Por eso nunca subestimes la importancia de saber leer, escribir y hablar con corrección. Porque según como lo digas, lo interpretarán de una u otra manera. Hablar bien es muy importante.
Hay literatura y páginas web semejantes al alcohol, que llaman la atención y despiertan un interés explosivo, como hacen los periódicos sensacionalistas de titulares rimbombantes y gran tirada que no tienen sustancia; y hay libros y revistas semejantes a carbones o paneles solares, que no solo captan tu atención, sino te dejan grandes enseñanzas para toda la vida.
Y por último, nunca olvides que una buena oratoria no es el resultado del conocimiento tácito, sino del explícito; tal como la corrección ortográfica y gramatical, así como la buena redacción y la pronunciación no son el resultado de la casualidad, sino del estudio, la investigación y el esfuerzo genuino por saber más. Si buscas conocimientos sobre oratoria que te sirvan de manera práctica, ¿por qué no te suscribes y lees nuestro libro web "Las 4 leyes"?
Si realmente quieres hablar mejor cada día, recuerda que tu habla es el resultado de un hábito lingüístico, de un nivel cultural. Para hablar mejor cada día, tienes que ser mejor cada día, lo cual significa invertir en tu desarrollo integral.
Mejora tu pronunciación
La buena pronunciación no solo resulta de imitar la buena pronunciación de los padres y maestros, sino del nivel cultural y educacional que se obtienen por estudio y análisis del idioma que uno habla. Los diccionarios de toda clase deben llegar a ser tus mejores consejeros. El Diccionario de la Real Academia Española está ahora disponible en tiempo real por Internet y es gratis. Pero no basta. Es importante que uses otros diccionarios, como los de Gramática Básica, Ortografía, Sinónimos y Antónimos, Citas Célebres, etc.
Y los jesuitas dijeron que había querido decir: “¿Dejo mis bienes a mi sobrino Juan? No. ¿A mi hermano Luis? Tampoco. Jamás se pagará la cuenta del sastre. Nunca, de ningún modo. ¡Para los jesuitas, todo! Lo dicho es mi deseo. Fulano de Tal”.
El sastre dijo que había querido decir: “¿Dejo mis bienes a mi sobrino Juan? No. ¿A mi hermano Luis? Tampoco, jamás. ¡Se pagará la cuenta del sastre! Nunca, de ningún modo para los jesuitas. Todo lo dicho es mi deseo. Fulanto de Tal”.
Luis dijo que había querido decir: “¿Dejo mis bienes a mi sobrino Juan? No. ¡A mi hermano Luis! Tampoco, jamás, se pagará la cuenta del sastre. Nunca, de ningún modo para los jesuitas. Todo lo dicho es mi deseo. Fulanto de Tal”.
Juan dijo que había querido decir: “Dejo mis bienes a mi sobrino Juan, no a mi hermano Luis. Tampoco, jamás, se pagará la cuenta del sastre. Nunca, de ningún modo, para los jesuitas. Todo lo dicho es mi deseo. Fulanto de Tal”.
Como el muerto no había usado signos de puntuación, el abogado pidió a cada cual que presentara una posible interpretación, y este fue el resultado.
Por ejemplo, dicen que cierto hombre, nadie sabe si por ignorancia o malicia, dejó a sus herederos el siguiente Testamento: “Dejo mis bienes a mi sobrino Juan no a mi hermano Luis tampoco jamás se pagará la cuenta del sastre nunca de ningún modo para los jesuitas todo lo dicho es mi deseo Fulano de Tal”.
Mejora tu escritura y redacción
Escribir con corrección no es simplemente una cuestión de dibujar letras y palabras, sino de estructurar razonablemente bien las frases y oraciones en un párrafo por medio de utilizar adecuadamente los elementos del lenguaje escrito.
Mejora tu caligrafía
Pero no te quedes en la lectura. Tu caligrafía, es decir, la manera como dibujas las letras y números, dicen mucho de tu personalidad y carácter. Te recomiendo hacer ejercicios de caligrafía y comenzar a dibujar mejor tus letras y números. Tal vez quieras adquirir un libro sobre grafología para tener una idea de lo que los rasgos de tu escritura actual pudieran estar comunicando, a fin de mejorar tu caligrafía y modificar la imagen que actualmente estás proyectando cuando escribes.
Bueno, si realmente quieres hablar mejor cada día, tienes que procurar ser mejor cada día, lo cual resulta de comenzar por mejorar tu selección de las cosas que lees, tanto respecto al contenido intelectual como a la calidad y presentación del material. Aunque un buen libro o una buena revista no siempre tiene una bonita presentación, generalmente la buena presentación es el resultado de un gran esfuerzo editorial, de modo que hay más probabilidad de encontrar tesoros intelectuales en los libros y revistas que tienen una bonita presentación.
Por ejemplo, ¿cómo reaccionas cuando alguien te ofrece un material de lectura que contiene cosas interesantes, cosas en las cuales tal vez nunca te detuviste a pensar? ¿O cuando alguien quiere animarte a tener una plática acerca de un tema original, sorprendente u ocurrente? ¿Pones excusas y evades la situación, o te atreves y sostienes la conversación, haciendo preguntas, comentando y evaluando lo que la otra persona te quiere decir?
Si quieres ser mejor cada día, tienes que tomar en serio la lectura, la caligrafía, la escritura, la redacción, la buena pronunciación, la oratoria y las relaciones humanas. Y esas cosas no se consiguen fácilmente. Requiere flexibilidad y esfuerzo.
Para ser un verdadero líder tienes que entender a las personas; y para entender a las personas tienes que comenzar por leer mucho y escribir mucho. No me refiero a hablar por hablar ni escribir por escribir, sino a hablar con corrección y escribir con corrección.
Eso no se adquiere de la noche a la mañana ni con la ley del menor esfuerzo. Es el resultado de una lucha constante por ser mejor cada día, lo que significa pensar mejor, sentir mejor, hablar mejor y escribir mejor. Y aunque es cierto que muchos de ellos graban su voz y entregan el material a una secretaria para que lo pula; o escriben sus borradores y solicitan la ayuda de un corrector de pruebas; o simplemente lo entregan a una editorial, que se encarga de mejorar el texto, en el fondo, la palabra y la estructura de las oraciones son de ellos mismos, el resultado de su experiencia, de su carácter y virtud.
Pero Peters es solo un botón de muestra. En realidad, los verdaderos líderes del empresariado leen, escriben y hablan en público a menudo. Si lees a Warren Bennis, Michael E. Porter, C.K. Prahalad, Thomas O Davenport, Ken Blanchard, Charles Handy o F. Hesselbein, por citar solo algunos, notarás que todos saben estructurar muy bien sus pensamientos. Tienen un estilo y saben comunicar sus ideas ordenadamente.
Por ejemplo, muchos suelen citar a Tom Peters, autor del éxito de ventas “En Busca de la Excelencia”. Pero Peters no lo hizo solo. Él solo no fue el autor de ese libro. Fue “coautor” con Robert Waterman. Además, aunque Peters es indiscutiblemente muy inteligente, también sabe hablar. Es un orador por excelencia, a pesar de tener métodos muy poco ortodoxos. ¿Y crees que lo logró rascándose la panza? ¡De ninguna manera¡ Es un hombre muy instruido. Ha leído, investigado y estudiado mucho. Ha producido sus propias interpretaciones e hipótesis, y las ha vertido en muchos informes y libros, conferencias y debates.
¿Es tan importante saber hablar un poco mejor cada día?
La mayoría de la gente cree que todos los grandes empresarios son máquinas humanas de hacer dinero, cree que son personas de mente codiciosa que no tienen sentimientos, cultura ni escrúpulos, que solo piensan en amasar una fortuna tomando decisiones atrevidas sin tener en cuenta el peligro. Pero nada más lejos de la realidad. Un empresario de alto nivel es una persona muy inteligente, que devora libros y se interesa en la comunicación en todos los niveles. Te bastará con leer un buen libro sobre manejo y desarrollo empresarial para bajar de la nube y darte cuenta de la tremenda inteligencia que se requirió para ser autor de semejantes ideas y argumentos.
Algo similar sucede con la lectura, la caligrafía, la escritura, la redacción, la buena pronunciación y la oratoria. Tal vez al principio nos dé la impresión de que son cosas complicadas, pero a medida que nos percatamos de lo ventajoso y maravilloso que resulta comunicar mensajes bien estructurados, se convierte en una pasión.
Por ejemplo, hay personas que no tienen interés en las computadoras, pero cuando se enteran de lo práctico que es el correo electrónico, comienzan a usar el teclado para escribir y enviar breves mensajes a sus amigos. Al poco tiempo no solo escriben a toda velocidad y con una facilidad increíble, sino que se despierta en ellos el amor por la computación de modo que descubren su vocación por la telecomunicación y la convierten un medio de vida. Sucede a cada rato. De una situación de completa ignorancia de lo que son las computadoras, terminan siguiendo una carrera en informática con un nuevo estilo de vida basado en la productividad.
De modo que la clase de lectura que escojas puede determinar si tu interés crecerá o se ahogará. Si escoges material escandaloso o aburrido que no te sirve de manera práctica para enfrentar la vida, tomar decisiones sabias y resolver problemas, tal vez acabes desanimándote. Estorbarás tu desarrollo. Pero si lees material interesante, que te ayude a enfrentar la vida, mejorar tu aptitud para tomar decisiones y mejorar tu puntería intelectual y tus relaciones humanas, avivarás el fuego del interés y te sentirás cada vez mejor, como para ahondar en lecturas aún más interesantes.
El hecho de que estés leyendo este material es una prueba evidente de que ese amor se ha despertado en ti. Pero el amor por estas cosas es como una pequeña llama en tu interior. Si le echas leña, carbón, alcohol o papel, crecerá según lo desees. Los estímulos semejantes a alcohol o papel, encenderán un gran fuego en un instante, pero no arderán por mucho tiempo; en cambio, los que son como la leña o el carbón crecerán y arderán por muchísimo tiempo.
Todo comienza con el interés que le pongas a tu desarrollo personal. Si estás consciente de que tus padres no supieron darte un buen comienzo, tendrás que hacerlo por tu cuenta. El truco del éxito es el mismo que si visitas a un psicólogo: Si no cooperas con el tratamiento, es imposible que la ayuda funcione. Por eso, todo comienza con el interés y empeño que le pongas. Un interés débil te dará un éxito débil, y un gran interés te dará un gran éxito.
¿Qué podemos hacer para remediarlo?
Si nuestros padres, abuelos o maestros no supieron enseñarnos a hablar y escribir con corrección, y hemos entendido que para salir adelante será imprescindible aprender a leer y escribir razonablemente bien, ¿qué podemos hacer para remediar la situación?
Y si nuestros padres y abuelos no despiertan en nosotros amor por la lectura, la caligrafía, la escritura, la redacción y la buena pronunciación, difícilmente seguimos el paso de los más adelantados y terminamos ablando y ezcriviendo dezaxtrosanemte.
Poco a poco las cosas se complican y los gerundios y diptongos terminan abrumándonos, de manera que lo que se supone que está diseñado para ayudarnos a expresarnos mejor, resulta despertando en nosotros cierta aberración por las letras.
Por lo general, todos comenzamos a hablar espontáneamente por medio de imitar el habla de nuestros padres aproximadamente al año de nacer, y comúnmente empezamos a escribir a partir de la escuela, cuando los maestros nos enseñan a armar palabras y frases sencillas usando el abecedario.
La clave está en el amor. Si tus padres y abuelos no despertaron en ti el amor por la lectura, la caligrafía, la escritura, la redacción y la buena pronunciación, tienes que despertar ese amor en tu interior. En lo que respecta a la lengua, es realmente una cuestión de amor por el idioma. Es decir, de sentir el placer de ver las muchas ventajas que logras hablando y escribiendo con corrección.