Otras,
que nunca hablaron en público, simplemente se lanzan y lo hacen
bien desde la primera oportunidad; otras, que están
acostumbradas a hablar en público, nunca lo hacen bien; otras
quisieran evadir la experiencia; y a otras les encanta hablar en
público; aún a otras hay que pegarles con un
látigo para que se callen o terminen su exposición. Unas
preparan un discurso interesante a partir de una idea sencilla; otras
tienen diez mil ideas, pero les cuesta mucho definir un tema e hilvanar
las ideas. Unas pueden prepararse solas; otras necesitan ayuda.
Aunque
unas han desarrollado habilidad para presentar información
pertinente y clara, otras han llegado al colmo del aburrimiento; unas
entretienen mucho, aunque la información que presentan es fofa;
otras dejan una impresión imborrable por lo confusa y enredada
que fue la disertación, y otras, aunque hablan con absoluta
coherencia, no logran que sus oyentes recuerden después nada de
lo que dijeron.
Unas piensan que dominan la oratoria, aunque carecen del llamado carisma; otras desbordan de carisma,
aunque saben muy poco de oratoria; unas piensan que la oratoria es una
cualidad vital para el éxito en cualquier campo; otras se
engañan pensando que pueden prescindir de ella. Unas creen que
si no hablan en latín, no es verdadera oratoria; y otras, hablan
latín, pero no reciben mucha acogida en el mundo moderno.
Hay
quienes estudian y profundizan la oratoria y el lenguaje a tal grado
que después menosprecian a quienes no están a su nivel;
y hay quienes estudian y profundizan para compartir con otros lo que saben y
disfrutar de ver cómo desarrollan sus cualidades para hablar
en público. Hay quienes piensan que la oratoria es solo para
quienes la llevan en la sangre por herencia genética, y
hay quienes aunque reconocen que una predisposición genética
puede influir, cualquiera puede cultivar suficiente interés como
para explotar sus cualidades y hacerlo muy bien.
Hay
quienes reservan el término oratoria para ciertas piezas de
literatura que llenan ciertos requisitos establecidos por alguna orden
o comunidad intelectual, y quienes suponen que cualquier clase de
expresión en voz alta frente a un auditorio se convierte
automáticamente en oratoria.
Y
podríamos añadir a la lista más mitos, realidades
y expectativas que la gente tiene acerca de la oratoria.
Lamentablemente, la variedad no anula la incompetencia. Y es
aún más lamentable que pululen los maestros,
catedráticos y líderes que adolecen de una o más
de las cualidades esenciales para exponer.
Dicho
sencillamente, un mito es la invención de una mente muy
imaginativa. Hay mitos inofensivos y mitos perjudiciales. La gente
imagina e inventa cosas, y hasta llega a creer en ellas como si
existieran. Por lo tanto, se ocasiona un beneficio o perjuicio
dependiendo del tipo de invención. Los griegos regían sus
vidas por la mitología helénica, pero
¿quién cree hoy en la mitología griega como
base para un modelo de vida?
Por
un lado, inventar cosas es excelente, porque los grandes
descubrimientos tuvieron su origen en una imaginación de la
mente humana. Cuando la intuición de Henry Ford lo
impulsó a crear el famoso motor V8, sus ingenieros
decían que era imposible diseñar siquiera algo parecido,
aun demostrando con hechos y resultados de estudios que se trataba
de una idea irrealizable. Ford les recordó que les pagaba para
que trabajaran para él y que sus órdenes eran seguir
intentándolo hasta conseguirlo. Cierto día,
después de un sinfín de fracasos, dieron con la clave y
fabricaron el soñado y famoso motor Ford V8.
Por
otro lado, algunos sueños han arrastrado a muchedumbres enteras
a un abismo de dolor. Por ejemplo, de vez en cuando oímos
reportajes alusivos a grupos que se inmolan en masa o toman alguna otra
trágica decisión solo porque alguien los
entusiasmó con un supuesto beneficio maravilloso en 'La Cuarta
Dimensión', en el "Planeta Cero" o algo así.
Respecto
a la oratoria, la gente también inventa cosas. Por ejemplo,
muchos piensan que la oratoria es un don especialmente reservado para
personas especialmente dotadas por la naturaleza que tienen el
'carisma' o 'poder' de cautivar a cualquier auditorio,
arrastrándolo por una vorágine emocional hasta el borde
del hipnotismo; y después, cuando escuchan a un orador que habla
como un ser humano normal, piensan que carece de 'espíritu' o
'motivación'. Porque han confundido el desbordamiento emocional
o enajenación con el saludable sentimiento del entusiasmo.
Otro
mito gira en torno de lo que algunos consideran "grandes oradores de la
historia". Al contemplar cómo acaudillaron a las muchedumbres,
quieren hacer lo mismo. Pero no reflexionan en los resultados y las
consecuencias finales. El pragmatismo, que consiste en evaluar una
verdad por sus efectos prácticos, puede ayudarnos a discernir
cuán inconveniente es copiar la oratoria de tal o cual orador.
No solo se debe pensar en el impacto emocional, sino en la
trascendencia del mensaje. El que alguien acumule fama y dinero no lo
convierte automáticamente en un ejemplo que imitar, ¿verdad? Hay criminales famosos.
Otro
mito es que hablar en público eficazmente sea simplemente una
cuestión de ponerse de pie y hablar con entusiasmo, que no
requiere el estudio de ninguna técnica. Pero cuando estas personas
estrellan su imagen contra las rocas, se despiertan del mito y se dan
cuenta que se arriesgaron demasiado y lo pagaron caro. Entonces buscan
al culpable y lo encuentran: Su flojera mental y su renuencia orgullosa
a detenerse a pensar y pulir los defectos que echarían a perder
lo que de otro modo tal vez pudo marcar la diferencia entre el
éxito y el fracaso. La oratoria puede inclinar la balanza en una contienda electoral.
Ahora hablemos de la realidad. La realidad es lo opuesto al mito, es decir, puede verificarse. Por ejemplo, mucha
gente reconoce a Dale Carnegie como merecedor de los mayores créditos por el
esfuerzo que hizo desde comienzos del siglo veinte para bajar la
oratoria desde las nubes de la mitología y ponerla al alcance de
cualquiera que deseara o necesitara presentar un discurso en cualquier
lugar. El resultado fue más que sobresaliente. Los asistentes a
sus clases experimentaron un notable desarrollo de la personalidad
mejorando sus relaciones humanas y aprendiendo a vender sus ideas,
productos y servicios.
Literalmente
cualquiera puede sacar provecho de los principios de la oratoria si los
aplica a toda faceta de su vida cotidiana. De ninguna manera se trata
de una habilidad reservada para personas especialmente dotadas por la
naturaleza o que dominen el latín, el griego o el
sánscrito. Si estudias acuciosamente las técnicas, puedes
llevar tu desarrollo hasta el punto que lo desees. Cuanto más
practiques, mejor.
Por
supuesto, el que domines la oratoria de ninguna manera significa que
tienes que aplicar todas las técnicas en su máxima
expresión. Pensemos en el famoso rayo láser. Aunque su
poder es increíble, puede regularse para remover algo tan
delicado como unas cataratas de los ojos. Así sucede
también con la oratoria. Se convierte en un poder que puedes
organizar y dirigir de manera controlada para causar los efectos que
necesites. Si deseas persuadir, te preparas para persuadir; si solo
deseas convencer, te preparas para convencer; si deseas instruir, te
preparas para instruir; si solo deseas hacer reflexionar a tus oyentes,
te preparas para hacerlos reflexionar; si tienes que dirigir, te
preparas para dirigir. Tu objetivo dicta las técnicas que debes
reforzar y cuáles puedes obviar. No es verdad que el
objetivo de la oratoria sea siempre
convencer o persuadir. porque también sirve para informar, como
cuando se presenta el informe del clima, el estado de cuentas de un
club o para deleitar, como hacen los comediantes y poetas.
Por otro lado, como vimos, la
oratoria de ninguna manera es un arte reservado para pocos. El habla es
una habilidad natural que casi cualquier ser humano de cualquier edad o
condición puede ejercer si se lo propone. Y lo hará mejor si
allana algunos obstáculos, adquiere ciertos conocimientos y
rectifica algunas cosas. ¡Hasta una persona que se comunica en
lenguaje por señas puede sacar provecho de los interesantes
principios de la oratoria, porque se trata de un arte relacionado
íntimamente con toda otra faceta de la comunicación! No
tener habla, vista, oído piernas o brazos no es impedimento para
la práctica del arte de exponer en público. Es solo que
la persona no podrá usar todas las cualidades de que otros
disponen. El lenguaje de señas es simplemente otra forma de idioma.
Una vez vi pasar a mi lado una impresionante camioneta 4x4 con unos
neumáticos tan grandes que le daban apariencia
de tanque. De repente, después de estacionarse, vi con
cara de idiota que el conductor era una joven de baja estatura.
¡Cómo pudo ser capaz de controlar semejante bestia! Y
peor cuando vi que ingresó sin zapatos a una academia de
karate, vestida de blanco y con
un grueso cinturón negro, dejando a sus dos enormes perros
dentro de
la camioneta. ¡¡Mi cerebro parecía tan vacio,
jajajajaj!! ¿Por qué lo digo? Porque las apariencias
engañan. Igualmente, no es cierto que un sordomudo no pueda hablar en público si usa el lenguaje por señas. Basta un intérprete.
Quién
diga que los mudos no pueden exponer en público, o que a los
ciegos, mancos y cojos les está vedada la oportunidad, está cultivando y promoviendo un mito. Hellen
Keller, Beethoven y José Feliciano son como esa jovencita de la
ilustración. Simplemente aprendieron técnicas para hacer lo que quisieron, y punto.
Por supuesto, no estoy sugiriéndote comprar una 4x4, un piano o
una guitarra, ni tomar clases de karate o conseguir un par de perros. Solo quiero enfatizar
que cualquiera puede descollar en el campo que quiera si no se considera inferior a los demás.
¿Qué hay de ti? ¿Crees en el mito de que la
oratoria no es para ti? ¡Nada más falso!
Una
expectativa es una esperanza. Los instructores de oratoria, abrigan en
el fondo la esperanza de compartir sus conocimientos con los
demás para que aprendan a disfrutar el placer de tomar la
palabra en cualquier momento.
Imagina
que en cierta ocasión, un amigo que organiza grandes reuniones
de capacitación te llama urgentemente porque un orador ha
enfermado y no puede presentar su conferencia. Te da el título y
te cuenta, a grandes rasgos, de qué trata el asunto. Le dices
que no hay problema, que puedes reemplazarlo, siempre que te permita
darle tu propio enfoque. Aceptas y te diriges inmediatamente al lugar.
Durante el trayecto, ordenas tus ideas, recuerdas algunos casos y
decides cómo comenzar. Y siendo que el comienzo es el momento
más tenso, ensayas palabra por palabra lo que dirás al
subir al escenario.
Cuando
llegas (raspando el reloj) y pones un pie arriba, el presentador, que
aparentemente no coordinó bien, dice tu nombre correctamente,
pero presenta el discurso con un título completamente diferente,
que no tiene nada que ver con el tema que tu amigo te había
solicitado. ¡¡Wákala!!
No
hay tiempo para reclamar nada a nadie. No hay tiempo para pensar en
nada. Tu única opción es frenar en seco, darte media
vuelta y retirarte con el rabo entre las patas, o pensar que tu
reputación está en juego, que al auditorio no le interesa
si te sientes feliz o frustrado, y que solo están esperando escuchar un buen
discurso. ¿Qué harías? Por un momento
piensas, "¡¡Sabotaje, es una trampa, mis enemigos quieren
quemarme con todas sus bombas!!".
Felizmente,
conoces las técnicas de oratoria y el tema es sobre relaciones
humanas y comunicación, de modo que no estás tan perdido.
Sales al frente y dices, por ejemplo: "¡¡Los directores de las empresas
tiemblan de miedo cuando ocurre una absorción!! Porque saben que
lo primero que harán los nuevos accionistas que compren la
empresa, será quitarlos de sus puestos y reemplazarlos por otros
que se muestren más competentes. Así es como funciona el
sistema. ¿Y cómo está el mercado laboral?
¿Crees que conseguirán trabajo? Saben que en cada empresa
donde toquen la puerta habrá cien especialistas competentes
haciendo fila por el mismo puesto de trabajo. ¿A quién
preferirán? (y alzas la voz) ¡¡¿A uno
que acaba de ser despedido por ineficiente!!? POR ESO, para los
directores de las empresas, la cuestión principal es: (haces una
pausa y repites) Para los directores de las empresas, la
cuestión principal es GENERAR VALOR PARA LOS ACCIONISTAS.
¡Valor añadido! Ese el secreto del éxito
empresarial. ¡Valor añadido!".
Wow!
Todos se quedan congelados en sus asientos. Parecen gatos frente a un
pajarito, y tú te sientes como Piolín, en perfecto
control de tu tema. Pero ¿de dónde te salió?
¿Cómo supiste por dónde empezar?
¿Cómo supiste qué orientación darle a tus
pensamientos? Y lo más importante, ¿crees que te
menospreciarán? De ninguna manera. Te escucharán con
respeto y agradecimiento
En cierta ocasión, un amigo pasó por una experiencia
semejante, pero supo capearla magistralmente. Al final, uno de los
asistentes de le acercó, le estrechó la mano y le dijo
algo así como esto: "Me invitaron de casualidad. En realidad, no
domino el tema ni entendí los aspectos técnicos de
lo que dijo, pero sus ejemplos fueron excelentes, de mucha utilidad
hasta para alguien que no conoce el tema. Y lo felicito, porque en mi
mesa todos quedaron encantado con su explicación".
Por
supuesto, esto de ninguna manera significa que tienes que hablar en
público en cualquier momento en que caprichosamente alguien te
pida que hables, tal como un cantante tampoco aceptaría cantar
en cualquier momento que la gente se lo pidiese. Pero en toda
expresión de arte existe una inspiración, y cuando el
artista está mental y emocionalmente envuelto en un asunto,
más aún si se trata de comunicar un mensaje que
podría trascender, está feliz. La oratoria es un arte.
Las
expectativas que las personas tienen de la oratoria son tan variadas
como ellas mismas. Unos quisieran aprender a exponer en público
con elocuencia porque reconocen que perdieron tiempo y oportunidades
por no saber comunicarse. Otros quisieran que sus hijos aprendan
oratoria, para que de ninguna manera les ocurra lo mismo. Otros lo
hacen para superar la timidez, porque saben que la oratoria contribuye
notablemente al desarrollo de la personalidad. En tu caso, ¿cuál es
tu motivo?
Los
centros de instrucción básica, intermedia y superior de
los llamados países menos desarrollados imitan lo que se hace en
los países adelantados. En estos se está incluyendo cada
vez más la instrucción de la oratoria como una materia
esencial del desarrollo de los estudiantes. Lamentablemente, muchos
maestros carecen de un método que al mismo tiempo sea
dinámico y efectivo, de modo que arman un curso basándose
en su falta de experiencia y terminan criticando los defectos de todos
sus estudiantes, y, en vez de levantarles la moral y hacerles sentirse
fuertes, los apisonan con explicaciones aburridas, tareas irrelevantes
y evaluaciones absurdas. En otras palabras, convierten las clases de
oratoria en un sufrimiento más.
Lo
importante es que hace mucho que se ha derribado el tabú. Muchos
ya le sacan provecho a su oratoria en su trato diario. Las empresas ahora
reconocen que sus recursos humanos, desde el grande hasta el chico,
rinden mejor cuando reciben un entrenamiento sostenido a lo largo del
año. ¿Qué hay de ti? ¿Tienes una
expectativa personal relacionada con tu manera de exponer en
público? ¿Alguna meta en particular que la oratoria te
ayudaría a alcanzar?
Aunque
es cierto que a primera vista una clase de oratoria parece aburrida y
tediosa, los miembros del Toastmasters, por ejemplo, tienen sesiones de
lo más entretenidas. Y aunque las clases de Técnicas
Dinámicas Para Hablar en Público duran dos horas,
terminan antes de que la gente se dé cuenta de que el minutero
del reloj dio dos vueltas. Y los asistentes a las sesiones del Dale
Carnegie Course, cuya duración es de 4 horas por clase,
quisieran que duraran más. En todas partes se está
reconociendo abiertamente que la oratoria eficaz es un pilar del
éxito. ¡Nada tiene que ver con el aburrimiento! ¡Es
excitante!
Por
lo tanto, pon a un lado los mitos acerca de la oratoria, procura
sintonizar con la realidad y súmale tus expectativas para que
descubras el placer de tomar la palabra en cualquier momento.