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¿Está mal cambiar de decisión?
©Miguel Ángel Ruiz Orbegoso

La respuesta no es "sí" ni "no", sino "depende". Algunas decisiones deben mantenerse firmes, aun a pesar de dejarnos en desventaja, otras no.


Por ejemplo, si firmamos un contrato y no nos percatamos de que cierta cláusula terminaría afectando nuestros intereses a largo plazo, no podemos incumplirlo simplemente y pensar que no nos sobrevendrán graves consecuencias. Hemos firmado un documento que nos ata legalmente. Nuestra conciencia y sentido de responsabilidad debería obligarnos moralmente. Debemos mantener nuestra palabra hasta el final.

Usualmente, todo contrato tiene una cláusula de desistimiento previendo el caso de que una de las partes quiera anularlo con posteridad. Pero tienen que quedar claramente establecidos todos los aspectos. Tal vez haya una penalidad, pero se puede dar por terminado.

También hay contratos que no pueden deshacerse debido a su naturaleza. Si no hay una cláusula de desistimiento, ninguna de las partes podrá cancelarlo en ningún momento. Debe cumplir todo lo establecido. Es la ley. Incumplirlo podría acarrear graves consecuencias para uno.

Por otro lado, esto no debe confundirse con las decisiones personales que dependen de uno mismo. Por ejemplo, uno podría decidir no comer carne pero después cambiar de parecer y comerla. Quizá posteriormente decida nuevamente abstenerse de carne, dejando a todos desconcertados. Pero es una decisión personal que nadie tiene derecho a criticar. No faltará quien comience a murmurar diciendo que uno es un indeciso y, por tanto, una persona poco confiable que no cumple su palabra.

No obstante, ningún murmurador tiene derecho de juzgar como indecisa a una persona simplemente por cambiar su decisión varias veces. La persona quizás estaba enferma y el médico le recomendó abstenerse de carne. Después la persona se sintió bien, le preguntó al médico y éste le dijo que podía volver a comerla, no le haría daño, pero le advirtió que sería más saludable no comerla. La persona decide comerla. Sin embargo, después se siente mal y vuelve a abstenerse. En todo caso, nadie tiene por qué juzgarla si el médico le dijo que podía volver a comerla. Eso no es ser indeciso. Simplemente cambió de opinión basándose en un conocimiento actualizado sobre su salud.

Es diferente el caso de alguien que siempre está indeciso en cuanto a dos o más opciones y nunca llega a decidirse, y cuando lo hace, cambia de parecer. Esa sí es una persona indecisa que aparenta no saber lo que quiere. No tiene nada que ver con el caso anterior.

Cambiar de decisión no está mal si con nueva información nos damos cuenta de que la decisión que tomamos no fue la mejor. No es ser indeciso ni poco confiable. No confundamos Chana con Juana. Uno debe cambiar de decisión si se entera de nuevas normas judiciales, procedimientos más efectivos, precios más baratos, equipos más modernos, etc. Lo que estaría mal sería titubear por no concentrarse bien, andar divagando cuando está claro lo que le conviene más.

En cierta ocasión, un joven cortejó a una joven por años. Ella estaba ilusionada por casarse, y él accedió a hacerlo porque "sería muy feliz". Poco antes de la boda, alguien le ofreció un hermoso automóvil del año a muy buen precio. El joven tomó la decisión de comprar el automóvil y plantar a su novia. ¿Diríamos que esa clase de cambio de decisión tuvo un sustento justificable? No. Fue un capricho. Un persona así no es confiable.

Por lo tanto, no está mal cambiar de decisión, sin importar cuántas veces lo hagamos, siempre que la tomemos con base a información que nos permita saber qué lo que es más conveniente. Por ejemplo, esto puede hacerse varias veces durante el proceso previo a la firma de un contrato. Mientras el contrato no está firmado, podemos modificar nuestra decisión.

Por ejemplo, un vendedor profesional debe cerrar bien las etapas previas al cierre definitivo de la venta, a fin de no poner en peligro la venta del producto o servicio. Si antes de firmar el contrato el cliente ve una mejor opción (su suegra lo desanima diciéndole que mejor compre otra cosa), el vendedor no debería sentir que fracasó. Simplemente debe respetar la decisión de la persona. Resentirse y odiarla no mejorará sus relaciones humanas ni las probabilidades de venderle en el futuro. Las ventas se basan en las relaciones humanas, no al revés.

Dicen que todo el arte de la guerra se resume a engañar al enemigo. Y es verdad. El factor sorpresa es fundamental para ganar una guerra. El que engaña al enemigo lleva las de ganar, pero el que publica a voz en cuello sus estrategias, lleva las de perder. En el arte de la guerra y los negocios hay una gran ventaja en ser impredecible, porque el enemigo o competidor no tiene manera de sorprender, porque no sabe lo que está ocurriendo al otro lado.

En tal caso, cambiar de decisión se puede convertir en un haber para uno porque el enemigo o competidor queda desconcertado y no sabe por dónde atacar. Sabe que la persona podría cambiar su estrategia en cualquier momento. En cambio, la persona que se mantiene firme en sus decisiones, aunque a todas luces se ve que le conviene cambiar de opinión, se vuelve tan predecible que su contrincante puede intuir cuál será su siguiente movida. Entonces puede emboscarlo o tender redes en su camino.

¿Vemos la ventaja de entender por qué y por qué no cambiar de decisión, y cuándo hacerlo? La persona predecible tiende a perder, mientras que la impredecible tiende a adelantarse, sorprender y ganar. Eso no tiene nada que ver con la persona indecisa, que simplemente cambiar de decisión y nunca sabe lo que realmente quiere.

En conclusión, si tienes que cambiar de decisión y puedes hacerlo, piénsalo muy bien, a fin de no equivocarte y acarrrearte perjuicio. No tengas miedo solo porque otros creen que debes mantenerte en tus trece a pesar de todo. No es así. Eso no es cierto. Puedes cambiar de decisión cada vez que obtengas nueva información.

Sin embargo, no deberías retraerte de cumplir con un trato o contraro que te obligue en sentido moral o legal. Debes aferrarte a tu decisión aunque te perjudiques. Debiste pensarlo bien antes de comprometerte. Cambiar a tu novia por un auto demostraría un elevado grado de egoísmo. En ese caso, ella sería quien salió ganando porque se libró por un pelo de casarse con alguien que realmente no la amaba.

Apégate a tus decisiones con lealtad. No traiciones la confianza que deponsiten en ti. Pero si puedes y ves que es vital cambiar de opinión, no temas el qué dirán. Sigue siendo tu decisión. Puedes cambiar de opinión. No temas parecer impredecible. Recuerda que "todo el arte de la guerra se resume a engañar al enemigo". Las personas absolutamente predecibles suelen salir trasquiladas porque hasta el más tonto intuye cuál será su próxima movida.