
|
Partes
de un discurso
©Miguel
Ángel Ruiz Orbegoso
Un
discurso es un conjunto de conceptos que un orador o escritor relaciona
entre sí con el fin de demostrar algo y convencer a las
personas que le
presten atención, y, de ser necesario, persuadirlas o
moverlas a actuar.
Este
conjunto de conceptos se aceptan mejor cuando se presentan de manera
ordenada, desde el razonamiento más sencillo hasta el
más difícil de
aceptar. Esto se conoce como lógica natural, la
reflexión natural que
permite acertar sin la ayuda de conocimientos científicos.
Sería
absurdo comenzar con ideas dogmáticas o expresiones tajantes
cuando el
auditorio carece de un fundamento para aceptarlas. Lo adecuado es
colocar primero el fundamento que las haga tolerables.
La
oratoria consiste en la aplicación de principios y
técnicas que
facilitan la tarea de razonar con un auditorio. Por ejemplo, para
diseñar una estrategia y decir las cosas que más
convengan, de una
manera agradable, y evitando colocar obstáculos en la
comunicación, o
salvándolos apropiadamente en caso de aparecer. Cuanto
más delicado el
asunto, más cuidado se exige. Es por esto que los Jefes de
Estado, cuya
responsabilidad es 'razonar' con millones de personas, buscan
asesoramiento de especialistas en comunicación social.
La
persona que practica la oratoria ha de decidir de antemano
cómo
agrupará sus ideas, para que cada una esté en el
lugar que corresponde.
Veamos un razonamiento sencillo para entender la importancia de colocar
las ideas en su lugar.
Una
madre tiene que bañar a su hijo de cuatro años,
pero sabe que este
nunca se deja meter a la bañera de buena gana. Sabe que si
le dice: "¡A
bañarse!" recibirá un rotundo
"¡Nooooo!", y que desatará una crisis si
después le dice: "¡Entonces no verás
televisión!". Por eso traza una
estrategia. Sabiendo que su hijo quiere ver su programa de
televisión
favorito, condiciona agradablemente el permiso al baño, y
presenta la
figura al revés: "¿Quieres ver [programa de
televisión favorito]?".
Cuando
el niño responde:
"¡Sííííí!",
ella añade:
"Entonces, ¿te bañas antes o
después de verlo?", depositando sobre él la
responsabilidad de los
resultados, para que diga: "Antes" o "Después". Ella sabe
que si
dice
"Después", tendrá que añadir:
"¿Después? ¿A penas termine el
programa?
¿O 10 minutos después de que termine?", para que
el
niño reafirme su
respuesta y se olvide de hacer una crisis.
Ahora
bien, ¿qué sucede si el niño responde:
"Hoy no quiero ver tele" o "Ese
programa lo dan mañana"? Si ella olvida ese detalle,
perderá la batalla
antes de haberla iniciado. Por lo tanto, primero se asegura de que
todas las piezas encajen en su estrategia.
Lo
mismo sucede con un discurso. El orador ha de situarse con
empatía en
el lugar de sus oyentes y pensar como ellos, a fin de discernir los
puntos principales y secundarios que conviene incluir en la
exposición,
para que cada pieza de información cumpla con el
propósito para el cual
se la incluyó.
Para
lograr este objetivo, es imprescindible poner las ideas sobre la mesa y
dar a cada una un valor según una manera de ordenar el
pensamiento.
Por
ejemplo, si decidimos ordenarlas por su importancia, tendremos dos
opciones: Hablar de las menos importantes primero, y dejar las
más
importantes para el final; o hablar de las más importantes
primero, y
dejar las menos importantes para el final. ¿Cómo
lo decidiremos?
Tendremos en cuenta el impacto general en la mente y corazón
de
nuestros oyentes. ¿Qué nos permitirá
una comunicación más fluida y
aceptable? ¿Se molestarán si tratamos las cosas
importantes primero? En
tal caso, las dejaremos para después; ¿Se
alegrarán si tratamos las
cosas importantes primero? En tal caso, las trataremos primero. En
otras palabras, lo que determina la clase de ordenamiento de ideas, o
línea de razonamiento, será el efecto probable
que tendrá el discurso
en los oyentes.
En
general y al margen de la clase de ordenamiento clásico que
usemos,
todos los discursos tienen tres partes claramente definidas:
introducción, desarrollo y conclusión.
Ni
la introducción ni la conclusión son para dar
explicaciones. La
introducción es para captar la atención y
despertar el interés (por
ejemplo, decir un refrán impactante relacionado con el
tema), a lo cual
pudiera seguirle una presentación muy breve de los puntos
principales
que se abarcarán en el desarrollo. Y la
conclusión es para motivar a la
acción (por ejemplo: "¡Por eso, hagamos todo lo
posible por [...] para
poder resolver de una vez por todas este problema!"), lo cual pudiera
ser precedido por un resumen breve de las conclusiones principales a
las que se llegó en el desarrollo.
El
desarrollo o parte central se reserva exclusivamente para dar todas las
explicaciones: Presentar pruebas, evidencias, testimonios, resultados
de estudios y estadísticas, relatos, especulaciones,
anécdotas,
historias y experiencias que sirven para apoyar el conjunto de
conceptos que queremos que acepten.
1. Las partes de un
discurso son: Introducción, desarrollo y
conclusión.
2.
La introducción sirve para captar la atención y
despertar
el interés. Puede incluir un vistazo de los puntos
principales.
3. El desarrollo sirve
para dar todas las explicaciones del caso, lo cual debe hacerse
ordenadamente, con lógica natural. Puede dividirse en dos, tres o cuatro partes.
4.
La conclusión sirve para motivar a la acción.
Puede
incluir un resumen de las conclusiones a las que se llegó.
Este seria un bosquejo aproximado de un discurso
Por eso, comienza con un detalle impactante, explica tu argumento con lógica natural y mueve a acción mediante proponer una razón de peso que les demuestre cómo se beneficiarán si te hacen caso. ARRIBA |