Además,
mencionó que los líderes que realmente son útiles
preparan a sus subordinados para asumir con el tiempo la
posición de líderes, y que los líderes solamente
deben servir como tales hasta que se detecte al sucesor a quien se ha
preparado, y ni un momento más. En otras palabras, se debe
capacitar a los subordinados para el futuro, lo cual no debería
determinarse por una fecha, plazo o edad.
Y
tal vez digas: "¿Qué tiene que ver eso con la pregunta
acerca de la timidez?". ¡Mucho! Lee nuevamente el primer
párrafo, pero cambiando la palabra "líder" por "padres",
"servir" por "criar", y "subordinado" y "los demás" por "hijos"
y entenderás mejor. Se leería así: " Algunas
de las cualidades principales de los padres eficaces son las de
criar a sus hijos respetando su dignidad. Al padre eficaz se le
reconoce por ser generoso delegando
responsabilidades. Actualmente, se consideraría un gran error y
una injusticia el que un padre le robe a sus hijos la
facultad de tomar ciertas decisiones".
Porque en realidad es responsabilidad de los
padres actuar como líderes en su hogar, en el sentido de criar a
sus hijos, disciplinarlos y prepararlos para la vida. En dicho
contexto, los hijos son subordinados que observan su ejemplo y obedecen
sí o sí.
Pero cuando los padres no honran a sus hijos ni respetan su dignidad
natural, recordándoles constantemente ideas tales como "eres tímido", "eres débil", "eres un incapaz",
o peor, "eres un fracaso", "eres fea", robándoles a cada rato
las
oportunidades de tomar pequeñas decisiones, rechazando todas sus
sugerencias y comentarios, no están ayudándolos
a mejorar su discernimiento ni están fortaleciendo su
personalidad y carácter, no están preparándolos
para el futuro, para cuando deban asumir su papel como líderes
de sus propias vidas, de sus propias familias.
La
razón para tan grande descuido, muy común en algunas
familias, probablemente se debe a que los propios padres (o los
abuelos) tampoco los prepararon para el futuro. Simplemente les pasaron
un patrón de crianza espontáneo, instintivo, natural, de
generación en generación. O sea, tal como los criaron a
ellos, ellos criaron a sus hijos. Son pocos los padres que se dan
cuenta a tiempo de la vital importancia de fortalecer la confianza de
sus hijos por medio de permitirles tomar sus propias pequeñas
decisiones, guiándoles, asistiéndoles,
asesorándoles y ayudándoles a tomar cada vez mejores
decisiones.
Si leemos documentos biográficos notaremos que una gran mayoría de casos de éxito hablan depadres
que reforzaron la autoestima de sus hijos o de otra manera los
ayudaron a salir adelante por sus propios medios. Por ejemplo, si
leemos sobre el famoso cantante Andrea
Bocceli, de su derrame cerebral y del accidente que le
costó la vista y amenazó con derribar su carrera cuando
solo tenía 12 años de edad, notaremos que su madre
lo exhortó a no dejarse vencer. Fue así como Andrea
continuó con sus estudios de música, y no solo eso, sino
que posteriormente siguió la carrera de Derecho en la
universidad. Ella no
siguió el juego del "pobrecito" ni "es delicado de salud";
tampoco lo poseyó egoístamente, como si fuera de su
propiedad, ni se avergonzó de él escondiéndolo en
un sótano,
sino que fortaleció su
autoestima, le dio un empujoncito y dejó que el éxito cayera por su propio peso.
Lamentablemente,
la mayoría de padres solo se limita a castigar y recortar
privilegios. No prepara a sus hijos para ser padres eficaces. Es muy
probable que por ahí haya comenzado todo el problema que
mencionas en tu pregunta. Ahora que quieres salir adelante por tu
cuenta tomando decisiones importantes, descubres que no tenías
desarrollado el músculo de la decisión. Por eso titubeas
y prefieres
permanecer en la zona cómoda de dejar que otros sigan decidiendo
por ti, que sigan sugiriéndote qué hacer, aunque en el
fondo te produzca frustración no saber cómo proceder.
"¿Solo
mis padres pudieron fallar?", te preguntarás. ¡No creo!
Lee de nuevo pero cambia "líder" por "maestro", "servir" por
"educar", y subordinado o los demás por "alumnos" y
entenderás aún mejor. Porque también es
responsabilidad de los maestros actuar como líderes en la
escuela, en el sentido de educar a sus alumnos, enseñarles las
materias de valor práctico para la vida y darles un buen
ejemplo. En dicho contexto, los alumnos son subordinados que obedecen,
estudian y hacen sus tareas. Pero si los maestros menosprecian a los
alumnos, les dan un mal ejemplo o de otro modo menoscaban su dignidad
natural, robándoles a cada rato la facultad de tomar decisiones,
no los están capacitando para el futuro, para asumir su papel
como líderes de la comunidad.
Pero
¿qué hay de tu propia responsabilidad? Sería
absurdo echarle la culpa a otros mientras mantienes una actitud pasiva.
No tienes el poder de deshacer el daño, y no tienes el poder de
cambiar el pasado, pero sí tienes el poder de permitir que la
timidez te consuma. De hecho, tienes el poder sobre todo lo que
está en tus manos, y de ti puede depender mucho controlar o
detener tu timidez. ¿Qué puedes hacer?
Empieza por desaprender
la conducta tímida y fortalécete tomando pequeñas
decisiones. No entiendas esto como rebelarte contra tus padres y
maestros, o hacer todo lo que te dé la gana. ¡No! Lo que
quiero decir es que, si quieres superar la timidez, debes empezar a
asumir tu propia responsabilidad por las consecuencias de las
decisiones que tomes de hoy en adelante, sobre la base de los principios correctos que tus padres y maestros te hayan inculcado.
Para
vencer la timidez tienes que agarrar las riendas del caballo de tu
orgullo con tus propias manos y conducirlo por donde sea correcto. Va a
relinchar un poco, y tal vez se pare en dos patas, pero con mano firme
lo dominarás. Solo una palabra de precaución: Es bueno
tener un poco de timidez para algunas cosas. Las personas que se
aventuran en todo, desafiando las advertencias de las personas maduras,
tarde o temprano estrellan sus vidas contra las rocas de las
consecuencias.
Y
la próxima vez que te fijes en alguien que parezca ejemplar, no
te dejes arrastrar por la pasión sin primero analizar
detenidamente la trayectoria de su vida en general. El refrán
"no todo lo que brilla es oro" también pudiera aplicarse al
carisma de las personas. Si tus padres no supieron cultivar en ti las
cualidades necesarias para tomar ciertas decisiones importantes, no fue
porque no quisieron, sino porque hicieron lo mejor que pudieron
según lo que aprendieron de tus abuelos, pero no fue suficiente.
Seguramente tus abuelos hicieron algo parecido con ellos. No obstante,
¿qué hay de ti, que en este momento de tu vida te
detuviste a pensar en ello? ¿Seguirás cometiendo los
mismos errores?
Si
piensas que tus padres o maestros no respetaron tu dignidad, o no te
capacitaron para asumir las diferentes responsabilidades de la vida,
porque ellos siempre estuvieron tomando casi todas las decisiones por
ti de modo que ahora no sabes cómo proceder, la pregunta clave
es ¿qué harás tú por ti?
Si
bien es cierto que buscar al culpable pudiera ser útil en
ciertas circunstancias, porque puede conducir a pistas que lleven a la
solución del problema, no es siempre un método eficaz
para el desarrollo personal. Para modificar un desajuste en la
personalidad no es siempre necesario saber quién tuvo la culpa.
Usualmente la clave consiste en comenzar a proceder de una manera
adecuada.
Una
característica común de la timidez es mantenerse uno en
la zona cómoda de la inacción. Te limitas a preocuparte y
nada más, pero no actúas. Dejas que los demás lo
hagan todo por ti, como siempre lo hicieron. Pero ¿nunca notaste
que ellos siempre lo han hecho así porque tú lo has
permitido? Así es. Resulta más cómodo permitirles
hablar por ti, decidir por ti, responder por ti, preguntar por ti y
escoger por ti. Pero ¿acaso también comerán por
ti, dormirán por ti, soñarán por ti, se
casarán por ti y criarán a tus hijos por ti?
¿Qué instrumento musical tocas tú en la orquesta
de tu vida?
Definitivamente,
la clave está en tu interior. Depende de que comiences a hacer
lo que hasta no hiciste: Asumir tu parte, desechar lo incorrecto,
adherirte a lo que es correcto, tomar una decisión firme y
llevarla a cabo. No tiene nada de malo que otro escoja por ti en cuanto
a si prefieres una Pepsi o un jugo de naranja; pero la cosa es muy
diferente cuando se trata de cosas que afectarán tu futuro, tu
bienestar, tu personalidad y tu tranquilidad.
¿Por
qué mejor no comenzar decidiendo si quieres una Pepsi, un jugo
de naranja u otra cosa, en vez de dejar que la otra persona decida por
ti? ¿O por qué no decirle con firmeza que no te apetece
nada? ¿O por qué no decirle que prefieres un sandwich? Es
-y siempre será- tu decisión lo que marque la diferencia
entre crecer por dentro o quedarte atrás, entre dominar el
caballo del orgullo que se manifiesta como timidez o dejar que se
desboque y te lleve a cualquier parte.
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