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¿Qué es un discurso?
©Miguel Ángel Ruiz Orbegoso 

Un discurso es una reflexión. El Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia nos ayuda a entender que un discurso es la facultad de usar la mente (el razonamiento) para reflexionar o analizar los antecedentes, principios, indicios o señales de cualquier asunto con el fin de entenderlo. Por lo tanto, cuando reflexionas, estás discursando, es decir, aplicando tu inteligencia, para entender un tema y hasta para ser capaz de explicarlo inteligentemente a otras personas. Es una tarea que realizas en el interior de tu mente, una línea de razonamiento que sigues al deducir los asuntos. 

Ahora bien, cuando expones los resultados de esas reflexiones, ya sea ante una o varias personas para proveerles la información o para que te ayuden a reflexionar aún más profundamene, decimos que estás presentando un discurso público o delante de ellas, lo que significa que los que te escuchan usan su inteligencia para entender lo que dices. Ese es el sentido principal que le damos en Oratorianet.com para diferenciarla claramente de la conferencia. 

Por lo tanto, un discurso es una línea de razonamiento que te ayuda a discernir o entender un asunto, así como para explicarlo a otros. Cuando lo haces delante de otros se llama discurso público, para lo cual le añades un comienzo que despierta el interés en lo que dirás, y una conclusión que mueva a actuar. 

Para acumular poder político, religioso o comercial muchos han aprovechado la influencia de los discursos debido a que, por lo general, las masas parecen dejarse impresionar fácilmente por quienes tienen gran habilidad para interpretar sus necesidades, ya sea mediante grandes promesas, aun las que nunca podrían cumplirse, o aparentando ser ejemplares ante la sociedad, por ejemplo, tomando la iniciativa para enfocar y proponer la solución a ciertos problemas apremiantes o desplegando cualidades directivas. 

Lamentablemente, aunque la historia está tachonada de discursantes y discursos, algunos que pudieran parecer notables desde un punto de vista meramente intelectual, hoy suele comentarse que la sociedad en casi todas partes parece haber entrado en crisis. No falta quien saque a relucir el asunto del liderazgo eficaz, ya sea promocionándose y erigiéndose personalmente en un líder, o llamando atención a la necesidad de proponer a alguien, quien a su vez nuevamente se valdrá del discurso para captar adeptos. 

No obstante, el discurso no debería ser necesariamente una herramienta asociada con el poder. También la utilizan los maestros para impartir instrucción, incluidos los que capacitan al personal de las empresas. De hecho, si todos los padres de familia se valieran de los principios que rigen el arte de preparar y presentar discursos, lo cual implica familiarizarse con ciertos principios de motivación y relaciones humanas, seguramente lograrían mejores resultados al comunicar sus enseñanzas a sus hijos. 

También se valen del discurso los vendedores, las secretarias, los médicos, abogados, ingenieros, científicos, periodistas y demás profesionales y técnicos que sirven a la comunidad de muchas otras maneras en toda clase de puestos de responsabilidad, que no necesariamente van tras el poder político, religioso o comercial. En otras palabras, el discurso bien empleado es en sí mismo una herramienta eficaz de comunicación, y el que algunos lo hayan utilizado exclusivamente con el objetivo de manipular, acumular poder o dominar a otros denota lo peligroso que puede resultar en manos de gente inescrupulosa, inmodesta o carente de humildad. 

¿Qué te recomiendo? ¿Dar un discurso o conferencia? 

Depende. Para comenzar, algunos prefieren presentar un discurso, no una conferencia, porque les resulta más soportable dirigirse al auditorio en un solo sentido: Decirles lo que piensan y punto. Pero no es el mejor método. Lo mejor es dar una conferencia desde el principio, es decir, hablar de manera que ocurra una conversación, ya sea audible o retórica. 

Los que solo tienen la meta de convencer suelen hablarle al auditorio, es decir, dirigirse a sus oyentes con una explicación o sermón procurando que concuerden con lo que se dijo (que respondan mentalmente con un "sí" rotundo); pero aquellos que tienen la meta de persuadir suelen ir más allá y conversan con el auditorio, dialogan con sus oyentes directa o retóricamente con la finalidad de que se sientan movidos a hacer algo al respecto.

En otras palabras, los que discursan le hablan al público y hacen muy pocas pausas de reflexión. Son metralletas de argumentos, pruebas y testimonios. "¡Qué gran orador!", exclaman. Pero los que conferencian usan un tono más bien pausado y conversacional y suelen hacer silencios de reflexión para que las ideas bajen al corazón y muevan a acción. "¡Haré lo que usted sugiere", responden en su fuero interno.

El discursante le habla al auditorio para razonar con él; pero el conferenciante conversa con él para moverlo a actuar. El discursante convence; el conferenciante persuade. Dependiendo de la forma que adopte su explicación, el auditorio permanecerá pasivo, pensando en lo que se dijo, o se sentirá movido a actuar, a hacer algo al respecto. Y viceversa, por el efecto en el auditorio se puede calificar una presentación como discurso o conferencia. Si los oyentes solo se han sentido motivados a reflexionar, ha sido un discurso, un razonamiento; pero si se han sentido movidos a hacer algo al respecto, ha sido una conferencia, una motivación (aunque no haya habido un diálogo audible). 

Por eso, discursas cuando te diriges al público valiéndote de razonamientos. Para reflexionar y analizar los antecedentes, principios, indicios o señales de los diferentes temas de tu interés con la finalidad de discernirlos. Reflexionas para tus adentros, es decir, en tu mente, aplicando la inteligencia para profundizar el asunto de una manera que puedas, de ser necesario, explicarlo hábilmente a los demás. Pero conferencias cuando das lugar a una comunicación de doble vía y generalmente motivas al público a hacer algo. 

Sí, el discurso es una tarea que realizas en el interior de tu mente, una línea de razonamiento que, si deseas, puedes presentar ante un auditorio, en cuyo caso se denomina discurso público.

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