme que he sufrido
muchísimo. Mis maestros me menospreciaban, y mis
compañeros de clase me menospreciaban, mis amigos del vecindario
se burlaban, especialmente los mayores. Hasta que me di cuenta de que
las personas te menosprecian cuando no tienes algo de lo cual puedan
sacar provecho, o hasta que haces algo por lo cual te admiren. Un
día aprendí a tocar piano y guitarra, y el menosprecio
desapareció. Ahora me respetaban. Pero también confieso
que hubo algunas ocasiones en que tuve que hacerme respetar de maneras
poco agradables. Recuerdo que cierto compañero de clases me
pelliscaba delicadamente en el brazo y me decía: "Flaquita" y se
reía de mí delante de todos. Cierto día, no
contento con fastidiarme de ese modo, pasó cerca de mi pupitre y
garabateó bruscamente el libro que yo estaba leyendo. Yo estaba
preparándome para un examen y no le había dado
ningún motivo para molestarme.
Con la velocidad de un rayo, le
quité el lápiz y me lo guardé en un bolsillo.
Entonces, intentó meter su mano para quitármelo, pero yo
tomé su mano y le dije: "No te lo devolveré. ¿Por
qué cometiste esta gran maldad de garabatear mi libro?". Pero
él usó fuerza bruta y me amenazó con romperme el
alma si no le devolvía su lápiz. Yo era flaco y él
era grandote. Se supone que yo debía rebajarme y permitir el
abuso, pero la ira me hizo decirle: "Si vuelves a forcejear, te rompo
el dedo", porque yo tenía sujeto su pulgar. Todos clavaron la
mirada en él y exclamaron: "¡Uy! ¡¡Yo no me
dejo!! Enséñale a respetarte". Y cediendo a la
presión social, forcejeó y me dio un fuerte tirón.
Fue cuando escuchó "¡¡Crack!!" y un silencio
sepulcral invadió el aula. Le rompí el dedo a sangre
fría, acto seguido me puse de pie, coloqué mi boca a
cinco centímetros de su rostro y le grité con toda mi
alma: "¡¡Y no te devolveré tu lápiz!!
¡¡Largo de aquí, pedazo de idiota!!".
El día siguiente,
apareció con la mano reparada y trató de amenazarme
nuervamente, por lo que le dije que si seguía abriendo la bocota
le rompería los demás dedos. Esta vez me creyó y
prefirió optar por respetarme, aunque tampoco me sirvió
de condecoración. Hasta ahora me duele en el alma.
Juro que no me enorgullezco de lo que
hice, ni de muchas otras reacciones violentas que, a la larga, solo me
causaron sufrimiento y dolor. Toda la vida me ha dolido mucho recordar
ese y otros incidentes de abuso. Pero ese tipo nunca volvió a
decirme "Flaquita".
Y he recibido bofetadas de personas
físicamente más grandes que yo, me han escupido, me han
atado de manos hasta casi reventarme las venas, me han golpeado en la
cabeza y en los brazos, me han dicho toda clase de insultos y me han
puesto toda clase de apodos, me han menospreciado, fastidiado y puesto
a prueba de muchas otras maneras. De modo que sé lo que se
siente cuando uno está contra las cuerdas. Pero esas personas
también se han llevado el susto de sus vidas cuando he
reaccionado, y te aseguro de que nunca se olvidarán de
mí.
¿Por qué contarte estas
cosas? Porque yo nunca recurrí a mi papá por ayuda, ni a
mis hermanos mayores para que me defendieran; y si hubiera recurrido a
mi mamá, seguramente me hubiese jalado las orejas y me hubiera
humillado aún más. Aunque era flaquito, siempre
sentí que solo me tenía a mí mismo y a nadie que
me ayudara.
Ahora bien, no estoy
diciéndote que les rompas los dedos a las personas, pero te lo
cuento para que sepas que sé lo que significa sufrir ante la
humillación de personas que se consideran superiores y creen que
pueden abusar impunemente de los débiles. Confieso que cuando
alguien trata de abusar de mí, me pongo muy nervioso, pero no de
lo que esa persona pueda hacerme a mí, sino de lo que yo
podría hacerle a ella si me descontrolo. En ese sentido, me
considero un peligro. Pero felizmente, he reforzado mis valores a tal
grado que me siento cada vez más fuerte para controlarme que
para perder el control.
Cómo me ayudó la oratoria
Aprender oratoria me ayudó a
ser más inteligente y usar la palabra para establecer la verdad
y persuadir a las personas, en vez de pelear y usar la fuerza. Ahora me
doy cuenta de que pude recurrir a las palabras para establecer los
asuntos y resolver mis problemas (hablando se entiende la gente), pero
en ese tiempo yo era un chiquillo que no tenía a quién
recurrir por ayuda.
Por eso Oratorianet no tiene muchos
elementos efímeros que atraigan a las personas solo por las
apariencias. Todo con equilibrio siempre resulta mejor. No es nuestra
meta que dependas de nosotros para tener éxito, por ejemplo,
preparándote los discursos. Eso sería semejante a lo que
haría un hermano mayor al defender a su hermanito contra un
bravucón. ¿Qué hará cuando esté
solo? ¿No crees que es mejor enseñarle a usar las
herramientas adecuadas para defenderse por sí mismo? ¡Eso
es Oratorianet! No queremos prepararte los discursos. Queremos que lo
hagas tú personalmente, con todos tus defectos y buenas
cualidades. Podemos darte modelos, contarte experiencias, proveerte
todas las definiciones necesarias, explicarte cómo funcionan los
principios y darte algunos ejercicios para desarrollar tus cualidades,
motivarte y entusiasmarte, pero no resolveremos el problema por ti. Esa
es TU RESPONSABILIDAD ante la vida.
Si quieres comprar discursos
preparados, hazlo. Hay sitios en Internet donde venden los discursos
enlatados. Y repítelos como un loro. Pero ¿qué
harás cuando tengas que improvisar, o responder a una entrevista
en la televisión o cuando compitas con otros por un puesto de
autoridad en la empresa? ¡Quedarás como un zapato viejo en
la autopista! Es mejor contar con las herramientas y aprender a
utilizarlas hábilmente.
Tener un martillo y clavos no te
convierte en un buen carpintero. Comprar arroz, legumbres y otros
alimentos no te convierte en un buen cocinero. Tener un bello
automóvil no te convierte en un as de la autopista. Tienes que
aprender a utilizar tus herramientas.
Por lo tanto, ¡adelante! No te
quedes en lo elemental. Enfrenta la timidez de manera adecuada,
buscando la aprobación de las personas adecuadas. No tengas
miedo de lo que el auditorio pueda hacerte. Más bien,
preocúpate de lo que tú puedas hacerle a él. Es
decir, procura hacer bien las cosas para no ofenderlo de ninguna
manera, sino por el contrario, inspirarlo, motivarlo e instruirlo
constructivamente. ¡Y libera tu Niño! Readáptalo
poco a poco revisando tu escala de valores. El libertinaje y la
rebeldía nunca fueron la respuesta, tampoco la violencia ni la
fuerza bruta. Es mejor aprender a valorar a todas las personas y
cultivar el autodominio.
¡Sí! Añade valor
a tus habilidades incorporando a tu personalidad las cualidades de la
oratoria mediante el estudio y aplicación de nuestras
técnicas. El beneficio será exclusivamente para ti y para
todos los que escuchen tus interesantes discursos, cargados de
experiencias, sentimientos y conocimientos. No queremos que nos lo
agradezcas, ¡queremos que sientas el placer de tomar la palabra
en cualquier momento, y que después de un tiempo te mires en el
espejo y exclames: "¡Qué buena decisión fue hacer
clic en Oratorianet.com!".
¡Éxitos!
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