Sin
embargo, siendo que en Oratorianet consideramos que la reacción
del auditorio o del interlocutor comprende mucho más que
información, puesto que hay emociones y sensaciones envueltas,
preferimos usar el término retroalimentación por ser
más abarcador y significativo, ya que tal como no todo lo que
uno come resulta nutritivo o alimenticio, tampoco toda
información es útil o nutritiva para la mente, el
corazón y el espíritu. En vez de decir
"retroinformación", "retroemoción" o
"retrosensación" para referirnos a los diferentes efectos,
preferimos decir "retroalimentación" por ser un término
sinérgico.
Retroalimentación
o retroinformación es la respuesta que obtienes de la(s)
persona(s) que recibe(n) un mensaje tuyo, y te sirve como elemento de
juicio para evaluar si se entendió lo que quisiste decir, si
lograste un acuerdo o si te brindarán su apoyo.
Se
considera que no existe comunicación mientras no haya una
respuesta que indique que el mensaje fue recibido y entendido. Pero la
retroalimentación va más allá. No solo sirve para
dar por concluida la comunicación o continuarla, sino para
motivarte, nutrirte o alimentarte en sentido intelectual, emocional o
espiritual.
Toda
respuesta proveniente de tus oyentes conlleva el potencial de motivarte
o desmotivarte, fortalecer o debilitar tus propósitos, moverte a
más acciones relacionadas con el mensaje o paralizarte y dejarte
fuera de acción.
Ahora
bien, la retroalimentación no solo es útil en un
discurso, para saber si tus oyentes están entendiendo y
siguiendo de cerca la idea, sino para redirigir o rediseñar tus
planes o estrategias en general. Por ejemplo, el marketing o las
técnicas de mercadeo sirven a ese propósito, permitiendo
a los empresarios afinar sus proyectos de ventas.
La
manera más fácil de obtener respuestas que sirven de
retroalimentación es hacer preguntas bien pensadas o analizar
cuidadosamente las actitudes y reacciones de las personas. Cuando este
análisis se lleva a cabo metódicamente, se trata de una
ciencia muy iluminadora y provechosa para conocer a la gente. Si un
orador bloquea a sus oyentes y les impide intervenir o interrumpir con
preguntas o comentarios, pierde un provechoso recurso para redirigir,
orientar y dar más eficacia a sus futuras explicaciones.
Lógicamente,
un orador debe permitir o no dichas interrupciones dependiendo de si
aparentemente resultarán convenientes al propósito de
hacer una presentación clara. En unos casos conviene que los
oyentes interrumpan y formulen preguntas (porque sería absurdo
continuar si no están entendiendo la explicación), y en
otros no (cuando el orador ya conoce las preguntas recurrentes y las
tendrá en cuenta en la explicación).
A
medida que un orador experimentado presenta el mismo discurso (como
sucede en el caso del maestro que repite una misma explicación a
diferentes grupos de alumnos), incorporará cada vez más
respuestas a preguntas que fueron formuladas en anteriores ocasiones,
de modo que finalmente todas las respuestas a las preguntas recurrentes
terminan por ser incorporadas en el discurso, dejando al auditorio
satisfecho y sin preguntas.
Por
lo tanto, la retroalimentación es al mismo tiempo una
herramienta de sondeo y un factor motivacional para el orador eficaz,
el cual debe evitar sofocar la necesidad de sus oyentes de hacer
preguntas o expresar sus inquietudes y comentarios. Sin embargo, queda
a su criterio personal si permite que las preguntas o comentarios se
formulen durante la explicación, al final de la misma o por
escrito, ya sea para responderlas en ese u otro momento.
Por
eso, escucha atentamente cuando alguien te comunique una idea, responda
una pregunta u ofrezca un comentario u opinión, porque el
prestar atención y a las reaciones de las personas,
especialmente a los detalles, es la base de la retroinformación
o retroalimentación eficaz.
¿Qué es retroalimentación?
©Miguel Ángel Ruiz Orbegoso
La
palabra inglesa "feedback" ("feed", alimentar, y "back", atrás o
de regreso), se tradujo por mucho tiempo al idioma español como
"retroalimentación". Originalmente, la expresión se
refería al sonido de un altavoz que producía un pito
ensordecedor al introducirse nuevamente por un micrófono
cercano. Solía decirse que el equipo estaba acoplándose o
retroalimentándose.